Aitana es mujer joven orgullosa de sus logros, ya que logro por mérito propio convertirse en la vicepresidente de Marketing de la empresa familiar, eso le permite vivir cómodamente fuera de la casa familiar.
todo esto cambia cuando comienzan a acosarla, cuando la situación escala un poco su padre la obliga a tener un guardaespaldas, para no perder parte de su libertad ella acepta, y ahí su dinámica de trabajo y su vida cambian por completo.
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capitulo 17
Aitana estaba teniendo un pésimo día, después del almuerzo fue al baño solo para descubrir que su periodo había llegado, llamo discretamente a Lucy, y esta le trajo una toalla sanitaria.
-¿acaso este día no puede empeorar? – le pregunto a Lucy cuando salió del cubículo, y se estaba lavando las manos.
-pues tenemos una junta, ¿quiere cancelarla? –
-no, sigamos con la agenda que estaba planeada para hoy –
Muchas veces Aitana se quedaba un poco más en el trabajo, ese día a la hora de la salida, tomo sus cosas, y se salió de la oficina – Lucy, ¿Dónde está Morgan? Dile que lo espero abajo –
Lucy asintió y fue a buscarlo, lo encontró en la terraza, bastante molesto hablando por teléfono.
-ya te dije que ella no quiere verte, y yo no voy a obligarla – le dijo a quien sea que estuviera del otro lado
En cuanto se dio la vuelta, y la vio, se puso más serio – estoy ocupado, trabajando, por favor deja de llamarme, yo te regreso la llamada si ella cambia de opinión – dicho esto colgó.
-la señora te está buscando, dijo que te esperaba abajo –
-gracias, Lucy –
-espera, ¿tienes algún problema? Parecías molesto al teléfono –
-no, no te preocupes por mí, es un asunto familiar – Lucy no se quedó muy satisfecha con la respuesta, pero no pregunto más al respecto
Morgan bajo aún muy molesto, le había pedido a Micaela que no lo llamara, y ella lo hizo justo en horario de trabajo, y termino sacándolo de sus casillas, a él no le gustaba ventilar su vida privada en el trabajo, cuando por fin llevo el auto a la entrada, y se bajó a abrirle la puerta a su jefa, la vio un tanto pálida, y tocándose el vientre.
-¿se encuentra bien señora?- le pregunto
-solo llévame a casa, y no hagas preguntas – al verla molesta, no dijo más, pero camino a casa la siguió viendo por el espejo retrovisor, y teniendo una hija adolescente, además de su madre y su hermana, pudo adivinar que era lo que sucedía.
Al llegar a casa le abrió la puerta del auto - hoy estoy indispuesta así que puedes irte - dijo ella
- señora, ¿Tiene cólicos?- le pregunto directamente
- ¿Tu cómo sabes? -
- aparte de mi padre, vivo entre mujeres, no me fue difícil adivinarlo -
- bueno ahora ya lo sabes, estaré indispuesta los próximos días -
- déjeme ayudarla - dijo Morgan
- mira sé que hay mujeres que les gusta hacerlo en esas condiciones, yo no soy una de esas - en ese momento Aitana tuvo un cólico que la hizo doblarse de dolor
- no sea mal pensada señora, yo me refería a esto - Estéfano se acercó y la tomo en brazos, para posteriormente caminar con ella en brazos hacia el interior de la casa.
Con trabajos ambos abrieron la puerta y entraron, la llevo escaleras arriba, hasta su habitación y le dejo sobre la cama.
- necesita ponerse cómoda - Aitana lo vio ir hacia su closet y sacar una pijama, después volvió y le quitó los tacones - tiene los pies muy fríos - fue y esculco sus cajones, hasta que encontró sus calcetines.
- no crees que te sientes muy cómodo esculcando mi ropa -
- la he visto desnuda y la he desnudado varias veces, de ahí la confianza - le dijo mientras le ponía los calcetines - ¿Necesita ayuda con el resto?-
- yo lo hago – dijo Aitana poniéndose las manos sobre el pecho
- bien, entonces iré y le prepararé un té, ¿Tiene antojo de algo en particular? -
- no exactamente, me da igual, no tengo mucha hambre –
Cuando Morgan se salió, ella se quitó la ropa, y se puso el pijama, para después volver a meterse a la cama, tomo su bolso que estaba sobre la cama, y comenzó a revisar los documentos que había traído del trabajo, de vez en cuando sentía un retortijón, en el estómago y se detenía un momento.
Justo cuando pensó que Morgan se había ido, él volvió a entrar, con una charola - le traje un té, además le traje un poco de sopa –
-creí que ya te habías ido, además no quiero sopa, y el té déjalo ahí, ahorita me lo tomo –
-no es pregunta si quiere la sopa, tiene que comer al menos un poco, para poder tomarse el medicamento para dolor-
-¿eres mi mamá acaso? – dijo ella fingiendo molestia cuando en realidad, le conmovió que él estuviera siendo tan considerado
-¿su mamá es así de musculosa? – Le respondió él, y Aitana no puedo evitar reírse
–solo cómase la sopa, al menos un poquito – le dijo dándole una cucharada en la boca
-mmm… no sabe tan mal, tu sopa –
-¿por quién me toma, cree que le daría algo mal cocinado? –
cuando iba a la mitad de la sopa, Morgan la dejo tomarse el medicamento para los cólicos
-sabes que puedo comer sola, ¿acaso soy una niña pequeña? –
-sea una niña pequeña, al menos por hoy – le dijo él
Estefano se estuvo con ella hasta muy entrada la noche, ella se quedo dormida, en algún momento, de la noche medio despertó, y lo vio levantarse, ella se hizo la dormida, el arropo, le dio un beso en la frente y después se fue, Aitana estaba tan cómoda, que siguió durmiendo, y lo dejo irse.
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Después de mucho pensarlo, Priscila decidió aceptar ver a su mamá, Frida fue con ella, ya que no quería ir sola, y su padre estaba en el trabajo.
Frida y ella llegaron primero, Frida se sentó en una mesa a pocas mesas de la suya, desde ahí le sonrió intentando darle ánimos, no por nada eran amigas desde el kínder prácticamente.
Priscila se sentía muy nerviosa, estaba a punto de decirle a Frida que mejor se fueran, cuando una mujer de cabello rubio, vestida de manera sobria, pero elegante, se sentó frente a ella.
-te pareces tanto a tu padre, casi no tienes nada mío, bueno tal vez podríamos decir que tus rasgos femeninos viven de mí, si te parecieras en eso también a tu padre, no serias tan bonita –
Priscila se quedó viendo a la mujer frente a ella, y no encontró ningún parecido entre ellas - ¿solo para eso me citaste aquí? Para decirme que si no fuera por ti, no sería bonita-
-¿Por qué te pusieron Priscila? – dijo Micaela
-¿de verdad solo me hará preguntas sin sentido? Si es así mejor me voy –
-perdón, no sabía por dónde comenzar, estás tan a la defensiva, al igual que tu padre –
-¿acaso esperaba ser recibida con los brazos abiertos? –
-no, pero después de todo soy tu madre, ¿acaso no tienes preguntas para mí?-
-para mí es una desconocida, es la primera vez que la veo, no la considero mi madre, solo la veo como la mujer que me dio a luz, la única madre que yo conozco es mi abuela –
-¿no puedes darme una oportunidad? –
-¿Qué quiere de mi señora? Si solo me quiere usar para expiar culpas no cuente conmigo – Priscila solo podía pensar en que esto había sido un error enorme, solo quería irse de ahí.
-la verdad es que voy a casarme pronto, y antes de hacerlo le conté a mi prometido sobre ti, él me animo a venir y conocerte, yo solo quiero saber más de ti, y no sé tal vea en un futuro, podríamos ser cercanas, y tener una verdadera relación de madre e hija – Camelia puso una bolsa de regalo sobre la mesa – esto es para ti –
Priscila tomó la bolsa de regalo de mala gana, y le bajo de la mesa, para ponerla a sus pies
-¿ya me puedo ir? –
-¿Puedes pedir algo para comer al menos? –
-mi abuela me está esperando, no le gusta que coma postres, antes de la cena – Priscila se puso de pie, y Frida en su mesa hizo lo mismo
-¿puedo verte de nuevo? – pregunto Camelia
- no lo sé, si dejas de hostigar a mi papá, tal vez acepte – comenzó a caminar a la salida, y Frida fue tras ella.
Priscila caminaba tan deprisa que su amiga casi corría para seguirle el paso – Pris, para por favor, vas muy aprisa –
Priscila se detuvo – perdón, estoy muy enojada, esa mujer me pareció tan superficial, creí que al menos se sentiría un poco arrepentida -
-lo siento mucho Pris, yo fui quien te convenció de venir –
-tranquila, no es tu culpa, que ella sea así –
-¿A dónde quieres ir ahora? – pregunto Frida
-A casa, solo quiero ir a casa, y ver a mi papá –Priscila dejo caer la bolsa, y se sentó en el piso en cuclillas.
Frida se sentó a su lado, mientras sacaba el celular, para llamar al papá de su mejor amiga, sabía que esta era alguien que no lloraba fácilmente, y cuando lo hacía, el único que podía consolarla era su padre.