Sale y me dispongo a trabajar, desde que llegó Rebeca a la empresa hemos creado una linda amistad, es un poco alocada pero buena gente, siempre me invita a sus salidas y pero de imaginarme como son, invento algún cuento.
Hoy es martes, le coloco la correa a azabache, la subo al carro, vamos camino a la estación de autobuses, para recoger a mi hermanito, bajo los vidrios y la muy descarada saca un poco la cabeza para que le pegue el aire, al llegar pregunto si ha llegado algún autobús del interior, me informan que no, me dirijo a la sala de espera y de pronto veo un rostro familiar, al hombre de la tienda de la chaqueta, con un gran ramo de flores, sentado en uno de los bancos, a su lado había una niña pequeña que jugaba y se reía de las cosas que él le contaba, tenía los mismos ojos que él y la misma sonrisa burlona, tiene que ser su hija, digo mirándolos.
Hay Diosito que no me ve, tengo que pasar por delante de ellos para ir al fondo de la sala donde hay asientos disponibles.
Agarró con fuerza azabache y pasó lo más rápido que puedo, pero la niña miró a la perrita y salió corriendo hacia nosotras.
Niña: hola, ¿es tuyo este perrito?”.
Mariana: Sí.
Niña: “¿cómo se llama?”.
Mariana: con rapidez y sin pararme, contestó: Azabache.
Desconocido: veo correr a Fabiana hacia donde está una perrita, y mira quien esta con ella, la gruñona de la tienda, me levantó y me acercó a ella, sonriendo.
Niña: “¿azabache?” – sonriendo y caminando a su lado, - “¿por qué se llama así?”.
Mariana: nerviosa, quise apresurar el paso, pero la niña me lo impide, de pronto escuchó aquella voz ronca.
Desconocido: “qué pequeño es el mundo, ¿verdad?, mira donde nos volvemos a encontrar”.
Mariana: No me queda más remedio que detenerme, dirijo la mirada hacia ellos, vi cómo tomaba de la mano a la niña mientras me miraba con una sonrisa y decía.
Desconocido: “El otro día no me dio tiempo a presentarme, me llamo Darío Mendoza” - dijo tendiendome su mano libre, mientras con la otra sujetaba a la niña y el ramo de flores.
Mariana: después de suspirar y darme por vencida ante aquella mirada penetrante, le di la mano libre y digo - “encantada, Darío, mi nombre es Mariana Díaz”, - él sonrió.
Niña: “¿cuántos años tiene la perrita? - preguntó jalándome la camiseta”.
Mariana: convencida de que ya no podía escapar, me agachó para poder hablarle de frente a la niña - “ahora tiene dos años” - dije mientras azabache se tumbaba patas arriba para que la toquen, - “le gusta que la acaricien, se pone así para que le hagas cosquillas en la barriguita”, sonrió y la tocó, - “¿cuántos años tienes tú?”.
Niña: abriendo más sus ojos azulados, dijo con una sonrisa, - “yo tengo cuatro años, y a mí también me gusta que me hagan cosquillas en la barriguita, ¿verdad, papi?”.
Darío: desde su altura, sonrió, adoraba a su hija por encima de todas las cosas.
Mariana: sonriendo, - “¿también tienes cosquillas?”, - le tocaba la barriguita a la niña y esta se escondía detrás de las piernas de su padre riendo, azabache, al verla jalo, se levantó de un salto y se enredó entre las piernas de todos, y por un rato los tres se estuvieron riendo de la situación.
Niña: reí a carcajadas, - “mira, papi como en la película de 101 dálmatas”.
Darío: cuando logramos desenredarse dije, - “esta locutora es mi hija Fabiana, te habrás fijado que es un terremoto, y está en la edad que pregunta por todo”, aclaró con una sonrisa en los labios.
Mariana: asentí y sonreí, - “tengo dos sobrinos que son igual de tremendos”, - de pronto anunciaron la llegadas de los autobuses, sin pensarlo, al ver la oportunidad de alejarme, dije, - “Bueno, Darío, encantada de conocerte, por cierto, ¿te compraste la chaqueta?”, - preguntó ella haciéndolo reír.
Darío iba a contestar, cuando empezamos a oír la voz de un hombre que me llamaba, era Juan David, que caminaba hacia nosotros, al verme agitó la mano, mire a Darío y a Fabiana, me despido de ellos deseándoles una feliz Navidad y próspero año nuevo, después corrí abrazar a mi hermanito.
Darío: la seguí con la mirada, hasta que mi hija atrajo mi atención al empezar a dar gritos, metros más atrás una mujer nos saludaba, era mi madre Gina.
Gina: “¿pero quién es esta niña tan preciosa?”, - preguntó mi madre con una dulce voz.
Fabiana: contestó abrazándola - “soy yo, abuelita, Fabiana”.
Darío: acercándome a mi madre, la besó con cariño y le doy el ramo de flores - “hola, mamá, cada día estás más joven y más linda, ¿qué tal el viaje?” - preguntó mientras recojo las maletas.
Gina: miró a su hijo y ambos comenzaron a hablar, qué orgullosa estaba de él, solo salió adelante con su hija eso le hacía feliz.
No muy lejos de ellos, Mariana estaba como loca con la llegada de su hermanito, tenía seis meses sin verlo.
Juan David: sonrió abrazándola - “¿cómo está hermanita?”.
Mariana: feliz de verte.
Juan David: se agachó para tocar a Azabache, que saltaba y ladraba a su alrededor, - "hola Azabache, estas hecha una preciosidad".
Abrazados, nos dirigimos a la salida de la estación de pasajeros, cuando hoy una vocecita que me llamaba, me giré y era Fabiana, rápidamente la agarró de la mano.
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Comments
🇻🇪🌹❤️🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
disculpen soy venezolana y e ido a la capital.de Caracas a la Guita hay 40 minutos de distancia y hay carros a toda hora para ir de Caracas a la guiara y viceversa, y si ella es de un pueblo cercano a la Guaira pongamosle dos horas cuando mucho y yo vivo en Lara a 5/4 horas de la capital si viajo en buscaba son 5 horas y si es en carro particular es 4. Hay que tomar encuenta eso a la hora de escribir no se si sea de acá de Venezuela la escritora. y me disculpa la corrección
2023-02-01
4
Erica Godoy Silva
🤣🤣🤣🤣
2023-01-17
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