Los murmullos de las personas se hicieron fuertes, en todos lados se podía escuchar como nadie estaba de acuerdo y el como comenzaron a temer por su vida; el rostro de Lily era de desconcierto, el de Gabriel era de enojo y el de Lucy era de miedo, era más que claro que ninguno de ellos se esperaba algo así.
—¿Tu sabías esto? —preguntó Gabriel, estaba enojado y por su rostro, podría deducir que creía que yo era la culpable.
—No —respondí con rapidez— bueno sí, mi amiga Alice escuchó algo e inmediatamente me dijo eso, vine corriendo con ustedes, me sorprende que hayan tomado una decisión así, mi padre y mi hermano están entre el pelotón de militares, creí que comprenderían que mi madre podría ser una de las afectadas ya que...
—Si tu padre y hermano son militares, es más que obvio que ella no entra en la categoría de inútil.
La manera con desdén con la que pronunció las palabras me hizo sentir mal, me dolió e hice una mueca de disgusto.
—No me preocupo por mí o por Lily, mi preocupación es Lucy —continuó Gabriel— tuve dos años de servicio militar en corea, Lily sabe manejar armas, papá le enseñó, le gustaba cazar, al menos eso fue lo único bueno que le dejó, pero Lucy... ella no sabe nada, podrían echarla por el simple hecho de no poder ayudar.
—Se puede comprometer a aprender y esforzarse.
—¿Lucy? —respondió Lily— no lo creo.
—¡No hablen de mi como si no estuviera aquí! Puedo comprometerme a prender, no siempre van a estar cuidándome, fue lo que mamá dijo, tengo que aprender a sobrevivir por mi cuenta, no puedo depender toda la vida de ustedes dos.
—Lo siento —se disculpó Lily— puedes mentir, di que si sabes, si preguntan cómo, di lo mismo que yo... te enseñaré cuando tengamos la oportunidad.
—Podríamos irnos, prefiero mil veces estar afuera solos que aquí, los malditos nos quitaron todas nuestras provisiones junto con la camioneta, no soy imbécil.
—Igual a mí me quitaron las medicinas y comida que tomé, se hicieron con ellas, tomaron todo y se sienten con el derecho de poder echarnos si lo quieren.
Y lo comprendí, con el fin de salvarnos, estaban tomando decisiones que querían sin importarle los demás. Era un punto que tenía que hablar con papá pero, ¿Cómo hacerlo si ni siquiera lo he podido ver? ¿El habrá estado de acuerdo con esa decisión o fue suya? No me podía imaginar a mi padre tomando una decisión tan grande como esa.
Regresé a mi lugar, ahí estaba mi madre, algo impaciente al ver cómo se acercaban los militares y preguntaban uno por uno, no sabía cómo podían corroborar si decían la verdad, a menos que pudieran comprobarlo. Al acercarse uno de los militares, mi madre se puso aún más impaciente, pero suspiró de alivio cuando nos ignoraron, mi padre debió de haber hablado, no quería creerlo, pero comenzaba a sospechar que mi padre tenía algo que ver con eso.
Durante la noche, cuando todos ya se encontraban dormidos, podía escuchar ruidos en al zona exterior, como rugidos o ronquidos, pero no de las personas a mi alrededor, sino de afuera, de alguien más.
El almacén tenía unas pequeñas ventanas alrededor, caminé silenciosamente y me asomé por una de estas; afuera, estaban los militares, amontonados, en una esquina pude ver a Jacob, lucía cansado, el miraba atentamente a la bola de personas que parecían encubrir algo. De esa zona se escuchaban los rugidos, y pude ver a un leproso, agarrado con cadenas, lo llevaba uno de ellos, y se dirigieron a la zona trasera, pero no solo era uno, eran varios, casi 10.
Pude escuchar una voz cercana a la ventana, era uno de ellos.
—¿Qué sucede si perdemos a varios?
—Menos bocas que alimentar, en un mundo como este, en lo que se ha convertido... debes de pensar en ti primero, no en los demás.
—La mayoría de los resguardados mintió sobre lo que podía hacer con el fin de quedarse.
—¿No crees que los demás hagan algo por dejarlos morir?
—Nosotros mandamos amigo, no ellos, todos nos temen, no hay excepción.
—Así que tu padre forma parte de esa escoria.
La voz de Gabriel me había asustado, así que me di la vuelta de inmediato y me di un golpe en la espalda con algo que estaba en la pared.
—Mierda, no hagas eso. Casi me da un infarto.
—Lo siento.
—Quisiera saber si el forma parte de esa decisión.
—¿Lo defiendes?
—No, ni a él ni a mi hermano, todo esto es demasiado raro, siento que ambos, junto a mi madre me ocultan algo.
—Yo temo por Lucy, ahora mismo, Lily le está hablando de ello, pero no sabemos cómo pueda reaccionar si está frente a esas cosas, vimos a nuestra madre morir, no creo que sea capaz de poder hacerlo, aún no lo supera... cree que ellos siguen vivos, por eso sigue enojada con nosotros por qué cree que abandonamos a nuestra madre.
—No puedo negarlo pero tampoco puedo asegurar que están vivos. Cuando mi paciente murió, su pulso regresó, débil, casi inexistente para poder sobrevivir, pero su corazón latía y respiraba. No sabría si están muertos, pero tampoco si están vivos.
—Esperemos que no lo estén.
—¿Por qué no te agrado? —solté de repente, quería seguir hablando para ignorar mi temblorina por el frío y el nerviosismo.
—No es que no me agrades, desconfío de todos, quiero mucho a mis hermanas y desconfío de cualquiera que pueda hacerles daño... pero confío en la sensatez de Lily, si ella dice que eres de confiar, podré intentar creerle.
—Gracias, por intentarlo.
—Me voy a dormir, intentaré, más bien. Te recomiendo que lo hagas, tus ojeras están para morir —rió, y se fue tranquilamente con sus hermanas.
Yo suspiré y me recargué en la pared, estaba cansada y nerviosa, no quería creer que mi padre y hermano formaban parte de algo tan turbio como aquello. Regresé con mi madre, me cobijé con la sábana e intenté dormir.
Mi sueño fue tan profundo, que al despertar por el grito del mismo hombre de ayer me hizo sentir que apenas había cerrado los ojos.
—Todos están a prueba, si mintieron con lo que dijeron el día de ayer... habrá un castigo —su sonrisa fue macabra, como si esperara a que alguien fallara, quería ver morir a alguien.
Nos levantaron a todos y nos llevaron a la parte trasera del almacén, ahí, había 20 leprosos, quietos, como animales que estaban descansando. El estómago se me revolvió, y la mayoría de las personas se asustaron, fue eso lo que les llamó la atención a ellos; estaban sujetos por cadenas y a su vez, estás estaban sujetas a la pared, pero si ellos comenzaban a jalarse, estás no resistirían.
Estábamos lo suficientemente alejados como para no llamar la atención de alguno de ellos, así que fue demasiado obvio que los militares habían salido a buscarlos específicamente para esto.
—¿Quién quiere pasar a comprobar que no mintió? —el mismo militar del día anterior sonrió con sorna y ofreció una arma pequeña.
No me sorprendió ver a Gabriel acercarse, tomar el arma y disparar rápidamente a dos de ellos para regresársela al militar.
—¿Alguien más?
Vi a Lily susurrarle algo a Lucy, después se acercó y tomo el arma, no pude evitar ver la mirada de lujuria que le dedicó a ella cuánto está no lo veía, hizo lo mismo que su hermano y Lucy se acercó rápidamente y tomo el arma de las manos de su hermana, respiró hondo, cerró los ojos y dio un sólido disparo que le dio en el cuerpo a uno de ello, disparó una segunda vez y esta vez le dio en la cabeza, Lily suspiró de alivio y Lucy regresó con ella, devolviéndole el al hombre.
Este sonrió con sorna, su mirada estaba fija en las hermanas, de una manera morbosa; recargó el arma y miró a las personas, en busca de su víctima; el miedo me hizo temblar cuando me miró.
—Señorita Bladell, su padre habla maravillas de su excelente puntería —me ofreció el arma— ¿Le importaría mostrarnos?
Mi madre me tomó del brazo y negó, pero no podía dejar que me humillara, así que me acerque y la tomé, era bastante pesada, pero no más que los arcos que usaba cuando practicaba tiro con arco. Apunte como mi hermano me había enseñado alguna vez, pero me sentí incómoda.
Mi mente recordó las palabras de mi hermano cuando me vio practicando mi puntería en el patio de la casa, cuando yo tenía 15 años.
"No hay mucha diferencia, solo apunta y jala el gatillo, plantate en el suelo como cuando apuntas con el arco y jala el gatillo como cuando sueltas la flecha".
Sentía la mirada de aquel hombre en mi, no me sorprendería si fuera de la misma manera morbosa como lo hizo con Lily y Lucy. Inhalé y exhalé con lentitud, y apreté el gatillo, fue casi gracioso y sorprendente al mismo tiempo cuando le di en el ojo a uno de ellos, hice lo mismo con el siguiente y con el tercero. Papá solía decir que mi puntería era buena cuando siempre les daba en el centro, fue como si el ojo de ellos fuera la diana en el patio de casa.
Le devolví el arma al hombre, me sonrió burlescamente. Y pensé en decirle algo, cuando lo que sostenía las cadenas de los leprosos, se rompió y los dejó libres.
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