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Nos Queríamos En Silencio

Nos Queríamos En Silencio

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: samuel luna

Es una historia sobre la amistad, los sentimientos callados y el miedo a cambiar lo que ya se tiene por decir la verdad.

NovelToon tiene autorización de samuel luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10: Lo que Daniel nunca contó

—¿Qué fue? —pregunté.

La mujer no respondió inmediatamente.

Se quedó observándome desde el otro lado de la mesa, como si estuviera tratando de decidir cuánto podía contarme sin cruzar una línea que llevaba años intentando respetar.

La fotografía seguía sobre la mesa.

Daniel aparecía en ella mucho más joven. Tenía unos diecinueve años, quizá veinte. Sonreía de una manera que reconocería incluso entre cientos de personas.

A su lado estaba ella.

Y aunque la imagen parecía inocente, había algo en la forma en que Daniel la miraba que me había hecho sentir incómoda desde el primer momento.

—Antes de decirte nada —dijo finalmente— necesito que entiendas una cosa.

—¿Cuál?

—No estoy aquí para hacerte daño.

Solté una pequeña risa nerviosa.

—Entonces explícame por qué me citaste a escondidas y me mostraste una foto de Daniel con otra mujer.

Ella bajó la mirada.

—Porque creo que ya es hora de que conozcas una parte de la historia que él nunca se atrevió a contarte.

Sentí que el estómago se me cerraba.

—¿Qué historia?

La mujer tomó aire.

—Hace tres años, Daniel y yo estuvimos saliendo.

No dije nada.

Ya lo sabía.

O, al menos, eso era lo que ella había querido hacerme creer desde que había puesto la fotografía frente a mí.

Pero escuchar las palabras en voz alta fue diferente.

—¿Cuánto tiempo? —pregunté.

—Unos meses.

Mis dedos se apretaron alrededor del vaso que tenía delante.

—¿Y por qué terminó?

Ella tardó unos segundos en contestar.

—Porque Daniel nunca estuvo realmente conmigo.

Aquella respuesta me desconcertó.

—¿Cómo que nunca estuvo contigo?

—Él me apreciaba. Le gustaba estar conmigo. Pero había algo que siempre estaba ausente.

—¿Qué?

Me miró directamente.

—Tú.

Sentí que el ruido de la cafetería desaparecía durante unos segundos.

—No entiendo.

—Yo tampoco lo entendí al principio.

La mujer tomó la fotografía y la miró.

—Cuando empezamos a salir, Daniel hablaba de ti constantemente.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿De mí?

—Sí.

—¿Qué decía?

—Que eras su mejor amiga. Que te conocía desde hacía años. Que eras la primera persona a la que llamaba cuando le pasaba algo importante. Que sabía exactamente cómo tomabas el café.

Miré mi vaso.

Sin azúcar.

De repente, algo tan pequeño que siempre había considerado una simple costumbre adquirió otro significado.

Ella continuó:

—También decía que eras la persona que más miedo le daba perder.

No pude responder.

—Entonces… ¿por qué estuvo contigo?

—Porque intentaba convencerse de algo.

—¿De qué?

Ella dejó la fotografía sobre la mesa.

—De que lo que sentía por ti no era amor.

Tragué saliva.

Aquella frase dolió más de lo que esperaba.

No porque Daniel hubiera sentido algo por otra persona.

Sino porque, aparentemente, había pasado años intentando escapar de lo que sentía por mí.

—¿Y tú sabías todo eso?

—No al principio.

—¿Cuándo lo supiste?

—Después de unas semanas.

—¿Y aun así continuaste con él?

Su expresión cambió.

—Porque pensé que podía hacer que se olvidara de ti.

La sinceridad de aquella respuesta me dejó sin palabras.

—¿Y funcionó?

Ella negó lentamente con la cabeza.

—No.

Se hizo un silencio incómodo.

Por primera vez desde que había llegado, la mujer parecía arrepentida de haberme llamado.

—Entonces, ¿qué pasó?

—Un día discutimos.

—¿Por mí?

—Sí.

Sentí una presión en el pecho.

—¿Qué le dijiste?

—Le pregunté si me quería.

La mujer hizo una pausa.

—Y él no supo qué responder.

Bajé la mirada.

—Eso debió doler.

—Mucho.

No había rencor en su voz.

Solo cansancio.

—Pero entonces le pregunté algo diferente.

—¿Qué?

—Le pregunté si estaba enamorado de alguien más.

Mi respiración se detuvo.

—¿Y qué dijo?

—Nada.

La mujer sostuvo mi mirada.

—Ese silencio fue suficiente.

Miré nuevamente la fotografía.

De pronto, entendí que aquella imagen no era la historia de una relación que había funcionado.

Era la evidencia de una relación que había empezado intentando tapar otra cosa.

—¿Por qué terminaron?

—Porque no era justo para ninguno de los dos.

—¿Quién terminó?

—Yo.

Aquello me sorprendió.

—¿Tú?

—Sí.

Sonrió ligeramente, aunque no parecía una sonrisa feliz.

—Le dije que no quería ser la persona que utilizara para olvidar a otra.

Me quedé callada.

—Y después de eso —continuó— Daniel me pidió un favor.

—¿Cuál?

—Que nunca te contara nada.

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué?

—Porque tenía miedo.

—¿De mí?

—De perderte.

Aquellas palabras se quedaron suspendidas entre las dos.

No pude evitar pensar en todo lo que había sucedido recientemente.

Su confesión.

Nuestro primer beso.

La manera en que había tomado mi mano.

Las veces que me había dicho que no quería volver a esconderse.

Y ahora aparecía un pasado que parecía demostrar que había estado escondiendo mucho más de lo que yo imaginaba.

—¿Qué fue exactamente lo que te pidió que no me contaras?

Ella respiró profundamente.

—Que antes de conocerte de la manera en que tú creías… él ya había intentado alejarse de ti.

Fruncí el ceño.

—¿Alejarse?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Hace tres años.

Mi mente comenzó a buscar recuerdos.

Tres años.

Yo tenía diecinueve.

Daniel también.

Habíamos empezado la universidad hacía poco.

Y hubo una época en la que él estuvo más distante.

Mucho más de lo normal.

Recuerdo haberle preguntado varias veces si estaba bien.

Siempre decía que sí.

Ahora aquella respuesta comenzaba a parecerme una mentira.

—¿Por qué se alejó?

La mujer dudó.

—Porque había descubierto algo sobre ti.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Qué cosa?

—Pensaba que estabas enamorada de otra persona.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Eso fue lo que creyó.

—¿De quién?

Ella negó con la cabeza.

—No lo sé con certeza. Nunca me dijo el nombre.

Mi cabeza empezó a dar vueltas.

Daniel había creído que yo estaba enamorada de alguien.

Yo había creído que él estaba enamorado de alguien.

Habíamos pasado años construyendo nuestras propias versiones de una historia que ninguno se atrevió a comprobar.

—Entonces… ¿él empezó a salir contigo porque pensaba que yo estaba con otra persona?

—No exactamente.

—¿Entonces?

—Quería comprobarlo.

—¿Cómo?

La mujer volvió a mirar la fotografía.

—A través de mí.

Sentí una punzada de decepción.

—No entiendo.

—Daniel pensó que si comenzaba una relación conmigo, tú reaccionarías de alguna manera.

Me quedé mirándola.

—¿Me estaba poniendo a prueba?

—Algo así.

Bajé la mirada.

No sabía qué sentir.

Una parte de mí quería defenderlo.

Otra quería enfadarse.

Y otra, quizá la más dolorosa, comprendía que Daniel había tenido miedo de preguntarme directamente.

—Eso fue cruel —dije finalmente.

—Sí.

La mujer no intentó justificarlo.

—Fue inmaduro. Y se lo dije.

—¿Y qué hizo él?

—Terminó conmigo.

—¿Por qué?

—Porque se dio cuenta de que no podía seguir haciendo eso.

—¿Haciendo qué?

—Intentando encontrar respuestas sin preguntarte.

Sentí un nudo en la garganta.

Era exactamente el problema que habíamos tenido durante años.

Los dos habíamos sentido.

Los dos habíamos supuesto.

Los dos habíamos tenido miedo.

Pero ninguno había hablado.

—Entonces, ¿por qué nunca me lo contó?

—Porque le avergonzaba.

—¿Solo por eso?

Ella guardó silencio.

Ese silencio me hizo levantar la mirada.

—Hay algo más.

—Sí.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—¿Qué?

La mujer se inclinó ligeramente hacia mí.

—La razón por la que Daniel estuvo tan distante contigo durante aquel tiempo no fue solamente porque estuviera saliendo conmigo.

—¿Entonces?

—Porque después de terminar conmigo, intentó confesarte lo que sentía.

Sentí que el aire se me escapaba.

—¿Intentó?

—Sí.

—¿Y qué pasó?

Ella negó lentamente.

—No lo sé todo. Pero sé que ocurrió algo que lo hizo cambiar de opinión.

—¿Qué ocurrió?

La mujer me miró durante unos segundos.

—Eso es algo que tendrás que preguntárselo a él.

Me quedé en silencio.

—¿Por qué no puedes decírmelo tú?

—Porque no estuve ahí.

—Pero sabes algo.

—Sé que aquella noche Daniel llegó a mi casa completamente destrozado.

Mi pecho se apretó.

—¿Por qué?

—Porque estaba convencido de que había perdido cualquier posibilidad contigo.

—¿Qué le dije?

—Eso no lo sé.

—¿Entonces por qué estás tan segura?

Ella sacó su teléfono.

Abrió una conversación antigua.

No me mostró todo.

Solo una parte.

Un mensaje de Daniel.

“No puedo decírselo. Si se lo digo, voy a perderla.”

Sentí que se me humedecían los ojos.

La mujer apagó la pantalla.

—Eso fue hace tres años.

Tres años.

Tres años de silencios.

Tres años de miedo.

Tres años creyendo que el otro quería a alguien más.

Me levanté lentamente de la silla.

—¿Por qué me cuentas esto ahora?

Ella también se puso de pie.

—Porque ayer vi una fotografía de ustedes.

—¿Dónde?

—En las redes de una amiga.

No entendí.

—¿Y eso qué cambia?

—Todo.

La miré confundida.

—Porque vi que finalmente están juntos.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—No sabemos qué somos todavía.

Ella sonrió.

—Quizá eso es precisamente lo que tienes que decidir.

Tomó su bolso.

Antes de marcharse, dejó la fotografía sobre la mesa.

—Quédate con ella.

—¿Por qué?

—Porque creo que ya no pertenece a mi historia.

Miré la imagen.

Daniel sonriendo.

Daniel mirándola a ella.

Y, detrás de aquella fotografía, una historia que nunca había conocido.

—Espera.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

—¿Hay algo más que debería saber?

La mujer permaneció unos segundos en silencio.

Después dijo:

—Sí.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué?

—Daniel no fue el único que tuvo miedo de hablar contigo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué significa eso?

Ella me miró con una expresión que no pude interpretar.

—Pregúntate por qué, hace tres años, alguien le hizo creer a Daniel que tú estabas enamorada de otra persona.

Y entonces se marchó.

Me quedé sola.

Con una fotografía sobre la mesa.

Con un secreto de tres años.

Y con una pregunta que no dejaba de repetirse en mi cabeza.

¿Quién había hecho que Daniel creyera que yo amaba a alguien más?

Saqué el teléfono.

Tenía varios mensajes de Daniel.

El último había llegado hacía apenas diez minutos.

Daniel:

¿Ya saliste de la cafetería?

Lo miré durante varios segundos.

Mis dedos comenzaron a escribir.

Yo:

Sí.

Borré el mensaje.

Volví a escribir.

Yo:

Tenemos que hablar.

Lo envié.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Daniel:

¿Pasó algo?

Miré nuevamente la fotografía.

Y esta vez no tuve miedo de preguntar.

Yo:

Sí. Algo que ocurrió hace tres años.

Los tres puntos aparecieron en la pantalla.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Hasta que finalmente llegó su respuesta.

Daniel:

¿Quién te habló?

Me quedé inmóvil.

No había preguntado qué había pasado.

No había preguntado qué sabía.

Había preguntado quién me había hablado.

Y entonces entendí algo.

Daniel sabía exactamente de qué estaba hablando.

Y, por primera vez desde que lo conocía, tuve la sensación de que la persona que más amaba también podía ser la persona que más cosas me había ocultado.

1
Julián
excelente
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