En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.
Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.
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El templo del oeste
La noche había caído sobre el templo del Aire, sin embargo todos se fueron hacia el bosque cerca de Ciudad República por miedo a que el Loto Rojo intentara atacar el templo, por la seguridad de todos, además, miembros del Loto Blanco habían llegado ese mismo día e improvisaron un campamento.
Las antorchas iluminaban suavemente los alrededores, el sonido del viento movía las hojas de los árboles y el aroma del té caliente preparado por Iroh llenaba el aire.
Todos estaban reunidos cerca de una gran fogata.
Aang conversaba con Sokka mientras Appa dormía tranquilamente unos metros atrás.
Katara acomodaba algunas vendas y hierbas medicinales.
Toph estaba acostada sobre una roca, aparentemente relajada.
Y Sereya… intentaba actuar como una persona funcional mientras estaba sentada junto a Zuko.
Lo cual era bastante difícil.
Especialmente porque últimamente Zuko había comenzado a mirarla diferente.
—¿En qué estás pensando que te me quedas mirando demasiado? —preguntó Zuko de repente.
Sereya casi se ahoga con el té.
—¡¿EH?!
Zuko levantó una ceja.
—Tenías una mirada vaga.
Sereya apartó la mirada inmediatamente.
—¡No te estaba viendo vagamente!
Toph sonrió desde su roca.
—Mentira. Tu corazón acaba de acelerarse muchísimo.
Sereya sintió que su alma abandonaba su cuerpo.
—¡TOPH!
Sokka soltó una carcajada.
—JAJAJA, definitivamente le gustas.
Zuko carraspeó ligeramente.
Y sí…
Sus orejas estaban un poco rojas.
Katara ocultó una sonrisa detrás de su taza.
Iroh observó todo con satisfacción.
—El amor joven realmente alegra el alma— comentó tranquilamente.
—¡NO ES AMOR! —gritaron Sereya y Zuko al mismo tiempo.
Sokka abrió lentamente los ojos.
—Wow… eso fue sospechosamente coordinado.
Toph empezó a reírse.
Y entonces…
Todo cambió.
El suelo vibró ligeramente.
Toph dejó de reír inmediatamente.
Su expresión cambió y se puso seria.
—…algo viene.
El ambiente se tensó al instante.
Aang se levantó rápidamente.
—¿Qué pasa?
Toph apoyó una mano en el suelo.
Su rostro se endureció.
—Dos personas.
—¿Quiénes?
Toph giró lentamente la cabeza hacia el bosque oscuro.
—Problemas.
Y justo en ese instante—
BOOM.
Una explosión iluminó la noche.
El campamento entero tembló violentamente.
Las llamas se elevaron hacia el cielo mientras varios miembros del Loto Blanco gritaban alarmados.
—¡ATAQUE!
—¡PROTEJAN AL AVATAR!
El caos estalló.
Del humo emergieron dos figuras.
Zaheer.
Y P’Li.
Los ojos de Sereya se abrieron.
—¡Ellos…!
P’Li sonrió ligeramente mientras el humo rodeaba su cuerpo.
—Qué emotiva reunión.
Zaheer observó directamente a Aang.
—Esta noche termina el ciclo del Avatar.
Aang adoptó posición de combate inmediatamente.
—No dejaré que dañen a nadie más.
Zaheer dio un paso adelante.
—No tienes elección.
Y entonces atacaron.
P’Li disparó primero.
Una explosión de combustión control atravesó el campamento.
Zuko reaccionó de inmediato.
—¡SEREYA, ABAJO!
La jaló hacia él justo cuando la explosión pasó sobre sus cabezas.
El impacto hizo temblar el suelo.
Las llamas iluminaron la noche.
Y el combate comenzó.
Sokka desenvainó su boomerang.
—¡Oh, genial! ¡Una noche tranquila arruinada!
Toph levantó enormes rocas del suelo.
—Deja de hablar y pelea.
Katara y Sereya levantaron corrientes de agua al mismo tiempo, creando una barrera frente a Aang.
P’Li disparó otra explosión.
BOOM.
El agua explotó en vapor.
Zaheer aprovechó para avanzar.
Pero Aang respondió con aire control, lanzándolo varios metros atrás.
Iroh también entró en combate.
Su fuego iluminó el bosque mientras protegía a varios miembros heridos del Loto Blanco.
Sereya observó sorprendida.
—…da miedo cuando pelea en serio…
Zuko lanzó fuego hacia Zaheer.
Otra explosión cayó cerca de ellos.
Sokka rodó por el suelo.
—¡OK, definitivamente odio a la mujer explosiva!
P’Li sonrió ligeramente.
—Qué divertido.
Toph golpeó el suelo con fuerza.
Grandes pilares de tierra surgieron alrededor de ella.
—Sí, sí. Muy divertido. Ahora cállate.
Las rocas salieron disparadas hacia P’Li.
Pero ella explotó varias en el aire.
BOOM.
BOOM.
El bosque se iluminó como si fuera de día.
Mientras tanto…
Zaheer seguía intentando llegar hasta Aang.
Y Aang comenzaba a cansarse.
Sereya lo notó inmediatamente.
—¡Katara!
Katara giró.
—¡Vamos!
Ambas levantaron enormes corrientes de agua que rodearon a Zaheer desde ambos lados.
Zaheer apenas logró esquivarlas.
Pero Zuko apareció justo detrás.
—Te tengo.
El fuego explotó directamente hacia él.
Zaheer se protegió parcialmente el ataque… pero retrocedió varios metros.
Sokka sonrió.
—¡Eso, señor del fuego flameante!
El combate seguía intensificándose.
Pero entonces…
Zaheer se detuvo.
Su mirada recorrió rápidamente el campo de batalla.
El equipo Avatar estaba completo.
Protegiendo a Aang.
Y P’Li comenzaba a quedarse sin espacio para atacar.
Zaheer frunció ligeramente el ceño.
—…tch.
P’Li aterrizó cerca de él.
—No podremos atacar al Avatar así.
Zaheer observó a Aang unos segundos más.
Y luego…
Retrocedió.
—Retirada.
Sokka levantó los brazos.
—¡SÍ, CORRAN COBARDES!
Toph golpeó su cabeza con una piedra pequeña.
—No los provoques, idiota.
P’Li lanzó una última mirada hacia Sereya.
Y sonrió ligeramente.
—La próxima vez no escaparán.
Sereya sintió un escalofrío.
Y entonces…
Ambos desaparecieron entre el humo y el bosque.
El silencio cayó lentamente.
Solo quedaron respiraciones agitadas.
Humo.
Y fuego consumiendo algunas partes del campamento.
Katara suspiró.
—Esto ya es demasiado peligroso…
Aang bajó lentamente sus manos.
Su expresión era seria.
Iroh se acercó lentamente.
—Ya no pueden quedarse aquí.
Todos lo miraron.
Iroh observó directamente a Aang.
—Zaheer y P’Li actuaron impulsivamente esta vez… eso significa que el Loto Rojo está desesperado.
Aang frunció el ceño.
—Entonces volverán.
Iroh asintió lentamente.
—Y la próxima vez podrían traer a todos.
El ambiente se volvió pesado.
Sokka bajó un poco el boomerang.
—…eso no suena nada bien.
Toph cruzó los brazos.
Katara miró a Aang preocupada.
—¿Qué hacemos?
Iroh respiró profundamente.
—Hay un lugar donde podrán ocultarse.
Todos lo miraron.
Y entonces dijo:
—El Templo Aire del Oeste.
Sereya abrió ligeramente los ojos.
Aang también pareció sorprendido.
—Es un lugar al que casi nadie conoce actualmente, por lo que pueden refugiarse ahí por lo mientras hasta idear un nuevo plan.
Zuko habló entonces.
—Nos moveremos antes del amanecer.
Sereya lo miró.
Y notó algo en su expresión.
Preocupación.
Aang cerró lentamente los ojos.
Y finalmente asintió.
—De acuerdo.