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Ya No Te Espero

Ya No Te Espero

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Amor de la infancia
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

EL MEJOR AMIGO DE MI HERMANO Si el cliché Ella lo amó toda su vida. Él tardó tres años en notar su ausencia. Desde niña, estuvo enamorada del mejor amigo de su hermano. Él siempre formó parte de su vida: conocía a su familia, tenía un lugar en su casa y sabía perfectamente que ella suspiraba por él. Y cuando le prometió que recibiría el mejor regalo de su vida al cumplir dieciocho años, ella creyó que, por fin, sus sentimientos serían correspondidos. Pero aquella noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, descubrió que había esperado por el hombre equivocado. Él estaba con otra chica. Una chica que la había humillado durante años y que se aseguró de que ella los encontrara juntos. Esa noche, la niña que soñaba con ser elegida por él se marchó con el corazón destrozado. Tres años después, regresó. Ya no era la adolescente que se sonrojaba cada vez que él la miraba. Ahora era una joven atrevida, segura de sí misma y dispuesta a disfrutar de todo aquello a lo que había renunciado por amor. Seguía siendo dulce, pero había aprendido a no esperar nada de quien nunca supo valorarla. Para ella, él era parte del pasado. Para él, ella seguía siendo la hermanita de su mejor amigo… hasta que comenzó a notar las miradas que otros hombres le dedicaban, las sonrisas que ya no eran para él y la facilidad con la que ella podía marcharse sin siquiera despedirse. Y entonces apareció el problema. El mejor amigo de su hermano estaba empezando a desear a la única mujer que jamás había pensado que podría perder. Pero ¿qué sucede cuando el hombre que te rompió el corazón finalmente quiere conquistarte… y tú ya no estás segura de querer entregárselo otra vez?

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Una compra, dos hermanos y demasiado chismes

—¡Mamá, te juro que podría comer estos panqueques todos los días!

Me llevé otro pedazo a la boca, disfrutando del dulce de leche que se derretía entre las capas esponjosas.

Mi madre sonrió desde la cocina.

—Eso decías cuando tenías diez años. Después creciste y empezaste a criticar mi comida porque en la universidad aprendiste a cocinar pasta.

—¡Porque la pasta de Camila es mejor que la tuya!

Mi madre se llevó una mano al pecho, fingiendo estar herida.

—Después de todo lo que hice por ti…

—¡Mamá, era una broma!

Mateo soltó una carcajada desde el otro lado de la mesa.

—No la perdones, mamá. Que se vaya a vivir con su amiga parlanchina y que Camila le prepare el desayuno.

Le lancé una servilleta.

—¡Cállate! Al menos yo sé preparar algo más que huevos revueltos.

—Los huevos revueltos son un arte.

—Un arte que tú dominas porque es lo único que no consigues quemar.

Mi padre, que leía el periódico junto a la ventana, bajó lentamente las hojas.

—Había olvidado cuánto extrañaba tener a estos dos discutiendo en casa.

—¡Él empezó! —protestamos Mateo y yo al mismo tiempo.

Nos miramos.

Y terminamos riéndonos.

Aquello era lo que más había extrañado: las conversaciones sin sentido, las bromas familiares y la tranquilidad de saber que, por unas semanas, no tenía que preocuparme por entregas universitarias ni trabajos pendientes.

Aunque mi felicidad duró poco.

Mi madre apareció con una lista de compras tan larga que parecía el inventario de un supermercado.

—Muy bien, tortolitos. Necesito que vayan a la tienda.

Mateo dejó de sonreír.

—¿Por qué yo?

—Porque eres mi hijo.

—Eso es discriminación.

—Y tú, Isabella, porque eres mi hija y quiero que salgas un poco de tu habitación.

Miré la lista.

Después miré a mi madre.

—¿Vamos a alimentar a un ejército?

—Esta noche viene toda la familia.

Ah, claro.

En mi familia no necesitábamos una razón importante para reunirnos. Bastaba con que alguien cumpliera años, regresara de un viaje, consiguiera trabajo, terminara un examen o preparara una receta que saliera especialmente bien.

Mi regreso a casa era una excusa perfecta.

—¿Vienen todos? —pregunté.

—Tus tíos, tus primos, tu abuela… Ya sabes cómo son. Tu tía Elena incluso dijo que traerá su famoso postre.

Mateo hizo una mueca.

—Entonces debemos comprar algo dulce de verdad para compensar.

—¡Mateo! —lo reprendió mamá.

Yo me reí mientras me levantaba de la mesa.

—Vamos, antes de que nos encargue también la limpieza de toda la casa.

Diez minutos después, estaba sentada en el asiento del acompañante del coche de mi hermano, con la lista de compras sobre las piernas.

Mateo conducía mientras tamborileaba los dedos contra el volante.

—Por cierto, ¿te conté que mamá quiere que ayudes a preparar la cena?

Lo miré lentamente.

—¿Qué?

—Yo solo soy el mensajero.

—¡Podrías haberme avisado antes de que terminara mis panqueques!

—Si te lo decía, habrías dejado de comer.

Tenía razón.

Y eso me molestó todavía más.

—Te odio.

—Yo también te quiero, enana.

Le saqué la lengua y volví a revisar la lista.

Carne, verduras, bebidas, pan, ingredientes para ensaladas…

Mi madre había anotado incluso las servilletas.

—Oye, Mati.

—¿Qué?

—¿Quiénes vienen exactamente?

—La familia, Isa.

—Qué respuesta tan inteligente. ¿Te dieron un premio por ella?

—Gracias. Llevo años perfeccionándola.

Le di un golpecito en el brazo.

—Hablo en serio.

Mateo guardó silencio durante un instante antes de responder.

—Los tíos, los primos y los amigos de siempre. Ya sabes que papá invita a medio mundo cuando organiza algo.

Asentí.

Había algunas personas a las que no veía desde hacía años. Me preguntaba cuánto habrían cambiado mis primos, si mi abuela seguiría intentando darme comida aunque le dijera que estaba llena y si mis tíos continuarían preguntándome cuándo pensaba conseguir novio.

Aquella última posibilidad me hizo suspirar.

—Si la tía Elena vuelve a preguntarme por mi vida amorosa, voy a esconderme en el baño.

Mateo estalló en carcajadas.

—¡Por favor, hazlo! Quiero ver su cara cuando vaya a buscarte.

—Eres un pésimo hermano.

—Pero soy tu favorito.

—Eres mi único hermano.

—Detalles.

La tienda estaba bastante concurrida cuando llegamos.

Mateo tomó un carrito y yo empecé a colocar las cosas mientras discutíamos sobre qué comprar.

—Mamá pidió dos paquetes de pan.

—Compra cuatro.

—¿Para qué queremos cuatro?

—Porque conoces a nuestra familia. El tío Roberto come como si llevara tres días perdido en el desierto.

Me reí tanto que una señora que pasaba junto a nosotros nos miró con curiosidad.

—¿Qué? —preguntó Mateo.

—Nada. Es que te extrañé.

Mi hermano dejó de empujar el carrito durante un segundo.

Después me despeinó.

—Yo también te extrañé, pequeña.

Seguimos recorriendo los pasillos, discutiendo sobre las bebidas y recordando anécdotas de cuando éramos niños.

Por primera vez desde que había regresado, sentí que los tres años de distancia se desvanecían.

Hasta que Mateo se detuvo frente a la sección de golosinas.

—¿Quieres algo?

—¿Me estás invitando?

—No te emociones. Solo quiero que dejes de robarme las cosas cuando lleguemos a casa.

Elegí una bolsa de chocolates.

—Gracias, hermanito. Siempre supe que me querías.

—Te arrepentirás de haber vuelto.

Estaba a punto de responderle cuando escuché una voz conocida detrás de nosotros.

—¿Mateo?

Mi hermano se giró.

Yo también.

Y mi sonrisa se apagó apenas un instante.

Nicolás Varela estaba al final del pasillo, con una botella de agua en una mano y las llaves del coche en la otra.

Llevaba una camiseta negra, unos vaqueros y esa expresión relajada que recordaba demasiado bien.

Había cambiado un poco. Su rostro parecía más maduro, sus hombros más anchos y su cabello estaba ligeramente más corto.

Pero seguía teniendo la misma mirada.

La mirada que alguna vez había esperado encontrar al abrir los ojos cada mañana.

—Vaya —dijo Nicolás, acercándose a Mateo—. ¿Qué haces aquí?

—Comprando. Es lo que suele hacerse en una tienda.

Nicolás sonrió ante la respuesta de mi hermano.

Entonces sus ojos se desplazaron hacia mí.

Y se quedaron allí.

—Isa…

Pronunció mi nombre como si necesitara comprobar que realmente estaba delante de él.

Yo sostuve su mirada.

No sentí que el corazón se me rompiera. Tampoco tuve ganas de salir corriendo.

Solo experimenté una extraña sensación de estar viendo a alguien que había sido muy importante en mi vida y que, de alguna manera, ahora pertenecía a un capítulo distinto.

Sonreí educadamente.

—Hola, Nicolás.

Él parpadeó, sorprendido.

Quizá esperaba que corriera a abrazarlo.

Quizá esperaba que me pusiera nerviosa, que bajara la mirada o que volviera a ser la niña que siempre encontraba una excusa para quedarse cerca de él.

Pero yo solo estaba allí, con una bolsa de chocolates en la mano y una lista de compras sobre el carrito.

—¿Cuándo llegaste? —preguntó.

—Ayer.

—¿Ayer? ¿Y no me avisaste?

La pregunta salió demasiado rápido.

Mateo dejó de mirar las botellas que estaba comparando.

Yo ladeé ligeramente la cabeza.

—No sabía que tenía que hacerlo.

Nicolás se quedó callado.

Por primera vez desde que lo conocía, no pareció encontrar una respuesta inmediata.

Y yo, sin saber por qué, sentí ganas de sonreír.

No para provocarlo.

Simplemente porque era extraño descubrir que una conversación tan sencilla podía dejarlo sin palabras.

Mateo carraspeó.

—Tenemos que seguir comprando. Mamá nos espera.

—Claro —respondió Nicolás, todavía mirándome—. ¿Van a hacer una cena esta noche?

—Sí. Viene toda la familia para celebrar mi regreso.

—Ah…

Su expresión cambió apenas.

—Entonces supongo que nos veremos allí.

Miré a Mateo.

Mi hermano no dijo nada, pero su mandíbula se tensó.

Y comprendí que Nicolás todavía no había recibido una invitación.

—No lo sé —respondí con naturalidad—. Tendrías que preguntarle a mis padres.

Tomé el carrito y continué avanzando.

—Vamos, Mati. Si tardamos más, mamá vendrá a buscarnos.

Mi hermano me siguió después de dedicarle a Nicolás una mirada breve.

Yo no volví la cabeza.

No necesitaba hacerlo para saber que seguía mirándome.

Y, aunque no lo vi, Nicolás permaneció inmóvil durante varios segundos, observando cómo me alejaba mientras sostenía aquella bolsa de chocolates como si fuera lo más normal del mundo.

Quizá para mí lo era.

Pero para él, aparentemente, no.

Porque la Isabella que acababa de encontrar no había corrido a abrazarlo.

No le había preguntado por su vida.

Ni siquiera había intentado prolongar la conversación.

Simplemente lo había saludado y había seguido con sus compras.

Y por alguna razón que todavía no lograba entender, aquello le había dejado un sabor extraño en la boca.

Por primera vez, Nicolás no sabía cómo conseguir que Isabella se quedara un poco más.

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Miriam Colín
Espero que pronto se armé de valor y le pida perdón a Isabella, para que los dos puedan cerrar ese capítulo y sigan adelante con sus vidas sin ninguna cuenta pendiente.
Miriam Colín
Por fin te diste cuenta de lo que perdiste Nicolás y eso era un amor sincero.
Miriam Colín
Hay Nicoĺás pensaste que Isabella siempre iba a estar enamorada de ti y que no importa lo que hicieras ella siempre iba a estar ahí.
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Miriam Colín
Amo a Gabriel , es un gran chico y ama a Isabella sinceramento y no le pidé que deje de ser ella para que alguien la amé.
Miriam Colín
Nicolás por fin se dio cuenta de que Isabella ya lo superó y que ya no tiene ninguna oportunidad.
Miriam Colín
Así es Isa solo mira pa' delante y daté una oportunidad de ser feliz y amar a alguien que te eligé.
Miriam Colín
A mi me gustaría que se de una oportunidad con Gabriel y Nicolás se quedé chiflando en la loma.
Miriam Colín
Lastima Margarito porque Isa va concentrar su tiempo y amor en Gabriel.
Nerida Navas
Es muy interesante la historia, agradecida por ser una de las personas interesadas en este proyecto... aunque no me percaté que, es una novela en proceso... espero no olvidarme pues, tengo esa peculiaridad... já já já já...y, que la concluyan rápido 🙏💐🌹... felicitaciones de antemano, parece una excelente historia 🙏💐🌹
Miriam Colín
Nicolás ahora sabes lo que significa ser ignorado y pudrete maldito cucaracho.
Miriam Colín
Nicolás ahora te toca a ti ser el que esté detrás de ella como un perro faldero.
Miriam Colín
Ahora será Nicolas quién sentira lo que es que alguien te ignoré, sufre maldito cucaracho imbécil.
Miriam Colín
Es un maldito desgraciado, humillarla de esa manera en su casa y lo peor faltarle el respeto a la familia que lo recibio como un hijo.Es una basura de hombre😡.
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