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Azabache

Azabache

Status: En proceso
Genre:Romance / Intrigante / Juego del gato y el ratón / Amor-odio / Mundo de fantasía / Edad media
Popularitas:30.5k
Nilai: 5
nombre de autor: thailyng nazaret bernal rangel

Séptimo libro de la saga colores.

Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.

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13. Ataque de estupidez

...LEANDRO:...

Marché hacia mi empresa, al noreste de la capital, tenía que supervisar el almacén, verificar la producción, pero al llegar me encontré con varios trabajadores esperando por mí.

No comprendí al principio.

— Nos han ofrecido una nueva oportunidad, así que nos marchamos.

— ¿Por qué? ¿A dónde van? — Me desconcerté.

— El Duque Jones acaba de irse, nos ofreció mayor pago y... — Lucían apenados.

Maldito desgraciado, se había vengado por los clientes que estaba ganando, pero no iba a dejar que me arrebatara mis trabajadores.

— El Duque Jones es mi socio — Dije, usando esa mentira a mi favor y se desconectaron.

— ¿Por qué vino acá ofreciendo más pago si es su socio?

— Debieron comprender mal, el duque ofreció mayor pago porque así lo acordamos, pero seguirán trabajando desde aquí — Dije, de forma firme y se observaron — No deben preocuparse, tendrán un aumento, así que vuelvan a sus puestos.

— Oh, muchas gracias, la verdad es que estamos muy cómodos aquí en su empresa — Comentaron apenados.

— Descuiden, al duque le encanta adelantar las sorpresas — Sonreí, decidido a darle una visita a su empresa al lado del río que cruzaba la capital.

Maldito desgraciado.

Después de organizar mi empresa, marché hacia la del duque.

Al llegar a la reja, los guardias me negaron la entrada.

— Soy Lord Leandro Mercier, socio del duque, necesito tratar un asunto con él — Dije, elevando una ceja, creía en la competencia sana, pero el duque no planeaba tener ese tipo de enfrentamiento, estaba empezando a hacer de las suyas para mantenerse en la sima de los negocios de la capital.

— Lo lamento, mi lord, pero no está permitida la entrada a nadie que no sean los trabajadores y el patrón — Gruñó el mal encarado del otro lado de la reja.

— Si el duque llega a enterarse que me ha echado, entonces tendrá un gran problema, soy su socio — Afirmé y el hombre se tensó.

— El duque no se encuentra.

— ¿Podría dejarme esperar adentro? — Elevé una ceja y negó con la cabeza.

— Le repito, no puedo dejar entrar a nadie.

Observé el patio y el gran almacén de atrás.

Por algo el duque controlaba todo, tenía una gran empresa y mucha seguridad. Debía aplicar lo mismo si no quería más estocadas, podría hallarme con mi empresa en llamas si me descuidaba, creía al duque capaz de eso y más.

Mediar palabras con él sería inútil, tendría que buscar una forma de devolverle el golpe.

— Espero que no se gane problema alguno.

— ¿Quiere que le diga qué le deje un mensaje? — Dijo con un tono burlón — El duque nos ha puesto al tanto de la rivalidad que tienen, así que no pretenda venir con sus inventos y creer que soy tan iluso como para confiar en su palabra.

— Oh, por supuesto que el duque es bastante listo, más si cuenta con lame suelas como usted — Dije y soltó un gruñido, giré para marcharme — Dígale que su tiempo fue mal gastado, que no vuelva a tomarse las molestias de ofrecer mejores beneficios a mis trabajadores, tienen lo suficiente en mi empresa.

— No pretenda volver por aquí.

Subí a mi carruaje, recorriendo las calles, sacando mi libreta y un poco de carbón.

Hoy visitaría las tiendas prestigiosas del duque, lo haría como un cliente. Necesitaba recolectar más información ¿Qué hacía tan exitoso al duque? Por supuesto que su título, su reputación y más. No podía competir contra un título tan poderoso, pero sí podía competir contra sus negocios.

Volví a bajar del carruaje, hacia el mercado más lujoso de la ciudad.

Las tiendas de lujo del duque eran una maravilla, parecían pequeños palacios con grandes ventanas, decoraciones lujosas, salas de té para esperar cómodamente, maniquíes que exhibían prendas hermosas de alta costura.

El duque incluía diamantes y perlas en los vestidos, también botones bañados en oro.

Era algo a lo aún yo no podía acceder.

Las modistas eran hermosas y bastante amables, me atendieron con la misma cordialidad.

— Mi padre ha pedido exclusivamente un vestido con incrustaciones de esmeralda — Dijo alguien detrás de una cortina de un vestidor.

Me asomé un poco mientras la modista se adelantaba para buscarme un traje.

La señorita Pepper se hallaba de pie en un pequeño estrado para que la costurera pudiera hacerle los arreglos al vestido que llevaba puesto.

Esa mujer no podía verme aquí, eso arruinaría mi reputación.

— Las esmeraldas no han llegado, señorita.

— Hagan algo al respecto, no voy a lucir un vestido sin esmeraldas — Gruñó, era bastante caprichosa.

— Señorita Pepper, hacemos lo que podemos...

— Sus esfuerzos son inútiles — Siseó y me alejé de la cortina.

Había más pasillos y aproveché para husmear en todas partes.

Todo lucía pulcro y ordenado.

No había alguna debilidad con la que podría atacar. Tenía una gran ventaja sobre mí, pero no iba a rendirme.

— Mi lord, este es el traje ¿Quiere probarlo? — Preguntó la modista.

— No, vendré luego, recordé que tengo asuntos de suma importancia.

Caminé hacia la salida.

Por los momentos, reforzaría la seguridad de la empresa, ordené al lacayo volver allí para resolver ese asunto de inmediato.

Al menos el viaje me sirvió para distraerme un poco y no tener a Liseth en la cabeza por demasiado tiempo, estaba ansioso, inquieto por no saber donde había ido.

Deseé encontrarla por alguna calle o avenida, tal vez un mercado, pero no hubo ni señales de ella.

Estaba avergonzado.

Precisamente en el momento en el que besaría sus labios, el hambre hizo de la suyas y mi estómago me delató.

Sirvió para alejar mi descontrol.

No sabía que clase de encantamiento se me había metido al cuerpo después de hallar el cabello de Liseth en mi cama, la muy descarada lo negó al principio, pero luego me demostró que ella estaba buscando un encuentro íntimo tanto como yo.

Me moría por enterrarme en ella, tenerla desnuda en mi cama era mi mayor deseo, no podía dejar de pensar en otra cosa.

Estaba tan loco.

Endurecido la mayoría del tiempo, incluso si escucha sus pasos o la veía comer, yo no soportaba el descontrol que ejercía sobre mí.

Grité alto, al ver una figura en el tejado de una casa.

El lacayo hizo frenar los caballos de forma abrupta.

Abrí la puerta y observé hacia el techo.

— ¿Qué sucede mi lord?

Crucé la calle cuando la figura saltó hacia el callejón.

Entré en el callejón.

La persona estaba al borde de un muro que dividía el callejón.

Estaba de espaldas, pero observó por encima de su hombro.

La máscara que ocultaba sus rasgos no sirvió de nada, reconocí de inmediato a la ladrona.

Sus ojos se quedaron quietos.

— ¡Ladrona, deberías devolver lo que me robaste! — Gruñí, apretando los puños.

No contestó.

— ¿Creíste que iba a olvidarme de ti y de lo que te llevaste? — Arqueé las cejas.

Hurgó dentro de su bolsillo, me aventó algo y lo atajé.

Era mi reloj. Me sorprendí, no pensé que tomaría en serio mis palabras e hiciera lo correcto.

— Al fin un poco de cordura — La observé, seguía sin hablar — ¿Te cortaron la lengua? Ya no tienes tantas agallas para hablar — Guardé mi reloj — Faltan mis piezas, no creas que voy a dejar pasar eso.

— Las gaste — Su voz sonó distinta, como si estuviese cambiando el tono al propósito — Te las tendré que quedar debiendo.

— ¿Cuándo vas a pagarme? — Me crucé de brazos.

Se encogió de hombros.

Saltó el muro y desapareció de mi vista.

Vaya ladrona tan hábil.

Me alejé y volví al carruaje.

...****************...

Volví a casa al atardecer.

Estaba agotado, pero conforme de resolver el problema de la seguridad.

Mi madre me esperaba, me recibió con un beso y un abrazo.

— ¿La costurera ya volvió?

— Por supuesto, está trabajando en el taller — Dijo, sospechando algo, conocía sus miradas.

— ¿Qué sucede? — Solté un suspiro.

— ¿Tienes un interés por Liseth?

Negué con la cabeza — Solo preguntaba porque necesito que termine el trabajo, me dió su palabra de que el vestido estará listo mañana.

— ¿Seguro? — Estrechó sus ojos.

— Así es, no hay nada entre nosotros.

— ¿Ni siquiera chispas? — Elevó una ceja.

— Madre, por favor.

— Ya no eres un niño, ni siquiera un joven inocente, puedo notar que has perdido tu castidad y no me molesta, es normal que los hombres empiecen a...

— ¡Madre! — Me avergoncé.

Se rió — No te pongas así, de hecho te habías tardado en eso.

Le lancé una mirada — Madre, no voy a tener relaciones con la cortesana — Casi estuve a punto, pero no quería empezar una aventura, sabía que terminaría en algo más profundo si eso sucedía, esa mujer seguramente me querría solo para un encuentro o dos.

— Si ambos están de acuerdo y quieren lo mismo, está bien, pero tienes que tener cuidado, no quiero que rompes el corazón de nadie — Me advirtió — Voy a ordenar que preparen la cena — Se alejó.

Cuidado si no era mi corazón el que terminaba roto.

De por sí me molestaba el pasado de Liseth, que fuese cortesana.

Caminé por el pasillo, con los nervios por dirigirme al taller.

Me asomé hacia la puerta entre abierta.

Liseth estaba armando el vestido, intentando encajar las piezas en el maniquí, aunque aún le faltaba la costura, podía ver que sus esfuerzos habían válido la pena, estaba quedando hermoso, ella tenía talento.

¿Debería empezar a abrir una boutique como el duque?

Eso era lo que tenía que hacer.

Conseguir una tienda en venta que estuviese en el lado más prestigioso, casi junto a las tiendas del duque y si Liseth lo lograba, le daría trabajo de modista.

Ella observaba el reloj de la pared a cada instante, no parecía concentrada a a pesar de sus esfuerzos.

— Oiga — Dije y se sobresaltó, parecía nerviosa al verme entrar — Veo que ha adelantado demasiado, pero las costuras toman más tiempo y dedicación.

— Así es, no se preocupe, estará terminado para mañana — Siguió ajustando los alfileres.

— ¿Tiene prisa?

— ¿Qué? — Se tensó.

— ¿Volverá a salir?

Se quedó callada — Terminaré esto y saldré.

Fruncí el ceño — Debería tomarse su trabajo en serio.

— ¿Usted cree que no me lo estoy tomando en serio? — Elevó una ceja.

— ¿Qué tanto tiene que hacer allá afuera? — Exigí, volviendo a irritarme — Descuida sus obligaciones y vuelve como si nada.

— No es asunto suyo, lo que le interesa es que mi trabajo este terminado.

— A usted parece importarle poco terminar sus obligaciones.

— No es así, amo mi trabajo — Dijo, con un tono sereno — Amo la costura, este es mi sueño... — Su expresión se ablandó — Es solo que tengo una emergencia y debo salir, pero al volver voy a continuar.

— Haga lo que le place.

— ¿Por qué rayos se pone así cada vez que voy a salir? — Siseó, colocando otro alfiler — No es mi dueño, ni mi esposo, ni siquiera mi amante... Solo es mi patrón.

— La gente que duerme bajo mi techo debe informarme de todo lo que hacen.

— ¿Esa es la vida de sus sirvientes? ¿Tan poca libertad tienen? — Gruñó y me tensé.

— Son las normas, no soy el único noble que las aplica, los sirvientes están hecho para servir y mientras coman y duerman bajo mi techo están obligados a deber explicaciones...

— Yo soy costurera, no sirvienta, soy libre — Dijo, elevando una ceja — ¿O es por qué cree que voy a ir a acostarme con todos los hombres que se me atraviesen?

— No es así... No es importante, no sea crea tanto...

— Anoche parecía muy desesperado por mí — Resopló y apreté mi mandíbula.

— Solo fue un ataque de estupidez.

Se sobresaltó, maldiciendo entre dientes

cuando se pinchó con el alfiler.

Se llevó el dedo a los labios.

— ¿Se lastimó mucho? — Me aproximé y se alejó.

— Estoy bien — Cortó — No se me acerque.

La tomé de la muñeca, la sangre seguía saliendo de su dedo.

— Oiga — Susurró, observando hacia mí.

Esos ojos ¿Por qué era tan parecida a la ladrona?

Lamí la punta de su dedo y se estremeció, succioné y mi miembro dió un salto. Sus labios se entre abrieron, quería saborear más.

Se alejó, soltando un jadeo.

El sabor cobrizo de su sangre quedó en mi lengua.

Su mano era tan pequeña, pero tenía cierta firmeza, como si hubiera trabajado con ellas.

Había fuerza en ellas.

— Coloque algo para envolver la herida — Dije, buscando un retazo en la mesa para usarlo de venda.

— No necesita vendaje — Gruñó, volviendo a su trabajo.

— Liseth, no sea necia...

— Váyase, antes de que tenga otro ataque de estupidez.

Apreté mis puños.

No pude evitarlo, dí un paso y la tomé del brazo.

— Mi lord...

Empujé su cuerpo contra mí y posé mis labios en los suyos.

1
Iveth Valle Haro
siempre Creeo q estoy leyendo la mejor pero siempre me sorprende
Yesika Bastidas
lo mejor de lo mejor
Yesika Bastidas
hay chamo que pasará ahora
Orozco Beatriz
el rey mirando demás, punto para Leandro con el traje y estoy de acuerdo hay buscarle novio al rey o novia quizás haya un mal entendido y no sea gay , quizás esté traumado
Dulce Cira
por fin vamos a saber más de nuestro Rey 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻💪🏻🫶🏻✨😬
Yesika Bastidas
aqui estoy al pie del cañón nunca dejas de sorprender con tus lecturas cada día te separas más
Eva Mari♥️😍🌖🌊
ojo alegre el rey 👑, tranquilo majestad que aquí Leandro ya tiene dueña jajaja 😂
Eliana Cardona
🤣🤣🤣Si claro el traje 🤣🤣🤣
Jazmin Salgado Ro
Me estoy echando mi chocolate 🫕 con pan 🥐 en tu honor Leandro 😜
Melisuga
Leandro acaba de ganarse al más codiciado de los clientes.
Melisuga
*ha sido
Melisuga
*ha provocado
Melisuga
*o sea
Melisuga
¿Sería ese el lugar donde estaba la boutique de sus padres?
Ana Parra
a esta corte le hace falta que el dúo o 🤭 corrijo el trío ( no puede faltar mi montañez CHESTER )dinamico la ponga en accion. Me como las💅 de las ansias en espera de que entren en escena.
Olga Ortiz
Leandro ten cuidado, el rey me parece que tiene otros gustos, por eso está solo, pero anotaste un punto con tu traje, si el reto se interesa en sus prendas, triunfaste
Jeinkarlys
así es Leandro Adrián es muy bien rey a demás tu tienes ayuda busca a los Dorian y rapidito le sacan los trapitos sucios al duque
Daiana Ibarra
ay si se entera Dorian ja q el rey t trae ganas ay q buscarle un novio.
claireth mejia gutierrez
interesante la historia
Mel G.
Eso mi Leandro, si le gustaste al rey Adrian ya la hicisteeeeee
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