María Eugenia se acerca, pone su mano en su brazo de una manera cariñosa, dulce y en ese momento, mirándolo a los ojos, seductoramente le dice.
• Nain, no podemos vivir separados, un matrimonio y más cuando es joven como el de nosotros, es para estar juntos.
Si tú decides irte y abandonarme, eso se miraría muy mal. No sería bien visto por la sociedad, pero peor va a ser para mi padre; algo así lo haría sentirse mal, lo mataría al pensar que su hija es una mujer sin valores, sin respeto por sí misma.
Nain empezó a mover la cabeza a los lados, con una sonrisa irónica y con inseguridad le dijo.
• María Eugenia, creo que tú me estás pidiendo demasiado y la verdad no logro entenderte.
Tienes un padre increíble, que se puede ver, se desvive por ti y haría cualquier cosa por complacerte; creo que si hablaras con él con la verdad, te entendería y te ayudaría a salir del problema que, a lo que parece, estás bien metida.
Yo, la verdad, no soy ningún santo y no me gusta tener responsabilidades que no son mías; lo que trato de decirte, es que no pienso hacerme responsable de tu hijo.
Será mejor que busques al padre, arregles las cosas con él, para que se haga responsable de ti y de tu bebé.
María Eugenia se empieza a reír, divertida, le dice.
• ¿Eso es lo que te hace dudar? No tienes que preocuparte, la verdad es que yo no estoy embarazada y la mujer de las fotos que le enseñaron a mi padre no soy yo.
Tuve que decirle a mi padre eso, para que no se negara a que tú y yo estuviéramos juntos, no quería que preguntara tantas cosas de nosotros, las mentiras no son buenas.
Nain, te lo pido como un favor. Quédate a mi lado un tiempo, prometo compensarte al fin, te daré lo que me pidas.
No puedo explicarte lo que está pasando, solo necesito que me ayudes un poco.
Nain dio un paso atrás haciendo que soltara su brazo; las expresiones de su rostro eran de enojo, reflejaban lo que realmente sentía en ese momento.
Por un momento se hizo un silencio, se miraban a los ojos con una intensidad, que no se sabía si lo hacían masivamente o lo hacían retándose.
Él no soportó esa mirada tan intensa, terminó mirando al suelo, e inseguro, titubeando, empieza a decir.
• Tú deberías estar dándome una explicación, sabes muy bien que me engañaste y yo realmente intenté ser un hombre responsable por lo que supuestamente te hice.
Pero por lo que me doy cuenta, no piensas hablar y menos piensas explicarme, por qué esa necedad tuya de estar en un matrimonio con un desconocido.
Porque es la verdad, tú estás casada con un hombre que ni siquiera conoces y te estás aferrando a que un completo extraño se quede a vivir en tu casa, donde está tu padre, a dormir en tu habitación y en tu cama, eso te hace ser una mujer irresponsable o mejor dicho, tonta.
Dime, ¿acaso no tienes miedo? Yo podría ser un asesino, que te puede hacer cosas horribles en la noche, te podría matar y a tu padre, llevarme todo lo que pueda de esta casa, sin que nadie se diera cuenta.
Realmente siento tristeza por tu padre, porque tiene una hija tan infantil, irresponsable y malcriada.
Nain en el momento en que terminó de hablar, muerde sus labios, se sintió un poco mal, por lo que le dijo, pero apenas se quedó en silencio, la escuchó decir.
• Solo dime si te vas a quedar o no, no necesito un sermón como ese y solo para aclararte lo que dices.
Recuerda que ya dormí en tu casa, en tu cama, estuvimos solos, me miraste casi desnuda y tú ni siquiera te atreviste a verme. Eres un buen joven, no me vas a hacer nada, ni le harás nada a mi padre.
Solo deja de poner pretexto y recuerda que tú solito decidiste casarte conmigo, por el motivo que fuera, pero al final solo fue tu decisión. Firmaste solo, me diste esta hermosa argolla de matrimonio, prometiste quedarte a mi lado, cuidar de mí, protegerme y también se lo prometiste a mi padre.
Pero si tu palabra no tiene valor, entonces solo date media vuelta, sal por esa puerta y sigue tu camino, olvídate de tu esposa, que legalmente lo soy.
Nain volteó a verla y en el momento que miró su rostro, no supo si seguir molesto con ella por el descaro con el que le hablaba o reírse por los pucheros que hacía con su boca. Suspiró profundo para calmarse y en ese momento le dijo.
• Está bien, María Eugenia Romero, tú ganas.
Me voy a quedar para ser el esposo que se supone tengo que ser, pero solo te doy un mes, para que termines con esta farsa de matrimonio, porque no pienso quedarme a estar jugando al matrimonio perfecto con una jovencita mimada y malcriada.
Recuérdalo bien, solo tienes un mes y de ahí me voy. Nos vamos a divorciar, después de eso espero nunca más volver a toparme contigo y escuchar bien esto, no me estoy quedando por ti, sino por tu padre, que está enfermo, al ir ahí a decirle qué hiciste, es para matarlo.
María Eugenia le sonríe, se acerca, toma su brazo y lo hace caminar unos pasos hasta llegar a la cama, en ese momento le dice.
• Nain, aquí vamos a dormir los dos juntos, es una cama bastante grande, ¿verdad?
Una pareja joven de recién casados que no podría hacer en algo tan amplio y ya viste tiene bases adecuadas para hacer locuras extremas.
Pero lo más importante es que aquí las habitaciones son insonoras, podemos gritar, hacer todo el ruido que queramos y nadie afuera de esta habitación va a escuchar.
Nain, si tú quieres que cumpla con mis obligaciones de esposa, no me voy a ofender, estoy dispuesta a cumplir con mi deber.
Solo tienes que decirme lo que te gusta, tus deseos más bajos, tus fetiches y yo como una buena esposa prometo cumplirlos si es lo que tú quieres.
Nain estaba mirando la cama mientras ella hablaba, pero lo que nunca se esperó fue imaginarse esas palabras; ella en esa cama amarrada, indefensa y dispuesta a entregarse a él.
Las imágenes que pasaron por su cabeza fueron realmente indecorosas, lascivas, pervertidas y demasiado tentadoras; fue una imaginación tan vívida que su hombría reaccionó, su cuerpo sintió esa electricidad de deseo y placer.
Nain volteó y la miró de pies a cabeza, la recorrió, la desnudó con su mirada; ese vestido de novia que traía puesto le quedaba exquisitamente bien, tanto que su imaginación tomó con exactitud las curvas de su cuerpo desnudo.
Se hizo un silencio acalorado para Nain, donde solo se le quedó mirando, pensando en lo que podía hacerle en esa cama tan grande.
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Comments
Yecenia Guarin
ave María ella tiene la personalidad y seguridad que debería tener el siendo un asesino jajajajaja esa Maru es de armas tomar jajajj
2024-07-12
2
Mari Delgado Flores
jajajaja, ¡¡hay Nain!! pues ¿A quién le dan pan que llore?
2024-07-10
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Cecilia Donado
uuuff que pervertida está Niña ojalá que si se enamoren pronto
2024-06-13
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