Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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haciéndose cargo
Horas después, el hombre despertó.
Abrió lentamente los ojos y miró a su alrededor.
—¿Y mi esposa? —preguntó con voz débil.
Agustina se acercó.
—Tranquilo. Está hablando con el cirujano.
En ese momento, Louis entró acompañado por la mujer.
—¡Esposo mío! —exclamó ella, acercándose rápidamente.
El hombre sonrió al verla.
—¿Por qué no me dijiste que estabas mal? —preguntó ella, preocupada.
Él bajó la mirada.
—No creí que fuera algo malo... Quería comprarte ese anillo para nuestro aniversario de cincuenta años.
La mujer sonrió emocionada.
—Eres un tonto.
Louis sonrió al verlos.
—Bueno, no hable demasiado. Su garganta y su cuerpo todavía necesitan descansar.
La mujer asintió.
—Sí, doctor.
Después de unos minutos, ambos se retiraron.
Agustina caminó junto a Louis por el pasillo.
Esta vez decidió no quedarse callada.
—Gracias —susurró.
Louis se dio vuelta.
—¿Por qué?
Agustina comenzó a jugar nerviosamente con sus manos.
—Por ayudar a Leo...
Louis la miró.
—Y... ¿por qué aceptaste ser su padre?
Él guardó silencio durante unos segundos.
Después respondió con una pequeña sonrisa.
—Porque sé que es mi hijo. Confío en eso.
Agustina bajó la mirada.
—¿Y si no lo es?
Louis se encogió de hombros.
—Entonces no importa.
Ella levantó la mirada, sorprendida.
—¿Cómo que no importa?
—Tú me ayudaste mucho en el pasado. Lo mínimo que puedo hacer es ayudarte ahora. Además... —sonrió— en unos días vamos a darle el alta a Leo. Tengo dos semanas libres y quiero pasar tiempo con él.
Agustina quedó completamente callada.
Louis comenzó a alejarse, pero antes de irse se dio vuelta y le guiñó un ojo.
Ella apretó su libreta contra el pecho.
—Mmm...
Y aquel gesto le hizo recordar una época que creía olvidada.
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Años atrás...
Agustina era parte del grupo rebelde de la escuela.
Estaban Eric, Evelyn, Juliana y Martín, su entonces novio.
Eric era muy celoso con Evelyn, quien además era hermana de Martín.
Un día, Louis había ofendido a Evelyn sin querer.
Ella le contó una versión diferente a Eric y consiguió hacerlo enfurecer.
Eric llevó a Louis hasta la azotea de la escuela y comenzó a golpearlo.
Agustina se enteró por Juliana y corrió hasta allí.
Cuando llegó, encontró a Louis en el suelo, completamente golpeado.
—¡¿Qué te pasa?! —gritó furiosa—. ¡Lo vas a matar, idiota!
Eric se apartó.
Agustina corrió hacia Louis.
—Louis, ¿estás bien?
Él apenas podía responder.
Agustina lo llevó rápidamente al hospital.
En aquella época ya eran compañeros de música. Sus padres la habían obligado a participar en esas actividades para intentar que dejara de meterse en problemas y, además, para evitar que su hermano se enterara de algunas de sus travesuras.
Pero Louis no era un desconocido para ella.
Ya lo había visto antes en la playa.
Al principio lo había tratado mal solamente para encajar con el grupo.
Hasta aquel día.
Hasta el día en que pensó que podía perderlo.
Agustina esperaba afuera de la habitación, preocupada.
—Doctora, ¿cómo está el chico? —preguntó.
—Necesita reposo. Recibió golpes fuertes, pero tuvo suerte de que ninguno fuera más grave.
Agustina tragó saliva.
—¿Puedo verlo?
—Solo unos minutos.
Sin embargo, Louis terminó entrando en coma durante dos semanas.
Su familia fue avisada.
Fue entonces cuando Agustina conoció mejor a Jacob y a Kai.
Durante aquellos días, ella iba al hospital siempre que podía.
Se sentaba junto a Louis y lo cuidaba.
—Despierta, Louis... —susurraba—. Por favor.
Hasta que, finalmente, una mañana Louis abrió los ojos.
Agustina recibió el aviso y corrió hasta la habitación.
Cuando entró, lo encontró despierto.
—¡Louis!
Él la miró confundido.
—¿Agus?
Agustina se acercó rápidamente y lo abrazó.
Sin pensarlo, le dio un beso en los labios.
Louis quedó completamente atónito.
Pero, después de unos segundos, correspondió.
Hasta que una enfermera entró en la habitación.
—Ahí está el amor joven —dijo entre risas.
Los dos se separaron rápidamente.
Agustina se llevó una mano al cabello, avergonzada.
—Perdón... fue un impulso.
Louis sonrió tímidamente.
—No pasa nada. Gracias por cuidarme.
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Horas después, Louis recibió el alta.
Agustina lo acompañó hasta su casa.
Era una casa pequeña y humilde, ubicada en una zona antigua de la ciudad. El edificio era viejo y necesitaba varias reparaciones.
Louis abrió la puerta.
—Entra. No es la gran cosa, pero... es algo.
Agustina sonrió.
—Tranquilo. Ya voy a golpear bien fuerte a Eric. Ahora eres mi protegido.
Louis soltó una risa.
En ese momento, Jacob apareció corriendo.
—¡Hermanito!
Abrazó a Louis.
Después miró a Agustina.
—Esta señorita te cuidó mucho.
—Sí —respondió Louis.
En ese momento apareció su madre.
—¡Hijo! Viniste.
Después miró a Agustina.
—Oh, tú eres la chica que lo cuidó. Muchas gracias. ¿Por qué no te quedas a comer?
Agustina iba a negarse, pero la mujer insistió.
—No pasa nada, querida.
Agustina terminó aceptando.
Durante la comida hablaron de muchas cosas.
Después comenzaron a mirar fotografías familiares.
Agustina tomó una de ellas.
—¿Esta es tu foto de bebé?
Louis hizo una mueca.
—Sí, pero no me gusta.
Agustina comenzó a reír.
—¡Pero si estás lindo!
—Dámela.
Louis intentó quitársela.
Agustina retrocedió.
—¡No!
Louis se acercó para alcanzarla y, en el movimiento, terminó cayendo encima de ella.
Ambos quedaron mirándose fijamente.
Por unos segundos ninguno dijo nada.
Agustina sintió que su corazón latía cada vez más rápido.
—Creo que... me tengo que ir.
Se levantó rápidamente y salió.
Durante los días siguientes, Agustina no podía sacar a Louis de su cabeza.
Pensaba en él todo el tiempo.
Hasta que un día su tía volvió a hacerla enojar.
Quería que Agustina comenzara una relación con Andrés por motivos relacionados con los negocios de la familia.
La madre de Andrés era peluquera y su tía trabajaba como diseñadora de moda.
Agustina se cansó de escuchar el tema y decidió irse.
Cuando llegó, encontró a Louis y Andrés juntos.
—Agustina —dijo Louis con una sonrisa—. Olvídate. Tú campera en mi casa.
Andrés inmediatamente se puso celoso.
—Ven, Agustina.
Intentó llevársela, pero Louis también tomó su mano.
Agustina quedó en medio de los dos.
—¡Suéltenme los dos!
En el presente...
Louis estaba sentado mirando su teléfono cuando recibió una llamada.
—Louis.
Era Carolina.
—¿Qué pasa?
—Te perdono.
Louis levantó las cejas.
—¿Qué?
—Está bien que tengas un hijo. Pasa todo el tiempo que necesites con él. Erica y yo nos iremos unos días a otro lugar.
Louis permaneció en silencio.
—Bueno... supongo que está bien.
La llamada terminó.
Louis dejó el teléfono sobre la mesa y sonrió.
—No estarán aquí... —murmuró feliz—. Podré estar más cerca de Leo.
Pasaron los días y finalmente llegó el momento de que Leo saliera del hospital.
El parque estaba lleno de árboles de sakura.
Agustina estaba acomodando la ropa del niño mientras él esperaba emocionado.
—Mira, Leo. Hoy te vas a ir con Louis.
El niño sonrió feliz.
Le había tomado mucho cariño.
Entonces Louis apareció.
Llevaba un aspecto diferente al habitual del hospital.
—Leo...
Lo levantó en brazos.
—¿Estás preparado para estar conmigo?
—¡Siiii! —respondió Leo con una sonrisa.
Después miró a Agustina.
—¿Mamá no viene?
Agustina sonrió.
—No, campeón. Hoy van a ser tú y él.
Louis la miró.
—Tenemos que hablar de algunas cosas.
Se llevó a Leo con él.
Agustina los observó alejarse.
Sabía que Leo estaba en buenas manos.
Cuando llegó a casa, se dejó caer sobre el sofá.
—Ahhh...
Miró el techo.
—Dejé a Leo con su papá.
Después de que Leo salió del hospital, Agustina finalmente le contó toda la verdad a Cristian.
Al principio, él se enfureció.
—¡¿Cómo que Louis es el padre?!
Pero después de escucharla, comprendió por qué había tomado aquella decisión durante todos esos años.
Finalmente, la perdonó.
Mientras tanto, Louis llegó a casa con Leo.
El niño entró y miró a su alrededor con curiosidad.
—Wow... ¿esta es tu casa?
Louis sonrió.
—Sí. Aquí estaremos.
Leo lo miró.
—¿Qué pasa?
—¿Por qué estamos aquí? ¿Qué era lo que querías hablar conmigo?
Louis se sentó frente a él.
Tomó aire.
—Leo, sé que tendrás mil preguntas.
El niño lo miró atentamente.
Louis tragó saliva.
—Pero necesito decirte algo.
Se inclinó un poco hacia él.
—Yo soy tu papá.
Leo quedó completamente callado.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Papá? —susurró.
Louis asintió.
Leo bajó la mirada.
—¿Por qué nos dejaste?
Levantó los ojos hacia él.
—¿Acaso no me querías?