Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
NovelToon tiene autorización de Wang Chao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14. Aquí, conmigo.
...• Robert •...
...----------------...
Era pasada la una de la tarde. Caminaba por el pasillo con pasos apresurados, cada vez más impacientes, buscando a Elijah por todos lados, pero el idiota no estaba en ningún lugar. Había ido a su habitación más de tres veces… quizá cinco o seis. Mierda, incluso perdí la cuenta. Abría la puerta, revisaba, volvía a cerrarla, como si por arte de magia fuera a aparecer ahí, sentado, esperándome.
Fui al establo. Nada.
A la alberca. Vacía.
Al jardín trasero. Silencio absoluto.
Lo busqué incluso en el sótano, un lugar al que él rara vez bajaba, pregunté a los empleados uno por uno, pero nadie lo había visto en toda la mañana. Eso era extraño.
Demasiado. Elijah nunca desaparecía así sin decir nada. Siempre encontraba la forma de hacerse notar, de estar presente… de molestarme.
Mi última opción era preguntarle a su padre, pero no quería hacerlo. No quería que pensara que ahora me interesaba ese loco obsesivo, que su ausencia me afectaba más de lo que debería. Apreté los dientes y bajé las escaleras, intentando controlar la irritación que me recorría el cuerpo.
Entonces me encontré de frente con Anastasia, que subía con un juego de cama limpio entre los brazos.
—¿Sabes dónde está Elijah? —pregunté. Mi voz salió más fría de lo normal, cortante, cargada de algo que no quise analizar demasiado. Tal vez era el recuerdo de haberla visto salir de su habitación poco después de que él se duchara lo que me tenía así.
—No lo he visto —respondió.
La examiné con detenimiento. Nos quedamos ahí, en silencio, frente a frente. El recuerdo de esa noche golpeó mi mente con fuerza, trayendo consigo mil y una posibilidades de lo que pudo haber ocurrido entre ellos. Mierda. No quería ni imaginarlo.
—¿Ocurre algo? —preguntó al final, incómoda.
—En realidad, sí —bajé un par de escalones más hasta quedar a su altura. La miré fijamente antes de continuar—. No te ilusiones con Elijah. A él no le gustan las mujeres… y mucho menos mujeres como tú.
—Yo no… —intentó decir.
—Te vi salir de su habitación —la interrumpí.
Sus ojos se abrieron con sorpresa, como si no hubiera esperado que lo supiera. Una oleada de irritación me recorrió el cuerpo. Mierda, ¿cómo Elijah podía siquiera elegirla? Era completamente absurdo. Yo era quien le gustaba. Siempre lo había sido. Y aun así… nunca estaba de más dejar las cosas claras.
—Escucha —continué, bajando un poco la voz—, solo mantente lejos de él y no tendrás problemas conmigo. ¿De acuerdo?
—Comprendo —respondió en voz baja.
Chasqueé la lengua, irritado, y continué bajando las escaleras sin mirar atrás. Aquello fue una sorpresa incluso para mí. Nunca imaginé que tendría que dejar en claro que a Elijah no le interesaba nadie más que yo.
Y, sin embargo, ahí estaba… haciéndolo.
—¿Dónde mierda te metiste? —murmuré entre dientes mientras me dirigía a la cocina, con el paso rápido y el ceño fruncido.
Ni siquiera había bajado a desayunar con nosotros, lo cual ya era extraño. Quizá tenía hambre y estaba ahí, evadiéndome como lo había estado haciendo estos últimos días. Empujé la puerta con más fuerza de la necesaria y, de inmediato, escuché un quejido ahogado, seguido del sonido seco de un cuerpo cayendo al suelo.
—Mierda… —dije al mirar hacia abajo.
Axel estaba tirado en el piso, sosteniéndose la nariz con ambas manos, los ojos abiertos de par en par por la sorpresa y el dolor.
—Lo siento, joder, no te vi —me apresuré a decir mientras me inclinaba para ayudarlo a ponerse de pie, sujetándolo con cuidado.
—Tranquilo, también fue mi culpa —respondió con voz nasal. Apartó la mano y la sangre comenzó a escurrir por su rostro, manchándole los dedos—. Dios… es mucha sangre.
—Rápido, una servilleta —ordené sin pensarlo.
Uno de los cocineros se acercó enseguida y me entregó un par. Las presioné contra su nariz con cuidado, procurando no hacerle daño.
—Ven, siéntate aquí —arrastré una silla hasta la mesa más cercana y lo ayudé a sentarse—. Todo esto es por culpa de Elijah… si ese idiota estuviera aquí…
Apreté los dientes con rabia, sintiendo cómo la irritación me subía por la garganta. Su ausencia ya no era solo una molestia: comenzaba a sentirse como una afrenta.
—¿Lo estás buscando? —preguntó Axel.
Sus ojos se clavaron en los míos y, por un segundo, todo el ruido de la cocina se desvaneció. Había algo en su mirada, algo limpio, casi irreal. Nunca había visto tanta pureza concentrada en una sola persona. Y sabía, con una certeza incómoda, que jamás volvería a verla en nadie más.
—Cosas del trabajo —mentí sin esfuerzo—. ¿No lo has visto?
Axel bajó un poco la servilleta. Por suerte, la sangre ya no fluía con la misma intensidad. La tomé y la dejé a un lado.
—Sí… ven —dijo de pronto.
Tomó mi mano y me condujo fuera de la cocina, alejándonos de los empleados y del murmullo constante. Mi cuerpo se tensó de inmediato.
—Cuando salí de tu habitación esta mañana…
—¿Qué? —lo interrumpí, el corazón acelerándose—. ¿Te dijo algo? ¿Te hizo algo? Porque si fue así…
Axel apoyó una mano en mi pecho, deteniéndome. Con lo celoso que es Elijah, estaba seguro de que había armado una escena monumental. Seguramente creyó que dormí con Axel. Tal vez por eso había desaparecido. Tal vez estaba furioso. Cuando lo encontrara, le explicaría todo. Siempre lo hacía.
—No me dijo ni me hizo nada —respondió. Parpadeé, sorprendido. Aquella no era la reacción que esperaba—. Él iba de salida. Dijo que tenía que regresar.
—¿A la ciudad? —pregunté, sujetándolo por los hombros sin darme cuenta de la fuerza que empleaba—. ¿No dijo a qué?
¿Era el mismo Elijah que yo conocía? El que montaba escenas por cualquier cosa, el que no soportaba estar lejos de mí ni un solo día. Él habría hecho todo por viajar conmigo. Siempre lo hacía. Pero ahora…
Ahora me había dejado atrás.
—Supongo que sí… auch —se quejó.
Me di cuenta de que lo estaba apretando demasiado y lo solté de inmediato.
—Lo siento —murmuré.
Axel sonrió con suavidad, como si nada importara demasiado.
—Quizá también era por trabajo. No lo sé. No dijo nada más.
Arrugué las cejas. Después de susurrar un “gracias”, me alejé sin mirar atrás y salí de la casa. Me recargué contra uno de los muros de cantera, dejando que el aire cálido me golpeara el rostro mientras observaba el paisaje frente a mí.
—Se fue… —murmuré para mí mismo—. Ni siquiera un adiós. Simplemente… se largó. ¿De verdad ya no le importo?
Saqué un cigarro del bolsillo, lo sostuve entre los dedos, pero no lo encendí. A él no le gusta el olor a tabaco.
—Mierda…
Pasé una mano por mi cabello, respirando hondo, intentando ordenar el caos dentro de mí y luego pase un dedo sobre mi labio, donde había dejado su marca. El sabor de sus labios era lo único en lo que podía pensar.
¿Cómo es que ahora, justo ahora que no está, lo único que quiero es que esté aquí? Conmigo.
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard