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Esa semana me tortura prácticamente todo el día, todos los días, pensando y repensando la decisión que iba a tomar. Aunque, en realidad, ya la tenía tomada desde él mismo segundo siguiente a que él me hizo la pregunta.

La única razón por la que aún le doy tantas vueltas al asunto es porque, de verdad, de verdad no quiero arruinar mi relación de ensueños que estoy teniendo.

Todo esto saliendo de maravilla, no quiero que las cosas se vayan a la basura por un capricho o una decisión mal tomada. Pero mi zombi también me presiona silenciosamente, me pregunta si ya me decidí y yo aún no he respondido nada.

El lado bueno está en que yo me conozco a mi misma, sé que a veces soy difícil, sé que soy muy sentimental y vulnerable, fácilmente me siento herida o atacada.

El lado malo está en que no tengo ni la menor idea de que implica vivir con él, no creo que sea igual que cuando esté conmigo los días que voy a quedarme a su casa. Ojalá que si, pero es iluso pensar de ese modo.

Una noche chateábamos de nada en especial:

- ¿Y si te digo que si quiero mudarme?

En ese momento fue que realmente entendí la frase que dice que la curiosidad mato al gato.

-Dame dos días y te voy a buscar.

No, no, no, espera… ¿Qué?

- ¿Ya le dijiste a tu familia?

Obviamente, entré en pánico, no esperaba que estuviera tan preparado para mi respuesta, me estaba esperando. Pero no permitiría que él notara como me había tomado por sorpresa, cuando debía haber sido al revés.

-Anoche, aproveché la hora de la cena, que estamos todos en la mesa, y les comenté que lo habíamos hablado.

- ¿Y qué te dijeron?

Se me hizo un nudo en el estómago.

-Que va a ser el peor error que podemos cometer.

Por unos segundos me dolió una punzada demasiado aguda en el medio del pecho. No fue tanto la falta de confianza, no podía reprochar mucho de eso, siendo que hace a penas un mes que estamos saliendo “oficialmente”, más bien que es la verdad.

La parte más complicado de todo esto es el hecho de que la casa donde me voy a ir a vivir no es de mi zombi, es de sus padres. No me voy a mudar sola con él, me mudo con él y su familia.

En este punto comencé a dudar.

Mientras mi cabeza giraba los engranajes a mil revoluciones por segundo, al mismo tiempo seguía hablando con él.

-Este fin de semana ven bien arreglada, vamos a tener visitas.

Decidí ignorar la punzada de odio que me surgió, ya que siempre voy bien arreglada a mi casa, pensando que quizás no se había expresado de la mejor manera, que lo que me había querido decir fue que me arregle más de lo que ya me arreglo. Venía alguien especial, jamás vi ni escuché que nadie visitara la casa.

Lentamente, los nervios se fueron llevando la tranquilidad de la que gozaba hasta ese momento. Tenía bien sabido que si nuestra relación funcionaba e iba en serio, lo que tenía toda la pinta de ser así, en algún momento iba a tener que conocer al resto de la familia.

Indudablemente, ese momento llegó, aunque tuviera la esperanza de que tardara un poquito más.

- ¿Quién viene?

Solo pregunté para mantener viva la conversación, en realidad tenía mucho miedo de la respuesta

-Mi primo vuelve de un viaje.

Bueno, podía ser peor… Supongo que no es tan malo.

-Ah, ¿A dónde se fue de viaje?

-Te cuento bien cuando vengas.

¿Por qué todo tenía que estar rodeado de tantos secretos? ¿Será que el primo también es una especie de personaje de ficción? Realmente espero que no sea así.

No le insistí sobre el tema, a sabiendas de que no me iba a decir una palabra más, aunque él tema me carcomió la cabeza durante el resto de la semana.

Cuando finalmente, llegué el viernes, otra vez tenía el estómago completamente revuelto. No sé cuántos fines de semana así podrá soportar mi estómago, bajo ese nivel de estrés.

Llegó a Búscame a la misma hora de siempre, con el mismo gesto imposible de siempre… ¡Dios! ¡Qué rica!

Cuando me acerqué al auto para poder subir, de momento sentí como si mis piernas se hicieran agua y escaparse por el drenaje. Me replanteo mentalmente porque me siento más nerviosa esa vez que cuando fui a conocer a su familia.

Quizás tiene que ver que cuando fui a conocer a su familia, en realidad, fui engañada.

Logro subir al auto sin hacer el ridículo, como recompensa me recibe con un cálido beso. Aún me cuesta creerme como necesito de esos labios cuando no puedo tenerlos.

Sin darme cuenta, durante los días de la semana que no lo veo, se me va acumulando poco a poco las ganas y las ansias de tenerlo. Cuando finalmente lo veo no me alcanzan los labios, las manos ni la piel para saciar mi sed de él.

Es como que nunca es suficiente.

Fuimos todo el viaje a su casa prácticamente en silencio, solo preguntamos ocasionalmente por la semana del otro, con respuestas demasiado cortas para que dieran pie a continuar la charla.

Cada uno iba mirando por su ventana, perdido en sus propios pensamientos. Yo, desde el día que me dijo solo que iba el primo, me estuve cuestionando que tengo de especial este primo, que era todo un evento que viniera de visita.

Intentaba imaginármelo, deduje que tendrían algún parecido, aunque quizás no. ¿Qué edad tenía? ¿A dónde había ido de viaje?

Dándole vueltas a todos estos asuntos, casi no me di cuenta de que ya había llegado y debemos bajar. Él me dio un toquecito en la rodilla y me hizo volver de mi nube de preguntas sin respuesta.

En cuanto pasó el portón de entrada, me miro de reojo y me dedicó una sonrisa de costado, casi me derrito ahí parada. Me tomo de la mano y entramos a la casa.

Dentro, toda la familia se encontraba bastante ocupada, desde la puerta de podía escuchar eso. Nory gritaba órdenes a todos, Pri intentaba resistirse a las más tediosas y maldecía por lo bajo, a Víctor no se lo escuchaba, nunca se lo escuchaba.

En cuanto nos vieron entrar por el pasillo, Nory nos recibió con una enorme sonrisa y Pri puso cara de alivio.

-Hasta que llego mi hermano a ayudar. Encima con un par de manos extras, genial.-Pri sonaba bastante cansada y lista para que la relevemos de sus tareas, y de la lluvia de mandatos e instrucciones que le dio a su madre.

- ¡Ay nena! Por lo menos primero saluda como corresponde.-Nory perdió su sonrisa por unos segundos para regañar a su hija\, pero inmediatamente levanto la vista y ya la tenía intacta nuevamente.

Mientras todo eso sucedió, mi zombi tomo mi mochila y la llevo a su habitación, despojándome de la oportunidad de escabullirme unos segundos para poder tomar energía para afrontar la ayuda que debe dar.

Me acerqué a saludar.

-Hola Nory. -La saludé con un beso en la mejilla, como siempre.-Pri… -A mi cuñada le dediqué un movimiento con la cabeza y recibido lo mismo, era mutuo.

De reojo veo que del patio trasero venía entrando mi suegro, con gesto de que algo estaba mal.

-Hola Víctor. - Lo saludé con la misma emoción que a Nory, aunque bien sabia que las habilidades de mi zombi con la ley del hielo las había aprendido de primera mano con su padre.

-Hola nena, por favor decile a mi hijo que necesito que me ayude.-Víctor respondió apenas levantando la vista de lo que sea que tenía en las manos.

Enseguida me di la vuelta y fui a buscar al hijo desaparecido, a la vez aprovechando para desaparecerme yo también, al menos unos segundos.

Lo encontré aún en la habitación, recostado en la cama, demasiado tranquilo mientras todos los demás se volvían locos.

-Tu padre te busca.

Le hablé desde la puerta, apoyada en el marco. Bien sabia que si me acercaba a la cama con él aun ahí no me iba a dejar que me fuera. La idea era tentadora, pero tenía la responsabilidad de ayudar a mi suegra, ya mi cuñada, que indudablemente me habían estado esperando.

-Si, ya lo escuché.

No levantado la cabeza para responderme, lo que despertó en mí todas las señales de alarma. Algo malo está sucediendo.

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