Sentía que las cosas habían pasado demasiado rápidas para mi gusto, no sabía con exactitud lo que estaba pasando; demasiadas personas en un mismo lugar me estresaban y era algo extraño, siendo que en los hospitales había muchas personas en una pequeña zona, pero esto era diferente, era como ir a una plaza pública llena de personas, como si nos estuvieran encerrando como ratas... si, eso era, me sentía como un animal enjaulado.
Nadie, aparte de los militares, podía salir del almacén, estaba prohibido, absolutamente prohibido que alguien decidiera salir por su propio pie a la zona exterior.
A mi hermano y mi padre no los había visto desde aproximadamente como dos días, el único momento en el que pude tenerlos cerca fue el día en el que nos sacaron del hospital y cabe recalcar que no fue por demasiado tiempo, después de que dieron aquel anuncio que me había causado muy mala espina, se tuvieron que ir y no los había visto.
Otra cosa que me preocupaba bastante era el saber si nos íbamos a quedar mucho tiempo en ese almacén, se que, en momentos críticos como estos, lo mejor es encontrar un lugar en el cual esconderse y tener lo necesario para sobrevivir, pero teniendo en cuenta de que éramos demasiadas personas, la comida y suministros médicos y de limpieza no durarían mucho tiempo.
Aunque nos racionaban todas estas cosas, sabía que nada de lo que estaba guardado duraría mucho tiempo, muchos se quejaban por la poca comida que nos daban al día, pero era la misma clase de personas que eran inútiles en trabajar, que no querían hacer nada y que lo que hacían, lo hacían terriblemente mal. La mayoría seguía sin entender al cien por ciento lo que estaba pasando, seguía sin comprender que lo que se conocía como normalidad, había dejado de existir y que, al parecer, la nueva normalidad era lo que se encontraba afuera.
A pesar de no ver a mi padre y hermano, y de estar encerrada, mamá lucía bastante tranquila, le gustaba entablar relaciones con los demás refugiados y de vez en cuando la veía hablando con nuestros vecinos de zona.
Nos habían asignado lugares en el almacén, dependiendo de la cantidad de personas que eran, como mamá y yo dormíamos juntas y solas, nos habían asignado una pequeña esquina del almacén, nos dieron unas mantas y una colchoneta lo suficientemente grande como para que las dos entráramos.
La normalidad con la que la gente se comenzaba a comportar me daba escalofríos, yo no podría fingir que nada estaba pasando en momentos como estos, no se cuento tiempo estuvo fuera cada una de esas personas, pero a mí, el dormir en la cafetería de los hospitales me había colocado los pelos de punta, el tenerlos tan cerca, me hacía sentir fatal.
Yo me había pasado la mayor parte del tiempo junto con Alice y Andrew, a ambos los asignaron cerca, siendo que ninguno tiene familia aquí, sus espacios eran aún más reducidos que el mío. Alice se veía bien, mi sentir me decía que aún seguía en una especie de shock, pero este ya le había durado demasiado, por su parte, Andrew había descargado su frustración, tristeza y enojo, durmiendo; podía notar que este solía tener pesadillas, pero tal vez, para él era mejor dormir y enfrentarse a esas cosas en sus sueños, no me importaban sus métodos, no mientras él estuviera bien.
Por primera vez, en mucho tiempo, mis manos estaban ciertamente, algo tiesas, el frío y la humedad del lugar comenzaba a afectarme, así como el tenerlas quitas demasiado tiempo.
Nuestro equipo de sobrevivientes que se basaba en personal médico y un guardia de seguridad no era el único equipo médico, al parecer, los militares tenían tres médicos, así que esto no sería como en las películas, el ser médico no me salvaría la vida, si ellos quisieran sacarnos a mí y a Alice, les daría igual, porque médicos tienen.
Me había tomado el tiempo de examinar a todas las personas que estaban cerca de mi compartimiento asignado, la mayoría de esas personas como ya había mencionado anteriormente, eran gente que no sabía que sucedía y que quería sobrevivir a algo como el apocalipsis, con muchas comodidades.
Luego estaban la clase de sobrevivientes que eran super callados y que parecía que desconfiaban de todo y de todos. Entre ellos, estaba el chico asiático que siempre estaba con las dos chicas; si era muy sincera, me causaban mucha curiosidad, ya que, a excepción de la vez en la que él replicó, no volví a escuchar su voz, ni que decir de las chicas.
Ese día, Alice había estado durmiendo como Andrew casi toda la mañana y un poco de la tarde, el estar sentada en mi esquina sin nada que hacer me hizo levantarme y caminar directo a la dirección de ellos, nunca había sido alguien a la que le gustara socializar, es más, ese no era mi estilo, pero si estábamos en el fin del mundo ¿qué más daba? Tomé valor y cuando llegué, saludé con mi mejor hola que pude darles.
—Hola. Soy Maryam Bladell, es un gusto.
El chico me miró con desconfianza, y la chiquilla de pelo rosa se encogió a su lado, la única que sonrió, fue la chica de cabello negro y liso.
—Hola, Maryam. Soy Lily Jeon, un gusto —pude apreciar como le dio un ligero codazo al chico a su lado.
—Gabriel Jeon —dijo el chico, aún bastante desconfiado de mí.
Al ver que el chico contestaba, la chica de rosa sonrió ampliamente y dijo su nombre con mucha amabilidad.
—Lucy Jeon.
Comprendí que eran familia, y sinceramente, si no me lo dicen, no me había puesto a pensar en el parecido que tenían, Lucy se parecía más Gabriel de lo que Lily se parecía a él, pero su mayor parecido, era que los tres tenían casi la misma sonrisa.
—Yo sólo vine a ver como estaban y... eso.
—¿Porqué, eres la encargada? —soltó Gabriel en un tono despectivo.
—No le hagas caso a mi hermano —se adelantó Lily— estamos bien, muchas gracias por tu preocupación, la verdad, es que es menos cómodo de lo que lo quieren hacer ver, pero es mejor que estar allá fuera.
—Sí, la verdad es que estar allá fuera es horroroso.
—¿Cuánto tiempo estuviste fuera? —Lucy se veía interesada en decirle mi aventura con los leprosos, y el menos interesado en mantener una conversación era Gabriel— Siéntate a mi lado.
Miré a Lily, la cual asintió y sonrió, así que me senté en el suelo al lado de ella, me daba igual que mi pantalón se ensuciara con el polvo del suelo, mi madre me había prestado un pants que traía en una mochila, junto con una blusa deportiva, mi uniforme médico había pasado a la historia.
—Bueno, realmente no estoy muy consciente del tiempo, no sé con exactitud cuanto fue, tal vez cuatro o cinco días, me había quedado atrapada en el trabajo.
—¿Niñas ricas como tu trabajan?
—¡Gabriel! —reclamó Lily.
—Bueno, no soy niña rica, la verdad es que vivía separa de mis padres y el dinero del trabajo me alcanzaba lo suficiente para lo necesario y cosas extras, sobre todo porque me la pasaba metida en el trabajo, era médico cirujana y la primera vez que tuve contacto con los leprosos fue cuando mi paciente murió en la mesa del quirófano y a los minutos revivió con un pulso casi inexistente.
—¿Les llamas leprosos?
Asentí hacía Lily
—En el hospital los llamamos así, ya que la mayoría de los infectados tenían úlceras en el cuerpo con fluidos purulentos que se parecían mucho a la lepra.
La expresión en el rostro de Gabriel se relajó, al parecer, el que le haya dicho que no era la niña de mami que él creía que era le hizo tener suficiente confianza en mí.
—¿Qué pasó con ustedes?
—Bueno —Lily suspiró— Igual estábamos en el trabajo, Gabriel y yo estábamos terminando la sesión y Lucy estaba en esperándonos, ella apenas llegó hace una semana, iba a trabajar en el mismo lugar que nosotros; nuestro manager parecía estar bien hasta que escupió sangre en el suelo, ahí se descontroló todo, el ruido que provocamos por la impresión de la situación atrajo a uno de ellos y comenzó a comerse a todos, luego fue nuestro manager y así sucesivamente; Gabriel fue el que nos sacó de ahí.
—Me robé una camioneta —dijo, orgulloso.
—Es la que está fuera del almacén.
—¿La gris?
—Exacto, anduvimos vagando por mucho tiempo, cuando parecía que las cosas comenzaban a calmarse, robamos comida de un OXXO y medicinas de una farmacia que vendía genéricos... el ejército nos encontró y bueno... nos salvamos.
—¿De qué trabajaban?
—Modelaje.
No me sorprendía, el cuerpo de ambos era digno de una revista con caras bonitas, ellos eran eso. No los seguí interrumpiendo, así que me despedí y fui con Alice, con la esperanza de que estuviera despierta, pero al llegar ella no estaba en la colchoneta; me senté en su lugar a esperarla y después de lo que fue una hora —ya que me puse a contar los segundos y minutos— llegó, su rostro lucía nervioso y cuando me vio, corrió hacía mí.
—Maryam —susurró— se van a deshacer de nosotros —dijo asustada.
—¿De que hablas? —susurré igual.
—Espié algo que no debía de espiar, pero uno de los militares dijo que se desharían de las personas innecesarias, dijeron que eran muchas bocas que alimentar y personas inútiles de las cuales cuidar, que se quedarían con las personas que fueran útiles.
Era claro que sus intenciones no iban a ser cuidarnos por la eternidad, pero no podía creer que hablaran, así como así. Probablemente el equipo médico tendría una oportunidad, pero personas como mi madre no, al igual que los Jeon, ellos no podrían irse, así como así, sólo son tres, contando con que puedo asegurar que todas sus provisiones se las quitaron como a nosotros nos quietaron toda la comida y medicamentos que llevábamos.
Así que corrí hacia ellos para poder avisarles, pero cuando llegué a ellos, el mismo tipo que había dado el aviso, dio un portazo de entrada.
—Personas que no sepan manejar armas o no sean del sector salud, vayan tomando sus cosas porque no pueden quedarse sin aportar nada.
Maldito desgraciado.
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