Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 13
A la mañana siguiente el timbre de mi celular me despierta. Veo el nombre de mi madre en la pantalla. Nadie de mi familia acudió al hospital y deduzco de inmediato el motivo de la llamada.
📲 ¿Diga?
📲 ¡Verónica, te exijo qué retires inmediatamente la denuncia en contra de tu marido! ¡Acaso te volviste loca!
📲 No, mamá. No estoy loca. Rodrigo me ha violentado por años. No voy a seguir viviendo así.
📲 Estás metiendo a la familia en un escándalo de grandes proporciones. ¡Nos vas a perjudicar a todos!
📲 ¿De verdad, es eso lo qué te importa? Soy tu hija. Rodrigo me golpeó brutalmente y a ti lo único qué te preocupa es el escándalo. ¡Qué decepción! No voy a retirar la denuncia y voy a llegar hasta las últimas consecuencias.
No le doy oportunidad de responder, corto la comunicación. Ella llama varias veces más. No respondo. Me visto y salgo de la habitación.
Sofía se encuentra en la cocina, el aroma a café invade mis sentidos.
- Buenos días, ¿conseguiste dormir?- me pregunta.
- Buenos días. Sí, gracias. Los medicamentos me ayudan a conciliar el sueño.
- Me da gusto. Toma asiento, ya te sirvo.
- Te ayudo.
- Vero, déjate atender por una vez en la vida.
- Ok, gracias.
- Cuando terminemos el desayuno, nos vamos de compras.
- Mi madre llamó hace unos minutos- cambio el tema abruptamente.
- ¿Qué te dijo?
- Me ordenó qué retire la denuncia y qué regrese a mi casa.
- Perdón por lo que voy a decir, pero a esa señora el título de "madre", le queda grande.
- Le dije qué no y le colgué.
- Hiciste bien, no te dejes amedrentar.
- Me preocupan mis hijas. No sé qué les dijo Rodrigo.
- Ya no son unas niñas, seguro se han dado cuenta de los malos tratos de su padre para contigo. Vas a tener la oportunidad de contar tu versión. Tranquila.
- La qué más me preocupa es Renata. Ella siempre ha defendido a su papá.
- Deja qué las cosas caigan por su propio peso. Yo puedo hacerles llegar un mensaje, si así lo quieres.
- ¿Lo harías?
- Por supuesto.
- Gracias, Sofi.
- No tienes nada que agradecer. Ahora terminemos y vámonos de compras.
En la plaza comercial, la gente se da la vuelta para mirarme. Hay miradas de curiosidad, otras reflejan lástima.
Me observo de reojo en uno de los espejos de la tienda. Mi apariencia es deplorable. Los hematomas en mi rostro no hay maquillaje qué pueda ocultarlos. Por suerte mis muñecas están cubiertas por la blusa de manga larga qué llevo puesta.
- Ignóralos- me dice Sofía, quién siempre parece leer mi mente.
- Luzco fatal, no los culpo.
- No los justifiques. La gente debería aprender a ser más discreta y mucho más empática.
Sofía toma prendas a diestra y siniestra. En pocos minutos, sus manos están llenas y me lleva al probador.
- No voy a probarme todo eso.
- Quizá no todo, pero sí la mayoría o lo qué sea de tu agrado.
- No me siento con ánimos. Solo llevemos algunas cosas, lo indispensable y no es necesario qué me lo pruebe. Seguro me queda.
- Tienes razón. Discúlpame.
- No te disculpes. Lo haces con una buena intención.
Sofía paga las prendas qué previamente he elegido. Antes de subir al auto, recibe una llamada de Pamela, quién le pide vayamos a su oficina.
Llegamos en poco tiempo. La recepcionista nos pasa de inmediato. Pamela nos indica con una seña qué tomemos asiento frente a su escritorio.
- Gracias por venir. ¿Cómo te sientes, Verónica?
- Físicamente, mejor. Anímicamente, no lo sé.
- Es normal. Las hice venir porque tengo redactada la demanda de divorcio. Quiero qué te la lleves, la leas con calma y me digas si quieres modificar algo. De lo contrario, debes firmarla para presentarla lo antes posible.
- ¿Y qué pasa con la denuncia por violencia doméstica?
- Esa continúa. De hecho, en la demanda de divorcio hago mención de ella.
- ¿Hay alguna manera de qué pueda ver a mis hijas?
- Sí Rodrigo no fuera quién es, no debería haber ningún problema. Pero conociéndolo, pondrá todas las trabas posibles. Veré qué podemos hacer. Tú dedícate a sanar. El juicio será largo y te necesito bien.
- Necesitamos hablar de tus honorarios. Yo ahora no cuento con nada...
- Mi trabajo será Pro Bono. No tienes nada de que preocuparte.
- Pamela, eso no es justo.
- Solo puedo decirte que Rodrigo me debe algo y esta es mi oportunidad de cobrárselo.
- Pamela, yo puedo pagarte- dice Sofía.
- De verdad, no hace falta. Voy a disfrutar mucho darle una lección a Rodrigo.
Nuevamente, las palabras de mi abogada me dejan pensando. Ese asunto, ¿será de índole profesional o personal? No me imagino a una mujer cómo Pamela involucrada con alguien cómo mi marido.
Salimos del edificio en silencio. Llevo entre las manos la carpeta con la demanda de divorcio. Todo ha sucedido muy rápido, pero sé qué no se resolverá de la misma manera.
Al llegar al apartamento, me siento en el sofá y comienzo a leer los documentos detenidamente. Pamela ha plasmado a la perfección cada una de mis solicitudes y los motivos por los cuales quiero el divorcio.
- ¿Hay algo qué desees modificar?- me pregunta Sofía.
- Nada, todo está tal y como lo pedí.
- Pamela es muy buena en lo que hace, te aseguro que conseguirá todo lo que pides.
- ¿Tú sabes de dónde conoce a Rodrigo?
- No, también me sorprendí cuando lo mencionó.
- Él le habló con mucho rencor. Algo me dice qué su problema no fue laboral.
- Pienso lo mismo. Pero bueno, debemos apurarnos, tienes cita con la psiquiatra.
- Es verdad.
Dejo los documentos sobre la mesa de café y ayudo a Sofía con los alimentos. Horas después, estoy sentada en el consultorio de mi psiquiatra hablando sobre mi vida.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes