Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 7
Sofía entra acompañada de otra mujer y hace las respectivas presentaciones.
- Buenas noches, Vero. Ella es Pamela Díaz, mi amiga abogada.
- Me habría gustado conocerte en otras circunstancias, Verónica. Ya Sofía me habló de tu caso.
- Un gusto conocerte, Pamela. ¿Qué más necesitas saber?
Pamela se sienta en la silla qué se encuentra junto a mi cama y comienza a hacerme preguntas. Minutos después le he contado mi vida a detalle.
- Conozco a tu esposo- comienza diciendo- En este ámbito, todos nos conocemos. Sé de buena fuente qué no acostumbrar conducirse de manera ética, precisamente. No será sencillo enfrentarse a él, pero podemos lograrlo. El primer paso es denunciar esta agresión y solicitar medidas cautelares.
Me explica el proceso y me aterra pensar que pueda llevarse a mis hijas lejos.
- No sé, no puedo arriesgarme a qué se las lleve.
- Tampoco puedes volver y seguir arriesgando tu vida- interviene Sofía.
Pamela asiente y me explica los riesgos qué implica volver.
- De verdad, necesito volver. Armar un plan, convencer a mis hijas de irse conmigo y organizar mi vida para poder enfrentarlo en el juicio. Necesito conseguir un trabajo, un lugar digno en dónde vivir.
- No puedo obligarte a hacer algo qué no quieres. Pero debes saber qué Rodrigo es un hombre peligroso, muy violento.
Las palabras de Pamela me hacen pensar qué no solo conoce a mi esposo a nivel profesional. Mi instinto me dice qué hay algo más detrás.
- Te dejo mi tarjeta, estoy disponible las 24 horas del día. De verdad, espero qué tomes la decisión y no esperes más tiempo para ponerle fin a este abuso.
- Gracias, Pamela. Lo voy a hacer, solo necesito unos días.
Sofía y ella, se despiden y mi amiga vuelve junto a mí. La expresión de su rostro me dice qué no está de acuerdo con mi decisión.
Llaman a la puerta, por un momento pasa por mi mente la posibilidad de qué se trate de Rodrigo y sé qué no va a reaccionar bien al encontrar aquí a Sofía.
- Adelante- respondo con temor.
La puerta se abre y el doctor Ocampo ingresa. El alivio qué siento es enorme y suelto todo el aire contenido, lo que provoca un dolor agudo en mis costillas lastimadas.
- Buenas noches. Lamento venir a estas horas, pero necesito hablar con usted, señora Mijares.
- Dígame, doctor.
Su mirada se dirige a Sofía y comprendo qué el tema requiere privacidad.
- Sofía es de mi absoluta confianza, doctor.
- Ok, señora. No dejo de pensar qué sus heridas no fueron ocasionadas por una caída y sí por su esposo. Llevo muchos años cubriendo el área de emergencias y no es la primera vez qué veo un caso así.
Me cuesta sostener la mirada y apenada, la dirijo hacía mi amiga, quien con un ademán me alienta a decir la verdad.
- No me equivoqué, ¿verdad?- dice al notar mi reacción.
- No, doctor. Tiene usted razón- admito en un murmullo.
- Es mi obligación reportarlo a las autoridades.
- ¡No! Por favor, se lo suplico. La seguridad de mis hijas está de por medio.
- Las autoridades van a brindarles protección.
- Usted no entiende. Mi esposo es abogado y su familia es poderosa. Ya contacté a una abogada y solo necesito unos días para poner mis asuntos en orden y voy a solicitar el divorcio.
El médico se muestra pensativo, mira a Sofía, cómo buscando una respuesta.
- Sí yo dejo pasar esto y su esposo vuelve a dañarla, será mi responsabilidad.
- No voy a permitir que eso suceda, doctor. Se lo prometo. Necesito unos días, nada más. Conozco a Rodrigo y sé muy bien cómo mantenerlo tranquilo.
- Pues ayer, no funcionó- dice Sofía.
- Ninguna mujer merece vivir con un hombre qué la maltrata. Es usted una mujer hermosa, Verónica y estoy seguro qué tiene muchas más cualidades. Es usted valiosa, no permita qué nadie le haga creer lo contrario.
Por alguna razón, las palabras del médico provocan qué mis mejillas se tornen en un color carmesí. Es la primera vez desde qué se presentó conmigo esta mañana qué realmente presto atención a su apariencia y debo aceptar qué es un hombre atractivo.
- Estoy decidida a dejarlo, doctor, pero debo prepararme para enfrentarlo legalmente.
- En esta ocasión, voy a hacer una excepción y de verdad espero no equivocarme. Si en algún momento se siente en peligro, no dude en llamarme.
Me entrega una tarjeta con sus datos y se retira. Sofía mueve la cabeza de un lado a otro en señal de desaprobación.
- Me preocupas, Vero.
- Te prometo qué voy a cuidarme, pero entiende qué no puedo irme sin mis hijas.
- Ok, te apoyo.
- Es tarde, vete a descansar.
- ¿Y dejarte sola? Ni lo sueñes, a penas y puedes moverte. Me quedaré aquí a cuidarte.
- Gracias, Sofi.
- No tienes nada que agradecer.
Tal y como lo prometió, se queda conmigo toda la noche y gran parte de la mañana.
Rodrigo reaparece por la tarde, argumentando mucho trabajo. Mis padres y los suyos llegan después.
Todos se compraron el cuento de que me caí por las escaleras. O mejor dicho, deciden ignorar la violencia qué mi esposo ejerce en mi persona.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes