Capítulo 04. Matrimonio absurdo.

Darre y Vincent ingresaron al animado bar, envueltos en risas y charlas animadas. Vincent Lars, el confidente de Darre, un beta de veintiún años, proveniente de la respetable familia Lars, compartía con Darre una amistad que se mantenía desde la infancia. Su relación se había fortalecido con los años, convirtiéndose en el apoyo incondicional que Darre necesitaba en medio de las complicaciones de su vida.

Dirigiéndose hacia la habitación privada que siempre reservaban, Darre y Vincent ordenaron botellas del vino más refinado. En el interior, rodeados por el lujoso ambiente, Vincent tomó una postura relajada, fijando sus ojos curiosos en Darre, instándolo a comenzar la narrativa de su reciente desventura.

—Ahora sí, cuéntame todo desde el principio hasta cómo llegaste a vivir en esa fortaleza militar —dijo Vincent, elevando una de sus cejas en anticipación.

Darre suspiró, inhalando profundamente antes de comenzar a relatar los eventos que lo llevaron a la imposición del matrimonio con el Almirante Henrik. Sin embargo, en lugar de obtener una reacción seria de su amigo, Darre se encontró con las risas desenfrenadas de Vincent, quien parecía incapaz de contener su alegría.

La molestia de Darre se manifestó en el lanzamiento de un cojín hacia su amigo, intentando detener la carcajada que resonaba en la habitación. Aunque Vincent apreciaba el drama de la situación, Darre estaba lejos de encontrar humor en su desventura.

—Cierra la boca, no te estarías riendo si te estuvieran casando a ti, idiota —protestó Darre, sirviéndose más vino mientras expresaba su frustración.

Vincent, sin embargo, mantuvo su buen humor y continuó burlándose de la situación, enfocándose en la perspectiva que le brindaba ser beta y escapar de los matrimonios arreglados. La envidia momentánea de Darre hacia la libertad de su amigo era palpable, pero su firme convicción como omega lo mantenía enfocado en su propio destino.

La conversación tomó un giro más serio cuando Vincent indagó sobre la fecha de la boda y sugirió la necesidad de un regalo costoso. Darre, con voz firme, afirmó que no habría boda. Su determinación ante la idea del matrimonio forzado quedó clara, enfatizando su deseo de disfrutar plenamente de su vida, explorando las delicias de las relaciones con alfas ahora que su glándula había madurado por completo.

Vincent, aceptando la realidad de su amigo, brindó por una vida libre de ataduras matrimoniales y llena de encuentros apasionados con apuestos alfas. Darre sonrió, compartiendo el brindis, pero sus pensamientos se dirigieron nuevamente hacia el rechazo del matrimonio con el Almirante Henrik.

¿Casarse? No estaba en sus planes, al menos no de la forma en que sus padres pretendían. La noche continuaba, y mientras compartían ese momento en el bullicioso bar, Darre seguía aferrándose a la convicción de que su elección en el amor y el compromiso no sería dictada por otros, sino por su propio corazón y deseo.

—Joder, mi cabeza —se quejó Darre, ingresando a la casa del Almirante a tropezones. El lugar estaba sumido en el silencio, y apenas podía discernir dónde ponía los pies en la penumbra. De repente, todo se iluminó con una luz cálida.

—Llegaste —resonó la voz del Almirante desde la sala de estar. Darre giró la mirada hacia él, entrecerrando los ojos. Henrik, el alfa, vestía un pijama azul marino con detalles blancos, su cabello un tanto despeinado, otorgándole una imagen más relajada.

—Almirante, ¿qué hace despierto? —preguntó Darre—. No crea que porque me está esperando puede recibir mi atención. Esperar por alguien que claramente no lo quiere ver es simplemente ridículo y estúpido. —Añadió con desdén.

Darre soltó una risa sarcástica y avanzó dos pasos, pero el alcohol en su sangre no se coordinaba bien con sus extremidades, haciéndolo tropezar. Henrik se movió rápidamente para evitar su inminente caída.

—Le prometí a tu padre que te cuidaría y eso haré. No me importa si eres reacio, pero no dejaré que te suceda nada y siempre esperaré por ti.

Las palabras dejaron a Darre boquiabierto, pero respondió con una pequeña risa y empujó a Henrik. No necesitaba que alguien como él lo cuidara.

—No me vuelvas a tocar, me da asco —escupió con odio. Darre dio dos pasos hacia atrás, tambaleándose, pero logró mantenerse en pie.

—Bien, no lo haré —aseguró Henrik—. Pero eso no evitará que te cuide. Ven, te hice la cena. Además, te prepararé algo para la resaca.

—No tengo hambre, cómete tú la comida o tírala, yo no la quiero.

Después de pronunciar estas palabras, Darre se encaminó lentamente hacia las escaleras. Henrik fue tras él, temiendo que pudiera caer. Afortunadamente, llegó a su habitación sin contratiempos.

Henrik regresó al primer piso, guardó la comida en la nevera y se recargó sobre la encimera de la cocina, reflexionando sobre el comportamiento de Darre. Aunque preocupado, se alegró de que, al menos, Darre no llegara con el aroma de otro alfa impregnado en su cuerpo.

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Al día siguiente, Darre se levantó con un fuerte dolor de cabeza, producto de la noche anterior. Planeada salir por la noche, así que a pesar de su malestar, se duchó rápidamente y bajó al comedor, donde el aroma de la comida lo recibió. Se encontró con Henrik en la cocina, sacando platos de la alacena.

—Almirante, no pensé que estarías aquí —comentó Darre, sorprendido. Henrik se volteó y dejó los platos sobre la encimera—. Creí que los militares estarían muy ocupados siempre.

—Regresé de una misión hace unos meses, y aunque estoy de servicio, aún tengo días libres —explicó Henrik—. Siéntate, serviré la comida.

A pesar de sus reticencias, Darre ocupó su lugar en el comedor y comenzó a chatear con Vincent, quien también padecía de una resaca matutina. Después de unos minutos, el carraspeo de Henrik llamó su atención.

—Está servido, come —dijo Henrik amablemente, pero la sonrisa le causó escalofríos a Darre. A pesar de su resistencia, admitió internamente que la comida se veía deliciosa.

Darre comió en silencio, consciente de que Henrik lo observaba. Aunque sintió la mirada del Almirante sobre él, prefirió centrarse en la conversación con Vincent. Sin embargo, Henrik no pudo resistirse a cuestionar.

—Darre, ¿con quién hablas? —preguntó Henrik, instantáneamente lamentando haber abierto la boca—. No me malinterpretes, solo quiero hablar contigo. Quiero conocer más de ti antes de casarnos. —Explicó, pero los ojos furiosos de Darre se clavaron en él.

—¿Qué derecho crees que tienes para cuestionarme así? —gritó Darre, poniéndose de pie y golpeando las manos contra la mesa—. Acepté este matrimonio absurdo solo para que las empresas de mi padre siguieran creciendo —dijo con frialdad, sin notar el cambio en la mirada de Henrik—. Además, ¿qué te importa con quién hablo? No estamos casados, y no tengo un anillo, así que, lo que haga no debería importarte. Puedo salir con quien quiera y cuando quiera. —Darre estaba cada vez más enfadado, su respiración era errática—. ¿Quieres un consejo? Haz lo mismo, sal con cualquier omega, haz lo que yo hago.

Terminó su explosiva declaración arrojando la comida y la copa al suelo antes de marcharse, aparentando ser la parte más agraviada. Henrik suspiró, viendo el desastre que su elección de palabras había causado. Apenas llevaban dos días de convivencia, y las cosas iban de mal en peor, comenzó a cuestionarse si la relación se volvería insostenible en algún momento.

Mientras Darre abandonaba la escena, la expresión de Henrik se entristeció ante la magnitud del malentendido. Las palabras habían sido malinterpretadas, pero también era consciente de que sus acciones, por más bien intencionadas que fueran, no lograban ganarse la confianza del testarudo omega.

Henrik recogió los platos rotos y limpió el desorden en silencio, cuestionándose si su enfoque para acercarse a Darre estaba siendo efectivo. Sin embargo, sabía que rendirse no era una opción. La idea de un matrimonio no deseado pesaba para Darre, pero Henrik quería demostrar que su compromiso iba más allá de las formalidades.

Decidió darle espacio a Darre, permitiéndole procesar sus emociones y reorganizar sus pensamientos. En lugar de forzar una conversación, Henrik se retiró a su estudio, reflexionando sobre cómo podría construir un puente hacia el complicado omega.

El día transcurrió con una tensión palpable en la casa. Darre evitaba encontrarse con Henrik, sumergiéndose en sus propias actividades para distraerse del malestar que estaba experimentando. A pesar de sus intentos de ignorar al Almirante, Henrik estaba determinado a abordar la situación y arreglar las cosas.

Al anochecer, Henrik decidió enfrentar la situación y buscar a Darre. Encontró al omega en la biblioteca, leyendo con expresión seria. Henrik se acercó con cautela.

—Darre, necesitamos hablar —dijo con seriedad, notando cómo Darre levantaba la mirada, mostrando una mezcla de resentimiento y curiosidad.

—¿Qué más hay que hablar? —respondió Darre con tono cortante—. Ya dejé claro que este matrimonio es una farsa. Ni siquiera quiero pensar en ello.

Sin más, el omega salió de la biblioteca y corrió escaleras arriba, seguramente a su habitación.

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Comments

Diana Velasco

Diana Velasco

Yo entiendo a Daree, nada obligado funciona y apenas van dos días, tal vez con un poco más de tiempo pueda reflexionar y mejorar su actitud y agradecer la paciencia y comprensión que le está teniendo el alfa

2025-02-15

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á

á

el alfa se me hace muy dulce
pero le tubo que tocar un omegita que ocacina desplantes/Smug/

2025-01-28

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á

á

el alfa se me hace muy dulce
pero le tubo que tocar un omegita que ocacina desplantes

2025-01-28

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