Los primeros capítulos narran la primera vida de Alicia. Esta protagonista tuvo dos vidas, y en la segunda vida se desarrolla la saga final, donde ya se definirá cuál es su destino: si vivirá o morirá.
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Odio
Miré fijamente a Kim:
- ¡Suéltame, idiota!
Él me soltó:
- ¡Compórtese como una dama!
Le respondí con ira:
- ¡Me comporto como yo quiero!
Él se empezó a burlar de mí:
- Eres hermosa, con un cuerpo envidiable, pero ningún hombre se fijaría en una mujer como tú. ¡Jamás me fijaría en una mujer como usted!
Me volví a abalanzar sobre él:
- ¡Lo odio! Le juro que me la va a pagar.
Él me miró a la cara:
- ¿Por qué odia tanto a los hombres? Solo una mujer abusada y engañada actúa así.
Lágrimas empezaron a brotar de mis ojos:
- ¡Yo no soy una mujer que puedan dañar!
Corrí hasta mi caballo y me marché a toda prisa. Llegué a la hacienda y me encerré en mi habitación:
- ¡Ya no soy Alicia! ¡No puede afectarme!
Me puse un trapo en la boca y lloré hasta desahogarme. Gracias a eso, recordé que volví para vengarme y destruir a todos los que me lastimaron. Tomé una foto y la marqué con rojo; era la foto de Kang Park, el otro desgraciado que abusó de mí en compañía de Yoon.
Mi mayordomo llegó:
- ¡Señora! Conseguí información de Kang. Es un comandante muy popular y tiene una hermosa familia: una esposa y cuatro hijos. Son una familia modelo, eso hacen creer, pero en realidad la esposa sufre violencia doméstica y maquilla sus golpes.
Respondí:
- Es el pan de cada día. Somos maltratadas, violentadas y oprimidas; nadie nos hace caso. Debemos salir a la calle como si nada, tapando los moretones y fingiendo felicidad. Solo nos hacen justicia cuando estamos muertas, y muchas quedan impunes. Somos víctimas de varones que se creen superiores a nosotras por el mero hecho de ser hombres, pero no es así. Nosotras somos capaces de emprender y hacer muchas cosas. Por eso, siempre le aconsejo a las mujeres que se eduquen y ganen su propio dinero, para que no sean pisoteadas por un cabrón que solo busca satisfacer su orgullo de macho.
El mayordomo pronunció estas palabras:
- ¡Mi señora, este es un pez gordo!
Sonreí:
- ¡No te preocupes! “La debilidad de un hombre como él es una mujer hermosa; para ellos, una mujer hermosa es un premio para su ego”.
Por otro lado, Kim me mandó a investigar, pero no puedo encontrar mucho:
- Leticia es una poderosa presidenta y heredera de una de las más poderosas familias. Es una mujer fuerte, fue la mejor de su universidad; la apodan “La bruja negra”. Dicen que tuvo un amorío con un poderoso CEO y que lo dejó en ruinas. Tiene una hija de 3 años, su edad actual es de 28 años, y su pasado fue borrado; no hay nada sobre ella.
Kim respondió:
- Investígala más a fondo; algo oculta. Parece que detrás de ese caparazón de hierro hay una mujer lastimada que pidió justicia y no la tuvo.
El subordinado respondió:
- Dicen que esa mujer es peligrosa. ¡Tenga cuidado con ella!
Kim sonrió:
- ¡Quiero ver su cara de enojo cuando me vea llegar a su compañía como nuevo accionista mayoritario!
El subordinado le hizo esta pregunta:
- ¡Señor! ¿usted está enamorado de esa mujer?
Él, con un tono de enojo, respondió:
- ¡Jamás me fijaría en una mujer tan soberbia y agresiva!
Estaba en mi oficina cuando escuché un murmullo; era la novia de Kim:
- ¡Que salga esa mujer! ¡Anda detrás de mi prometido!
Yo salí hecha una fiera:
- ¿Qué escándalo es este?
Ella respondió con ira:
- ¡Eres una cualquiera! Estabas en el río con mi prometido.
Sonreí:
- ¿Tú quién eres?
Ella respondió:
- Soy la prometida de Kim, me conoces muy bien.
La miré fijamente:
- ¡Disculpa! Olvido fácilmente a las personas que no tienen ninguna importancia para mí. Tu novio es quien aparece misteriosamente donde estoy. ¡Ah! Mira, acaba de llegar; pregúntale a él.
Yuna, mi hermana, miró a esta mujer como una oportunidad para atacarme y sonrió.
Ella se puso furiosa:
- Kim, ¿qué haces aquí?
Kim, con enojo, respondió:
- ¡Soy accionista! Más bien, ¿qué haces tú aquí?
Me puse furiosa:
- ¿Cómo que accionista?
Él sonrió:
- Sí, soy el nuevo socio de la empresa. Tendrás que verme todos los días.
Sonreí:
- Deben estar confusos. ¡Esta mujer es la prometida de Kim! Por cierto, es la hija del dueño de una empresa de vino. Se siente poca cosa ante mí y cree que estoy con su prometido, que al parecer no le presta atención.
Ella se quedó sorprendida al saber que soy la presidenta:
- ¿Eres la presidenta?
Me acerqué a ella:
- ¡Sí, lo soy! Te daré un consejo: no me hagas tú enemiga o vas a saber de lo que soy capaz. ¡Seguridad, sáquenla de aquí!
Arthur apareció:
- ¿Qué sucede?
Le respondí:
- ¡Llegas tarde como siempre!
Alex apareció borracho:
- ¿Qué sucede?
Arthur se lo llevó:
- Eres un CEO, ¡te has vuelto loco!
Kim se acercó a mí:
- ¡Llévame hasta mi oficina!
Le respondí con un tono soberbio:
- No soy tu empleada, ¡búscate a otra!
Él sonrió y se mordió el labio:
- Usted y yo definitivamente no nos podremos llevar bien.
Lo tomé por un brazo:
- ¡Camine, no tengo todo el día, señor Kim!
Él me miró fijamente:
- Qué pena, una mujer tan hermosa y tan amargada. ¡Sonría!
Le respondí con un tono frío:
- ¡Usted no es digno de ver mi sonrisa! Vaya a pedírselo a su prometida.
Arthur amenazó a Alex:
- ¡Estás loco! Si vuelves a crearle otro escándalo a la empresa, atente a las consecuencias. ¡Vete a tu casa!
Kim llamó a uno de sus hombres para que investigaran un caso sobre una mafia en la que un comandante está involucrado.
Kang llamó a su sirviente:
- ¿Quién mató a Yoon?
El sirviente respondió:
- Fue esa mujer, la dueña de la empresa, y al parecer planea hacer lo mismo con usted.
Él empezó a reírse:
- Esa perra sí que es atrevida. ¡Denle un escarmiento para que aprenda que una mujer no debe desafiar a un hombre!
El vehículo de Kim no encendía, así que me tuve que ofrecer a llevarlo; no tuve de otra. Cuando íbamos camino a su casa, nos empezaron a seguir:
- Nos están siguiendo. ¡Kim, toma el volante!
Kim respondió:
- ¿Qué vas a hacer?
Tomé una escopeta del sillón de atrás:
- Voy a darles su merecido. ¡Conduce!
Me puse en el asiento de atrás y empecé a disparar:
- ¡Quieren guerra, cabrones! Pues guerra van a tener.
- ¡No van a huir, cobardes!
Las gomas del vehículo se dañaron y se derrumbaron por un precipicio; el auto explotó con ellos adentro.
Paramos el auto; él también sacó su arma. Ambos empezamos a disparar. Los hombres de Kim llegaron; los hombres que nos perseguían planeaban darse a la fuga. Tomé mi escopeta y le disparé a las gomas del auto.
Me puse en el asiento de atrás y empecé a disparar:
- ¡Quieren guerras, cabrones! ¡Pues guerra van a tener!
Kim me miraba sorprendido; mi puntería era superior a la de sus hombres.
Paramos el auto; él también sacó su arma. Ambos empezamos a disparar. Los hombres de Kim llegaron; los hombres que nos perseguían planeaban darse a la fuga.
Kim me miraba sorprendido; mi puntería era superior a la de sus hombres.
Paramos el auto; él también sacó su arma. Ambos empezamos a disparar. Los hombres de Kim llegaron; los hombres que nos perseguían planeaban darse a la fuga. Tomé mi escopeta y le disparé a las gomas del auto.