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LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

​Sinopsis Corta
​Tras años de separación, dolor y una condena a muerte dictada por engaños en el oscuro mundo de la mafia, Valerio De Santis y Lysandra Varesi vuelven a cruzar sus caminos. En medio de traiciones familiares y la amenaza inminente de sus enemigos, Valerio renunciará al poder terrenal y arriesgará su vida para proteger a Lysandra y a sus hijos mellizos, Eren y Lyra. Una apasionante historia de amor, sacrificio y redención donde las cicatrices del pasado se transforman en el cimiento de una vida en paz.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La sangre del sacrificio y el eco de la tormenta

​El estruendo de los disparos retumbaba contra las paredes de piedra del sótano como el latido de un monstruo agonizante. Abajo, en la penumbra iluminada apenas por una rendija de luz que se colaba desde la cocina, Lysandra mantenía a Eren y a Lyra estrechados contra su pecho. La lluvia de balas en el piso de arriba parecía no tener fin, pero de pronto, tras un estallido sordo de cristales y un grito visceral en italiano, los disparos cesaron bruscamente.

​Un silencio sepulcral, espeso y aterrador cayó sobre la montaña.

​—¿Mamá...? —susurró Lyra con la voz quebrada, temblando bajo el abrazo de su madre—. ¿Ya se fueron los hombres malos?

​Lysandra no respondió. Sintió cómo el corazón le golpeaba las costillas con una fuerza salvaje. Eren, con la mirada fija en la compuerta metálica de la alfombra, apretó los puños.

​—Voy a subir a ver —dijo Eren con una madurez impropia de sus siete años, intentando dar un paso hacia la escalera de madera.

​—¡No, Eren! —lo detuvo Lysandra, tomándolo con firmeza de la muñeca—. Te quedas aquí con tu hermana. Yo voy a revisar. Si escuchan cualquier ruido extraño, atrancan la traba por dentro y no salen por nada del mundo. ¿Entendido?

​Lysandra subió los peldaños en absoluto silencio, empuñando de nuevo el cuchillo de caza. Empujó con cautela la compuerta metálica y se asomó a la cocina. El olor a pólvora, humo y madera quemada era sofocante.

​Avanzó paso a paso hacia el salón devastado. Los muebles estaban reducidos a astillas, las paredes llenas de agujeros de bala y la puerta principal completamente destruida. Afuera, en el porche, la llovizna caía en silencio sobre los cuerpos inertes de los tres mercenarios.

​Pero en el centro de la terraza de madera, apoyado torpemente contra una columna de piedra, yacía Valerio.

​—¡Valerio! —gritó Lysandra, corriendo hacia él y dejando caer el cuchillo al suelo.

​El Capo estaba de rodillas, con la cabeza gacha y la respiración entrecortada y ruidosa. Su chaqueta de cuero estaba destrozada y la camisa blanca completamente empapada de un rojo denso y oscuro. Un impacto de bala le atravesaba el costado izquierdo del abdomen y otro le había partido la clavícula derecha. La pistola de gran calibre yací en el suelo, sin balas, a pocos centímetros de su mano temblorosa.

​—Lysandra... —susurró Valerio con un hilo de voz rasposa, intentando alzar la mirada con los ojos azul visualmente desorientados—. Estás... están a salvo...

​—¡Por Dios, Valerio! —exclamó Lysandra, arrodillándose a su lado y presionando con ambas manos la herida del abdomen para contener el sangrado continuo—. ¡Estás desangrándote!

​Valerio soltó un quejido ahogado de dolor, apretando la mandíbula mientras la sangre brotaba entre los dedos de Lysandra.

​—Los... los acabé a todos... —murmuró Valerio, esbozando una débil sonrisa ensangrentada que revelaba el sufrimiento que intentaba ocultar—. No van a... volver a tocar a mis hijos...

​En ese momento, las pisadas rápidas de los niños resonaron desde la cocina. Eren y Lyra aparecieron en el porche, deteniéndose en seco al ver la escena. La pequeña Lyra se cubrió la boca con las manos, sollozando, mientras que Eren abrió los ojos de par en par al ver al hombre que consideraba su enemigo caído en un charco de su propia sangre.

​—¡Mamá! ¿Qué le pasó? —preguntó Eren, dando un paso vacilante hacia ellos.

​—¡Eren, ve a la cocina y trae todas las toallas limpias que encuentres! ¡Ahora! —ordenó Lysandra con la voz quebrada por el pánico.

​El niño no lo dudó un segundo. Dio media vuelta y corrió desesperado a cumplir la orden de su madre. Lyra, venciendo el pavor que sentía, se acercó despacio y se arrodilló al lado de Lysandra, mirando con lágrimas en los ojos el rostro pálido y sudoroso de Valerio.

​—Señor... —susurró Lyra, tocándole suavemente la manga de la chaqueta—. Señor... no te mueras...

​Valerio giró el rostro hacia la pequeña. Sus ojos, habitualmente fríos e implacables, mostraron una ternura infinita antes de que los párpados le pesaran por la pérdida masiva de sangre.

​—Pequeña Lyra... —alcanzó a pronunciar Valerio en un susurro casi inaudible—. Perdóname... por asustarte... no llores...

​Eren regresó corriendo con un fajo de toallas blancas. Se agachó al otro lado de Valerio y le entregó la tela a Lysandra, ayudándola a presionar con sus pequeñas manos sobre la herida del estómago.

​—¡Presiona fuerte, mamá! ¡No dejes que se muera! —gritó Eren con el rostro rojo de angustia, mirando la cara de Valerio—. ¡Oye, señor feo, abre los ojos! ¡No te puedes morir aquí! ¡Tienes que ver cómo crezco para demostrarte que soy más fuerte que tú!

​Valerio soltó un suspiro corto y pesado. Miró a su hijo, reconociendo en la rabia y la valentía del pequeño la misma llama que a él lo había mantenido con vida en tantas batallas.

​—Eren... cuidaste a tu hermana... como un verdadero De Santis... —dijo Valerio con la voz cada vez más débil—. Eres... un buen hijo... el mejor...

​—¡Cállate y no hables más, Valerio! —le suplicó Lysandra, sintiendo que la calidez de la sangre del hombre le cubría los brazos—. Vas a resistir. No te mandé a la mierda en Málaga para que vengas a morirte en mi porche. ¡Resiste!

​—Ocho años... estuve muerto, Lysandra... —murmuró Valerio, fijando sus ojos cansados en los de ella—. Morir hoy... defendiéndolos... es la única paz que he sentido... en toda mi vida... Te amo... siempre te amé...

​Los ojos azul grisáceo de Valerio se cerraron lentamente y su cabeza cayó pesadamente hacia un lado. Su cuerpo quedó inerte entre los brazos de Lysandra y los niños.

​—¡Valerio! ¡Valerio, no te atrevas a cerrarlos! —gritó Lysandra, sacudiéndolo bruscamente mientras el pánico la dominaba por completo.

​Eren se aferró al brazo de Valerio, comenzando a llorar sin poder contenerse más.

​—¡Despierta! —gritó el niño golpeándole suavemente el pecho ensangrentado—. ¡No te mueras, papá! ¡Despierta, por favor!

​La palabra resonó en la terraza devastada como un eco eterno. Por primera vez en su vida, Eren había llamado "papá" al hombre que yacía al borde de la muerte sobre la madera mojada.

​Lysandra, con el corazón destrozado y el alma envuelta en un torbellino de dolor, rabia y perdón, tomó el teléfono satelital que yacía en el bolsillo de la chaqueta de Valerio. Presionó el botón de emergencia con manos temblorosas y se llevó el aparato al oído.

​—¡Necesito una ambulancia en las colinas del norte! —gritó Lysandra a la operadora entre sollozos—. ¡Se desangra! ¡El Capo De Santis se está muriendo!

​Mientras la llovizna continuaba cayendo sobre las montañas, los tres se mantuvieron aferrados al cuerpo inconsciente de Valerio, unidos en la misma lucha por salvar la vida del hombre que lo había sacrificado todo por su redención.

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Marly
excelente novela felicidades al autor
Leila Tapia
/Facepalm/
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante y muy buen final felicitaciones 👏👏👏
Mirna Lobo
me encantó felicidades escritora 😊👏👏
Belkys Natalia Quintero García
MUY bonita historia felicitaciones autora recomendada para leer al 💯
Belkys Natalia Quintero García
está bueno que se jodan hasta más de la mitad jajaja
Belkys Natalia Quintero García
ése capo de pacotilla no da ni risa 😄😄, dan ganas de levantalo a cacheta por estupido y dejarse manejar como marionetas del orestes malandro ése, ahora que lisandra no lo perdone y lo ponga a lamerle las botas, por desgraciado infeliz y ella se dé su valor
neumidia ruiz
me encantó la historia pe4o mas el mensaje felicidades escritora
neumidia ruiz
ay yo pensé que iban a tener otro hijo☺️
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