Mientras Yako me deleitaba con sus maravillosas historias de acción y espionaje yo me encontré completamente embelesada. Los gestos que hace, mientras cuenta con los ojos brillantes, sus hazañas mas increíbles, sus rasgos naturales resaltan y parece que su madre lo moldeo con las manos.
Yo lo observé con la barbilla apoyada en mi mano y los ojos muy abiertos, no quería perderme ningún ademan que intensificara la historia. Toda mi atención estaba puesta en ese rostro angelical.
De pronto escuchamos que llamaban a la puerta. Pri casi salto de su silla.
-Yo atiendo.
Rápidamente corrió a la puerta a atender a las visitas. Se escucho que decía “¿Para que golpean las manos? Si ya saben como entrar” con un tono de burla y divertida. Pasaron unos segundos y escuchamos que se reía y cerraba la puerta.
Escuchamos que venían de la entrada voces masculinas que charlaban con Pri, varias.
De pronto toda mi ensoñación se acabo y me caí de nuevo a la realidad, se me anudo el estomago con tanta fuerza que me dio ganas de vomitar.
Entraron en fila tres jóvenes muchachos, recibidos con igual efusividad que Yako momentos antes. Yo me quede detrás, no quería interponerme en una situación tan familiar.
Los hijos políticos, decía Nory.
Luego de haber saludado y haber intercambiado palmadas y apretones de hombros y besos en los cachetes, se dirigieron a mí. Entonces pude verlos más detenidamente.
El primero era enorme. Casi tan alto como Yako, pero el doble de ancho, aunque era evidente que toda la masa era musculo. Caminaba un poco encorvado hacia adelante, con los brazos flojos a los lados del cuerpo, daba la impresión de que era un gorila.
Cuando llego donde yo me encontraba esperando se irguió y me miro desde lo alto, alzando una ceja. Indudablemente muy egocéntrico.
Se presento como Adrián.
Nory ya me había hablado de él, lo único que se es que tiene la misma edad que mi zombi, se conocen hace casi 10 años. Supongo que durante la comida voy a poder saber más.
Me estrecho la mano con una delicadeza que no iba acorde al tamaño de su brazo, pero agradecí que fuera de esa manera. Cuando alcé la mirada para verlo a los ojos me lanzo un guiño. Me sonroje automáticamente. Tiene el rostro surcado de pequeñas líneas de expresión que le dan a aparecía de un hombre de 40 años, aunque obviamente no es así.
Él se sacudió con una risa reprimida y se acomodo en su lugar a la mesa.
El muchacho que venía detrás de él desentonaba completamente con el primero. Igual de alto que Yako, pero muy muy delgado y huesudo, con un tono café con una gota de leche.
Camina un poco encorvado también, con una mano en el bolsillo del pantalón y en la otra un cigarrillo. Una sensación de desagrado y rechazo me cruzo a lo largo de toda mi columna, pero decidí ignorarlo, ya que no iba a juzgarlo solo por cómo se ve.
Al verme me lanzo una mirada que me dio escalofríos, cargada de resentimiento y hasta, me atrevo a decir, un poco de odio. Me tomo totalmente por sorpresa ya que esa es la primera vez que los veía.
De todos modos, se acercó me estrecho la mano, su nombre es Iván y también se irguió todo su largo para mirarme desde las alturas, como a un insecto en el suelo.
De repente comencé a sentirme enana, aunque se que tengo una altura promedio para una mujer. O solo es escusa y autoengaño.
El ultimo que se acerco donde yo estaba fue un muchacho rubio, aunque no tanto como Yako, mas o menos de mi altura, gracias a dios. Lo mire con más atención y se me hizo especialmente familiar, aunque no recordaba de dónde.
Solo lo miro a mi zombi y lo saludo con una palmada en el hombro, mi zombi lo saludo “hermano” y entendí que ese es mas especial que los otros dos.
Solo me lanzo una mirada de reojo, ni se volteó a verme ni me dijo su nombre, prácticamente fui invisible.
Me sentí un poco contrariada, dos me recibieron muy bien, pero los otros dos me odiaban y no tengo idea de porqué. Con eso en la mente volvía a sentarme.
Era evidente que todos allí venían de mucho tiempo de estar fuera. No sabía si todos venían de estar de viaje también de porque razón se habían ido.
Me acomode junto a mi zombi, donde nos sentamos para desayunar, y los tres amigos se sentaron del otro lado de la mesa, frente a nosotros.
Los tres me miraban fijamente, aunque con tres miradas completamente diferentes. A decir verdad, me sentí bastante intimidada e intenté fundirme en mi silla, escapar de esas miradas.
Me sentí bastante mejor cuando me di cuenta de que el que fue el ultimo en entrar, que aun no se su nombre, en realidad no me estaba mirando, sino que veía a través de mí, como si no estuviera ahí.
-Así que vos sos la culpable.
Dirigí mis ojos a la fuente de la voz y me encontré con unos ojos muy negros y muy enojados y acusadores. Iván me miraba desde el otro lado de la mesa, con los dedos entrelazados en frente de él.
Tenia un gesto de desprecio que aún no lograba entender.
- ¿La culpable de qué? -Mas allá de lo intimidada que me sentía\, la curiosidad de saber de que me estaban acusando fue mayor.
-De que mi amigo haya creído que exponerse así fue una buena idea.
Por ahí venia la cuestión.
Toda la mesa hizo silencio y voltearon a mirarnos a nosotros, pude sentir el peso de cada uno que nos estaba observando, aunque en ningún momento corté el contacto visual que mantenía con Iván.
No estoy segura de porque, pero me sentí que me estaban atacando injustificadamente, me había querido insultar.
Iván continuaba mirándome como a una cucaracha que debía exterminar, pero se le estaba tornando un tanto difícil. Obviamente que yo no aparte la mirada.
Pude sentir como mi zombi se tensaba a mi lado, por el rabillo del ojo pude ver que tenia el ceño fruncido y le latía la sien, seguramente estaba apretando la mandíbula.
Le di un apretoncito en la rodilla por debajo de la mesa, en señal de que estaba todo bien, que se quedara tranquilo.
- ¿Y no pensaste que quizás tu amigo ya no quería seguir estando solo y el mismo evaluó la situación antes de tomar ninguna decisión? Ya que definitivamente lo conoces tanto.
Hable con mucha calma, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla y las manos apoyadas tranquilamente en mi regazo. Intenté lo mejor que pude no sonar petulante, pero Adrián no me ayudo demasiado con su “Ooohh…” bajito.
-Él no tiene demasiada experiencia en que diga, como para que pudiera evaluar correctamente esta situación.
Iván se encogió de hombros como si lo que me respondió era lo más obvio del mundo. Yo tarde unos segundos en terminar de entender lo que me estaba diciendo.
¿Eso quiere decir que mi zombi jamás había tenido novia? En otro momento debo sacarme esa duda.
En lo que yo tarde en responder, el rubio aprovecho para meter su comentario, aunque no fue para nada lo que yo esperé.
-Yo también le dije que no me parecía buena idea que le diera tanta confianza a alguien como ella, nunca termina bien. Las de su clase no son de fiar.
Hablo muy tranquilo, mirando a Iván, haciendo con las manos un gesto que dejaba ver que el consideraba que ya había hecho lo que le correspondía.
Yo sentí como un baldazo de agua helada me caía en la cabeza y bajaba por mi espalda, dándome pequeños espasmos por el camino. “Alguien como ella” “Las de su tipo” ¿Qué estaba queriendo decir? ¿Cómo se atreve a juzgarme así si ni siquiera me conoce?
En ese instante me asalto una necesidad imperiosa de salir de allí, salir corriendo y dejar toda esa situación tan violentamente gratuita y a esa gente que no estaban para nada dispuestos a darme ni una oportunidad.
Solo quería ponerme de pie y salir corriendo por la puerta, pero antes de tomar el valor suficiente para hacerlo, Adrián habló.
-Bueno Juancruz, tampoco para que la juzguemos tanto ni de esa forma, apenas la estamos conociendo hoy.
Me quede completamente descolocada, Adrián me miro y noto mi reacción, por lo que me guiño un ojo en señal de que todo estaba bien, pero no fue su comentario lo que me había dejado en blanco.
Juancruz…
-Yo te conozco.
Apenas logre que las palabras salieran de mi garganta, por lo que sonó casi como un susurro, pero se dejo ver a la perfección la acusación que traía implícita.
Hasta ese momento recién conseguí que se dignara a dirigirme la mirada de frente. Aunque sus ojos me penetraron de tal manera que me dolió el cerebro.
Recuerdo vagamente un Lee de unos 15 años que iba al colegio conmigo y mi zombi el tiempo que cursamos juntos. Recuerdo que no nos relacionamos ni para un “hola”.
Hubo un tiempo en que corrieron algunos rumores, que en estos momentos no recuerdo bien, pero eso había llevado a que el divulgara en el salón que yo no le caía bien, así que automáticamente a mí también comenzó a caerme mal.
Obviamente el muchachito con rubios rizos que caían sobre su frente y Brackets no se parecía en nada al hombre que tenia sentado en frente. De no haber sido por la expresión de asco con que me miraba, me hubiera parecido hasta atractivo.
-Si, yo también te conozco… lamentablemente. -Respondió con tono cansado, resignado a tener que dirigirme la palabra por mucho que lo había estado evitando.
El nudo de mi estomago de apretó un poco más, retuve las náuseas.
Antes de que nadie mas pudiera ponerse de pie y siguiera haciendo pequeños agujeros en mi alma, mi zombi se puso de pie.
-Quiero dejar algo bien en claro para todos los que hoy se encuentran aquí presentes. A nadie le tiene porque importar o quitar el sueño lo que hago o dejo de hacer en mi vida privada. Yo entiendo que todos se preocupan por mi bienestar y que hemos trabajado mucho para mantener todo en secreto, pero como ustedes son adultos y hacen su vida con libertad, yo también. Nadie tiene derecho de intervenir ni hacer comentarios que no fueron solicitados.
Habló con mucha calma, con una mano apoyada en mi hombro y mirándolos a todos con el ceño muy fruncido. Al volver a sentarse se hizo el silencio.
Un silencio demasiado largo, demasiado pesado, demasiado tenso. No tuve el valor de levantar la mirada, pero sabia que mi zombi y sus amigos seguían discutiendo en silencio, solo con la mirada.
La tensión del aire me estaba aplastando en la silla, rogué que alguien decidiera hablar, de lo que sea pero que cortara ese aire que me dificultaba respirar.
-Bueno chicos, Yako trajo nueva información que, parece ser, es muy importante que todos nos enteremos. Al parecer al fin logramos llegar a algo.
Nory hablo desde su silla, con las manos entrelazadas, intentando que con la distracción se olvidaran de lo que acababa de ocurrir.
- ¡Ah si! Cierto que para eso era que estábamos todos acá.
Yako respondió con una sonrisa desde la punta de la mesa, como si se hubiera olvidado de que era lo que estábamos haciendo todos allí.
Aprovechando que todos se voltearon a mirar a Yako, mi zombi me llamo la atención con una ligera caricia en la mano. Cuando lo mire a los ojos me estaba pidiendo perdón con la mirada.
Junte toda mi fuerza de voluntad y le dedique una pequeña sonrisa, que logro relajarlo un poquito, casi imperceptible.
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Zorkunde Anchia Zugadi
vklggj
2023-05-30
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