^^^Isaac De angelis.^^^
El sabor a su brillo labial de cerezas se niega a desaparecer a pesar de las horas transcurridas.
No debería ser tan consciente de ella, o del aroma dulce que percibí cuando se montó sobre mí, pero lo hago. Soy consciente porque sería imposible no serlo.
La he visitado un sin fin de veces cada año, pero se ha vuelto más difícil cada vez, con cada regreso sin poder traerla conmigo a casa. Este año le había fallado cuando no estuve presente en su cumpleaños, ni en su graduación de la Academia.
Una parte de mí estaba aliviado porque lo he notado, soy más consciente del cambio que ha tenido lejos de nosotros. Es más alta que la última vez, más radiante y hermosa.
Es mayor, aunque no lo suficiente todavía.
—Hey, creo que deberíamos tomar un descanso.
Veo la mano de mi compañera de turno apoyarse en mi antebrazo. No sé por qué me decepciono cuando me encuentro con sus ojos verdes, y no con los grises que me hicieron perder una noche de sueño.
Creo que se llamaba Lulú, ¿o era María?
No soy bueno recordando los nombres, aunque a estas alturas debería al menos saber el de ella porque llevamos los últimos 4 meses trabajando juntos en el turno nocturno de la morgue.
—Vayamos a comer algo.—Vuelve a hablar.—Podemos ir a la cafetería que se encuentra a la vuelta de la esquina. Escuché que acaban de lanzar un nuevo postre de chocolate con cereza que estoy muriendo por probar.—Se ríe cuando ve el cadáver que hace pocos minutos estábamos revisando.—Bueno, muriendo es una exageración, pero sé que entiendes lo que estoy diciendo.
Aparto su mano de mi brazo y guardo el cadáver de regreso a su sitio porque hemos terminado por hoy.
No tardamos mucho en descubrir que el sujeto había muerto por causas naturales, pero se necesitaba hacer una revisión profunda de todos modos porque el tipo estaba ahogado en dinero y su muerte había sido demasiado conveniente para sus hijos, quiénes no lucían del todo tristes.
—Supongo que eso es un no.—Dice ella.—En fin, todavía podemos pasar un buen rato juntos cuando lo creas conveniente. Ya sabes, estoy disponible desde que mi pareja decidió salir del armario una semana antes de nuestra boda.
—Lamento oír eso.—Me aseguro de regresar todo a su sitio luego de limpiar nuestros utensilios de trabajo.
—O sea, no es como si fuera tan importante ahora. Creo que hubiera sido más impactante descubrirlo luego del matrimonio, porque entonces hubiese perdido aún más tiempo con alguien a quien ni siquiera le podía complacerse como quería. Pero dejemos de hablar de eso y cuéntame sobre el regreso de tu hermana.—No puedo evitar congelarme cuando la menciona.—Siempre te escuché hablar de ella con casi todos por aquí, debes estar realmente orgulloso de sus logros en el extranjero.
—Por supuesto que lo estoy.
Siempre supe que Mimi estaba destinada a brillar por encima de todos. Sus pinturas, sus esculturas y todo lo que tiene la suerte de ser tocado por esas manos se convierten en una obra de arte.
Mismas manos que anoche se aferraron a mí como si fuera vital el sostenerme y mantenerme a su lado.
El recuerdo de sus suaves labios invadiendo mi boca me golpea en lugares que no debería ser posible, no cuando ella es tan joven, y sobre todo no cuando se trata de mi maldita hermana.
El recordatorio de que tenemos la misma sangre, al menos por parte de nuestro padre, me obliga a dejar su sabor de lado, aunque siga sintiéndola en mis labios. No ayuda el hecho de que ha sido lo más dulce y suave que he tenido la dicha de probar.
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