Nuestro lugar de encuentro con los demás, era el quirófano donde todo había empezado para nosotros, se suponía que Andrew había ido a ver si los pacientes más cercanos se encontraban bien, las enfermeras y demás equipo iban a volver con él, se podría decir que ese era nuestro grupo.
Cerré la puerta que daba hacia el pasillo y después de eso, me acerqué al área en donde permanecía el cuerpo del que fue nuestro paciente, me acerqué a la bandeja de instrumental y tome unas tijeras, cualquier cosa con punta me podría servir en este momento.
Quisiera decir que mi humanidad me impediría asesinar a una de esas cosas. Yo soy médico, yo no quito vidas yo las salvo, pero me pondría a pensar en si aquellos, estaban vivos o muertos. A pesar de toda la situación, Alice se veía bastante tranquila, tal vez, ella sabía que no estaba en el momento adecuado para permitirse a si misma poder llorar o soltar toda su frustración.
Me senté a su lado, estaba en el suelo, viendo a la nada, viendo a una esquina de la habitación, tal vez, buscando algo que le diera las respuestas a todas sus preguntas; le entregué las tijeras que había tomado, todo lo demás lo había echado a mi mochila y tomé el bisturí que seguía en el cráneo de mi paciente, lo limpié con una de las gasas que estaban por ahí y lo mentí a uno de los bolsillos de mi filipina. Alice tomó las tijeras que le ofrecía y me dio una media sonrisa, no era el mejor momento para decir que estaba feliz.
El silencio era abrumador, para ser un hospital, todo estaba demasaido tranquilo, nunca había visto tanto silencio en un lugar como este, siempre había gritos, ruidos, o las máquinas pitando... el silencio que estaba invadiendo el espacio me estaba asustando, muchas veces, el silencio podría ayudar a sentirse mejor, pero en esta ocasión, el silencio no era bueno.
Con el paso del tiempo, me di cuenta de que llevaba horas sentada en la misma posición, esperando algo que no llegaría, mis piernas estaban entumidas y el trasero me hormigueaba por lo mismo; podría decir que Alice seguía en una especie de shock silencioso.
Estiré un poco mis extremidades y me dirigí a la puerta, miré a los alrededores, todo seguía igual de vacío y silencioso. Suspiré con fuerza, miré mi celular, el cual tenía el 80% de batería, ya era la una en punto de la madrugada, sabía que no podíamos seguir esperando a Andrew, no cuando probablemente, nunca iba a llegar.
-Alice, no podemos seguir esperando a Andrew, llevamos horas aquí, esperándolo a él y a los demás, es mejor que nos movamos.
Los ojos de Alice estaban rojos, esos bonitos ojos verdes estaban bastante rojos, era de esperarse, a esta hora, ella ya estaría en su casa, durmiendo; pero no, estaba aquí, aguantando las ganas de llorar; ella asintió, aún perdida en su mundo, pero a mi parecer, ella si comprendía que no podíamos quedarnos para siempre ahí.
-Trataremos de llegar a la cafetería.
El llegar a la cafetería sería una completa odisea, el que el área estéril estuviera casi vacía, no implicaba que las demás áreas del hospital estuvieran igual.
Tenía miedo, mucho miedo de terminar igual que mis compañeros, que los pacientes, no quería irme sin siquiera poder ver a mi familia una vez más, así que al menos, trataría de aguantar todo lo que pudiera, no me rendiría tan fácilmente.
Alice me siguió de cerca, así como yo, miraba a todos lados en busca de algo extraño, pendiente de cualquier cosa que pudiera presentar un peligro, así como también, en busca de Andrew y los demás. Casi era como un milagro el que no encontráramos nada, mi mente divagó en que probablemente, la mayoría de los infectados se encontrarían en las zonas con mucha aglomeración de gente, como en recepción y en urgencias, fue cuando comprendí que probablemente, uno de los lugares con más gente, podría ser la cafetería, pero no había un lugar en el que pudiéramos tener la suficiente comida que no pereciera tan rápido.
Teníamos que pasar por la zona de recepción si lo que queríamos era llegar hasta la cafetería, respiré hondo cuando estábamos cerca y cada vez que nos acercábamos, podía darme cuenta de la cantidad de sangre que comenzaba a ser parte del suelo y las paredes, definitivamente.
Abrí con lentitud la puerta, esta no chirreaba así que me ayudó en cierta manera, escuché ruidos chiclosos, como el de alguien comiendo un chicle de manera escandalosa, y fue de esa manera en la que pude ver, como se comían a trozos a alguien, una mujer, de cabello rubio, por la mata de pelo que salía de entre todos esos cuerpos que comían como lo que eran, como animales salvajes.
Aproveché esa distracción, y a pasos silenciosos no acercamos a otra de las puertas que nos llevarían a las escaleras que solíamos usar para ir y venir e piso a piso, no usábamos el elevador a menos que tuviéramos que llevar a un paciente, así que, probablemente, todos esos años de subir y bajar corriendo escaleras me habían ayudado a no sentir pesado el bajarlas, justo uno de los días más cansados de mi vida, tal vez, era el cansancio mental el que me hacía sentir que había estado todo el día en una cirugía muy complicada.
Las escaleras eran de los lugares menos concurridos de todo el hospital, era rara la persona que decidía usarlas a excepción del personal del hospital, así que estas estaban limpias y solitarias, como casi siempre era, fue un alivio para mí, y el rostro de Alice también lo demostraba, sobre todo, hablando del hecho de que la escena anterior la había dejado un poco petrificada.
Habíamos llegado a la puerta que daba a la cafetería, estaba lista para abrirla, dispuesta a todo lo que pudiera encontrar ahí adentro, lo sorprendente fue que, al abrirla, no había nada, se podía ver el desorden por todos lados, el claro ejemplo de que ahí hubo una batalla, pero al observar por todos lados, pude darme cuenta de que la mayoría de "ellos" estaban peleando contra una puerta cerrada, manchaban con sus manos ensangrentadas el pulcro color blanco. Alguien estaba encerrado en ese lugar, alguien estaba peleando contra todos esos, lo que me sorprendía, era que la puerta aún no hubiera sido derribada, como lo hizo Giselle.
Un error garrafal que pude escuchar y del porqué todos "ellos" estaban ahí, fue el grito, el nombre gritado, el de Alice y el mío.
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