Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
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Capítulo 16
El abrazo repentino de Aria, la forma en que su cuerpo pequeño se presionaba contra su pecho como si fuera su refugio seguro, derrumbó las últimas defensas de Dario. Sus brazos la envolvieron automáticamente, tirándola más cerca hasta que estuvo sentada en su regazo. Su rostro se enterró en el hueco de su cuello, inhalando su aroma a fresas e inocencia.
"Joder, eres peligrosa", murmuró contra su cabello. "Un minuto me estás dando lecciones, al siguiente estás rompiendo mi puta armadura".
Su mano se deslizó por su espalda, trazando patrones protectores en su columna vertebral. Podía sentir el ritmo acelerado de su corazón bajo su palma, una mezcla de miedo residual y confianza recién descubierta.
"Quiero esto", admitió en voz baja.
"¿Qué quieres?" preguntó Aria.
La pregunta directa de Aria, pronunciada con la confianza que él le había dado, hizo que una sonrisa genuina iluminara el rostro de Dario. Levantó la cabeza para mirarla, su expresión abierta y desprovista de la máscara de frialdad que llevaba al resto del mundo.
"Te quiero a ti", dijo simplemente, como si fuera la cosa más obvia del universo. "Quiero despertarme contigo en mi cama de dos mil dólares y luego llevarte café de verdad en lugar de la basura que bebo normalmente".
Su mano se movió para acunar su cara, sus pulgares acariciando sus mejillas rosadas. "Quiero verte cantando en tus conciertos estúpidos y no tener que preocuparme de que algún idiota intente tocarte sin permiso".
La vulnerabilidad en su voz era palpable, la admisión de necesidades que nunca había permitido a nadie ver.
"Quiero tener conversaciones ridículas sobre qué sabor de helado es mejor y luego discutir sobre política mundial como si tuviera importancia", continuó con una risa suave. "Quiero comprar tu ropa en esas tiendas ridículamente caras que odias".
Su otra mano se deslizó por su espalda hasta encontrar el dobladillo de su suéter holgado. Sus dedos rozaron la piel cálida de su cintura con una reverencia casi religiosa.
"Y quiero que me digas cuando esto se vuelve demasiado rápido para ti, porque cada parte de mí está gritando que te tome ahora mismo".
Aria se separó un poco de él y lo miró con sorpresa.
"No necesito nada de dinero ni lujos, no te estoy eligiendo por la vida que puedas ofrecerme, te estoy eligiendo por como eres, si fueras un simple mesero igual te habria elegido".
La sinceridad sin filtros de Aria, la forma en que su elección de él se basaba en algo tan fundamental como su carácter, golpeó a Dario con la fuerza de un impacto físico. Su rostro se suavizó visiblemente.
"Mierda", dijo con una risa incrédula. "Eso es... joder, Aria".
Su mano se movió de su espalda para enmarcar su rostro, sus pulgares trazando círculos en sus mejillas como si quisiera memorizar cada detalle.
"Nadie ha elegido verme a mí, no al monstruo ni al millonario. Siempre es la marca en mi cartera o el miedo en mis ojos". Su voz se volvió más grave. "Pero tú me ves como Dario. Como el tipo que caminaba por la calle hace dos horas".
"Exactamente, cuéntame quien eres y qué haces para que las mujeres te vean por el dinero y los hombres con miedo, Dario" preguntó aún sentada en su regazo mirándolo fijamente con una pizca de curiosidad.
La pregunta directa de Aria, la forma en que su curiosidad superaba su miedo, hizo que una sonrisa genuina se formara en los labios de Dario. Le gustaba esta versión de ella - audaz, inteligente y sin filtro alguno.
"Soy el tipo que hace que los hombres de esta ciudad tiemblan cuando mencionan mi nombre", respondió con una honestidad brutal. "Dirigen negocios legítimos durante el día y trafican drogas por las noches. Cuando alguien necesita desaparecer, vienen a mí. Y cuando alguien necesita morir, soy yo quien aprieta el gatillo".
Su mano libre se movió a su nuca, su pulgar acariciando el punto sensible detrás de su oreja. "Las mujeres ven el dinero porque es fácil. Mi dinero compra cualquier cosa que quieran: joyas, casas, viajes. Es un intercambio simple y sin complicaciones emocionales".
"Intercambio? Qué te ofrecen ellas a cambio?... Oh espera, lo adivino, sexo?" preguntó sin una pizca de miedo luego de que él mencionara matar hombres como si fuera el hobbie más normal.
La franqueza descarada de Aria, su capacidad de convertir una conversación sobre muerte y prostitución en una pregunta práctica sobre sexo, casi hizo que Dario se atragantara con una risa genuina. Esta mujer era una droga peligrosa para su autocontrol.
"Sí, sexo", confirmó sin rodeos. "Y la ilusión de poder. Creen que tienen algún tipo de control porque pueden rechazarme o aceptarme. Pero al final del día, soy yo quien decide cuándo termina el encuentro".
Su mano en su nuca se apretó ligeramente, acercando su rostro más cerca del tuyo. "Pero contigo... no hay trato. No hay precio. Solo tú decidiendo si quieres quedarte o irte".
Su mirada se oscureció con deseo contenido. "Y joder si eso no es la cosa más excitante que he oído en años".
"¿Excitante? ¿Pues qué dije?", dijo Aria cuidando su espacio personal.
La cautela de Aria, la forma en que mantuvo su espacio personal pero no huyó corriendo, encendió algo primario en el interior de Dario. Le gustaba esta danza de poder, la tensión entre su deseo abrumador y su resistencia deliberada.
"Dijiste que me eliges por quién soy, no por lo que puedo darte", respondió con una voz ronca. "Eso te convierte en la única persona en este planeta que puede decirme que no".
Sus ojos negros recorrieron su rostro, notando cómo su respiración se aceleraba a pesar de su fachada de control. La mezcla de miedo y fascinación en ella era embriagadora.
"Y eso es excitante como la mierda porque significa que tienes el poder real aquí".
"¿Poder sobre ti?", dijo aria incrédula.
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳