1 mes antes:
Loanna Mozzi:
Tomé mi bolso, quería salir un rato, ya los negocios de mi padre eran solo para que entablara más alianzas que necesitaba él mismo conseguir, ya no quería seguir en el negocio de él, se lo había hecho en conocimiento desde un principio, salí de mi habitación viendo a los hombres de Santino Carlucci, un hombre muy atento y guapísimo, muchas de las hijas de los mafiosos querían contraer matrimonio, pero los tratados estaban a mi favor, de seguro había venido para hacer algún pedido a mi padre de me fuera a vivir con él. Me agradaba la idea, tener a mi lado un hombre como Santino era la promesa de protección a todo lo que pudiera pedir y exigir.
Bajé las escaleras mirando a uno de los hombres de Santino, Gadiel Pazzi, uno de las manos derecha de él, levantó su mirada sonriéndome como si estuviera interesada en él. Le sonreí provocando, me conocía muy bien su historial de mujeres que habían pasado por él, parecía que disfrutaba tanto de saber que era la prometida de Santino mientras que él solo podía ver sin tocar.
Me seguía con la mirada, levanté un poco mi vestido acomodándolo, él entreabrió sus labios admirándome, tal y como me gustaba que lo hiciera.
Loana: No deberías de ver de esa manera a la que será pronto la esposa de tu jefe.
Gadiel: no lo hago de mala manera, es agradable en admirar tanta belleza.
Rodé los ojos pasando de sus palabras, le hice señal apuntando hacia el despacho de mi padre. Asintió con la cabeza, quería saludar a Santino, más que nada por que había mucho por hacer en la entrega de la Gala a su nombre.
Me apresuré a llegar, respiré profundamente antes de abrir. Abrí entrando al despacho, mi padre levantó su mirada viendo a Santino que estaba en la cabecera de la mesa donde siempre podían hablar de sus reuniones para entablar sus entregas y todo lo referente a su negocio.
Fabricio: Loana hija.
Santino ni hizo el mínimo esfuerzo por saludarme, a él le daba igual si se casaba conmigo o cualquiera que le diera más territorio.
Fabricio: Santino ha creado una nueva manera de hacer que toda la información esté en un solo punto.
Loana: hola Santino.
Santino: Loana.
Mi padre me hizo señal que saludara a Santino, quería matar a mi padre, pero tenía que hacerlo, me acerqué coqueteando un poco, claro que Santino con solo mover los dedos podía tener en su cama quien se le antojara.
Me acerqué, pero él ladeó su cara evitando que le diera un beso en sus labios, lo hice en la mejilla aceptando como siempre esas groserías que me iban cansando poco a poco.
Se puso de pie apartándose de mi, si, quería a Santino a mi lado, lo quería como esposo, pero no ahora, tenía otros planes en mente, quería divertirme, saber mucho más del negocio de mi padre aunque no meterme de lleno en nada de lo que ellos se traían, quería llevar mi negocio por mi misma, tenía que ser del mismo giro, pero con lo poco o mucho que sabía me daba de sobra armando mi propio equipo.
Loana: siempre serás así de grosero.
Santino: Sabes que nos tenemos que casar, no me agradan las maneras que quieres utilizar, NO SOY HOMBRE QUE PUEDAS MANEJAR A TU ANTOJO.
Miré hacia mi padre, él respetaba mucho a Santino, pero al menos esperaba que hiciera algo para defenderme.
Fabricio: Santino, entre poco podremos ser parientes, sabes que espero ese momento por mucho tiempo.
Santino: díselo a tu hija, te seré sincero, me gusta llevármela a la cama, pero de allí a que ella se quiera casar… Lo dudo ¿No es así?
Entreabrí mis labios al escuchar a Santino, es cierto lo que él decía, se lo había dicho la ultima vez que hicimos el amor que quería esperar, pero al parecer mis propias palabras las había tomado en mi contra…
Fabricio: ¿Cómo?
Santino: Nos vemos después.
Él se despidió de mi padre, hasta parecía que mi padre era quien le debía un favor al contraer matrimonio conmigo.
Fabricio: Santino, para mi es un honor que ustedes unieran sus vidas.
Santino: no voy a obligar a nadie para hacerlo. Con permiso.
Solté mi bolso de mala manera sobre la mesa, mi padre se dio la media vuelta, él dejó entre dicho ahora que era la que no me quería casar, así era pero no ahora. Cerró la puerta, no lo iba a dejar salirse con la suya y menos dejando a mi padre en mi contra, me apresuré llegando a la puerta.
Fabricio: LOANAAA… VEN AQUÍ.
Pasé de las palabras de mi padre, me sentía muy molesta por la actitud de un poderoso pasando por mis decisiones, lo sujeté con fuerza del brazo, no me importaba si sus hombres vieran la manera que estaba dispuesto a tratarlo, él se detuvo sonriendo, miró hacia el agarre, levantó una ceja asombrado por haberlo tocado de la manera que me tenía advertido no hacerlo, pero me importaba una mierda en este momento.
Santino: SU-EL-TA-ME.
Loana: ¿Por qué le dijiste eso a mi padre?
Removió su brazo de un fuerte movimiento, él no iba a ceder, pues yo mucho menos, crucé mis brazos mirándolo fijamente, me importaba si fuera el mismo demonio que decían. No lo iba a dejar pasar de mi.
Loana: te confié lo que estaba pensando.
Santino miró hacia sus hombres que estaban atento a lo que le dijera, ellos empezaron a salir, solo quería que me escuchara y que tanto él como mi padre me entendieran.
Santino: Me importa un demonio si me caso contigo o con otra, lo sabes.
Loana: Sabes que nos tenemos que casar. Es más lo hago por que quiero tener un poco de libertad. Sé que al casarme contigo todo va a cambiar.
Santino: nada va a cambiar, te lo he dicho. Quiero una mujer que sea mi compañera, no una mujer que no sepa lo que quiera. Mira… si no te quieres casar, esta bien, mujeres me sobran.
Levanté mi mano, no iba a permitir que me ofendiera ni que pasara por encima de mis deseos como él siempre hacia con otras mujeres. Sostuvo mi mano con fuerza, apretaba mi muñeca con mucha fuerza, me estaba lastimando.
Santino: Tú no Loana, no te hagas a la ofendida, sé de tus encuentros con otros hombres, si piensas que me trago el amor que finges tener por mi, estas muy equivocada, conozco a la perfección el tipo de mujer que eres, te gusta la libertad y el libertinaje, yo no estoy para eso.
Me soltó haciendo que me tambaleara, respiré profundamente, cerré mis ojos tratando de tranquilizarme, no lo quería tener en mi contra y tampoco de ponerlo de enemigo de mi padre, bastante hacia para proteger a mi padre, de muchos enemigos que aparecían hoy y luego mañana.
Me acerqué reposando mis manos en su pecho, deslizaba mis manos por encima de su saco. Levanté mi mirada mientras le sonreía.
Loana: Sabes que me quiero casar, solo que necesito un poco más de tiempo.
Santino: no me lo digas a mi, díselo a tu padre. Si crees que muero por casarme, la verdad es que no.
Me aparte viendo la maldad de él, siempre queriendo dar golpes bajos de la manera de hacerse sentir que es el único hombre en mi vida.
Loana: Eres un idiota, un maldito idiota.
Santino: Lo sé. No es nada nuevo.
Se dio la media vuelta acercándose a la salida, me apresuré interponiéndome en su paso, negué con la cabeza, tenía y necesitaba tener de mi lado a Santino ahora más que nada.
Loana: Cenaremos hoy.
Santino: si quieres. Te veo en el restaurante de siempre, ni creas que vendré por ti, sabes que no es mi estilo.
Asentí con la cabeza, no sé que tanto podía hacerle saber pero no me era para nada difícil en convencerlo que la boda entonces fuera después de la noche de Gala. Me acerqué poniéndome de puntillas, le dejé un beso, él me miró como si no le agradaba lo que le demostraba. Se apartó caminando a lo que le hacía falta, me di la media vuelta viendo cuando Gadiel le abrió al puerta, él salió pero Gadiel solo negó con la cabeza riendo ante lo que había visto.
Cerró la puerta, caminé hacia ella reposando mis manos en ella.
Fabricio: Loana…
Rodé los ojos dando media vuelta, mi padre estaba molesto, me hizo señal que entrara al despacho, aquí vendría el tema de siempre… el de tratar mejor a Santino, el de quererlo aunque tenga que fingir. Caminé hacia el despacho, no me quedaba de otra, entré cerrando la puerta, crucé mis brazos muy molesta ante la actitud que tenía mi padre como si le tuviera miedo a Santino.
Loana: ¿Por qué nunca escuchar lo que quiero?
Fabricio: Te vas a casar con Santino Carlucci quieras o no… ¿entiendes?
Loana: ¿Por qué soy la que tiene que se someterse ante él? Ni me quiere.
Mi padre golpeo con fuerza la mesa haciendo tremendo eco por el golpe, tragué saliva… estaba muy enojado.
Fabricio: Por que es lo que te conviene.
Loana: Pero no me quiere.
Fabricio: ¿Y ESO QUE?
Sentí como mis ojos se empezaron a humedecer, ni mi propio padre era capaz de entender que Santino y yo si nos llegamos a casar, sería una unión que solo será un fracaso.
Fabricio: Santino, tiene mucha información de nosotros, ¿crees que me gusta ver que te tiene en sus manos?
Loana: Información que tú has hecho mal en las cosas que le debes, ¿Por qué tengo que sacrificarme de lo que él haga? De lo que él quiere. No me agrada solo pensar que mi vida con Santino es y será tan miserable como pudiera pensar.
Mi padre tomó asiento, parecía que no sería escuchada ni por él ni por nadie. Me acerqué dando pasos pequeños, reposé medio cuerpo sobre el escritorio.
Loana: Casarme con Santino es tu salvación pero no es la mía. No lo quiero, es muy guapo, pero no es hombre que se deje convencer a la primera lo sabes.
Fabricio: solo cásate y punto.
Respiré profundamente, negué con la cabeza, no había marcha atrás y mi padre no iba a ceder ante nada. Me aparté de él tomando mi bolso.
Fabricio: ¿Dónde vas?
Loana: Tengo una cena con él. Aunque antes quiero divertirme un poco.
Mi padre se puso de pie, caminó hacia mi mirándome con tanta desconfianza.
Fabricia: Pobre de ti que hagas algo en contra mía o la de Santino, sabes que él no se tentará de nada si vas en su contra.
Loana: Sé como es, pero así como ustedes tienen sus medios, yo tengo los míos.
Levanté una ceja desafiando a mi padre, que más me daba, siempre se cumplía la santa voluntad de Santino, pero si lo hacía enojar quien pagaría las consecuencias es mi padre, abrí la puerta saliendo de su despacho, no quería seguir hablando con él y menos del mismo tema que ya hasta harta me tenía solo por que él así lo quería.
Salí de mi casa viendo mi auto, bajé los escalones viendo a los hombres de seguridad que siempre iban detrás de mi como perros falderos de mi padre, me subí al auto, arrojé de mala manera mi bolso, en mi mente solo estaba la forma de hacer cualquier cosa para librarme de Santino, necesitaba ser libre de mi padre y del mismo Santino. Encendí mi auto, tomé mi móvil, tenía un poco de tiempo antes que fuera donde me dijo el tarado ese.
Llamada:
- Amiga.
- Hola amiga… vamos por un poco de diversión.
- De acuerdo.
- No podemos tardar mucho ya que tengo una cena con Santino.
- MMM, Santino, si no lo quieres regálamelo.
- Paso por ti cariño.
Terminé la llamada, claro que me iba a divertir antes de poner las cartas sobre la mesa con Santino y si no le agradaba mi propuesta tendría que ser sobre mi cadáver que me case a disposición de cuando él quiera. Aceleré saliendo de mi casa.
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Santino
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Comments
Anonymous Carmen diaz
Con tus desplante tu libertinaje y ahora tus formas de ser perdiste el poco respeto del que va ser tu marido
2024-09-22
1
Anonymous Carmen diaz
Eres una tonta loana ahora te arrepientes pero cometiste un grave error y lo sabes
2024-09-22
1
Anonymous Carmen diaz
Porque creíste que te iba a dejar pasar esa ofensa si ustedes quieren esa alianza u sellarla con boda loana sabes que él puede tener a cualquiera estás loca de que te quejas
2024-09-22
1