10.

Todo alrededor era un caos, todos quisieron salir corriendo al mismo tiempo, lo cual, sólo logró que varios se cayeran al suelo, así como también, logró alterar a los leprosos, de manera que se pusieron más agresivos de lo que ya lo estaban; lo que más me molestaba de todo esto, era el ver como lo militares se reían de la crisis de las personas, ellos estaban seguros del poder que les podían otorgar las armas, del poder que tenían por encima de los demás.

Yo no me movía de mi lugar, mi madre estaba agarrada a mi brazo, si me movía, podía tirarla a ella y a alguien más, muchas personas podían salir lastimadas si yo me movía, el problema era, que, al no moverme, era más probable que esas cosas me alcanzaran.

Cuando se acercaron un poco más, fue cuando decidí moverme, no podía seguir ahí parada, pero cuando me di la vuelta, fue como un efecto domino, pues me tropecé con alguien más, y ese alguien con otra persona; giré mi rostro para darme cuenta de que había sido una jovencita, tal vez más joven de lo que era Lucy. Estaba asustada, tenía los ojos llorosos, y fueron esos segundos en los que me perdí en su mirada triste, cuando uno de los leprosos la alcanzó.

Su grito desgarrador de dolor se escuchó de manera estridente, sentí su dolor, la sangre salpicó al suelo cuando este la mordió, jalando carne y tendones al mismo tiempo. El sonido de los cañonazos de las armas de los militares calló el sonido de los gritos de la joven. El leproso se quedó inmóvil en ese mismo tiempo, siendo víctima de uno de aquellos hombres. Me acerqué a ella, estaba segura de que podía salvar a la chica, con algo drástico como una amputación, pero podía estar cien por ciento segura de que ella preferiría mil veces más eso que el morir de una manera tan dolorosa.

Justo cuando mis manos iban a tocar a la chica, ese miso hombre de sonrisa burlona me levantó como si fuera un costal de papas.

—Puedo salvarla, puedo ayudarla —exclamé mientras me removía como un gusano.

—No lo creo, doctorcita, ella ya está muerta.

Me tiró al suelo con fuerza, si importarle si me lastimaba o no, mis rodillas y manos dolieron al tratar de absorber el golpe, pero a pesar de eso, miré a la joven, sin esperarme lo que sucedería. Lo vi a él, brincar como si nada, encima del cráneo de la chica, como si fuese una sandía madura, la sangre salió disparada por todos lados, salpicando incluso hasta donde yo estaba. Fue su sonrisa burlesca mientras miraba el charco de sangre, lo que me hizo enfurecer, y como si mis oídos se taponaran ignoré el grito de mi madre y salí corriendo hacia él.

—¡Hijo de la...! —mi puño golpeo su rostro, y podía asegurar que a mí me había dolido más que a él.

Él masajeo la zona en donde lo golpeé y después, él me regresó el golpe, tirándome al suelo, sentí un enorme mareo cuando mi cuerpo tocó el suelo, al parecer, me había golpeado la cabeza contra la acera. Después, sentí una patada en mi abdomen, el dolor se vio reducido por el de cabeza y el mareo, pero probablemente, me había roto una costilla por el casquillo de sus botas, una idea me llegó de último momento.

¿Dónde estaba papá cuando lo necesitaba? Después de eso, oscuridad.

Una sensación de calidez me llegó de repente, dulces recuerdos de lo que alguna vez fue mi infancia. Las caricias en mi cabello, suaves, con cariño, desentonaban con el olor mohoso y el barullo a mi alrededor, así como también, con el dolor que sentía en mi abdomen. Abrí mis ojos con lentitud y el dolor punzante en mi cabeza me hizo apretarlos; me quejé por el dolor, la poca luz que me daba en el rostro me mareó.

—¿Qué sucedió? —susurré al ver los ojos de mi madre y su sonrisa reconfortante.

—Nada, cariño, solo te caíste.

Fingía entenderlo, asentí levemente. Cuando había preguntado lo sucedido, me refería a como había llegado hasta ahí, no lo que sucedió antes de esto, la respuesta me dio una punzada en la cabeza ¿Por qué mi madre me ocultaría algo como lo que pasó?

Tal vez confío en el hecho de que se me habría olvidado por el golpe en la cabeza o me encontraría desorientada, y sí, lo estaba, pero no era para que me ocultaría algo como aquello. Me levanté de su regazo con mucho cuidado, evitando al máximo evitar un mareo peor.

Miré alrededor, las personas se veían con un aura de pesadez, tristeza o algo de miedo, tenía un mal presentimiento. A lo lejos, aprecié a Alice acercarse a mi con un paquete de galletas dulces; me sonrió y se sentó a mi lado, ofreciéndome este.

—¿Cómo te sientes?

—Como si alguien me hubiera pateado —miré de reojo a mi madre, quien le lanzó una mirada de advertencia a Alice.

—Si, bueno... te caíste muy feo, sabía que eras demasiado torpe pero no tanto —rió.

—Tienes razón, soy muy torpe y despistada —abrí el paquete y trocé una galleta, el que mi madre se haya empeñado en ocultarme algo así me había quitado el apetito— ¿Dónde está Andrew?

—Bueno, haciendo su actividad favorita; dormir. Nunca lo había visto así, pero después de cuidarte un rato y cansarse eso fue lo que hizo.

—Ya veo, gracias por preocuparse —le regresé el paquete a Alice, quien me miró confundida ya que apenas había comido— voy a dormir otro rato, tal vez estoy más confundida de lo que parece.

Alice entendió la indirecta y se fue después de despedirse de mi madre. A ella le di la espalda y cerré mis ojos nuevamente.

Cuando volví a despertar, solo había unas cuantas lámparas prendidas, a mi lado, mi madre dormía plácidamente. Estiré mi cuerpo estando aún acostada y miré alrededor. Las últimas lámparas se apagaron, y después de ver el oscuro vacío por un rato, me levanté de mi lugar y fui al de Lily, con la esperanza de que ella o alguno de los Jeon estuviera despierto.

No me sorprendió el ver qué el único que no estaba en su lugar era Gabriel; Lily dormitaba, y lo sabía porque respiraba algo intranquilo, así que susurré su nombre.

—Lily, soy Maryam.

Ella abrió sus ojos y me miró a través de la oscuridad, acomodó la cabeza de su hermana que descansaba en el brazo de Lily, y se levantó después de darle toda la manta, después de eso, se acercó a mi.

—Parece que estás bien —suspiró— temía que algo malo te hubiera sucedido, tenía el corazón en la mano desde ese día.

—¿Ese día? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Tres días. Pensé que ya lo sabías.

—No, mi madre se empeñó en decirme que me había caído y que estaba confundida.

El descuido de Lily se hizo presente. Cruzó los brazos por encima de su pecho y suspiró.

—La verdad es que todo esto es un caos, desde ese día, cuando las personas vieron lo ocurrido, desde la chica hasta el como te golpearon, todos están asustados. Creen que si ese tipo fue capaz de asesinar a esa chica de manera sádica y que pudiera golpearte como saco de boxeo sin remordimiento, son capaces de cualquier cosa, nadie confíe en los militares.

—La verdad, no entiendo cómo es que estoy completa. Lo único que me duele es la cabeza.

—Tus amigos te cuidaron mucho, rogaron por algo del equipo médico para poder ayudarte. La verdad, verte de pie es como un milagro, tienes buen sistema inmune.

Suspiré

 —Gracias por preocuparte, y... yo tampoco creo que este sea un lugar seguro. Sacar a las personas por no poder disparar armas y por no ser médicos. El que mi madre se empeñe en esconderme lo sucedido, como si quisiera encubrirlos.

Lily se acercó a mí y susurró en mi oído.

—Estamos planeando irnos, tomaremos nuestra camioneta y provisiones. Aún estamos viendo cómo... eres bienvenida de venir con nosotros.

Lo medité, era buena idea pero aquí estaban mis padres y hermano... aunque no hubiera visto a mi hermano ni a mi padre y aunque mi madre esté encubriendo algo muy importante.

—Gracias, pero no puedo... mi familia está aquí, además, no sería capaz de dejar a Alice y a Andrew, ellos son todo lo que me queda.

—Lo entiendo, pero deberías pensarlo, Maryam. Aquí no aguarda nada bueno.

—Eso parece... ¿Dónde está Gabriel?

—Tiene insomnio, le gusta pasear por el almacén cuando no puede dormir. No lo juzgues mal, es un buen chico, siempre tuvo problemas con nuestro padre, es normal que sea desconfiado, pero es buena persona.

—No desconfío, solo trata de ser un buen hermano y de protegerlas.

—Lo es —sonrió— pero deberías pensar el venir con nosotros.

—Quisiera saber si Alice y Andrew pueden venir. No son malos, siento que no han superado de todo la situación.

—Le diré a Gabriel... ve a descansar Maryam.

—Igual Lily.

Caminé de regreso con mi madre, y al mirar a mi derecha, estaba Gabriel, parado contra una pared y observando la nada, decidí no ir a molestarlo y me acosté en mi colchoneta; cerré los ojos, esperando conciliar un sueño tranquilo, no uno lleno de pesadillas.

Mi sistema despertó después de escuchar unos ruidos extraños. Unas colchonetas más adelante, observé a dos sombras, robustas, podía asegurar que eran los militares, y diferí en si acercarme o no, hasta que escuché unas súplicas femeninas, bajistas, como un llanto silencioso. Los vi cargar a la chica, reír tenuemente y uno de ellos la cargó.

Estaba a nada de levantarme y repelar, pero la mano de mi madre en mi muñeca me detuvo.

—No te metas en más problemas, deja que hagan lo que quieran, duérmete.

Nunca entendería porque mi madre me había dicho aquello ¿Cuál era el afán por dejarlos hacer lo que quisieran? Un grito desgarrador despertó a todos, las luces de encendieron y todos dirigimos nuestra mirada a una puerta de donde salían risas y tales gritos.

No podía permanecer más tiempo ahí, en cualquier momento nos harían eso a mí o a Alice e incluso a las hermanas Jeon.

Mi madre no se inmutó, simplemente se enrrolló más en la sábana y me dio la espalda.

Parecía que el mayor problema no eran los leprosos, sino los humanos.

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