Tras unas horas de viaje. Llegamos a la frontera que separa al destruido reino de Aurelio con el imperio Magno.
Si, la distancia de ambos países no era mucho. Sin embargo, la gran diferencia era que ellos poseían mayor territorio y ahora que toman estás tierras, más grande será.
Nuevamente. Soy reclamada como un premio. Él no sabe que mi cuerpo está marcado por cicatrices que yo mismas causé para protegerme. ¿Que haré cuando lo descubra. Por ahora, no se ha dado cuenta por el vestido que cubría todo mi cuerpo, más la capa que usaba. Sin embargo, si ha declarado que sería su esposa. Tendría que en algún momento mostrarle mi cuerpo. ¿Que pasaría en ese momento?
— ¡El comandante ha regresado!... ¡Bajen el puente!
Al segundo de ese aviso. El sonido de una gigantesca cadenas suenan. Con ello, el puente ante nosotros bajaba con gran precisión. Hasta que se ancla al suelo y el comandante agita las cuerdas del caballo y comienza su andar. Esta vez para entrar en sus dominios.
Llegando a la caballeriza del gran castillo. Éste me baja y colocándome la capucha me menciona.
— una doncella te llevará a una habitación. Espérame. No intentes escapar, serás atrapada fácilmente. Sé inteligente, no precipitada.
— si no pude escapar de mi reino. Mucho menos podré en un imperio.
Con un suspiro brusco. El comandante hace lo que me comentó. Llamó a una doncella y con órdenes exactas le pidió que me llevará a una recamara donde nadie tendría permiso de entrar a excepción de él.
— sígame, señora...— tras dejar al comandante. Miro de reojo como camina tan imponente con su gran armadura aún manchada de sangre. Minutos después, la sirvienta me señala una puerta— está será su habitación...
Le di una breve reverencia en modo de agradecimiento. Entre y a pesar de ser una habitación dada en circunstancias apresurada, era más grande y espaciosa que la mía en el reino de Aurelio.
— señora... Aquí está la muda de ropa. Allá está el baño, la ropa que lleva déjeme la a un lado para ser desechada.
— está bien...
No pensé que recibiría este trato. Me imaginé que me quedaría encerrada tal cual como éstoy.
A los minutos después de haberme quitado el polvo, los escombros y un poco de sangre que sin darme cuenta tenía, finalmente me veía en el espejo, usando un vestido que para nada era de segunda mano. No creí volverme a ver con este estilo de vestimenta, por suerte, el vestido no traía escote y era manga larga. No se me vería una parte de las cicatrices.
Alguien tocaba la puerta. Rápidamente me puse nerviosa, no sabía que hacer más que darle permiso para que entrara.
— Fiorella. ¿Estas lista?— era él. Quién se asomó a media puerta.
— comandante... Yo... Por supuesto. Lo estoy.
— voy a pasar. Necesito que sepas algo antes de llevarte a los emperadores.
— ¿Emperadores?— susurré asombrada.
— sí. Antes de que puedas estar aquí sin algún problema. Mis padres debe conocerte y ver que no eres una amenaza.
— ¿Por qué?... No lo entiendo. Si sabías que yo era la esposa del rey Aurelio... ¿Por qué me dejaste viva?... Por favor, no me diga que no lo sabe, ya que nadie diría algo tan comprometedor para salvar a alguien desconocido.
— tienes razón... Yo soy un desconocido para ti, pero tú para mí no. Y la razón del porque te salve diciendo que serías mi esposa fue para protegerte. Sabes, cuando un rey es corrupto, por ley, su esposa también... Bien, yo debí ejecutarte en ese instante en el que te encontraron. ¿Por qué no lo hice? Porque te investigue, Fiorella de Daaé, porque sé que no merecías algo como ello. Al investigar al rey de Aurelio supe de ti inmediatamente. Jamás fuiste tratada como una reina, jamás apareciste como una, siempre te mantenías oculta. Merecías vivir algo mejor que solo acabar con tu vida.
Estaba tan desconcertada que no se cómo las palabras se salieron sin temblar de la impresión que llevaba.
— usted... ¿Me conoce?... ¿Que tanto?
— hasta el cierto punto de que siempre te la mantenías oculta en un jardín arruinado. Del resto, no se más... Pero puedo decir que te conozco lo suficiente como para saber que no eres como ellos. Como los ambicioso y corrupto del rey y su corte.
No quería pensar que supiera que tenía el cuerpo lleno de cicatrices. Tal vez lo sabía o tal vez no. Cualquiera de las dos en nula al saber que su verdadero intención era protegerme al saber que no era cómplice con Aurelio y no tomarme como su botín de guerra.
— ahora... Bien sabido esto. Fiorella. Tú solo eres una noble que trabajaba en el palacio cuando esté fue invadido. Te vi y me quedé encantado, tanto, que decidí hacerte mi esposa y traerte a mi imperio... Eso es lo que diré a mis padres para que te acepten.
Apretando mi mano contra mí pecho, eso sonó realmente convincente. Tanto, que sin darme cuenta me ruboricé. Pero me saca de trance cuando me extiende la mano para tomarla.
— vamos.
— oye... Espera un poco... Yo... ¿Podría saber cómo te llamas?... No quiero ser irrespetuosa. Pero, no sé nada de usted. Por lo menos su nombre...
— ya veo... Mi nombre... Es Emiliano de Diógenes. Espero que llevemos bien este matrimonio arreglado.
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Comments
Meeseeks ✧
Ni idea bro, pero hasta ahorita no te ha tratado mal
2025-03-02
2
Solo_Ro
Oooh!! El hijo de Benjamín y Ross
2025-01-31
3
Irene Nievecita
vaya nada menos que Ares, ojalá ella ya no sea nunca más desgraciada
2024-08-28
2