NovelToon NovelToon
Mi marido tenía otra familia

Mi marido tenía otra familia

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:85
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Durante cinco años, creí que tenía al marido perfecto. Le abrí las puertas de mi familia, le confié la empresa de mi padre y soñé con tener un hijo con él.
Hasta que descubrí quién era la mujer que cuidaba a mi padre.
Había sido su esposa. Tenían un hijo. Y ninguno de los dos pensaba contármelo.
Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ellos preparaban su salida.
Ahora me toca fingir. Sonreírle a mi marido. Tenerla a ella cerca. Dejar que ambos crean que sigo sin enterarme de nada.
Porque no pienso salir de esta historia con las manos vacías. Quiero saber qué hicieron con el dinero de mi familia, recuperar mi lugar y decidir cómo termina mi matrimonio.
Esta vez, las decisiones las tomo yo.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14. Lo que no podía contar en casa

Lucía empezó a decir algo cuando la vio y se detuvo.

Renata se había arreglado antes de salir. Se miró en el espejo, corrigió el maquillaje y escogió una expresión que no obligara a nadie a preguntarle qué le pasaba. Había funcionado mientras estuvo sola.

Delante de su amiga, apenas le duró unos segundos.

Se sentó y dejó la bolsa a un lado.

—Estuve en su casa.

Lucía se acercó.

—¿En la de Valeria?

Renata asintió.

Empezó por lo más fácil de repetir. La había llevado. La invitó a comer. Quería la dirección financiera de Bellaria. Sabía que Damián estaba casado y no parecía necesitar que se lo recordaran.

Lucía escuchó hasta que Renata llegó a lo de las promesas.

—¡Puta madre! ¡Qué mierda de hombre!

Renata bajó los ojos.

Era la primera vez que oía aquello dicho sin tener que terminar ella la frase en su cabeza. Lucía no le pidió que lo llamara un malentendido ni que buscara una razón para la fotografía.

Estaba enojada por ella.

—¿Contigo no le bastaba? —continuó—. ¿Qué carajos quiere?

Renata se llevó una mano a la frente.

No lo sabía. Esa pregunta había cambiado de forma tantas veces que ya no estaba segura de qué respuesta le dolería menos. Que quisiera a Valeria. Que no quisiera a nadie. Que pudiera quererla a ella y hacer todo lo demás sin sentir que una cosa estorbaba a la otra.

—Me pidió que la ayudara —dijo.

Lucía tardó un instante en entender que volvía a hablar de Valeria.

—¿Con el puesto?

Renata asintió.

—Como si fuera algo que pudiéramos resolver entre las dos mientras comíamos.

Su amiga se quedó mirándola.

Renata pudo sostener la mirada un poco más. Luego tuvo que apartarla.

Se había sentado allí con la intención de contar algo concreto. Había hablado con Javier, había ido por la cámara, había encontrado el momento de salir del estudio sin que Damián viera lo que buscaba. Podía explicar cada paso como si supiera qué hacer después.

No podía contar de la misma manera cómo se había quedado llorando en el auto.

Había fingido estar fuerte durante demasiado tiempo. Hasta las preguntas de Lucía empezaban por lo que pensaba hacer, por lo que había descubierto. No era culpa de su amiga: ella se lo había presentado así, como un problema que estaba ocupándose de resolver.

Pero no quería resolverlo todo en ese momento.

Quería poder decir que le dolía.

La cara se le deshizo antes de encontrar las palabras.

Lucía dejó de preguntar. Se acercó y la abrazó.

Renata se quedó quieta al principio. Tenía el cuerpo rígido, las manos sobre las piernas. Luego se agarró a ella y volvió a llorar.

Le dio vergüenza hacerlo otra vez. Después ya no pudo ocuparse de la vergüenza.

Contó lo del pastel con frases que tuvo que repetir porque no conseguía terminarlas. Las flores. El bocado que apenas pudo tragar. Damián acostándose en el suelo junto al sofá.

Lucía se apartó lo justo para mirarla.

—¿Durmió ahí?

—Para que no me cayera.

El silencio de su amiga le hizo más daño que una respuesta rápida. También ella podía ver lo que Renata intentaba explicar. El gesto era exactamente el que habría contado con orgullo en otra época.

No podía despreciarlo sin recordar cuánto le había gustado recibirlo.

Se secó la cara.

—Yo lo quería, Lucía.

No supo por qué lo dijo en pasado. Seguía queriéndolo de una manera que la enfurecía. No al hombre que se acostaba con Valeria. A Damián. Al que tenía años de recuerdos, frases, gestos que no podía devolverle en una bolsa para quedarse libre de ellos.

Lucía no la corrigió.

Se quedó con ella hasta que pudo respirar sin que la voz se rompiera.

Después hablaron de sus padres.

Renata negó antes de que su amiga terminara de preguntar.

—No puedo decírselo todavía.

No quería ver la cara de su padre al comprender que el hombre al que había confiado tantas cosas engañaba a su hija. No quería escuchar a su madre intentar recordar cada visita, cada comida, lo que habían dicho delante de él sin saber que Renata estaba buscando una prueba.

También había algo que le costaba más reconocer.

Ella había defendido aquella vida. La había mostrado, celebrado, contado como si ser feliz demostrara que no tenía por qué escuchar a nadie. Había elegido a Damián con la seguridad de quien creía conocerlo mejor que los demás.

Ahora tendría que empezar diciendo que no lo conocía.

Le parecía injusto sentir vergüenza por algo que él había hecho. Que lo supiera no hacía desaparecer la vergüenza.

—Tengo que saber qué voy a hacer antes —dijo.

Lucía no le exigió una decisión.

Le preguntó por el abogado. Renata contó que habían acordado trabajar juntos y que no pensaba confiar en una respuesta solo porque alguien cobrara por dársela.

Su amiga la escuchó sin convertir la conversación en una lista de tareas.

Por un rato, eso le bastó.

El celular de Renata sonó.

Miró la pantalla y se quedó un segundo sin contestar.

Valeria.

Lucía vio el nombre. Su cara cambió.

—¿Qué quiere ahora?

Renata no lo sabía. Respondió.

La otra mujer quería hablar con ella. Renata escuchó con los ojos todavía húmedos, cuidando que no se le notara en la voz. Preguntó dónde.

En el departamento.

Al terminar, dejó el teléfono sobre la mesa.

—Voy a verla.

Lucía miró su cara y después la pantalla apagada. No intentó quitarle las llaves ni decirle que debía estar bien para ir. Le pidió que la mantuviera al tanto.

Renata asintió.

Volvió a arreglarse lo indispensable. Esta vez no porque quisiera que nadie la viera llorar, sino porque no estaba dispuesta a ofrecerle a Valeria una imagen de lo que acababa de pasar.

Al despedirse, abrazó a Lucía con más fuerza que al llegar.

* * *

Valeria le abrió y se hizo a un lado.

Renata entró en el departamento por segunda vez. Ya no tuvo que mirar dónde dejar las cosas. Reconoció la mesa sobre la que había apoyado el vaso y el lugar desde el que alcanzaba a verse la habitación.

Esa familiaridad no le gustó.

—¿Pensaste lo que te dije? —preguntó Valeria.

Renata se volvió hacia ella.

—Te pedí que pensaras tú.

La otra mujer aceptó el recordatorio con un pequeño movimiento de cabeza.

Habían llegado al punto que no pudieron cruzar la primera vez: qué quería cada una y qué estaba dispuesta a entregar para conseguirlo. Renata dejó la bolsa y se quedó de pie.

No quería acomodarse.

Valeria empezó a hablar.

Antes de que pudieran ir mucho más lejos, sonó el timbre.

Las dos se detuvieron.

Renata miró hacia la puerta. Era absurdo que el ruido de un timbre pudiera hacerle cambiar de golpe la forma de respirar. Valeria ya iba hacia la pantalla del portero.

Vio la imagen y se quedó quieta.

Renata se acercó lo suficiente para mirar.

Damián esperaba abajo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play