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Reencarne Para Amar Por Primera Vez.

Reencarne Para Amar Por Primera Vez.

Status: En proceso
Genre:Multi-reencarnación / Reencuentro / Terror
Popularitas:514
Nilai: 5
nombre de autor: Joiss Martinez

Elena es una psicóloga pragmática con un secreto que maneja en estricta privacidad: tiene la capacidad de ver y escuchar a las personas que recién han fallecido, ayudándolas a cerrar asuntos pendientes para poder marchar en paz.

Su rutina profesional se quiebra la noche en que se cruza con el fantasma de un hombre. A diferencia de sus pacientes habituales, él no busca consuelo: busca respuestas. Era un criminal a sueldo ejecutado por sus propios aliados tras fallar en su última misión: asesinar a Elena. El problema es que él tampoco sabe por qué fue incapaz de apretar el gatillo cuando la tuvo enfrente.

Mientras la sombra de este hombre la acecha buscando entender qué los conecta, Elena comienza a experimentar recuerdos que no le pertenecen y visiones de épocas que jamás vivió. Para salvar su vida en el presente, Elena deberá descubrir qué secreto del pasado los ató la primera vez... y por qué alguien está dispuesto a matarla de nuevo.

NovelToon tiene autorización de Joiss Martinez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2 : Ecos de la penumbra

El reloj marcó las seis de la tarde. La lluvia en el exterior se había transformado en una llovizna fina que cubría los cristales con una capa de vapor.

Elena estaba sentada frente a la ventana, observando el tráfico de la avenida. Gabriel permanecía en pie junto a la puerta, como una sombra vigilante que no necesitaba descansar.

—Tienes que irte a casa —dijo Gabriel después de un largo silencio—. Ya es tarde y la calle no es segura.

—Mi casa tampoco lo es si alguien tiene las llaves de mi oficina —contestó Elena sin mirarlo—. Si pudieron entrar aquí a borrar un archivo, pueden entrar a mi departamento cuando quieran.

—Yo estaré ahí —dijo él con sencillez.

Elena lo miró por encima del hombro. Había algo profundamente irónico en la situación: el hombre contratado para matarla se había convertido en su única línea de defensa, aunque esa defensa fuera solo la presencia de un fantasma.

—Gabriel... —empezó Elena, dudando antes de hacer la pregunta que llevaba rondándole la cabeza todo el día—. Cuando me viste el martes por la noche... dijiste que sentiste un mareo, como un déjà vu. ¿Qué fue exactamente lo que viste?

Gabriel guardó silencio durante unos segundos. Cruzó la habitación despacio, deteniéndose a un par de pasos de ella. Por primera vez desde que se habían conocido, su rostro no reflejaba dureza, sino una confusión profunda.

—No fue una imagen clara —dijo en voz baja—. Fue una sensación. Como cuando te despiertas de una pesadilla y sabes que pasó algo terrible, pero no puedes recordar los detalles.

—Intenta recordarlo —pidió Elena—. Eres un espíritu. Tus recuerdos no están limitados por el cerebro físico.

Gabriel cerró los ojos. La luz de la habitación pareció atenuarse un poco más mientras él concentraba su presencia.

—Había humedad... y olor a quemado —susurró Gabriel, con la voz volviéndose más lenta—. No era esta ciudad. Era un lugar viejo, con calles de piedra. Yo tenía algo pesado en la mano... un pedazo de hierro o una daga. Y tú estabas frente a mí, mirándome con los mismos ojos que tienes ahora.

Elena sintió que un aire helado le recorría la espalda, pero esta vez no provenía de la presencia de Gabriel. Venía de su propio interior.

Mientras escuchaba la descripción de Gabriel, una imagen cruzó la mente de Elena con la claridad de un relámpago: el sonido de lluvia cayendo sobre un tejado de madera, la luz tenue de un farol de aceite y la sensación sofocante de un vestido de tela pesada ajustado al cuello. Una imagen que no pertenecía a sus veintiséis años de vida, ni a sus libros, ni a ninguna película que hubiera visto.

Elena se llevó la mano a la sien, ahogando un pequeño gemido.

—¿Elena? —preguntó Gabriel, abriendo los ojos de golpe.

—Yo... vi lo mismo —murmuró ella, mirando sus propias manos con asombro—. Por un segundo, sentí el peso de esa ropa. Sentí el frío de esa calle.

—Eso es imposible. Tú estás viva.

—Lo sé —dijo Elena, levantándose de la silla con el corazón latiéndole a toda prisa—. Pero la mente no inventa detalles tan precisos de la nada. Mis pacientes con déjà vu nunca ven la misma escena que otra persona. Es un fallo individual. Lo que tú y yo estamos experimentando es una memoria compartida.

Gabriel la miró en silencio, procesando las palabras de la psicóloga.

—¿Qué estás diciendo?

—Digo que tu reacción en el pasillo no fue un accidente, Gabriel —explicó Elena, sintiendo cómo todas sus estructuras científicas empezaban a agrietarse—. No dudaste porque fueras un incompetente. Dudaste porque en algún nivel profundo, tu mente reconoció quién era yo. Nos hemos cruzado antes de esta vida.

La afirmación sonaba absurda, casi delirante para una profesional de la psicología. Sin embargo, era la única explicación que lograba unir todos los elementos: el fallo de Gabriel, los recuerdos instantáneos y el peligro real que la acechaba.

En ese momento, el teléfono del escritorio comenzó a sonar, rompiendo el silencio de la habitación con un timbre estridente.

Elena dio un salto, sobresaltada. Miró la pantalla del aparato. Era un número desconocido.

Dudó un segundo antes de descolgar.

—¿Hola? —dijo con la voz lo más firme posible.

Al otro lado de la línea se escuchó una respiración agitada, seguida por el sonido estático de una llamada hecha desde una cabina pública.

—Doctora... no vuelva a su casa —dijo una voz masculina, rápida y aterrorizada.

Elena reconoció la voz al instante. Era Marcos Valdés, el paciente del expediente desaparecido.

—¿Marcos? ¿Dónde está? He estado buscando su...

—Escúcheme bien —la interrumpió el hombre, hablando a toda prisa—. Ellos saben que le conté sobre el proyecto. Saben que le dejé la copia del informe en su oficina. Si encuentran esa copia, no la van a dejar con vida. Tenga cuidado con...

La llamada se cortó abruptamente con un chasquido metálico, seguido por el tono continuo de la línea fuera de servicio.

Elena bajó el auricular despacio, mirando a Gabriel.

—¿Qué dijo? —preguntó el fantasma.Dijo que me dejó una copia de algo en la oficina —respondió Elena, volviéndose hacia el escritorio con una nueva ola de adrenalina—. Algo que no alcanzaron a borrarse cuando se llevaron el expediente.

El misterio ya no era solo una sombra del pasado ni un fantasma acechando en el ascensor. Había una amenaza tangible en el presente, una prueba oculta en esa misma habitación y un reloj que empezaba a correr en su contra.

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