¿Podrá una señorita de de alta sociedad, y un jardinero hacer que su amor floresca , en medio de tantos impedimentos.?
Esta es la historia de amor de Ricardo y María Claudia. ¡Ven y acompáñame a ver qué pasa!
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Capítulo #14
🥺
Ricardo llegó a su casa algo decepcionado.
Al entrar, sus abuelos estaban viendo televisión en la pequeña sala.
—Hola, buenas tardes. ¿Cómo estuvo su día, mis queridos abuelos? —preguntó, dándoles un beso a cada uno en la frente.
—Bien, gracias a Dios, hijo. ¿Y el tuyo? —respondió Marta, devolviéndole el beso a su amado nieto.
—Umm... bueno, en la universidad todo muy bien… pero en el amor, fatal 🙁.
Abuelo, ¿hoy tampoco fuiste a trabajar?
—No, hijo. Ya no trabajo en las cosas de los Montero. Me despidieron…
—¿Eh? ¿Y eso por qué?
—Porque sí —dijo Pedro, levantándose del sofá y dirigiéndose al patio trasero.
—Abuela, ¿qué pasó? ¿Podrías explicarme, por favor? ¡Ah, no! Ya sé… todo es mi culpa. Mi abuelo me lo advirtió y no le hice caso. El señor Juan Pablo también me dijo que, si no me alejaba de su hija, eso pasaría.
Yo no quise escuchar…
Ahora María Claudia se fue muy lejos y no sé a dónde. Solo me dejó un mensaje doloroso, como reclamándome algo, como si yo la hubiera abandonado o engañado. No entiendo mucho, pero también me dijo que esperaba no volver a verme jamás 😥.
Y ahora, para colmo de males, mi abuelo perdió su empleo de tantos años.
Perdóname, abuela —dijo al borde del llanto—, no pensé que enamorarme les causaría daño a ustedes.
En ese instante entró su abuelo.
—No tenemos nada que perdonarte, hijo mío. Tú solo te enamoraste… Pero los señores Montero son cerrados; ellos solo quieren que sus hijas se casen con hombres ricos.
Hijo, yo soy quien tiene que pedirte perdón, porque nunca te apoyé con tu relación, ni tampoco debí aceptar ese trato que me propuso el señor 🙁.
El señor Pedro le contó todo lo sucedido a Ricardo.
—No te preocupes, abuelo. Tú hiciste lo que creías correcto. Lo bueno es que no aceptaste el otro dinero que te ofreció ese señor.
Pero yo les prometo que vamos a salir adelante. Voy a recompensar todo lo que han hecho por mí siendo un buen estudiante. Me voy a titular y conseguiré un buen empleo para que ustedes vivan mejor.
Y también voy a hacer lo posible por encontrar a María Claudia; le voy a demostrar que mi amor por ella es sincero, que sí soy merecedor de su amor. Yo amo a esa mujer, y haya dicho lo que haya dicho… la voy a esperar.
—Hijo, nosotros te vamos a apoyar —le dijo Marta.
—Gracias, abuela… y a ti también, abuelo.
—Ven, siéntate a almorzar tranquilo. Hice tu sopa favorita.
—Sí, abuela. Voy a dejar mi mochila en el cuarto, me lavo las manos y regreso enseguida. Esa sopa de queso huele deliciosa 😋.
Después del almuerzo, Ricardo salió a buscar empleo. Se sentía triste por toda la situación; extrañaba demasiado a María Claudia.
Después de caminar por más de dos horas, preguntar en varios lugares y no conseguir nada, se detuvo y miró hacia su derecha.
Vio una cafetería con un aviso que decía: “Se solicita mesero.”
En la entrada se encontró con una chica muy simpática: cabello negro y largo, piel bronceada y una sonrisa amable.
—Hola, buenas tardes. ¿Cómo estás? Vengo por el aviso que está allá afuera, el que dice que buscan mesero. Yo soy lo que están buscando 😁.
—Hola, bueno… ya le aviso a mi tía Sol, que es la dueña de la cafetería.
Mucho gusto, mi nombre es Manuela Campo.
—Oh, qué maleducado soy, no me presenté. Disculpa, mi nombre es Ricardo Santana. Y el gusto es mío.
—Ven, entra y espérame aquí. Voy a avisarle a mi tía.
—Umm, ok. Aquí te espero.
Manuela entró y avisó a su tía Sol, quien salió de inmediato.
—Hola, muchacho. Buenas tardes, mi nombre es Solmarina Campo. Me dijo mi sobrina que deseas trabajar aquí con nosotras. ¿Has trabajado ya en alguna parte?
—Hola, señora. Mucho gusto. Mi nombre es Ricardo Santana, y sí, ya he trabajado como mesero y como jardinero. Pero ahora estoy desempleado y necesito este trabajo.
Solo podría trabajar en las tardes porque estoy estudiando Administración de Empresas en el horario de la mañana.
—Oh, qué bien. No hay problema. Necesito que estés aquí a las 2:00 p. m. en punto, por favor. La salida es a las 7:30 p. m. El pago es de 700 mil pesos más las propinas que dejen los clientes.
Aquí trabajan tres chicos más: Fernando y Lucía, que están en la mañana, y Silvio, que trabaja en las tardes; él es el que está atendiendo aquella mesa.
—Bueno, ok. ¿Eso quiere decir que estoy contratado?
—Sí, estás contratado.
Manuela, ve y tráele un delantal a Ricardo, por favor, para que trabaje lo que resta de la tarde. Y también quita el letrero. ¡A trabajar se dijo!
Manuela le indicó a Ricardo todo lo que debía hacer.
Ricardo trabajó hasta las siete y media de la noche y recibió muchas propinas; para ser su primera tarde, le fue muy bien.
Como ya había trabajado antes, todo se le hizo fácil.
Ya habían pasado cuatro meses desde que Ricardo empezó a trabajar en la cafetería de Sol. Le iba muy bien: a esa cafetería llegaban muchas personas importantes y siempre obtenía buenas propinas, en especial de las chicas que iban solo para verlo y coquetearle, porque él era muy apuesto.
Había entablado una buena amistad con todos sus compañeros, especialmente con Manuela.
Sus abuelos se dedicaban a vender arreglos florales, flores que cultivaban en el patio trasero de su casa.
Manuela era una chica de 19 años; sus padres vivían en el campo y ella se había ido a vivir con su tía, que no tenía hijos, para estudiar repostería.
Ella se encargaba de hacer los postres, tortas y panes de la cafetería, y también hacía encargos para cumpleaños, matrimonios y otros eventos.
Pero al parecer, Manuela estaba sintiendo algo más que amistad por Ricardo. Aunque él ya le había contado toda su historia con María Claudia, ella no se había atrevido a declararle sus sentimientos. Por ahora se conformaba con su amistad, pero se había propuesto conquistarlo y lograr que olvidara a María Claudia...
...
María Claudia
Ya llevo casi cinco meses aquí, en Estados Unidos.
Me ha ido muy bien, gracias a Dios, en la universidad. Además de estudiar Administración de Empresas, también estoy tomando clases de pintura. Estudio las dos carreras al mismo tiempo; así mantengo mi mente ocupada y no pienso tanto en Ricardo, aunque no puedo negar que lo extraño cada día más...
Cada día me hago más amiga de Patricia. Hoy me acompañó a comprar un celular nuevo y creé nuevas redes sociales, pero en la foto de perfil no puse una mía, sino un dibujo muy bonito que pinté.
No quiero que Ricardo me encuentre.
No me he comunicado con las gemelas porque sé que me sacarían información para decirle a Ricardo dónde estoy.
Mis padres han venido a visitarme un par de veces y me llaman casi todos los días al teléfono fijo de la casa de mi tía.
He hablado también con mi hermana, y me ha contado que en este tiempo no ha vuelto a ver a Víctor, solo en fotos; pero se llaman a escondidas y se envían mensajes.
En donde estudio pintura conocí a un chico llamado Camilo. Tiene 20 años recién cumplidos, es alto, con un cuerpo atlético, ojos azules y cabello castaño claro y largo, siempre recogido en una cola alta.
Somos amigos; me ha enseñado muchas técnicas de dibujo.
A veces salimos los tres: Camilo, Patricia y yo. Comemos, bailamos, nos divertimos.
Nos llevamos muy bien, y creo que a Patricia le gusta Camilo. No me lo ha dicho, pero se le nota en su forma de mirarlo. Me hace recordar cuando yo era novia de Ricardo...
Lo extraño tanto, pero me duele saber que cambió por unos cuantos pesos, que tiró todas nuestras promesas a la basura.
Yo habría sido capaz de todo por él… incluso de escaparme si me lo hubiera pedido 🥺😥.