A medida que los años avanzaban, Cecilia se encontraba en un constante juego interno entre su aparente calma superficial y la creciente voracidad de sus impulsos más oscuros. Había comprendido que la satisfacción que experimentaba al torturar animales ya no era suficiente para saciar sus ansias retorcidas. Su sed de control y poder, su necesidad de ver a otros sufrir, había evolucionado hacia un terreno mucho más peligroso y perturbador.
Las noches en las que torturaba a los animales se habían vuelto una rutina monótona, ya no lograban llenar el vacío que sentía en su interior. Anhelaba algo más profundo, algo que le permitiera sumergirse en un éxtasis que trascendiera los límites de su anterior sadismo. Deseaba sentir el sufrimiento y la desesperación en la mirada de sus víctimas humanas, un sufrimiento que pudiera controlar y manipular a su antojo.
Con esta idea obsesiva tomando forma, Cecilia comenzó a trazar un nuevo y macabro proyecto en su mente retorcida. Planificó expandir sus horizontes y llevar su depravación a un nivel aún más extremo. No se conformaría con los animales inocentes como víctimas; buscaba desentrañar la psicología humana en su estado más vulnerable y torturado. Quería experimentar el poder absoluto de ser el verdugo que decidía el destino de sus víctimas, un poder que había anhelado durante toda su vida.
Cada paso que daba en su planificación alimentaba su oscuro apetito. Investigó meticulosamente sobre patrones de conducta, vulnerabilidades psicológicas y las debilidades que podrían explotar para someter a sus víctimas humanas a un tormento inimaginable. Sabía que no podía simplemente actuar al azar; debía ser cuidadosa y estratégica para asegurarse de que su plan funcionara sin dejar rastro.
En cada detalle de su nuevo proyecto, Cecilia encontraba una sensación de empoderamiento que la enloquecía aún más. Planeaba manipular, engañar y dominar a sus víctimas de manera que su sufrimiento se convirtiera en su propio placer. La anticipación del horror que estaba por desencadenar la mantenía en un estado de excitación constante. Cada elemento de su plan estaba cuidadosamente calculado para inducir el máximo sufrimiento y desesperación, justo como ella lo deseaba.
Así, con una mente retorcida y obsesionada, Cecilia se preparaba para adentrarse en el abismo más oscuro de su propia naturaleza. Su proyecto macabro se convertiría en un símbolo de su depravación y perversión, una búsqueda insaciable de un éxtasis que solo podía encontrar en el sufrimiento ajeno. Y mientras avanzaba en su plan, su lado oscuro crecía y se fortalecía, consumiéndola de manera irreversible en una espiral de caos y sadismo.
En su búsqueda de satisfacción más allá de su anterior depravación, Cecilia decidió emprender un viaje que la llevaría a horrores aún más profundos y perturbadores. Su primera parada fue en la provincia de Santa Fe, donde planeaba dar vida a su nuevo y siniestro proyecto. Allí, en medio de la noche y bajo la sombra de una luna inquietante, Cecilia se sumergió en una serie de noches en las que salía a cazar hombres en un estado de vulnerabilidad y desinhibición.
Fue en una de esas oscuras y retorcidas noches que Cecilia conoció a Lucas, un chico que, si bien carecía de los atributos físicos que normalmente atraían su atención, poseía una simpatía y encanto suficientes para cautivarla de una manera peculiar. En un bar lleno de risas y excesos, sus miradas se encontraron y un juego macabro se puso en marcha. Lucas, inmerso en la embriaguez del momento, se mostró receptivo a las avances de Cecilia, quien desplegó su encanto y manipulación con precisión calculada.
La conversación fluyó entre risas y guiños cómplices, y Cecilia logró que Lucas la invitara a su casa. El camino a través de las calles nocturnas estaba impregnado de una tensión palpable, una tensión que solo ella conocía y saboreaba en lo más profundo de su ser. Mientras se dirigían hacia el lugar donde se desarrollaría su nuevo y macabro acto, Cecilia apenas podía contener su anticipación. El sentimiento de control total, la sensación de que tenía el poder absoluto sobre la vida de otro ser humano, la llenaba de un placer insano y perverso.
La casa de Lucas, una morada aparentemente común y corriente, se convirtió en el escenario de la retorcida danza que se avecinaba. Cada paso que daban al interior de la casa alimentaba el fuego que ardía dentro de Cecilia. La adrenalina corría por sus venas mientras visualizaba en su mente cada aspecto de su plan: el momento en que revelaría su verdadero ser, el terror que se reflejaría en los ojos de Lucas, su control absoluto sobre la situación.
Una vez dentro, los eventos se desataron con una inquietante fluidez. Las palabras y las acciones fueron como piezas cuidadosamente encajadas en un rompecabezas macabro. La conversación, aparentemente casual, llevó a la creación de un vínculo falso y manipulador entre ellos. La seducción se mezcló con la maquinación mientras Lucas se mostraba cada vez más vulnerable a las artimañas de Cecilia. Cada sonrisa, cada mirada, cada gesto estaba meticulosamente diseñado para llevarlo al punto exacto donde ella lo quería.
La noche avanzó y las sombras se profundizaron en la casa. Cecilia llevó a Lucas hacia el dormitorio, donde la tensión alcanzó su punto máximo. En medio del acto sexual, cuando los deseos y las emociones parecían fundirse en un torbellino de placer y vulnerabilidad, Cecilia desplegó su arma más siniestra: un cuchillo que había ocultado en su cartera. La hoja reluciente destelló en la oscuridad mientras la pasión y el horror se entrelazaban de manera indescriptible.
El cuchillo se hundió en el pecho de Lucas, rasgando la carne y desatando un torrente de sangre. Los ojos de Lucas se abrieron desmesuradamente, pasando de la sorpresa al terror en un abrir y cerrar de ojos. Cecilia, sin piedad ni remordimiento, contempló el sufrimiento que ella misma había provocado. Cada segundo que pasaba, cada latido que se desvanecía, la embriagaba con una mezcla de euforia y placer que desafiaba toda comprensión.
El último aliento de Lucas escapó de sus labios entre espasmos de agonía. La habitación quedó impregnada con el aroma metálico de la sangre y el eco de los gemidos de su víctima. Cecilia, en medio de su frenesí, experimentó una sensación de clímax insaciable, un éxtasis que solo podía encontrar en la conjunción del sufrimiento y el poder absoluto. Mientras el cuerpo de Lucas yacía inmóvil en la cama, ella se deleitó en el horror que había provocado, una victoria perversa que la llenó de satisfacción y deseo por más.
Después de llevar a cabo su oscuro acto y sentir la inigualable emoción que lo acompañó, Cecilia sabía que no podía quedarse más tiempo en el lugar. Se tomó el tiempo necesario para borrar cualquier rastro que pudiera llevar hasta ella y limpió meticulosamente la escena del crimen. Su mente fría y calculadora trabajó para asegurarse de que todo estuviera en orden antes de abandonar el lugar. Cada paso, cada movimiento, estaba dictado por su obsesión de no dejar ni una pista que pudiera vincularla a la atrocidad que había cometido.
Una vez que todo estuvo en orden, se alejó de la escena y se dirigió al baño para lavar cualquier vestigio de su encuentro macabro. Mientras el agua corría sobre su piel, su mente estaba llena de emociones contradictorias. Una parte de ella se deleitaba en el recuerdo del acto y en la sensación de control absoluto que había experimentado. Otra parte, sin embargo, comenzaba a sentir los primeros atisbos de culpa y auto-repulsión. Era como si dos fuerzas opuestas lucharan dentro de ella, una sedienta de sangre y poder, la otra buscando desesperadamente aferrarse a su humanidad.
Después de limpiarse y cambiarse, Cecilia abandonó la casa en la que había llevado a cabo su macabro plan. El reloj marcaba las 3 de la madrugada, y las calles estaban sumidas en la oscuridad y el silencio. Subió a su auto con manos temblorosas, sintiendo la adrenalina aún bombeando por sus venas. Mientras conducía de regreso a su hotel, su mente se encontraba en un estado de agitación constante. El conflicto interno que la había estado atormentando desde que comenzó su descenso a la oscuridad se intensificó.
Con la llegada del amanecer, la realidad de sus acciones la golpeó de lleno. Se encontraba en una encrucijada, lidiando con las emociones encontradas que la habían estado acosando. Por un lado, la satisfacción retorcida que había experimentado al ejercer su control sobre la vida de otro ser humano seguía siendo una fuerza poderosa dentro de ella. Por otro lado, la parte de su ser que aún se aferraba a la moralidad y a la humanidad se estaba resistiendo con fuerza.
Cecilia sabía que su insaciable sed de satisfacción la llevaría a nuevos horrores, pero también era consciente de que su lado oscuro estaba ganando terreno. Se encontraba en un precipicio, en un punto en el que debía decidir si se entregaría completamente a su oscuridad o si lucharía por recuperar su humanidad perdida. A medida que el sol se alzaba en el horizonte, iluminando sus pensamientos confusos, Cecilia enfrentó la dura realidad de lo que se había convertido y las decisiones cruciales que la esperaban en su camino retorcido hacia adelante
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Updated 21 Episodes
Comments
Nayvi Moreno
La humanidad de Cecilia está a punto de desaparecer si ella misma no lo evita, puede pedir ayuda Psiquiátrica, pero su lado oscuro y perverso no creo que se lo permita 😏
2024-09-20
1
Kyana Goyo
Esto está de película. La mente de Cecilia está trabajando a mil
2024-08-24
1
Yudy Buritica
vaya .... eso es algo único en ella y también especial para lo que hará ....
2024-07-27
1