Dicen que ten cuidado con lo que desees... ¡Pero yo pedí un trono!, bah, que más da. Y si no fuera poco, resulta que ahora soy un omega puro. La nueva cáscara, que, aunque tenga mi nombre, en realidad era un... ¡Idiota, migajero, sin nada de dignidad! Y para el colmo; un personaje que sería utilizado por el protagonista y luego desechado.
No gracias, arreglaré eso, y mientras tanto me voy a divertir, porque este mundo donde los alfas dominan; no va conmigo, es más, haré que se inclinen a mis pies.
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Epi 12; Eres una criatura peligrosa, pero me gusta el caos que provocas
El viaje de regreso a la mansión fue una sinfonía de silencio satisfactorio, interrumpido solo por el ronroneo del motor y el sonido de mis dedos golpeando la pantalla del teléfono. Estaba terminando de asegurar el perímetro digital del almacén-trampa.
—Has jugado con fuego, Inel —dijo Damián sin apartar la vista de la carretera, su voz era un murmullo bajo que vibraba en el espacio cerrado del coche—. Leonard no es de los que se quedan lamiéndose las heridas. Va a morder. Y va a morder fuerte.
—Que muerda —respondí, observando las luces de la ciudad pasar como estelas de neón—. No se puede morder lo que no se puede alcanzar. Él sigue buscando al Inel que lloraba por sus rincones. Ese Inel está enterrado bajo tres metros de cinismo y una cuenta bancaria que no deja de crecer.
Al llegar a la mansión, el ambiente era pesado. Marco no estaba en el salón, pero las luces de su despacho seguían encendidas. Subí las escaleras con la confianza de quien acaba de ganar una guerra sin disparar una sola bala. Sin embargo, antes de llegar a mi habitación, la puerta del despacho de mi hermano se abrió de golpe.
Marco salió con el rostro encendido, el cabello rojo desordenado y una expresión de pura incredulidad. Sostenía su teléfono como si fuera una granada a punto de explotar.
—Inel. Explícame qué demonios significa esto —siseó, mostrándome la pantalla.
Era un mensaje de Leonard. El bastardo había sido rápido.
Leonard: Tu hermano está jugando a los espías con Damián Montana. Si no quieres que los Vargas caigan por asociación ilícita, contrólalo.
—Vaya, Leonard es más chismoso de lo que pensaba —solté una risita, apoyándome en la barandilla con una desfachatez que hizo que a Marco se le saltara una vena en la sien—. ¿Y qué? ¿Ahora le crees a nuestro enemigo número uno solo porque te mandó un mensajito despechado?
—¡Montana es un alfa peligroso que lo perdió todo! —rugió Marco, acercándose a mí—. ¡Si te ven con él, nuestra reputación...!
—Nuestra reputación está a salvo porque ese "peligroso alfa" está trabajando para mí, no contra nosotros —lo interrumpí, dejando caer la máscara de hermano menor inútil. Mis ojos hazel se clavaron en los suyos con una autoridad que lo dejó mudo—. Mientras tú te preocupabas por los chismes de Leonard, yo recuperé la lista de las cinco ratas que tienes en tu oficina.
Saqué un pequeño pendrive de mi bolsillo y se lo puse en la mano, cerrando sus dedos sobre él con fuerza.
—Ahí tienes sus nombres, sus cuentas bancarias y las pruebas de cada archivo que le enviaron a Ruiz. De nada, hermanito. La próxima vez que quieras cuestionar con quién me junto, asegúrate de que tu propia casa no se esté quemando.
Marco se quedó petrificado, mirando el pendrive y luego a mí, como si estuviera viendo a un alienígena que acababa de aterrizar en su pasillo. La jerarquía de la casa Vargas acababa de invertirse en un solo segundo.
—¿Cómo...? —empezó a preguntar, pero yo ya me estaba dando la vuelta.
—No hagas preguntas cuya respuesta no puedas procesar. Solo limpia tu oficina.
Dije sin más, dejándolo atrás con más preguntas que respuestas. Entré en mi habitación y cerré la puerta, dejando a Marco solo en el pasillo con su orgullo herido y la solución a todos sus problemas en la palma de su mano. Me tiré en la cama, mirando al techo. El juego se estaba volviendo deliciosamente complicado.
...—🖇️—...
Han pasado tres semanas y el aire de la ciudad ya no me sabe a perfume barato, sino a oportunidad. Mi oficina en Cifra & Sombra es el lugar donde el diseño industrial se encuentra con la alta tecnología: nada de rosa, nada de encajes; solo pantallas LED, cuero negro y el zumbido constante de los servidores que, bit a bit, están devorando la paciencia de Leonard Ruiz.
Me recliné en mi silla ergonómica, observando los gráficos de las últimas adquisiciones de Leonard. Eran desastrosas. Gracias a las filtraciones controladas que Damián y yo hemos sembrado, Leonard ha estado comprando empresas fachada que no son más que agujeros negros financieros.
—Es fascinante lo rápido que se desmorona un imperio cuando el emperador está demasiado ocupado rascándose el ego herido —murmuré, dándole un sorbo a mi café negro.
En la pantalla principal, una alerta roja parpadeó. Era un intento de rastreo proveniente de la Torre Ruiz. Sonreí. Leonard estaba intentando localizar el origen del "virus" que estaba ralentizando su logística, pero mis protocolos de seguridad son muros de titanio digital. En mi vida pasada, derroqué redes de alta tecnología; golpear a un tipo que cree que ser un "Alfa dominante" lo hace invulnerable es, sinceramente, como quitarle un dulce a un niño. Un niño muy guapo, muy rico y muy estúpido.
—Inel.
La voz de Damián me sacó de mis pensamientos. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con esa presencia de bloque de mármol que ya se me hacía habitual. Llevaba una chaqueta de cuero que resaltaba la anchura de sus hombros y el contraste de su piel lechosa con el rubio cenizo de su cabello.
—Adivino, buenas noticias juju —le dije, girando la silla.
—Leonard ha cancelado su compromiso con Julian —respondió Damián, caminando hacia mi escritorio con esa seguridad pesada de Alfa que, extrañamente, ya no me irritaba—. Al parecer, el escándalo de las cuentas en el extranjero de la familia de Julian fue la gota que colmó el vaso. Los Ruiz están en modo control de daños.
Solté una carcajada que resonó en el cristal de la oficina.
—Pobre Julian. Y pobre Leonard. Cree que deshacerse de un lastre social lo salvará de la tormenta que yo mismo he creado. ¿Cómo va la moral en el campamento enemigo?
—Está paranoico —Damián se sentó frente a mí, y por un segundo, sus ojos azules se suavizaron—. No confía en sus propios analistas. Cree que Marco ha contratado a un genio extranjero. Nunca sospecharía que el "genio" es el omega que solía enviarle flores.
—Esa es la belleza de ser subestimado, Damián. Es la capa de invisibilidad más efectiva del mundo —me puse de pie y caminé hacia el ventanal, mirando hacia donde se erguía la Torre Ruiz en el horizonte—. Marco también está sufriendo lo suyo. Sigue intentando descubrir quién es el dueño de esta empresa para "agradecerle" formalmente. Me divierte verlo tan desesperado por encontrar a un salvador que tiene sentado en la mesa del comedor todas las noches.
Damián se levantó también, deteniéndose justo detrás de mí. Pude sentir su calor y ese aroma a acero y ozono que ahora era mi señal de seguridad.
—Marco no es tonto. Tarde o temprano unirá los puntos. Y cuando lo haga, no solo tendrás a Leonard como enemigo. Tu hermano no aceptará que lo hayas manipulado para salvarlo.
—Que no lo acepte —respondí, girándome para quedar a centímetros de su pecho—. No busco su aprobación, busco su imperio. Y mientras él juega a ser el "Alfa protector", yo seguiré siendo la mano que mueve los hilos.
Damián me miró fijamente, con una intensidad que hizo que mis feromonas de vainilla se agitaran a pesar de mi control. Había algo en su mirada, una lealtad que iba más allá del contrato que firmamos. Era como si finalmente hubiera encontrado a alguien que no quería usarme como trofeo, sino que respetaba el monstruo que escondo bajo esta piel morena y suave.
—Eres una criatura peligrosa, Inel Vargas —susurró Damián, y por primera vez, vi una sonrisa real, pequeña y peligrosa, en sus labios—. Pero me gusta el caos que provocas.
—Entonces prepárate —le guiñé un ojo, volviendo a mi escritorio—. Porque hoy vamos a filtrar el informe de auditoría de los Ruiz. Quiero ver a Leonard perder los estribos en televisión nacional. Es hora de que el "Rey" sepa lo que se siente perder la corona... y el juicio.
inel es simplemente inel