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Latidos Prohibidos

Latidos Prohibidos

Status: Terminada
Genre:CEO / Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:20.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Valentina Romero siempre ha vivido con una sonrisa, tratando de ver el lado bueno de la vida a pesar de su corazón frágil. Cada día es una batalla silenciosa entre la fuerza que muestra al mundo y la vulnerabilidad que la acompaña en la soledad de su habitación. Sabe que amar podría significar dolor, que entregar su corazón podría ser un lujo que no puede permitirse.

Hasta que conoce a Dante Moretti , un CEO poderoso, frío y seguro de sí mismo, cuya mirada no la trata con lástima, sino con un interés que la desconcierta y la atrae como nunca antes. Él percibe sus miedos y debilidades, pero no los juzga; él la ve.

Juntos comienzan una relación sin promesas, sin etiquetas, marcada por la pasión contenida, la complicidad y la química que ambos sienten, aunque el tiempo no esté de su lado. Mientras la enfermedad de Valentina avanza silenciosa, los sentimientos crecen y la tensión entre lo que desean y lo que temen alcanzar se hace insoportable.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Tormenta interior

La calma era un espejismo: un breve respiro entre tormentas. Valentina lo sabía; lo había aprendido a fuerza de golpes y sustos.

Los narcisos amarillos, testigos de su momentánea valentía en el mercado, ahora descansaban en un jarrón sobre la mesa de centro, una explosión de color que parecía burlarse de la oscuridad que se cernía sobre ella.

Todo empezó como un malestar vago, una pesadez en el pecho que atribuyó a la emoción del día, a la intensidad de la mirada de Dante, a la caminata de regreso a casa. Pero, a medida que la tarde cedía paso a la noche, la pesadez se transformó: se convirtió en una presión tangible, una losa de hormigón que se instaló justo bajo el esternón, apretando, ahogando.

Se sentó en el sofá y abrazó un cojín contra el pecho, como si pudiera contener la opresión desde fuera.

No, pensó, con un pánico que empezaba a trepar por la garganta como una enredadera venenosa. Por favor, no ahora. No hoy, que por fin me he sentido… viva.

Pero su cuerpo, el traidor, el enemigo íntimo, no escuchaba sus súplicas.

El dolor se intensificó, pasó de una presión sorda a un punzamiento agudo y familiar que la obligó a contener el aliento. No era el dolor dramático de un ataque de las películas; era algo peor: un recordatorio sutil y torturador de que su motor vital estaba defectuoso, de que cada latido era un milagro prestado y frágil.

—Tranquila, Val —se dijo en un susurro, pero la voz le sonó quebrada, asustada—. Solo es ansiedad. Respira.

Intentó el ejercicio: inspirar… uno, dos; expirar… uno, dos. Pero el aire no entraba bien. Se topaba con la losa, rebotaba en los pulmones, era insuficiente. La sensación de asfixia, más mental que física, pero no por ello menos real, la dominó.

¿Y si esta vez no pasa? ¿Y si esta es la vez en que la "progresión" se convierte en fallo?

El miedo, puro y primario, la inundó. Un sudor frío le empapó la nuca y la espalda. Temblorosa, se levantó del sofá, tambaleándose. El mundo no giraba aún, pero se balanceaba, amenazante. A trompicones llegó al baño; con las manos temblorosas abrió el botiquín. El pastillero de emergencia. La pequeña pastilla blanca de nitroglicerina.

Para cuando el dolor no ceda con el descanso, le había dicho la Dra. Silva. Para cuando sientas que la presión es insoportable.

Con dedos entumecidos, sacó una y la colocó bajo la lengua. El sabor amargo, medicinal, se expandió como una condena. Se dejó caer contra la fría pared de azulejos y se deslizó hasta el suelo. La frialdad de los azulejos a través del camisón fue un choque breve, un contraste con el calor del pánico que la consumía.

Sola, en el silencio roto solo por sus jadeos entrecortados, la desesperanza la alcanzó. No como una ola, sino como un mar negro y sin fondo que se abría bajo sus pies.

¿Para qué? ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Para qué sonreír, para qué fingir normalidad, para qué permitirse soñar con un hombre y con un futuro, si al final siempre terminaba aquí, en el suelo frío del baño, luchando por cada bocanada de aire, aterrorizada de que fuera la última?

Las lágrimas llegaron: silenciosas, calientes, de rabia e impotencia. No lloraba por el dolor, sino por la injusticia. Por la vida que le habían robado. Por la Valentina que podría haber sido: la fuerte, la sana, la que habría caminado del brazo de Dante por el mercado sin tener que medir cada latido, cada suspiro.

No puedo más. El pensamiento fue claro y aterrador. Estoy tan cansada de luchar. De tener miedo. De estar sola.

Se encogió sobre sí misma, abrazándose las rodillas, sintiéndose pequeña y ridículamente frágil. La soledad de ese instante fue absoluta, aplastante.

Nadie iba a llamar a su puerta. Nadie preguntaría si estaba bien. Sofía estaba en su cita. Su familia, en otra ciudad. Frente al abismo de su propia mortalidad, estaba completamente sola.

Poco a poco, la medicación empezó a hacer efecto y el dolor cedió algo. La presión en el pecho se alivió lo suficiente para permitirle una inhalación más profunda, un suspiro tembloroso. Pero la desesperación emocional no desaparecía; la invadía, más densa que nunca.

Entonces, en la oscuridad, una imagen se formó detrás de sus párpados cerrados. No era un campo abierto ni un paisaje de paz; era la imagen de unos ojos grises bajo la luz del mercado. De una mano que no la había tomado para salvarla, sino para estabilizarla. De una voz grave que dijo: «Solo cuando algo me importa», sin un ápice de duda.

Dante.

El recuerdo de él no fue un pensamiento consciente; fue un refugio instintivo. No se preguntó si le gustaría o si era adecuado. Se aferró a la memoria de su presencia, a la intensidad de su mirada que no veía lástima, sino interés. A la fuerza serena que parecía irradiar.

¿Y si no estuviera sola?

La pregunta emergió de lo más hondo, tímida y peligrosa.

¿Y si alguien lo sabía? ¿Y si alguien, él, estuviera al otro lado de esa puerta? ¿No tendría miedo? Claro que sí: un miedo atroz. Pero también… ¿no sentiría, al menos, una fracción de alivio? ¿No sería un peso compartido?

El temor a involucrarlo, a ser una carga, chocó violentamente con el anhelo de no tener que enfrentar esto siempre en soledad. La batalla interna fue feroz y agotadora. ¿Era justo? ¿Era egoísta? No tenía respuestas; solo el frío del suelo en los huesos y el eco de un dolor que se retiraba lentamente, dejando un tendal de cansancio y vulnerabilidad.

Al final, el episodio pasó. El dolor se redujo a un malestar leve, un recordatorio cansado. La presión desapareció. El mareo se esfumó. Solo quedó el agotamiento brutal que siempre seguía a la tormenta y el temblor residual en los miembros.

Se incorporó con esfuerzo, como si pesara cien kilos más. Se miró en el espejo del baño: pálida, con los ojos enrojecidos e hinchados, el cabello pegado a la sien sudorosa. Parecía hecha trizas. Esto soy yo, pensó con un escalofrío. Esta es la realidad que escondo tras la sonrisa y el sarcasmo.

Se lavó la cara con agua fría, evitando su propia mirada. No hubo victoria en haber superado otro episodio; solo el vacío y el eco del miedo. La fragilidad no se había ido; solo se había retirado, como siempre, a esperar en la sombra, agazapada, lista para saltar en el momento más inesperado.

Se acostó en la cama con la ropa puesta y se envolvió en la manta, tiritando. El recuerdo de Dante ya no era una fantasía cálida: era un faro distante en su noche personal, una luz que indicaba tanto consuelo como un riesgo monumental.

Cerró los ojos, vencida.

La lucha de ese día había terminado. Pero la guerra continuaba.

Aquella noche soñó que estaba en un bote a la deriva en un mar negro y en calma, y que desde la orilla una figura oscura con ojos grises la observaba, sin acercarse ni alejarse, simplemente siendo testigo.

Y ella, en el bote, no supo si gritarle que se acercara a salvarla o que se marchara para no arrastrarlo con ella a las profundidades.

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America Lopez
encantadora historia, muy auténtica
Thana: Me da gusto que le gustara 🥰
total 1 replies
Melisuga
Una pareja real es un 100 % en sí misma, como un todo único e indivisible. El cómo distribuyen las porciones de ese 100 es una cuestión interna, particular de cada una, y se reacomoda minuto a minuto, según las fortalezas, debilidades y necesidades de cada uno de sus integrantes. Unas veces irán a la mitad y otras, uno tendrá que poner más que el otro para equilibrarse mutuamente. Pero siempre, SIEMPRE serán el 100 los dos JUNTOS.
💖💖💖
Melisuga
Es un proceso muy fuerte y desgastante. Se precisa mucha fuerza de voluntad y mucha fe para salir adelante. Por suerte, ellos la tienen y se sostienen mutuamente.
💖💖💖
Thana: Me alegra mucho que le esté gustando ❤️
total 1 replies
Melisuga
Ha sido un capítulo precioso y muy emotivo.
🥹💖🥹
Melisuga
Otra declaración de amor descarnada y poco común.
Melisuga
Un hombre sin conflictos externos ni hogar difícil, tan solo su propia personalidad y habilidades enfocadas hacia objetivos específicos.
Melisuga
Es el toque de humanidad que faltaba en su vida.
💖
Melisuga
Dante está desnudando su alma sin dejar nada oculto.
😍😍😍
Melisuga
A mí me resultó muy provocador...
😍😍😍
Melisuga
Sofía es una gran amiga.
💖💖💖
Melisuga
Absurdo, torcido y sacrificado; pero puro y limpio.
🥹💖🥹
Melisuga
¡Qué corazón tan grande tiene Val!
💖💖💖
Melisuga
¡Oh!
Esto sí que no me lo esperé. Me parecían unos padres medio lejanos, pero nada más. Igual, ella debió decirles.
Melisuga
Lo suponía. Sofía no sabía nada de la enfermedad de Valentina.
Izy Maldonado
Ijole que le digo, pues que logro trasmitir lo que pensaba, y me llego, gracias, gracias por compartir tu talento.
Thana: Muchas gracias por leerla y disfrutarla ❤️
total 1 replies
Melisuga
💖💖💖
¡Un amor más grande que el amor!
Melisuga
Esa es una gran respuesta. De hecho, la mejor que podría darle en estas, y cualquier otra, circunstancias.
Melisuga
La intensidad de los sentimientos y la relación de Valentina y Dante me desborda.
💖💖💖
Melisuga
Insisto, Dante hace las declaraciones de amor más bizarras y hermosas que he leído en mucho tiempo.
💓💖💓
Melisuga
Imaginar esta escena ha sido emocionante y especial, llena de una ternura y sensualidad de altos quilates.
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