16

El aire sé volvió horriblemente denso. Algo muy siniestro quedo implícito tras las últimas palabras de Yako, que cayeron sobre la mesa del comedor como una bomba.

Todos nos quedamos muy quietitos y callados. Casi podían verse a simple vista los engranajes girando dentro de la cabeza de Víctor, intentando desenmarañar todo lo que aquello implicaba.

Por su parte, el horror había quedado grabado en el rostro de Nory y Pri, pero nadie dijo nada.

Yako se dejó caer en su silla, esperando que el shock pase y los demás puedan digerir las últimas noticias.

Yo centré mi atención en mi plato, como si acabara de descubrir una obra de arte maravillo, repleta de miles de detalles muy pequeños. No me atreví a mirar a los demás.

Aun así, podía escuchar claramente los dientes de mi zombi rechinando, tenía el cuerpo completamente tenso, como que si liberara toda esa tención saldría disparado hacia el espacio.

- ¿Crees que haya alguna posibilidad de que aun los estén vigilando?

Di un respingo, la pregunta de Adrián me tomo completamente por sorpresa. Otra vez olvidé que estaba allí sentado.

-Eso me temo.

Víctor respondió con un pesar enorme. El miedo más profundo, que albergó desde que lograron escapar de aquel pueblito apartado de la mano de Dios, donde creyeron que tuvieron la suerte de aparcar, desamparados, enfermos y con dos pequeños. Todo se había hecho realidad. En realidad, aún no habían escapado.

Mi zombi se puso de pie lentamente, lo que me sorprendió, y hablo con una tranquilidad admirable, lo que me sorprendió aún más.

-Debemos averiguar cuál es la finalidad de todo esto. ¿Qué es lo que quieren de nosotros? ¿Por qué o para qué nos liberaron? Solo así vamos a saber exactamente a que nos enfrentamos.

Entonces la realidad me cayó sobre la cabeza como un baldazo de agua helada. Esa era la verdadera razón para todo el trabajo que desplegaron durante todos estos años, toda la investigación y el espionaje. Ellos quieren enfrentarse. Mi zombi quiere enfrentarse.

De repente la solidez del suelo se convirtió en arena movediza, la habitación a mi alrededor dio un giro de 360°, la visión se me puso negra y escuché muchas sillas arrastrando las patas en el piso, apartándose de la mesa. Lo último que pude ver fue la mirada preocupada de mi zombi y sentí como su mano atajaba mi

cabeza antes de que golpeara el piso.

Luego, solo oscuridad.

Corro. Corro por un bosque de árboles muy altos. Los árboles son pinos exactamente iguales entre sí, no logro orientarme, pero tampoco me importa. Debo huir. Siento como los pulmones me queman, igual que los muslos, de tanto correr. Puedo sentir como se me desgarran los pies y se me pegotean de sangre con cada piedra y rama que piso. Estoy descalza.

Escucho el estruendo de un disparo y, enseguida, un zumbido en mi oído derecho, seguido de astillas volando tras el impacto en un árbol que pasaba en ese momento a mi lado. Nos están disparando. Nos están cazando.

Nos…

Giro la cabeza a mi izquierda y veo que mi zombi corre a mi lado, tiene una expresión de intenso terror en el rostro. Estamos corriendo por nuestras vidas.

Él nota que lo estoy mirando y también me mira, sonriéndome de lado, de esa manera que hace que el corazón se me derrita. Pero no llego a devolverle la sonrisa.

Escucho el estruendo, el zumbido en mi oído izquierdo y puedo ver como la sonrisa se le congela en el rostro. Cae al suelo, pero, producto de la inercia por la velocidad a la que corríamos, rueda por el suelo de tierra y ramas como un muñeco de trapo.

A mí me toma varios metros poder detenerme. Volteo y lo veo tumbado boca arriba, respirando con dificultad. Desesperada, ya no me importa que nos están disparando, solo corro hacia él y me arrodillo a su lado.

Solo puedo observar como la sangre sale a borbotones por su boca y nariz, pero no logro encontrar la herida que hizo la bala.

-Por favor, por favor no me dejes, por favor.

Miro desesperada hacia todos lados, buscando ayuda, algún rostro amigo. Lo único que veo son astillas y tierra volando por todos lados, y como la vida de mi zombi se me escurre entre los dedos.

Él solo tosía e intentaba respirar desesperado, lo tome por los hombros y acomode su cabeza sobre mis rodillas, de ahí lo enderece un poco más y acomode su cabeza en mi pecho, rodeándolo con mis brazos, en un inútil intento de protegerlo.

Solo podía llorar, ya ni hablar puedo.

Él juntó todas las fuerzas que le queda y poso su mano sobre mi mejilla, yo la atrape con mi hombro.

-Tan… calentita…

El cerro sus ojos y yo cerré los míos, el dolor que sentí en mi pecho me invadió el estómago y luego todo el cuerpo. Un dolor tan intenso que nunca antes había sentido.

Puedo sentir claramente la piel de su mano sobre mi mejilla, el calor que emana de ella. No estoy segura de en que momento los estruendos y zumbidos fueron reemplazados por el cantar de los pajaritos, un poco a la distancia.

El frío de aquel bosque fue reemplazado por una calidez muy acogedora. Los pies ya no los sentía en carne viva, pero el dolor del resto de los músculos si seguía allí aún.

Abrí los ojos lentamente. Cuando pude enfocar la vida, sentí que me sacaban del pecho una enorme piedra terriblemente pesada.

Mi zombi estaba allí, muy cerca de mí, con una mano sobre mi mejilla. Me senté lo más rápido que mi cuerpo resentido me permitió, ocasionando un intenso mareo, y me prendí fuertemente de su cuello.

Metí mi rostro en el hueco entre su cuello y su hombro, respiré profundamente percibiendo su perfume favorito y, debajo, su aroma personal que me embriaga todos los sentidos. Pude sentir latir su carótida contra mi frente y el calor que emana su cuerpo. Aún tenía su mano en mi mejilla.

Toda la angustia y el dolor se descargaron en forma de cataratas interminables en mis ojos. Casi no podía respirar entre los sollozos y el estómago lo sentía como si se me fuera a romper.

Él tomó suavemente mis hombros y me aparto, en contra de mi voluntad, para poder mirarme de frente. Yo no quería que me viera en ese estado, las lágrimas y los mocos se habían hecho uno en mi barbilla y la comisura de mis labios. Obviamente, mi espléndido maquillaje había quedado, gran parte, en el cuello de

su camisa y, la otra parte, me dejo surcos en el rostro.

Me escudriño intensamente sin decir palabra y yo solo podía devolverle la mirada, intentando grabar a fuego en mi memoria cada detalle de aquel rostro que tanto amo, con el temor aun latente de que, algún día, ya no lo pueda volver a ver.

Solo ese pensamiento consiguió que otro aguacero de lágrimas se desate.

-Ya amor, ya no llores. ¿Qué sucede? ¿Te duele algo?

No sabía cuanto amaba esa voz hasta ese preciso instante en que desee que jamás callara.

Abrí la boca para confesarle la verdad y rogarle que no quiero que vaya, que se quede conmigo, que todo aquello es demasiado peligroso y no puedo perderlo, no sé qué sería de mí si lo perdiera… que lo van a matar.

Pero en un segundo de lucidez me di cuenta de la situación. Me encontraba en su habitación, acostada en su cama y el comedor aún se encontraba lleno de gente. No es el momento.

-Prefiero… que lo hablemos… luego…

Respondí lo más claro posible entre los hipos de congoja, pasándome el dorso de la mano por las mejillas, en un intento inútil de arreglar el desastre que es mi rostro.

Él me miro como si me hubiera vuelto completamente loca, pero asintió con lentitud.

-De acuerdo, tomate el tiempo que necesites. ¿Querés que me quede acá contigo o regreso con los demás?

-No, no, regresa con ellos. En unos minutos me les uno yo también.

Intente sonreírle, queriendo demostrar que estaba bien, no sé que tan eficaz fue porque él me devolvió una mirada demasiado parecida a la lástima.

-Ok, si necesitas algo solo llámame. -Se puso de pie y se dirigió a la puerta. Justo antes de salir, se volteó y me dijo. - ¿Sabías que te amo enormemente?

Yo solo pude agitar mi cabeza de arriba abajo, no demasiado rápido, ya que no quería volver a marearme.

Él sonrió levemente y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

El vacío, me encontraba sola flotando en un enorme vacío. Comencé a moverme por la habitación, buscando los elementos para poder arreglar mi patética imagen.

A cada segundo me asalta esa horrible imagen, su rostro, su hermoso rostro, salpicado de sangre y sus dorados ojos, opacos y sin vida, mirándome fijamente.

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Zorkunde Anchia Zugadi

Zorkunde Anchia Zugadi

vbklsh jvripppp khdsas

2023-05-30

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