El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.
Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.
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Capítulo 14: Un Banquete en la Cena
A las siete de la mañana del día siguiente, la luz fría del amanecer apenas lograba disipar la bruma que envolvía la terraza del penthouse de Marcos Sterling.
Isabella Loredan, vistiendo un conjunto de seda color hueso, paseaba de un lado a otro con una copa de champán casi intacta entre los dedos. El taconeo de sus zapatillas sobre el mármol marcaba el ritmo de su desesperación.
—¡Es una humillación, Marcos! —siseó Isabella, girando bruscamente para encararlo—. Ayer me hizo quedar como una estúpida frente a su madre. Abandonó la cena de compromiso bajo el pretexto de una "emergencia corporativa" y terminó en una esquina mugrienta del centro comiendo comida grasienta de esa mugrosa puestera. ¡Nuestra boda es el mes que viene!
Marcos, sentado tras su escritorio personal con la corbata deshecha y los ojos inyectados en sangre, sirvió un trago doble de whisky antes de responder.
—Cálmate, Isabella —dijo con la voz rasposa por la falta de sueño—. El problema no es que Julián juegue a ser el benefactor de esa muerta de hambre. El verdadero problema es que nos tiene con las manos atadas. La auditoría externa que impuso con su abogado bloqueó los fondos de la cuenta puente. Si no liberamos esos diez millones para el viernes, mis acreedores de Panamá van a filtrar las facturas falsas que emitimos a nombre de tu familia.
Isabella palideció, apretando el cristal de la copa.
—¿Qué estás diciendo? Si esas facturas salen a la luz, mi padre irá a la cárcel y la reputación de los Loredan quedará destruida antes de la boda.
¡Dijiste que tenías todo bajo control!
—¡Y lo tenía! —estalló Marcos, poniéndose de pie y golpeando la mesa de cristal—. Pero Julián no está actuando como el idiota confiado de siempre. Cada movimiento que hace parece fríamente calculado, como si anticipara cada uno de nuestros pasos. Ayer nos rechazó la autorización del fideicomiso y rompió la reunión en nuestra cara.
Isabella apretó los labios con rabia, pero tras unos segundos de tensión, una sonrisa calculadora y maliciosa volvió a dibujarse en sus labios.
—Si no podemos sacarle la firma por la vía financiera... lo haremos por la vía del escándalo —propuso ella con voz venenosa—. Si Julián no quiere soltar el dinero para la boda, le mostraremos a los accionistas de la empresa con quién está pasando las noches el gran presidente de Rossi & Sterling. Filtremos las fotos de él en ese puesto callejero con esa tipa a la prensa del corazón. El consejo de administración no tolerará un escándalo de esa magnitud antes de la fusión.
Lo presionaremos para que ceda el control de las firmas.
Marcos la miró durante un largo segundo, y por primera vez en la mañana, un destello de codicia iluminó su rostro.
—Un chantaje público... —murmuró Marcos, acariciándose la barbilla—. Si la prensa lo acorrala, tendrá que firmar la cesión del fideicomiso para acallar el escándalo y salvar la reputación de la firma. Prepara las fotos, Isabella. Es hora de jugar sucio.
Mientras tanto, en las oficinas centrales de Rossi & Sterling, la atmósfera en el despacho principal era de una calma absoluta.
Julián Rossi se encontraba frente a los ventanales contemplando el horizonte de la ciudad.
A su lado, el licenciado Guillermo Prado revisaba una tablet que proyectaba en tiempo real el flujo de datos de los servidores de la compañía.
—Los sistemas de rastreo confirmaron que Marcos intentó acceder anoche desde su domicilio a las cuentas archivadas del fideicomiso, Julián —informó Prado, ajustándose las gafas de lectura—. El sistema denegó el acceso y generó una copia del intento de intrusión. Es la prueba definitiva de su intento de fraude electrónico.
Julián no se inmutó. Tomó un sorbo de su café negro con una tranquilidad impecable.
—Déjalo que siga escarbando, Guillermo. Entre más desesperado esté, más torpe será su siguiente movimiento. ¿Qué hay de los movimientos de la familia Loredan?
—El padre de Isabella intentó hipotecar sus acciones de la firma consultora esta mañana para cubrir los pagarés vencidos en el extranjero, pero bloqueamos la operación apelando a la cláusula de preferencia que firmaste la semana pasada —explicó el abogado con una leve sonrisa—. Están acorralados. No tienen liquidez para llegar al fin de semana sin tu firma.
Un golpe seco en la puerta interrumpió la conversación. La secretaria de Julián ingresó con el rostro pálido y un sobre de papel manila en la mano.
—Señor Rossi... esto acaba de llegar a la recepción marcado como "urgente y confidencial" para usted.
Julián tomó el sobre, lo abrió con parsimonia y extrajo un juego de fotografías de alta resolución. En ellas se le veía claramente bajo la lona azul de "La Sazón de Jimena": sosteniendo las manos de la joven bajo la lluvia, compartiendo un plato en la barra y riendo juntos a la luz del foco incandescente.
Adjunto a las fotos había una nota mecanografiada:
"Las fotos saldrán a la portada de los diarios de finanzas y espectáculos mañana a primera hora, a menos que autorices la liberación de los fondos del fideicomiso y la cesión de la firma antes de las cinco de la tarde."
El abogado Prado se asomó a ver el contenido y frunció el ceño con preocupación.
—Esto es un chantaje directo, Julián. Si la prensa publica esto, las acciones podrían sufrir una fluctuación temporal y la familia Loredan usará esto para acusarte de incumplimiento de compromiso moral.
Julián observó la fotografía donde Jimena le sonreía con una calidez genuina. En lugar de ira o pánico, una profunda y helada determinación se apoderó de sus facciones. La pequeña grieta en la alianza de sus enemigos acababa de convertirse en una brecha abierta, y ellos cometieron el grave error de meter a Jimena en el fuego cruzado.
—No voy a ceder a un solo centavo de este chantaje, Guillermo —sentenció Julián, guardando las fotografías en su saco—. Marcos e Isabella creen que estas fotos son mi debilidad, pero no tienen idea de que esta es la prueba definitiva de que ya no tienen nada con qué atarme a su mundo de mentiras.
—¿Qué vas a hacer, Julián?
—Voy a adelantar la jugada —respondió él, tomando las llaves de su automóvil—. Dile al equipo legal que prepare la demanda por extorsión y fraude. Y convoca a una rueda de prensa de emergencia para esta misma tarde en la sede central.
—¿Una rueda de prensa? —preguntó Prado, sorprendido—. ¿Para desmentir las fotos?
Julián sonrió con una frialdad matemática antes de caminar hacia la salida.
—No para desmentirlas, Guillermo. Para usarlas como el mazo que va a destrozar su alianza de una vez por todas.