6.

El tiempo encerrados en la cafetería nos estaba matando, había perdido el sentido del tiempo, no me encontraba en las mejores condiciones para decir en que día de la semana me encontraba, es más, no estaba ni siquiera segura de que mi celular me dijera la verdad, así que desde el día en el que nos habíamos quedado encerrados, había contado 4 días.

Comida aún había, limpieza, en lo absoluto, podía sentir que todas las partes de mi cuerpo apestaban y que el cabello lo tenía más grasoso que nunca, pero eso era lo menos importante; había sido denigrante hacer del baño en una bodega que desocupamos, tratábamos de no comer demasiado, no sólo para que la comida rindiera lo suficiente, también, para evitar deshacernos de lo que nuestro cuerpo ya no requería.

En completo silencio, lo ruidos del hospital eran horripilantes, hablábamos en voz baja, pero cuando dormíamos, era difícil conciliar el sueño, pues siempre escuchábamos los ruidos que provenían de fuera de las puertas, al menos ellos estaban conscientes de que no estábamos ahí.

Mi celular estaba a punto de morir, con el 15 por ciento e batería, había evitado usarlo en lo más posible y lograr que la batería se extendiera por cuatro días, pero a pesar de eso, no había señales de mi hermano.

La ciudad se veía cada vez más solitaria, como si todas esas personas que alguna vez existieron, hubieran desaparecido de la noche a la mañana, sólo se podían ver las columnas de humo de lugares que aún no terminaban de consumirse. Era gracioso como ni siquiera había llovido.

Ninguno de nosotros se encontraba en capacidades óptimas de poder seguir con todo esto, las ganas de vivir se desvanecían con cada raya que colocaba en una de las paredes, nadie estaba dispuesto a siquiera salir del hospital para poder salvarse.

El pensar en que nosotros nos encontrábamos mal con compañía y comida, me hacía sentir mal, pensando en mis pacientes, los que ni siquiera fui a buscar; siempre había existido eso de que, mis pacientes primero, mis pacientes después y hasta el último mis pacientes… después de todo eso, estaba yo, porque tenía encargada la vida de los demás, pero… esta vez, no puedo encargarme ni de mi propia vida al cien por ciento.

Alice había evitado asomarse a las ventanas, quería evitar el sentirse mal, yo también había querido dejar de hacerlo, pero sentía que no podría soportarlo.

El celular decía que eran las tres de la mañana, tal vez más, tal vez menos, el cielo estaba oscuro y la luna en su máximo esplendor, pero eso no me decía nada.

Fue en ese momento, mientras trataba de dormir, fue cuando mi celular vibró y la imagen de mi hermano apareció en la pantalla, esperanzada, descolgué la llamada y sí, era su voz.

—Jay —dije, casi a punto de llorar.

—Mary —suspiró al escucharme— ¿Sigues en el hospital?

—Sí, ¿tu dónde has estado?

—Hemos tenido problemas, pero por fin logramos llegar… ¿en que parte del hospital estas?

—Estoy en la cafetería junto con algunos sobrevivientes, ¿tú ya vienes?

—Sí, las calles están llenas de ellos, no podrán salir por la puerta principal y si pudieran, el helicóptero atraería a muchos de ellos, necesito que me hagas un favor si es que quieres salir de ahí.

—Dime.

—Tienen que ir al techo, los recogeremos.

—Sí, claro que sí… ¿en cuanto tiempo llegarán?

—En minutos, tienen que subir ya.

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