capitulo 7

Te apetece bailar? –una voz profunda me llega desde arriba, alzó la vista y es el hombre con el me tope en la terraza –Pues… Bueno, yo..- recuerdó las estrictas instrucciones que me había dado Mariano antes de volver a reunirse con sus colegas, que permaneciera sentada en lo que el regresaba, Pero ¿qué daño podría hacerle un baile? Tenía el resto de mi vida para ser una esposa obediente, además solo me quedaban pocas semanas libre y lo debía disfrutar, de inmediato acepto y me levanto de mi asiento, nos dirigimos a la pista de baile.

Al llegar me pone una de sus grandes manos sobre mi cintura y siento como si una corriente electrica traspasara mi piel. Me atrae hacia el y pongo mi mano sobre su pecho; ¡oh dios! que perfectos pectorales tiene, nariz recta, labios atrayentes, incitadores y carnosos, tan masculinos como su mandíbula cuadrada, su barba de apariencia de dos días me está volviendo loca muero por pasar mi mano por su mandíbula,bailamos y yo me siento como en la nubes tiene una forma muy elegante de bailar, siento que todo alrededor de nosotros se desvanece solo siento sus brazos que me rodean y me gusta la sensación que nos envuelve. No sé cuántas canciones bailamos pero no quiero que me suelte, ninguno de los dos a dicho ninguna palabra durante todo este tiempo solo nos limitamos a bailar y a robarnos miradas que hace que me cosquillee la piel.

No sé cómo es que llegamos a la terraza en dónde nos encontramos hace rato pero a diferencia de la primera vez, caminamos hacia un lado de la terraza donde hay unos biombos decorados con flores que nos dan un poco de privacidad, no quiero que Mariano o algún otro invitado nos interrumpa de nuevo todavía no quiero que se termine mi tiempo con Kristo, no me había dado cuento que todo este tiempo estamos tomados de las manos y no quiero que me suelte, me acerco a la barandilla de balcón y me paro de frente a Kristo, sus ojos color ámbar me miran intensamente los labios, me toma de ambas manos y las deja apoyadas en mi cadera, baja lentamente su cabeza hacia la mía se que me va a besar y no lo detengo por qué yo igual quiero que lo haga.

-Eres tan hermosa –murmura acariciándome la mejilla con el pulgar, esa pequeña caricia hace que me estremesca de placer. nuestros labios se unen con firmeza, juntando nuestros alientos, bocas húmedas y resbaladizas. Kristo me acaricia la cadera antes de soltarme para sujetarme por la nuca. nuestros labios deslizándose, devorándose entre sí. Las sensaciones son demasiado intensas: el sabor a licor de menta, el aroma que su piel desprende, su aliento, recorre mi labio inferior explorándolo con precaución, antes de apoderarse de él hábilmente y de metérselo en la boca. El primer contacto fue tímido, pero en seguida se volvió sensual y erótico, como el de dos amantes. El calor se apoderó de mi y el baile de dos se convirtió en un tango de uno.

Tiró de él para acercarlo más. Le enredó las manos en el pelo y quedó aprisionada entre su cuerpo y la barandilla de la terraza, un sonido sale de su garganta, un gemido intenso, fiero y erótico, recordaría este sonido y esa manera de vibrar contra su boca durante el resto de mi vida. Siento la sangre correr por mis venas, caliente y espesa, haciendo que mi piel se ruborizara. Nunca había deseado nada con tanta intensidad como sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo y sus labios contra los mios. Un fuego se encendió cuando nuestros cuerpos entraron en contacto, curvas suaves contra acero inquebrantable. Estábamos tan juntos que habría jurado que podía sentir el corazón de el através de la camisa.

Deslizó la mano por debajo para tocarle la piel de la parte baja de la espalda. Volvió a gemir cuando su mano alcanzó ese lugar.

Isabella empezó a respirar entrecortadamente. Le faltaba el aire, no quería detenerme, Quería seguir y acabar lo que habían empezado. Quería explorar cada centímetro de su piel. Mirarla a los ojos mientras su cuerpo me revelaba sus secretos.

Casi podía oír el corazón de ambos latiendo frenéticamente al unísono. Bajó la vista hasta sus labios, aún entreabiertos, y volvi a besarlos con reverencia, no tengo suficiente de ella,le acarició el cuello con los labios, muy suavemente, descendiendo hasta llegar al punto donde el cuello se unía con el hombro...

De pronto empezamos a escuchar unos murmullos, tan absortos estábamos que no nos dimos cuenta en qué momento los invitados salieron a la terraza, Isabella inmediatamente se queda paralizada entre mis brazos, a pesar que nadie puede vernos por qué estamos en una de las esquinas y los biombos nos protegen envuelvo entre mis brazos a Isabella.

Nos quedamos quietos un momento en lo que nuestras respiraciones se calmaban. yo aún tenía entre mis brazos a Isabella que tenía su cara enterrada en mi pecho.

-Ven conmigo- le sugiero, ella alza su mirada para encontrarse con la mía.

-No puedo, esto...

-No puedes o no quieres- no la dejo terminar de hablar, la acerco más a mi cuerpo, para que sienta mi exitacion, - se que tú también lo deseas.-bajo mi boca para tomar sus labios y no me detiene.

siento sus labios contra los míos, y se que debo apartarlo pero no puedo, mi deseo por el es s más fuerte que mi racionalidad, no se hacía ilusiones sabía que no volverían a verse después de esa noche así que Le estimuló saber que, esa noche, él la necesitaba tanto como ella a él. tomando una respiración profunda tomo una decisión

-De acuerdo iré contigo.

me da un último beso y se aparta de mi, caminos para entrar nuevamente al salón, siento como late otra vez rápidamente mi corazón, en la distancia puedo ver a mis padres hablando con los padres de Mariano, camino unos pasos más adelante que Kristo

-No puedo irme así sin más, necesito justificar mi ausencia- se que si no lo hago mi padre no para hasta que me encuentre, Kristo me alcanza y desliza su mano izquierda contra mi mano derecha, me sorprendo por el contacto y lo volteo a ver.

-Es la tarjeta de la habitación, te estaré esperando- dicho esto camina hacia la salida del salón.

Siento que mi corazón quiere salirse de mi pecho, se que es una locura encontrarme con un tipo al que apenas conozco en una habitación, pero no puedo dejar de pensar en las emociones que hace despertar en mi, camino a paso rápido hasta llegar a dónde mi familia y me siento junto a mi madre, al darse cuenta de mi presencia me voltea a ver, con preocupación en sus ojos

- Isabella dónde haz estado, Mariano te está buscando,

-No me sentía bien, y salí a refrescarme un momento-

le digo a mi madre, pero ella no deja de mirarme

-Estas sonrojada, ¿segura que ya te sientes mejor?

Me sonrojo aún más al pensar el motivo

-No, deseo ir a descansar un momento- ella asiente y se voltea para hablar con mi padre, el escucha lo que le dice mi madre y me mira

-Espero que no sea una excusa para no cumplir con tus obligaciones, dile a Mariano que te acompañe - exclama mi padre.

Siento como se me va el color de mi cara por sus palabras, no puedo dejar que Mariano vaya conmigo.

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