cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
NovelToon tiene autorización de Milagros Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No era tan mala..
••
Horas antes
La tarde caía; Alex veía a la gente a su alrededor, estaba en medio del suelo de cenizas donde todo había empezado. Soltó un suspiro: la luna estaba nueva, recién asomándose al cielo. Cerró los ojos escuchando la música y empezó a bailar, mientras su poder envolvía lentamente su cuerpo. En sus pies brotaba césped fresco; la gente miraba con ojos brillantes al ver cómo el bosque volvía a crecer.
– Es bellísimo…– Balbuceó Cristian sin dejar de mirarla.
Max y Cesar vigilaban a toda la gente; tenían libélulas recorriendo cada rincón y miraron de reojo la belleza que Alex despertaba.
Sebastián estaba petrificado, impresionado al verla: todo volvió al verde, el aroma a flores y pasto fresco los invadió poco a poco. Alex sintió a los árboles tranquilos, la tierra suave y las flores naciendo.
Soltó un suspiro de alivio al percibir calma en todo el bosque. La gente aplaudía agradecida y emocionada al presenciar tal espectáculo.
Alex sonrió, haciendo que las luciérnagas invadieran el lugar. Se acercó a los chicos.
– Realmente una maravilla… No tengo palabras para agradecerles. Tienen todos mis respetos y mi ayuda en lo que necesiten, alfa Alex y su familia.–
– Gracias, alfa Cristian.–
Alex sintió un grito en su interior y miró a Max, quien también se alertó: era su madre llamándolos.
– Algo pasa, debemos irnos, es urgente.– Dijo Cesar.
Cristian los acompañó y mandó guardias para que viajaran seguros. Justo entonces Federico venía corriendo.
– Mataron a Carla, y tiene lo mismo que había en el vampiro.– Advirtió.
– ¡Carajo!…– Miró a Cristian y le dio un abrazo rápido.
– Avísame lo que necesites. Aquí hay suficiente antídoto, no te preocupes…–
Alex asintió y tomaron el auto lo más rápido posible. Mientras Federico le contaba lo sucedido, en medio del camino se cruzaron con Héctor y los hermanos; no frenaron, solo continuaron –debían llegar–, y ellos los siguieron detrás.
Al bajar, Alex no dudó en acercarse a su padre y sus hermanos, revisando sus cuerpos. –¿Están bien? ¿Les duele algo? Pónganse barbijos.–
– Estamos bien…– Decían los tres.
Entraron a la casa; sus abuelos ya habían preparado algunos antídotos y entregaron hojas a quienes estaban en el lugar por si acaso.
– La envolví con Bane, ten cuidado, cariño.–
Alex entró en la habitación y sintió que la plaga no era tan fuerte como la del vampiro. Soltó un suspiro; su corazón latía fuerte de preocupación.
Tú también tuviste miedo de perderlos, ¿no?
“No siento las malditas piernas, pensé lo peor.”
Ángel en su habitación sintió un dolor en el pecho y una profunda preocupación; Scar estaba insoportable, pidiendo por Alex.
Es ella… Algo pasó, hay que ir.
No dudó y se fue directo, avisó a Agustín quien puso en alerta a los guardias ante su ausencia.
~~
– Abuelo… Debes despedirte, no podemos enterrarla.–
Mario asintió; sentía su corazón en mil pedazos. Aunque Carla hubiera sido alguien terrible, verla muriendo en sus brazos no lo deseaba a nadie –solo pudo llorar un rato.
Los demás esperaban afuera cuando un guardia entró corriendo a la casa.
– Alfa… El Rey está en la manada, lo vieron los guardias que cuidan el cruce.–
Todos miraron a Alex. “Nos habrá sentido”, escuchó de Nayla.
– Está bien, lo esperaré afuera.– Habló Héctor.
Ángel llegó y Héctor no dudó en contarle lo sucedido. Entró buscando a Alex; sentir su aroma lo calmó un poco.
Alex salió de la habitación envuelta en una manta blanca de enfermera y con barbijo.
– Espere ahí, no puede acercarse…– Dijo desde lejos al ver a Ángel acercarse hacia ella.
Se sentó a esperarla mientras Estér le explicaba su reacción y todo sobre la plaga, junto a Silvia.
Alex se fue a bañar y quemó todo lo que tuviera actónita. Vomito en el baño: algo del veneno había entrado en su sistema, pero no era grave.
Bajó despacio; sentía su cuerpo débil.
– Estoy…–
Antes de dar un paso más, cayó desmayada. Ángel la agarró de golpe.
– Habrá inhalado el veneno, estará bien.–
– ¿Es normal que se desmaye?– Estaba nervioso y muy preocupado.
– Está cansada: curó el bosque y seguro no comió nada. Está débil, el humo se adhiere más fácilmente…–
Ángel no la soltó en ningún momento, hizo todo lo que le indicaron y esperó con ella en la habitación.
– Rey… Tenemos que hablar.–
Ángel bajó, no sin antes darle una última mirada a Alex. Mario estaba en la mesa, muy serio.
– Greya le contó todo… Si la vampira estaba detrás de todo esto, entonces esta guerra solo fue un señuelo.– Decía Mario.
– La amante del conde… Esa mujer se creía muerta.– Dice Ángel. –Sí, ella empezó todo junto a Carla… Cada paso fue planeado.–
– ¿El príncipe puede estar involucrado?– Preguntó Federico.
– Eso es lo que no sabemos… Lo averiguaré. Por ahora tendrán que estar más alertas…– Suspiró.
– Ella vendrá por Alex, y no querremos estar siempre huyendo de ella.– Dice Mateo.
– Sí… Eso va a ser un problema.– Suspiró Sebastián.
Ernesto, quien no había dicho nada en toda la conversación, habló: –Hablen con ella, ustedes están decidiendo por ella. Alex es fuerte, sabrá defenderse.– Miró a todos.
El silencio y la mirada de todos fue atenta. Ernesto hablaba siempre lo justo y necesario; era un elfo sabio, su palabra era de sumo respeto y siempre entendió a Alex como a Max.
– Es mucho más fuerte que ustedes si lo piensan, Rey.– Lo miró. Ángel sonrió asintiendo. –Ella es transparente, no la engañen… No será nada bueno.–
– El abuelo tiene razón.– Dijo una voz detrás de todos mientras comía una barra de cereal.
Todos miraron a Alex en la escalera; nadie la escuchó salir de la habitación. Ángel fue rápido a su lado, quiso tomar su mano pero Alex la apartó.
– Hablaré con usted más tarde…– Le palmeó el pecho. Ángel asintió: se merecía ese rechazo. –Te escucho, abuelo.– Se sentó mirando a Mario.
– Carla ayudó a Safira a crear un veneno para matar lobos… Cuando naciste, el pacto estaba en juego. Carla supo que tu poder podría curar todo lo malo; es por eso que te echó junto a tu madre.– Suspiró. Alex frunció el ceño: su maldita abuela no era tan mala, o solo lo hacía para cuidarlas. –Ella descubrió que Safira buscaba a elfos; eran una molestia para lo que planeaba.–
– Pero ¿por qué no nos echó cuando apenas nací…?–
Mario suspiró: –Porque se encariñó contigo, te estaba protegiendo.–
••