Capítulo 10. ¿Celoso?

—¿Qué es él para ti?, ¿acaso un omega no es suficiente y quieres enredarte con un simple beta?

Las preguntas repentinas de Darre sumieron a Henrik en una completa confusión. La última visita se había despedido hace aproximadamente una hora, y ambos habían subido a sus respectivas habitaciones. Henrik, exhausto, se sumergió en una bañera burbujeante durante media hora tras deshacerse de su ropa. Sintiendo que su cuerpo se relajaba lo suficiente, salió de la bañera, se envolvió en una toalla blanca y secó su cabello con otra toalla mediana. Al abrir la puerta para regresar a la habitación, se encontró con Darre.

El omega estaba sentado en su cama con las piernas y los brazos cruzados, vestido con pantaloncillos cortos y una camisa grande que dejaba al descubierto sus delicados huesos de la clavícula. La presencia de Darre en ese lugar era inusual, y antes de que Henrik pudiera preguntar por su visita, se vio sorprendido por sus desconcertantes preguntas.

—¿Perdón? —Henrik, con la toalla que usaba para secarse el cabello sobre los hombros, miró a Darre con desconcierto.

La mirada profunda de Darre recorrió a Henrik de arriba abajo. Hombros anchos y fuertes, pectorales marcados, brazos definidos y un six-pack grabado en el abdomen. La mirada de Darre descendió más allá del ombligo, notando lo que se delineaba perfectamente bajo la toalla. ¡Definitivamente era impresionante!, quizás el más grande que Darre había visto en su vida. Con las mejillas enrojecidas y el calor recorriendo su cuerpo, Darre desvió la mirada después de observar las fuertes pantorrillas de Henrik.

—¿Qué significa ese beta para ti? —preguntó con irritación.

—Ya lo dije antes, Sanet es mi junior, su entrenamiento está a mi cargo y tengo que educarlo de acuerdo a las normas militares.

Henrik repitió su explicación mientras daba la espalda a Darre. El corazón del omega palpitó rápidamente al contemplar la amplia espalda y los músculos bien definidos. Darre casi se dejó arrastrar por esa figura perfecta, incluso su trasero no era plano: "Joder, ¿puede ser más perfecto?, pero aunque tenga todo lo que me gusta, es un bastardo".

—Henrik, si vas a tener a alguien, al menos que sea un omega. Me siento insultado al pensar que me cambiarás por un beta.

Henrik colocó una pequeña caja que su padre le había entregado en el cajón y la cerró con una contraseña de huella digital. Luego, se giró y miró a Darre.

—Darre… —murmuró Henrik. Darre lo observó intensamente, las largas piernas del alfa comenzaron a acercarse a él. Darre, por inercia, retrocedió hasta tropezar con la cama y caer de espaldas al colchón. Henrik apoyó ambos brazos a los costados y colocó una rodilla en medio de las piernas de Darre. El omega quería empujarlo, pero al ver el torso desnudo, únicamente pudo limitarse a tragar saliva, odiaba ese momento.

La cercanía física entre ambos aumentó la tensión en la habitación. Henrik miró a Darre con intensidad, y sus expresiones parecían buscar algo más allá de las palabras. Darre, aunque resentido, no podía ignorar la atracción que Henrik despertaba en él, una lucha interna entre la indignación y la fascinación.

—¿Qué quieres?, no me intimides o te demandaré por abuso intrafamiliar. —Dijo Darre. Aunque su voz sonaba firme, no podía evitar el ligero temblor en sus labios.

Henrik curvó sus labios en una ligera sonrisa y el corazón de Darre dio un vuelco. Su cabello húmedo caía hacia el frente, dándole un aspecto más juvenil. Aunque Henrik no era mayor a veinticinco años, por su temperamento y entrenamiento militar, su rostro era estoico y frío; sin embargo, en ese momento, le estaba mostrando una faceta que no había visto antes. Ni siquiera con ese beta había sonreído de esa manera tan… natural.

Henrik se apoyó solamente en uno de sus brazos doblando el codo y quedando más cerca de Darre. Sus respiraciones se mezclaban, y un calor abrazador emergía en ambos cuerpos; sin embargo, en Darre, era mucho más notable. La mano grande y fría acomodó uno de los mechones sedosos del omega, y la sonrisa en su rostro se ensanchó cuando preguntó:

—¿Estás celoso de Sanet? —Si el rostro de Darre estaba caliente, en ese momento comenzó a hervir. ¿Celoso?, ¿por qué debía sentir celos de un tonto beta sin ningún chiste? Una carcajada escapó de sus labios.

—No te creas tan importante, Henrik. Mientras tú pierdes el tiempo con ese simplón, yo salgo con lo mejor de la ciudad.

Henrik entrecerró los ojos y se incorporó para mirar a Darre—. Si no tienes nada más que decir, ve a tu habitación, quiero descansar.

El repentino cambio en el tono de voz y la mirada de Henrik lo tomó por sorpresa. La irritación era palpable y él no pudo hacer más que salir en silencio. Después de dar un paso fuera de la habitación, la puerta fue cerrada de golpe detrás de él.

Henrik se dejó caer de espaldas sobre la cama y puso su brazo sobre sus ojos. Cualquier alfa al que su futuro omega le dijera eso estallaría en ira e incluso podría llegar a golpear a la otra parte, sin embargo, aunque estaba enojado por el libertinaje de Darre, aún quería esforzarse un poco en tener una relación con él.

Tal vez, si le mostraba el interés que tenía por él, en algún momento, Darre se inclinaría hacia él y lo amaría también.

...----------------...

En las primeras luces del día, Henrik se lanzó a correr, desafiando el fresco matutino con su entrenamiento vigoroso. Al regresar, se sumió en una ducha revitalizante antes de dedicarse a la tarea de preparar su propio desayuno. A pesar de tener personal de servicio a su disposición, los hábitos adquiridos en el riguroso entrenamiento militar lo mantenían aferrado a la costumbre de encargarse personalmente de ciertos aspectos de su vida diaria: la comida, la cama y la ropa ordenadamente doblada.

Sentado con una taza de café, Henrik se sumergía en las últimas noticias nacionales, su rostro iluminado por el sol de la mañana, que acentuaba su atractiva presencia. Aunque llevaba una vestimenta informal y su cabello mostraba la falta de un peinado meticuloso, su figura imponía respeto y atraía las miradas.

Darre, al carraspear suavemente para llamar la atención del Almirante, no pudo evitar observarlo detenidamente.

—Almirante, buen día —saludó Darre, tratando de romper la tensión que aún flotaba en el aire desde la noche anterior.

Henrik apartó la mirada de la pantalla y le ofreció una sonrisa cálida y auténtica, en marcado contraste con la frialdad que Darre había percibido la noche anterior.

—Darre, saldremos en una hora. Come algo ligero —anunció Henrik, volviendo su atención a la pantalla de información del X1. Darre, respetuoso, asintió sin atreverse a hacer más preguntas. La intensidad de la mirada fría de Henrik la noche anterior todavía resonaba en su memoria, y, además, sentía que había cruzado ciertos límites.

Después de saborear un tazón de yogur natural con frutas, Darre ascendió las escaleras en silencio y se dirigió a su habitación. La sensación de querer dormir un poco más lo envolvía, alimentada por la extrañeza del sueño que apenas recordaba, pero que intuía que estaba vinculado a su vida anterior al accidente.

Una vez en la ducha, decidió apartar esos pensamientos. Lo que había sucedido ya no tenía relevancia; aunque no pudiera recordar su infancia y parte de su adolescencia, consideraba que eran detalles irrelevantes. Las lagunas mentales nunca le habían preocupado, y hasta ese momento, los sueños relacionados con su vida pasada eran una rareza.

Darre emergió de la ducha, secó su cuerpo y se arregló para salir con Henrik. La idea de "arreglarse para salir con Henrik" le envió escalofríos de repente.

Tras finalizar su cambio de vestuario y peinado, Darre bajó a la sala, donde se encontró con Henrik mirando hacia la piscina en la parte trasera. Carraspeó su garganta, y Henrik volvió la mirada hacia él, asintiendo mientras continuaba una conversación por el comunicador en su oído.

Darre dio media vuelta, sintiendo la gran mano del alfa en su cintura baja mientras lo dirigía hacia la puerta. Henrik abrió la puerta del auto para Darre y luego se acomodó en su asiento.

—De acuerdo, lo dejo todo en tus manos —dijo el alfa antes de concluir la llamada.

—¿A dónde vamos? —cuestionó Darre mientras ajustaba el cinturón de seguridad.

—A un lugar especial —fue la única respuesta de Henrik antes de poner en marcha el automóvil. La curiosidad se instaló en Darre, pero no iba a preguntar más.

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Comments

Ceci del Castillo

Ceci del Castillo

por que querría un tipo como ese,que se acuesta con todo lo q sw ponga al frente?

2025-02-25

0

Luna_Jago

Luna_Jago

❤️💜🌹🌹💜❤️

2024-10-11

0

Yuxihang

Yuxihang

Un gran avance

2024-09-30

0

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