5.

No sabía como salvar a Andrew, por primera vez, él necesitaba de mi ayuda y no yo de la de él; pero a pesar de todos los favores que le debía no tenía ningún plan para poder ayudarlo, él podría pensar que algo similar me había pasado o que seguía esperando en la sala de operaciones.

Alice se había asomado por la puerta con mucho cuidado, ella parecía estar pensando en un plan desde el momento en el que se acercó a observar la situación, no se sentó en el suelo, simplemente, hizo lo que solía hacer cuando se le ocurría una idea que no estaba concisa; caminó de un lado al otro, yo no la detuve, simplemente sabía que lo que pudiera salir de esa cabeza era mil veces mejor de lo que yo hubiera podido hacer.

Entre más me asomaba y podía ver la situación y lo que nos rodeaba, podía apreciar una cosa; eran como una manada o como los perros cuando ven a un gato, todos ladran sin saber la razón en específico, todos van sobre la misma presa sin siquiera ponerse a pensar si alcanzaba para todos, no como personas, es más, ni siquiera podía asegurar que estuvieran pensando correctamente.

Gracias a eso, fue como si la luz me iluminara directamente a mí, si ellos estaban tan ensimismados en lo que estaba detrás de esa puerta, no nos notarían ni a mí ni a Alice.

Cerré la puerta una vez más, esta no rechinaba, así que era un punto a favor, pero entre más estuviera abriendo y cerrando esa puerta, más se gastaría la grasa y en algún momento, esa ventaja de cero ruidos, se convertiría en un gran impedimento para movernos con libertad.

Alice me miró, en silencio, estaba terminando de organizar sus ideas para finalmente, decirme su plan.

—Lo ideal sería que los distrajéramos —dijo, mirando al suelo, era la manera en la que ella demostraba que estaba hablando totalmente enserio, recuerdo haberle dicho que no era una buena idea, pues no resaltaba lo que ella deseaba— parece que con los sonidos se distraen, pero el problema sería el provocar ruido, sin que nos siguieran a nosotras.

—Noté que son como animales, que siguen todo en manada, sin siquiera notar primero que es eso.

—Podemos provocar ruido al otro lado de la sala, cuando todos salgan, cerrar las puertas de ese lado y después sacarlos.

—Suena demasiado fácil como para que no lo podamos hacer, pero pueden resultar cosas en nuestra contra.

—Nunca podemos sacarlos de ahí si no lo intentamos.

Asentí, eso era verdad, no teníamos otra opción el problema era saber qué hacer con exactitud. Teníamos le plan, pero no estaba del todo completo.

—Puedo pasar por la cafetería, ir de extremo a extremo y causar ruido, correr a las escaleras que estan cerca.

—Podrías encontrarte en problemas en el transcurso… nadie podría ayudarte.

Suspiré ante el inconveniente, no sabía si realmente podría salir corriendo sin que uno de ellos me alcanzara.

Observé al techo blanco, esperando a que este me diera la respuesta, en su pulcro y brillante color blanco; las luces que estaban más en el centro titilaban, al parecer había un error en la electricidad, aunque para la situación, me sorprendía que no se hubiera ido ya la luz.

La luz.

El lado del hospital en donde estábamos, daba directamente a una salida, que, si lo pensaba correctamente, no era lo ideal quedarnos ahí y salir por ahí, siendo que estaría lleno de ellos. Sin embargo, del lado contrario, las escaleras daban directo al área subterránea de electricidad, zona que tiene una salida de emergencia.

—¿Tienes aún tu celular?

—Sí, bueno, el del hospital.

—No importa, podemos dejar aquí tu celular, subir las escaleras al piso de arriba, y bajarlas del otro lado, para que quedemos de ese lado, marcamos y cuando suene, todos ellos se irán por el sonido, tu cierras esta puerta y yo cierro las de ese lado, para evitar que los demás vengan.

Mi plan estaba algo revuelto, no podía mentir, podía ver en la cara de Alice que no me había entendido del todo, pero por el momento, ella había aceptado, así que pusimos las cosas en marcha.

Colocamos el celular de Alice un poco lejos de la entrada, para que nos diera el espacio suficiente de poder cerrar las puertas, mi amiga subió el máximo el volumen de su celular y después de eso, subimos las escaleras y nuevamente, emprendimos un cuidadoso camino hacia la cafetería, todo había estado demasido tranquilo, no nos habíamos topado con nada que nos pusiera a correr o que nos detuviera en un lugar.

Nos colocamos en posición una vez habíamos llegado y marqué le número de Alice, al segundo tono, el sonido estridente se escuchó por todos lados, no habíamos pensando en eso antes de idear el plan, pero al menos, todos los que estaban en la puerta salieron corriendo en dirección al sonido; Alice corrió a la puerta cuando todos habían salido y cerró la puerta al mismo tiempo en el que yo cerraba la de mi lado, luego corrió a la otra puerta y yo hice lo mismo, habíamos cerrado todo con seguro y justo en ese momento, el tono dejó de sonar; nos quedamos en silencio unos segundos antes de abrirles a los que estaban encerrados.

Pasados unos minutos, pudimos abrirles y el primer rostro que vi, fue el de Andrew, quien suspiró de alivio al vernos a mí y a Alice; no discutimos mucho, así que comenzamos a cerrar todas las puertas con las sillas que estaban ahí junto con las mesas.

—¿Qué hacían aquí? —pregunté después de un minuto de silencio sin que nadie dijera nada.

—Pensamos que sería buena idea llevar algo de comida, no podríamos sobrevivir si pasábamos mucho tiempo sin comida ni agua, así que pasamos, pero no tuvimos mucho cuidado, se nos cayeron algunas cosas, causó un eco y nos quedamos ahí atrapados, fue sorprendente el ver que no se iba por nada.

—Son como animales, aunque es difícil saber con certeza si siguen viviendo, si es que piensan o siente algo, es más que obvio que quieren satisfacer su necesidad más básica como lo es el alimentarse, pero nunca entenderé porque carne humana o carne viva.

—Tu misma lo dijiste, son animales.

El cielo estaba oscuro por la hora en la que era, así que por primera vez decidí acercarme a una de las grandes ventanas de la cafetería, la luz de la luna era brillante, hermosa, no quedaba con todo el paisaje que podía ver a través de ese vidrio que me impedía estar afuera.

Podía ver personas corriendo, mucha gente fuera del hospital, aún había sirenas de patrullas, tanto quietas como móviles, no podía estar cien por ciento segura del ruido de afuera, no podía escuchar que es lo que había, pero estaba segura que era como lo que se veía, caos.

Alice miró con nostalgia el edificio más grande que se podía ver por le ventanal, donde ella vivía con sus padres, podría mantener la esperanza de que siguieran vivos, pero toda esperanza se vio desvanecida en el momento en el que le salió fuego por uno de los ventanales cercanos a su departamento, así que, con toda la fuerza de voluntad que le quedaba esa noche, se alejó de la ventana.

Ese no era el único edificio incendiándose, pero era de los más cercanos, las columnas de humo me aseguraban que había desde casas hasta establecimientos en completo caos, un incendio total, un caos total.

Washington era un lugar que siempre estaba en movimiento, horas como estas, podías seguir viendo el ir y venir de los autos, las luces de algunos edificios prendidos, pero nada como esto; autos volteados, fuego, personas corriendo, y ellos, siempre ahí.

Es en esos momentos cuando tu mente termina de reaccionar de verdad, que las probabilidades de vivir ya eran casi nulas, casi inexistentes, cualquier tipo de esperanza que tuvieras se veía apagada como la de un fósforo cuando llegaba al final.

El mundo apenas comenzaba a levantarse de una pandemia, a penas iba subiendo a la cima, a penas y las personas estaban superando lo duro que había sido la muerte de seres queridos, la pérdida de trabajos y la cuarentena, estar todo el día metido en sus casas sin poder hacer nada.

Pero no había nada más que decir.

Este era el principio del fin…

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