^^^Mimi De angelis.^^^
Isaac estacionó el automóvil en el aparcamiento más cercano de la boutique. Luego se bajó de la camioneta, la rodeó y abrió la puerta del copiloto para hacerme bajar.
—Gracias.—Tomo su mano y bajo de la camioneta.
Noto que su mirada nuevamente se pierde en mi ropa, en mi vientre descubierto y en ese piercing que ha demostrado odiar.
—Ya está hecho. Tienes que superarlo.—Pongo mis ojos en blanco.—El piercing se queda.
Sus ojos grises suben hasta encontrarse con mi mirada.
Es un poco intimidante que siempre tenga ese ceño fruncido conmigo y no con Poe o con nuestra hermana.
También es un poco injusto.
Se supone que debería ser diferente conmigo.
Soy quien vive lejos de todos ellos.
¿No debería tener un trato mejor?
—Vamos a comprarte ropa para que te quites esa cosa.—Si habla de mi falda o camiseta, no lo sé, pero probablemente, se refiere a todo el conjunto en total.
—¿Sabes? Cuando bajé del avión estaba ansiosa por verte, pero creo que ese sentimiento era unilateral porque, únicamente, me has estado gruñendo por todo.—Hago un puchero.—¿Me veo tan mal con esta ropa?, ¿Crees que luzco como una puta?, ¿o una mujer fácil?
Isa cierra la puerta del copiloto con más fuerza de la necesidad.—Joder, no. Nunca pensaría en ti de esa manera. No quiero escucharte decir otra tontería como esa.
—Entonces no entiendo cuál es el problema.
Mi hermano sostiene mis hombros con ambas manos, su rostro tan cerca y lejos a la vez.
Quisiera romper la distancia y probar sus labios.
Apuesto a que saben a café y a chocolate negro.
Isa siempre amó esas dos cosas.
—El problema, Mimi.—Comienza.—Es que eres una joven hermosa y la mayoría de los hombres son unos cerdos.
Me gustaría que también fueras uno de ellos.
Si no tuvieras esa moral inquebrantable, te haría quitarme la ropa.
¿Por qué eres tan correcto, hermano?
Él continúa.—Te verán pasar por la calle, con esa falda que deja poco a la imaginación.—Sus ojos nunca dejan los míos. Y estoy hipnotizada, sin poder apartar la mirada del tormentoso escenario que plantea para mí.—Desearán tocarte y se acercarán a ti, creyéndose dignos de obtener tu atención.
Tú eres el único que llama mi atención y eres el único digno para mí.
¿Acaso no lo ves?
Me tienes en la palma de tu mano, pero te encuentras demasiado ocupado ocupando el rol de hermano mayor que todavía no te das cuenta de ello.
—No me interesa su atención.—Mi voz es baja y suave.—Poco me importa lo que otros piensen de mí.
Por supuesto, me importa mucho la opinión de Isaac y de aquellos que conforman nuestra familia.
Isaac aparta sus manos de mis hombros y lamento su ausencia en silencio. Su ceño sigue ligeramente fruncido para mí.
Lleva una mano hacia el bolsillo de su pantalón y permanece por largos segundos en silencio antes hablar nuevamente.
—No se trata de ti.—Dice.
—Si no se trata de mí, entonces, ¿de quién?
Isaac inclina ligeramente la cabeza en una larga observación hacia mi cuerpo, sin vergüenza y con total naturalidad.
Mis mejillas se sienten calientes, pero de igual modo me obligo a mantener la mirada en alto.
—El asunto es simple.—Con su mano libre, que estaba descansando a su costado, señala mi atuendo de pies a cabeza.—No quiero que otros te vean así. No me gusta.
—No te gusta...—Estoy desconcertada.
Me gustaría saber la profundidad de sus palabras.
—Piensa, Mimi.—Su voz es suave e imposiblemente, profunda.—Estuve cuidando de ti por más tiempo del que llevo conociendo a cualquiera. Es lógico que no me guste verte en ojos de otros.
La mano que señaló mi atuendo se acerca a mí, llevando un mechón de cabello rubio suelto detrás de mi oreja.
Mi respiración se agita con el suave contacto de sus dedos en mi piel.
—Eres mi preciosa hermanita, ¿cómo no preocuparme? Lo entiendes, ¿verdad?
Asiento ligeramente, en silencio.
Estoy embobada por sus palabras, por su observación, por su maldita voz.
Me encanta ese lado protector, ese lado posesivo que muestra sin descaro.
Estoy obsesionada con Isa, no puedo evitarlo, no puedo evitar amar cada detalle hermoso y feo de su persona.
—¿Así que soy hermosa?—Le sonrío y muevo mis pestañas coquetamente. Actúo por reflejo, sin querer demostrar los pensamientos que invaden mi cabeza.
—Todas las mujeres de nuestra familia lo son.—Responde.
—Pero no eres protector con ellas.
—Solo una de ellas es problemática.
—¿Qué hay de Poe?
—Poe es un chico inteligente. Sabe dónde están los límites y a diferencia de alguien.—Me culpa entrecerrando los ojos.—Él escucha mis advertencias y no intenta provocarme constantemente.
—¿Te provoco constantemente?—Pregunto con falsa inocencia.—¿Moi? Imposible, eso es una exageración. Eres tú quien me provoca constantemente con todas esas reglas de mamá protectora.
—¿Terminaste?
—Por ahora.—Levanto mi mentón.
—Eres una malcriada.
—Significa que hiciste un mal trabajo porque eres quien se hizo cargo de mí.
—Y nunca te quedas callada.—Isa sonríe.—No puedes no quedarte con la última palabra, ¿cierto?
—Efectivamente.—Acepto.—Así que te recomiendo continuar con nuestro plan inicial de comprarme ropa o seguiremos discutiendo aquí por horas.
Isa niega con la cabeza.—Puedes empezar a caminar.—Me señala el camino.
—Claro.—Asiento con una sonrisa y dirijo mis pasos hacia la tienda de ropa.
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