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Mi Primera Primavera A Los Cuarenta

Mi Primera Primavera A Los Cuarenta

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.3M
Nilai: 4.7
nombre de autor: melissa de Menez

Mi nombre es Carolina estoy casada con Miguel mi primer amor a primera vista.
pero todo cambia en nuestras vida cuando descubro que me es infiel.
decido divorciarme y dedicarme más tiempo y explorar mi cuerpo ya que mis amigas me hablan de un orgasmo el cual desconozco y es así como comienza mi historia.

NovelToon tiene autorización de melissa de Menez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10

Eric se llevó las manos al rostro y suspiró profundamente antes de hablar.

—Mamá, ¿puedes ir tú por ella? —dijo, con un destello de entusiasmo al mencionar a su hija, aunque su rostro pronto volvió a endurecerse—. No quiero ver a su madre. Ya sabes... cada vez que la veo, me acuerdo de su engaño.

Margaret lo miró fijamente, su expresión firme pero comprensiva.

—Eric, entiendo cómo te sientes, pero no puedes seguir evitando a Andrea. Esto no se trata de ella, se trata de tu hija.

—Lo sé, lo sé —respondió él, levantándose del sillón y empezando a caminar de un lado a otro—. Pero es difícil, mamá. Cada vez que la veo, siento rabia... y dolor.

Margaret lo observó en silencio durante unos segundos antes de acercarse a él.

—Hijo, si sigues permitiendo que ese dolor controle tus acciones, estarás alejando a tu hija de ti. No puedes dejar que los errores del pasado dicten tu relación con ella.

Eric detuvo su andar y se giró hacia su madre, sus ojos mostrando una mezcla de determinación y vulnerabilidad.

—Tienes razón —admitió, aunque a regañadientes—. Pero no puedo verla ahora, mamá. Por favor, ve tú por ella esta vez. Dame un poco de tiempo para... organizarme.

Margaret suspiró, pero terminó asintiendo.

—De acuerdo, Eric. Pero prométeme que estarás aquí cuando lleguemos. Quiero que tu hija vea que su padre está listo para recibirla con los brazos abiertos.

Eric asintió lentamente, una pequeña sonrisa asomándose en su rostro.

—Claro que sí, mamá. Es mi niña, y nada en este mundo es más importante que ella.

Margaret le dio un apretón en el hombro antes de salir de la oficina. Mientras la puerta se cerraba, Eric se quedó mirando por la ventana, sus pensamientos divididos entre la emoción de volver a ver a su hija y los recuerdos que preferiría dejar atrás.

Margaret salió de su oficina con su acostumbrada elegancia, caminando entre las empleadas con una sonrisa amable, pero firme.

—Hola, chicas, ¿cómo están?

—¡Bien, señora Margaret! —respondieron todas al unísono, interrumpiendo momentáneamente sus actividades.

La dueña de la tienda detuvo su andar y miró directamente a Carolina, quien estaba acomodando un conjunto de lencería en un estante cercano.

—Carolina, me gustaría hablar contigo. Cuando termines aquí, por favor, ve a mi oficina.

Carolina levantó la vista, sorprendida, pero rápidamente asintió con una leve sonrisa.

—Claro, señora Margaret. En cuanto termine, voy para allá.

—Perfecto —respondió Margaret con un tono amable, antes de seguir su camino hacia la oficina, dejando un suave aroma a su costoso perfume.

Tan pronto como Margaret desapareció tras la puerta de su oficina, las compañeras de Carolina no tardaron en reaccionar.

—¡Carolina! ¿Qué querrá la señora Margaret contigo? —preguntó Patricia con un toque de curiosidad.

—Seguro es algo bueno —añadió otra, mientras le lanzaba una sonrisa de ánimo.

Carolina trató de mantener la calma, aunque su mente no podía evitar especular.

—No lo sé, chicas, pero espero que no sea nada malo —respondió, ajustando nerviosamente una prenda en el mostrador.

—No te preocupes, seguramente es algo positivo —le aseguró Patricia, mientras le daba un suave apretón en el hombro.

Carolina suspiró y terminó de acomodar las prendas. Con un último vistazo al trabajo terminado, se dirigió hacia la oficina, con el corazón latiéndole más rápido de lo normal.

Flash El engaño de su esposa

Eric estaba sentado mirando fijamente la ciudad desde la ventana. Los recuerdos lo asaltaron de golpe, como una tormenta que había tratado de mantener a raya durante años.

Esa tarde fatídica llegó a casa más temprano de lo habitual. Había cancelado una reunión importante, emocionado por sorprender a su esposa con flores y boletos para una escapada de fin de semana. Pero lo que encontró al abrir la puerta de su dormitorio destrozó todo lo que creía saber.

—¡¿Qué diablos es esto?! —gritó Eric, dejando caer las flores al suelo.

Su esposa, Andrea, estaba en la cama con otro hombre. Ambos se levantaron apresuradamente, ella con el rostro pálido y las manos temblorosas.

—Eric, no es lo que parece... —intentó excusarse mientras se cubría con la sábana.

Él la interrumpió con una risa amarga.

—¿No es lo que parece? ¡Te encuentro en nuestra cama con otro hombre y me dices eso!

El hombre, claramente incómodo, tomó su ropa apresuradamente y salió sin decir palabra. Eric lo dejó ir, su rabia estaba dirigida exclusivamente a Andrea.

—¿Cuánto tiempo, Andrea? ¿Cuánto tiempo llevas traicionándome? —preguntó con voz grave, su mirada gélida perforándola.

Andrea bajó la cabeza, incapaz de sostener su mirada.

—Eric... yo... no sé qué decir.

—No digas nada —respondió, su voz ahora baja pero cargada de desprecio—. Lo has dicho todo con esto.

Sin esperar respuesta, Eric salió de la habitación y de su vida en cuestión de días, iniciando el divorcio inmediatamente. Pero el dolor no se quedó atrás. Cada vez que veía a su hija, recordaba cómo su mundo había colapsado en cuestión de minutos.

Fin del flashback

Eric cerró los ojos y se pasó una mano por el rostro, tratando de borrar el recuerdo. No importaba cuánto tiempo pasará, esa imagen seguía persiguiéndolo. Ahora, su hija era su único vínculo con Andrea, y aunque amaba a la niña con todo su ser, cada encuentro con su madre era un recordatorio de aquella traición que lo había cambiado para siempre.

Margaret abrió la puerta de la oficina sin anunciarse. Encontró a Eric sentado detrás de su escritorio, mirando fijamente una fotografía enmarcada de su hija. Sus dedos jugaban nerviosamente con un bolígrafo, pero su rostro reflejaba una mezcla de rabia y melancolía.

—Hijo, ¿estás bien? —preguntó Margaret mientras se acercaba lentamente y tomaba asiento frente a él.

Eric soltó un suspiro pesado, dejando el bolígrafo sobre la mesa.

—Pensando en Andrea, ¿verdad? —insistió su madre con suavidad.

—No es fácil, madre —respondió Eric con amargura, levantando la mirada para encontrarse con los ojos comprensivos de Margaret—. Cada vez que recuerdo ese día... siento que el odio me consume.

Margaret frunció el ceño, preocupada por la intensidad en su voz.

—No puedes dejar que ese rencor controle tu vida, Eric. Ya pasó. Lo importante es que tienes a tu hija, que es lo mejor que salió de esa relación.

Eric apretó los labios y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio.

—Si no fuera por mi hija... —dijo en voz baja, pero con un tono peligroso—. Te juro, madre, que la habría matado con mis propias manos.

—¡Eric, no digas eso! —exclamó Margaret, sobresaltada. Se levantó y rodeó el escritorio para ponerse a su lado—. Sé que te dolió, sé cuánto te lastimó, pero hablar así no ayuda. Esa rabia solo te hará daño.

Eric cerró los ojos y se masajeó las sienes, tratando de calmarse.

—Lo sé, pero no puedo evitarlo. Cuando veo a nuestra hija, siento tanto amor por ella, pero al mismo tiempo... todo vuelve. Andrea destruyó todo lo que creía tener.

Margaret le puso una mano en el hombro y lo apretó suavemente.

—Hijo, enfócate en lo que realmente importa. Tienes a tu hija y tienes una vida por delante. No dejes que el pasado te defina.

Eric asintió lentamente, aunque la tormenta en su interior aún no se disipaba del todo.

—Haré lo que pueda, madre. Por mi hija, lo intentaré.

Margaret le sonrió, aunque en sus ojos brillaba la preocupación. Sabía que Eric necesitaba tiempo para sanar, pero también temía que su odio hacia Andrea lo mantuviera atrapado en ese oscuro recuerdo

1
Anonymous
A Eric le cambiaron el apellido 🙆‍♀️
Anonymous
Carolina es rompe grupo 🙄
Anonymous
🤦‍♀️🙆‍♀️ que rayón 🤣
Blalis Pincón
ésto se llama: Cuando no sabes que hacer con una historia, tienen 3 días y ya se aman, ya los separas, entonces van a set felices los últimos 2 capítulos, no mamen
Blalis Pincón
que te importa Andrea, quien importa es tu hija, o vas a seguir teniendo a Andrea de florero
Iraida Guzman
En todas las novelas que he leído hasta ahora todos los ginecoobstetra y los ecografistas son ineptos y las tecnologías que usan son de la era de tutancamon nunca detectan que hay 2 niños gestandose
Iraida Guzman
En todas las novelas que he leído hasta ahora todos los ginecoobstetra y los ecografistas son ineptos y las tecnologías que usan son de la era de tutancamon nunca detectan que hay 2 niños gestandose
Iraida Guzman
Pienso que eso del tumor es mentira para atrapar al estúpido Díos quiera y sea falso y después que pierda a su familia no tenga vuelta atrás y se quede sólo por imbécil
Blalis Pincón
un poco aburrida, y ella que no se sienta la divina garza envuelta en huevo qué por algo la dejaron por otra, por ahora aburrida
Miriam Ramirez
me encanto muchos exitos escritora gracias x compartir ese talento que tiene x trasmitir tantas emociones juntas un gran abrazo desde Santiago de Cali Colombia
Eva❤
Maravillosa 👏👏👏, te felicito tuvo un enfoque diferente que no había visto en otra historias y me encanto🥰🥰🥰
Nellys Bericote
Interesante Inicio Escritora vamos a ver cómo se desarrolla la historia tienes buena narración mantienes al lector queriendo más 🥰👏👏👏
Martha Patricia Henry Anaya
cuando un tercero llega es porqué uno de los dos lo permite eso es cierto por el motivo que sea .pero hay cosas que no se puede negar es que nunca falta la bandida o el bandido que no le importa ser tercero. me explico hay un dicho que dice no hagas lo que no quieres que te hagan.y yo soy mujer y no soy ciega hay hombres comprometidos muy hermosos. pero si yo acepto ser la tercera es mi decisión quiere decir que soy una persona carente de dignidad no tengo moral ni integridad soy una miserable sin escrúpulos. no me importa el dolor ajeno. Y TODAVIA TENGO EL DESCARO DE RECLAMARLE A DIOS CUANDO ME LLEGA EL KARMA.EN DEFINITIVA FALTA DE DIGNIDAD
Martha Patricia Henry Anaya
Debería morir para que quede solo miserable 🤷y el papa es un sinvergüenza alcahuete
Cardona salazar yolanda
excelente novela bello final,felicidades
Maria Luisa Cornara de Bodart
me encantó muy linda novela .... felicitaciones a la autora ...
Yoly Sambrano
más de lo mismo
Alexandra
me pareció buenísima dios ogala estuviera yo en esa novela jjjjjjjj🤣🤣🤣🤣🤣 te felicito de verdad hiciste un buen trabajo
Natasha: Gracias
total 1 replies
Maura Pericana
hermosa novela autora 👌👏👏👏👏👏👏
Maura Pericana
desgraciado hdp eres una 💩💩💩💩💩
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