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Las Concubinas De Su Majestad

Las Concubinas De Su Majestad

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Época
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Dos príncipes gemelos unidos por el trono, pero separados por sus propias sombras. Entre secretos de palacio, guerras inminentes y mujeres invencibles que se niegan a ser dominadas, el amor se convertirá en su mayor fortaleza... o en su ruina. Una historia de lealtad, pasión y un destino escrito con sangre que ni el tiempo podrá borrar. Traiciones de corte, pasiones prohibidas y un imperio que renace del caos. Sigue la historia de dos hermanos y las mujeres que conquistaron sus corazones, sin imaginar que la profecía que los unió dejaría una huella imborrable que trascenderá a través de los siglos.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Que comience el juego.

El Gran Salón del Palacio Imperial resplandecía bajo la luz de cientos de arañas de cristal, pero el ambiente dentro del recinto estaba tan frío como la nieve del norte. El banquete de coronación del nuevo monarca no era una celebración; era un campo de batalla silencioso rodeado de seda, oro y vino de cosecha.

En el centro de la estancia, el monarca permanecía sentado sobre el trono de roble y bronce. Llevaba una túnica de terciopelo negro con bordados dorados en los hombros, y la mirada implacable con la que observaba al Consejo de Nobles infundía un terror paralizante. A su lado, los ministros más ancianos alzaban sus copas, ofreciendo sonrisas amargas mientras intentaban incitarlo a beber más de la cuenta para medir su templanza.

Lo que los ministros ignoraban era que el hombre sentado en el trono no era el príncipe educado entre algodones, sino la sombra forjada en las mazmorras. El rey fingía apenas rozar el borde de su copa con los labios, mientras sus ojos oscuros cruzaban el salón hasta detenerse, por un brevísimo instante, en las cuatro mujeres que vestían las sedas reales a pocos metros de él.

Siguiendo el estricto protocolo de la corte, al sonar las campanas de la medianoche, las mujeres debían retirarse del salón principal para dejar a los hombres a cargo de los asuntos de Estado.

—Acompañen a las damas al Salón de las Camelias —ordenó el Gran Canciller con tono pomposo—. Que la Reina Consorte y las concubinas disfruten del té junto a la nobleza femenina de la capital.

El Salón de las Camelias era una estancia espaciosa, decorada con cortinajes de raso rosa y mesas de té talladas en madera de sándalo. Sin embargo, en cuanto la pesada puerta de doble hoja se cerró tras ellas, el murmullo de las damas de la alta sociedad cesó de golpe.

Decenas de miradas cargadas de desprecio cayeron sobre Amira, Alessia, Lyra y Daría.

Al frente del grupo de nobles se encontraba la marquesa de Vane, esposa del Ministro de Guerra, rodeada por las hijas de los condes y duques más influyentes del imperio. La marquesa desplegó su abanico con elegancia, mirando a Amira de arriba abajo con una sonrisa venenosa.

—Es fascinante cómo los tiempos cambian en este palacio —comenzó la marquesa, alzando la voz para que resonara en cada rincón del salón—. Anteriormente, para pisar este suelo se requería una línea de sangre intachable y modales refinados. Hoy... el rey nos honra con una colección bastante peculiar.

Las damas a su alrededor soltaron risitas disimuladas tras sus abanicos.

—Es una lástima que el palacio haya perdido el decoro al coronar a la hija de un traidor —continuó la marquesa, dando un paso hacia Amira—. Díganos, majestad... ¿el hierro de las cadenas de esclava no le lastima la piel sobre la seda?

Amira no pestañeó. Sostuvo la copa de porcelana fina que una sirvienta le había entregado sin que le temblara un solo dedo. A su lado, Alessia apretó los puños por instinto, pero la Reina Consorte le rozó el brazo levemente con el abanico, indicándole que guardara la calma.

Amira miró a la marquesa a los ojos, dedicándole una sonrisa helada.

—Las cadenas enseñan a soportar el peso, marquesa. Le sugiero que aprenda la misma lección, porque cuando la corona decida ajustar las cuentas de este reino, dudo mucho que su cuello sea tan resistente como el mío.

La marquesa borró la sonrisa de inmediato, pero la hija del Primer Ministro, una joven vestida con capas de encaje excesivo, intervino con desdén dirigiendo la mirada hacia Alessia.

—La 'reina' puede guardar sus amenazas, Todas aquí sabemos que solo es reina por nombre—dijo la joven, soltando una carcajada burlona—. Pero es reconocida, pues fue hija de un hombre importante para el Rey. Pero traer al harén a un soldado con vestido que huele a establo y a barro de campamento... Alessia, ¿cierto? Me pregunto si sabes tomar una cuchara de té sin romperla con tus toscas manos.

Alessia dio un paso al frente. Su porte no tenía nada de la docilidad que las damas esperaban.

—No necesito saber usar una cuchara de té para romperte la garganta si sigues dando un paso más hacia mi reina —respondió la guerrera con voz grave y firme, manteniendo la mano derecha sobre el costado donde solía llevar la espada—. Mi trabajo es proteger, y créeme, no nací para tolerar los graznidos de patos disfrazados de seda.

Un ahogado gemido de indignación recorrió a las jóvenes nobles.

—¡Qué vulgaridad! —siseó otra condesa, desviando el ataque hacia Lyra—. Pero qué se puede esperar cuando la concubina estratega no es más que una bailarina sacada del burdel más sucio de la capital. ¿Acaso crees que tus bailes seductores funcionarán en este palacio, niña?

Lyra ladeó la cabeza, jugando con un mechón de su cabello oscuro. Su mirada no reflejaba ofensa, sino una piedad casi burlona.

—Los bailes no, condesa —susurró Lyra, dando un paso lento hacia la joven mientras bajaba la voz a un tono confidente—. Pero en el burdel aprendí qué tipo de secretos guardan los hombres cuando están ebrios. Por ejemplo... su prometido nos visitó el mes pasado para saldar una deuda de juego bastante vergonzosa. ¿Quiere que le cuente a todo el salón qué fue lo que ofreció como garantía?

La condesa palideció al instante, dando un paso atrás mientras se llevaba la mano al pecho, incapaz de responder.

Finalmente, una vieja duquesa, famosa por controlar los matrimonios de la corte, miró a Daría con marcado asco.

—Y tú... la bastarda del Este. Qué triste que una mujer venda su honor por monedas de oro para intentar borrar que es hija de una sirvienta.

Daría dio un sorbo a su té con una tranquilidad exasperante. Ajustó las gruesas gemas de sus anillos con total tranquilidad antes de mirar a la duquesa.

—El honor no paga los salarios de sus guardias privados, duquesa —repuso Daría, con la voz serena de quien conoce los números exactos del imperio—. Ni tampoco paga las tres hipotecas que la Casa de su padre tiene pendientes con las rutas comerciales del Este. Casualmente, compré los títulos de esas deudas ayer por la tarde. Así que le sugiero cuidar sus palabras, a menos que quiera que su familia duerma en la calle antes del próximo eclipse.

El silencio que siguió en el Salón de las Camelias fue sepulcral.

Las nobles, que habían entrado dispuestas a despedazar a las cuatro mujeres de baja nobleza y orígenes cuestionables, se encontraron frente a un muro infranqueable. Ninguna de las cuatro se había acobardado; al contrario, cada una había devuelto el golpe con una precisión quirúrgica que dejó a la alta sociedad de la capital sin aire.

Amira dio un paso al frente, alzando el mentón y ajustando la pesada corona de Reina Consorte sobre su cabeza.

—Si no tienen más observaciones sobre nuestros orígenes —concluyó Amira, recorriendo con la mirada a cada una de las damas que ahora evitaban su contacto visual—, les sugiero que tomen asiento y beban su té en silencio. Este palacio ya no pertenece a sus juegos de corte.

« Mientras el título de reina consorte sea mío, yo gobernaré »

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Betty Saavedra Alvarado
Amira está dispuesta a todo por proteger a su rey
Betty Saavedra Alvarado
Será Alessia y Alistar
Betty Saavedra Alvarado
,Amira despertó el rey la cuida no quiere que nada malo le pase
Betty Saavedra Alvarado
Eso es a demostrar que puedes cuidar un reino
Betty Saavedra Alvarado
Amira es toda una mujer valiente
Betty Saavedra Alvarado
Amira está sufriendo como el rey que se culpa de no protegerla de ahora en adelante bla cuidara
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Lectora con visión 🥰
Mira tú, prometiste cuidar de ella y no lo cumpliste... por cierto esos nombres bien raros 😅

lo siento, me quedo con el rey y el príncipe 😅😅
Kiary Valverde: estan lindos 😭
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
Que triste 😭

yo creo que el rey ama a la reina, y que ella es su amada. por eso la reina sueña con ese enmascarado
Lectora con visión 🥰
ay noooo, la reina 😭😭😭😭
Lectora con visión 🥰
Le tengo miedo a la reina 🥺
Lectora con visión 🥰
Ahh el rey si se preocupa por su reina
Lectora con visión 🥰
Yo preocupada por la reina y ella toda una fiera 😂😅
Lectora con visión 🥰
Muy bueno, me gusta 🤩
Lectora con visión 🥰
son ideas mías, o el rey no ha demostrado interés en su reina, ya metieron a otra concubina y la reina que... 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Princesa Sora pisaste el palito y caiste en la trampa
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Porque no puede enamorarse quien será la elegida
Betty Saavedra Alvarado
Este cuarteto está dando mucho que hablar
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