Linda Selleck es una niña que lo tiene todo en cuanto a lo material se trata, pero jamás ha conocido al amor de verdad pues nunca falta el que solo quiere beneficios.
Articus es un tritón que ha perdido a dos de sus hermanas en una masacre de la que fue víctima su pequeña colonia, sobreviviendo solamente él y su hermana menor, la pequeña Zei.
Dos mundos, dos corazones que se hallarán en una noche donde Linda casi pierde la vida a manos de su propia madre.
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Idilio
Linda
Haberme entregado a Articus fue una experiencia como él, sobrenatural, ese hombre es fuego y ¡Madre mía! Fabián delante de él es pura mecha corta, ya siento calor de solo recordar. El tritón cachondo me llevó a seguir con la faena, yo como buena samaritana no podía negarme a ayudar al prójimo.
Llevó una hora despierta admirando a esta belleza de hombre que duerme tan plácidamente recostado a mi pecho. Acaricio su largo cabello rubio, es demasiado perfecto. Una punzada de dolor se me instala en el alma de solo pensar que se irán en cualquier momento y yo me quedaré añorando.
- ¿Por qué estás triste mi ninfa? - su voz me hace regresar a tierra.
- No es nada, solo recordé a mis abuelitos - miento, aunque sé que él no me cree - voy a bañarme, debemos ir a la oficina, hoy es la junta para la firma del contrato.
Me levanto para entrar al baño, cuando estoy bajo la ducha siento sus manos rodearme, mientras pega su cuerpo a mí.
- Eres bella, desde que probé tu esencia, solo quiero más de ti - besa mi cuello y pasa lengua cálida por el lóbulo de mi oreja - quiero volver a hacerte mía.
Me inclina un poco, dejando mis pompas empinadas. Lo siento entrar en mi de manera salvaje, lo siento tan adentro que me voy a enloquecer.
Los dos terminamos extasiados. Él me ayuda a bañarme, con dedicación y un poco de mano larga.
No alcanzamos a desayunar porque vamos sobre tiempo por andar de calenturientos. En el auto vamos muy acaramelados, subí el vidrio que nos separa del conductor porque mi tritón ya se volvió pulpo, metiendo mano por todos lados. Creo que solo andaba esperando la luz verde para amazarme con esos tentáculos.
El conductor nos avisa que ya llegamos a la compañía, nos bajamos y acomodo mi vestido. Me toma de la mano y entramos al ascensor, un par de minutos más tarde, estamos en mi oficina preparando los documentos.
Entre Amanda y Arthur casi nos llevan a la bancarrota, menos mal y logramos estabilizar todo. Nos vamos a la sala de juntas para firmar el contrato con los japoneses. Una vez firmado el documento, todos fuimos a celebrar a un reconocido restaurante japonés de la ciudad. Los nipones quedaron más que encantados con nuestra atención.
- Salud, por nuestra nueva alianza - todos alzamos la Copa para brindar con champagne.
Luego fuimos a un karaoke, donde cada uno se esforzó por dar su mejor tonada, pero Melina fue la estrella de la noche, dejándonos a todos lelos con su dulce voz angelical. Me dijo cuenta que el más atontado era Fabián quien no quitaba sus ojos de la ondina.
Es gracioso, antes esa situación me hubiera matado de los celos, sin embargo ahora simplemente no me causa ni la más mínima emoción. Es más, me gustaría que aprendiera a dejar de ser tan superficial y se de la oportunidad de amar con el corazón.
- Deseo irme - me dice al oído Articus, con la única humana que deseo estar es contigo mi preciosa ninfa.
- Yo también estoy de acuerdo, ya quiero irme.
Nos despedimos de todos los presentes y nos marchamos a nuestra casa, que bien suena eso. Al llegar subimos a nuestra habitación y allí damos rienda a nuestra pasión. He notado que desde ayer, en el punto más alejado del océano, se forma una tormenta eléctrica, no sé si esté errada, pero siento que tiene que ver con nuestra unión.
Solo espero que no sea así.
La bruja la mato Arhicus, ni tiempo de llevarla a Poseidon como se lo pidio.
Todo lo demás me encanto, cada quien encontró lo suyo.
Felicidades autora.
Desde Guacari-Valle del Cauca-Colombia