Nain no le contestó nada, solo empezó a comer y más sorprendido quedó con el primer bocado que se llevó a la boca, estaba demasiado bueno lo que le había preparado, tanto que terminó comiéndolo todo sin darse cuenta.
Pero lo que lo dejó con la boca abierta fue ver como ella se terminaba todo ese cerro de comida, estaba sin poder creerlo, no podía entender como en ese cuerpo tan pequeño, delgadito, le podía caber toda esa comida.
Cuando ella terminó de comer, voltea a verlo, le sonríe con dulzura y con una tranquilidad le dice.
- Ve a bañarte, para poder irnos al registro civil, tenemos que casarnos y de ahí iremos con mi padre para que te conozca.
Nain, muchas gracias por quedarte a mi lado, por no dejarme sola con esta tragedia que tú mismo me provocaste; eres un hombre responsable, creo que lo haremos bien en nuestro matrimonio, seremos unidos, nos vamos apoyar, a respetar y yo diario te prometo respetarte, cuidar de ti como una esposa digna.
Nain se quedó sin palabras, no entendía por qué, pero sus palabras lo hacían sentir culpa; se levantó con los platos sucios, los llevó al fregadero, se puso a lavar los platos.
Una vez que terminó fue a su habitación, tomó un pantalón casual de color blanco, una playera de manga corta, un bóxer, su toalla y fue al baño.
Se metió bajo la regadera, dejando que le cayera el agua más helada de ese momento; deseaba calmar ese sentimiento de culpa, que a pesar de que se decía así mismo que sería responsable de ella, no la dejaría sola, pero ni así, ese sentimiento no se iba.
Fue un largo baño, cuando salió ya estaba cambiado. En el momento en que ella lo miró, le dice.
- Nain, será mejor que ya nos vayamos. La persona que me va a llevar los papeles ya debe de estar en el registro civil esperándonos.
Estoy tan emocionada, tendré a mi esposo, que va a estar conmigo sosteniendo mi mano.
Nain la miró de pies a cabeza, se miraba tan extraña, traía puesto un pantalón de él, que le quedaba flojo, lo sostenía con su mano y la playera era muy grande para ella.
Su cabello lo traía suelto, era un desorden y estaba descalza, se le hacía divertida verla, así como estaba; pero a pesar de que no deseaba esa boda, tampoco quería que el día de la hermosa joven fuera de peor manera de lo que ya lo estaba siendo y todo por su culpa.
Nain le pidió que lo siguiera. Los dos bajaron las escaleras y salieron del edificio, paró un taxi.
La ayudó a subir, trataba de ser lo más atento que pudiera ser con ella; una vez que estuvo dentro del taxi, ordenó que los llevaran a las tiendas departamentales.
Ella se le quedó mirando, esperando una explicación, pero él solo le dijo que esperara un poco; fue un camino de 40 minutos. Cuando llegaron, le ayudó a bajar y pagó el taxi.
Después la llevó a una tienda donde vendían hermosos vestidos de novia; él no pudo verla a la cara, sentía vergüenza e inseguridad, con un susurro de voz, mientras miraba al suelo, le dijo.
- Escoge un vestido para nuestra boda y no te preocupes por el precio, tengo algunos ahorros.
María Eugenia, emocionada con la más hermosa y seductora sonrisa, le dice.
- Gracias, mi futuro guapo esposo, vamos a tener la mejor boda que pude desear en mi vida.
Ella se acercó a él y dejó un beso en su mejilla. Rápidamente, corrió a ver cada vestido de la tienda, quería encontrar algo perfecto.
Nain nunca se esperó ese beso, se quedó ahí parado en medio de la tienda, viéndola cómo iba de un vestido a otro; la miraba tan contenta, que parecía que realmente se estaba casando por amor.
Pero en ese momento en que la miraba tan feliz, su mirada se fue al enorme parche en su rostro. Eso lo hizo sentir triste, fue lo que lo sacó del trance en el que estaba.
Terminó sentándose en una de las sillas que estaban en la tienda, para esperar que ella terminara de escoger su vestido.
Pero ese momento de tristeza por ella, solo aumentó cuando, escuchó atrás de él a unas empleadas decir.
- Viste, el enorme parche en su cara.
- ¡Sí! Es horrible, pobre; seguro quedó desfigurada. ¿Te imaginas tener algo así en tu rostro?
- Si algo así me pasara a mí, terminaría quitándome la vida. No soportaría salir a la calle con semejante cicatriz en la cara, soportar las miradas de la gente, sería lo peor que me podría pasar.
- Yo siento lástima por el futuro esposo, ¿ya lo vieron? Es un hombre tan guapo, parece una escultura tallada por los mismos dioses.
- Si yo fuera él, ya la hubiera abandonado, no amarraría mi vida a una mujer desfigurada, su vida está marcada.
- Yo les puedo asegurar, que ella ya no tiene remedio, les aseguro que ni con cirugía plástica vuelve a quedar igual.
- Podría ser que ella lo esté obligando a casarse, ya vieron que su rostro está serio y no es nada amoroso con ella. Yo creo que el pobre joven, solo está con ella, por lástima o quién sabe hasta dónde lo puede estar manipulando.
Nain se molestó mucho con lo que escuchó, se levantó y estaba por voltear, quería ponerlas en su lugar, no iba a dejar que nadie la criticara o pensara mal de ella.
Pero en ese momento en que pensó en ponerlas en su lugar, María Eugenia se acerca a él, emocionada, le dice.
- Nain, dime, ¿te gusta?
Él volteó a verla, en ese momento se le olvidó todo, se miraba hermosísima; ella no traía el vestido más lujoso de la tienda, ni el más elegante o llamativo.
Su vestido era sencillo, la parte de arriba era de tirantes de listón transparente que se amarraban en sus hombros.
Su escote era como en una M perfecta, se podía ver un poco de su pecho, estaba pegado a su cuerpo, el escote de la espalda estaba abajo de la mitad.
Se podía ver su hermosa y perfecta espalda hasta su cintura; de ahí seguía la falda.
La parte de abajo era una tela gruesa de color blanca que llegaba abajo de la rodilla y sobre esa tela estaba una transparente con hermosos bordados de guías de hojas, de larga estaba a cuatro dedos arriba de su tobillo.
Nain la miró girar tres veces seguidas, la miró de arriba abajo, estaba hipnotizado con su belleza; para él era la mujer perfecta, la más hermosa que había mirado en su vida.
Él, sin poder controlar sus palabras, le dice con una espontaneidad a lo que ella le preguntó.
- Te miras perfecta.
Ella nunca esperó esa reacción en Nain. La forma en que su mirada brillaba al verla, sus labios que parecían querían sonreír, la hizo sentirse extraña.
María Eugenia no buscaba amor, eso que miró en Naín, fue un sentimiento que no se podía dar entre ellos, que no le podía permitir y sin pensarlo, su sonrisa desapareció, su rostro se puso tenso, provocando una inseguridad en sus planes.
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Espero que les haya gustado.
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Updated 84 Episodes
Comments
Livia silva mejias
¿? y cómo ella contactó a esa persona?
ella no es de fiar y este pendejo esta cayendo en una trampa
2024-08-12
2
Mari Delgado Flores
Me intriga María Eugenia, Nain, debió tener un descuido,en alguno de sus trabajos que lo puso en evidencia y alguien planeó algo en su contra.
2024-07-10
3
Jesus Castro Montero
Pobre María Eugenia quedar desfigurada no debe ser nada agradable hojala sigan adelante
2024-05-17
1