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La Reina De Hielo

La Reina De Hielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Giselle Sara

Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.

Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.

En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.

Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.

Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.

Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.

¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?

NovelToon tiene autorización de Giselle Sara para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL BAILE DE PODERES

Nunca había ido a un baile.

En el Castillo de Hielo, mi padre nunca me dejaba ir a los bailes reales porque decía que una princesa sin poder avergonzaba a la familia Frost. Me dejaba en la torre, mirando por la ventana de hielo como las otras princesas de hielo bailaban con vestidos azules.

Hoy, toda la Academia Nocturne iba a hacer un baile en mi honor. Y yo era la Reina.

"Abigail, tienes que ponerte esto."

Kieran entró a mi Torre de la Reina sin tocar. Ya no pedía permiso. Desde que me transformé en loba blanca frente a él, entraba como si la torre fuera suya también. Traía en sus manos de sombra una caja negra gigante que flotaba sola.

La abrió.

Adentro había un vestido. No blanco. No gris. No azul de hielo.

Era un vestido blanco con negro. La falda era blanca pura, larga, con capas de hielo blanco suave que parecía nieve real, que se movía sola aunque no hubiera viento. La parte de arriba era negra, de sombra pura, como la túnica de Kieran, pegada al cuerpo, con escote en V y con hilos de hielo blanco que formaban constelaciones. Como si llevara la noche y la nieve al mismo tiempo.

"Mi madre lo mandó a hacer antes de morir", dijo Kieran, con voz bajita. "Dijo que algún día nacería otra Reina Blanca y que este vestido sería para ella. Nunca pensé que sería para..."

No terminó. Se quedó mirándome con sus ojos dorados fijos.

"¿Para quién pensaste que sería?", le pregunté, agarrando el vestido. Era tan ligero que no pesaba nada, pero tan frío que quemaba rico.

"Para nadie. Pensé que ya no quedaban Reinas Blancas."

Me ayudó a ponérmelo. Cuando la tela negra de sombra tocó mi piel clara, se adaptó a mi cuerpo perfecto. La falda blanca de hielo empezó a brillar. Mi corona de hielo negro que flotaba sobre mi cabeza desde que me transformé, brilló más fuerte y se hizo más grande, con picos de hielo blanco y negro.

Me miré en el espejo de hielo.

No me reconocí.

Ya no era la Abigail de túnica gris mestiza. No era la princesa sin poder del Castillo de Hielo. Era una Reina. Joven, sí, 19 años, piel clara, cabello negro brillante que ahora tenía dos mechones blancos naturales desde que me transformé, ojos grises que a veces se ponían blancos cuando me emocionaba.

Detrás de mí, en el espejo, las veinte Reinas Blancas muertas sonreían. Mi madre, Lyra, me hizo una seña como diciendo "vas a romper corazones".

Kieran también me miraba en el espejo, desde atrás. Y por primera vez, no sonreía. Estaba serio. Celoso.

"Abigail, escucha. Hoy en el Baile de Poderes van a estar todos los Alfas herederos de los cinco reinos. Vienen porque escucharon que la Loba Blanca volvió. Van a querer bailar contigo. Van a querer tu poder. Van a querer casarse contigo para tener un hijo con poder de anti-magia."

"¿Y qué?"

"Y yo no quiero que bailes con ninguno."

Me giré. Estaba tan cerca que su capa de sombra negra rozaba mi falda blanca.

"Kieran Nocturne, ¿te estás poniendo celoso?"

"¿Celoso? Yo soy tu maestro. Tu primo lejano. Tu protector. No estoy celoso. Estoy... preocupado por tu seguridad. Tu campo de anti-poder solo funciona a un metro ahora que estás aprendiendo. Si un Alfa de fuego te toca, te puede quemar."

Se acercó más. Su mano de sombra tocó mi cintura, donde el vestido negro se unía con el blanco.

Cuando me tocó, pasó lo mismo de siempre. Nuestro poder se mezcló e hizo hielo negro con estrellas. Pero esta vez, el hielo negro subió por mi vestido blanco y lo hizo brillar como una galaxia.

"¿Ves? Solo mi sombra puede tocar tu hielo sin congelarse. Solo yo puedo bailar contigo sin que me congeles el poder."

Antes de que pudiera contestar, la puerta de colmillos se abrió sola y entró el Director.

"Reina Abigail, el baile empieza en 10 minutos. Todos te esperan. Y... Kieran, suéltala. Vas a arrugarle el vestido a la Reina."

Kieran me soltó rápido, como si lo hubieran atrapado robando.

El Gran Salón de la Academia Nocturne ya no era el comedor feo donde me tiraron agua. Era un palacio de cristal flotante. El techo era cielo abierto con estrellas. El suelo era espejo de agua donde podías ver tu reflejo. Había 5 zonas: una zona roja con fuego flotando para los de fuego, una zona blanca con viento para los de viento, una zona negra con sombras, una azul con hielo, y en el centro, una zona nueva que habían hecho hoy: blanca y negra. Mi zona. La zona de la Reina Blanca.

Cuando entré, con Kieran al lado con su traje negro de sombras, todo el salón se quedó en silencio.

Cientos de estudiantes con túnicas de gala me miraban. Ya nadie llevaba túnica gris. Yo había prohibido las grises ayer. Ahora los mestizos llevaban túnica plateada. Brillaban.

Y en primera fila, estaban los Alfas.

El Príncipe de Fuego, Rhaen, cabello rojo fuego, ojos naranjas, con una capa de lava. El Príncipe de Viento, Zephyr, cabello blanco plateado, que flotaba sin tocar el suelo. El Príncipe de Sombras, hermano de Kieran, con ojos dorados también pero más claros. Y el Príncipe de Hielo, mi propio hermano Kael, que había venido desde el Castillo de Hielo porque escuchó que su hermanita mestiza ahora era Reina.

Kael fue el primero en correr hacia mí. Me abrazó frente a todos, rompiendo el protocolo.

"¡Abby! ¡Mi hermanita! ¡Mamá me dijo que te transformaste! ¡Papá está furioso! ¡Dice que eres una abominación blanca! ¡Pero yo le dije que siempre supe que eras poderosa!"

Me abrazó tan fuerte que su armadura de hielo azul chocó con mi vestido blanco y negro y se congeló y se volvió blanco también.

"Kael, ¿qué haces aquí?"

"Vine a llevarte a casa. Papá quiere..."

No terminó, porque Rhaen, el Príncipe de Fuego, se puso entre nosotros y me hizo una reverencia tan profunda que su capa de lava tocó mi hielo y chisporroteó.

"Reina Abigail Frost, Princesa de la Loba Blanca. Soy Rhaen de Fuego. Mi padre, el Rey de Fuego, me manda a pedir tu mano en baile. Y si bailas bien, en matrimonio."

Antes de que pudiera decir que no, Zephyr, el de Viento, apareció volando y me quitó la mano de Rhaen.

"Ella no quiere bailar con fuego que quema. Quiere bailar con viento que la hace volar. Yo la haré flotar, Reina."

Y luego vino el Príncipe de Sombras, que era igual a Kieran pero con sonrisa mala.

"Quítense los dos. Ella es de sombras y hielo, como mi hermano Kieran. Pero yo soy mejor que mi hermano."

Todos querían bailar conmigo. Todos querían mi poder inmenso. Todos querían ser el Rey de la Reina Blanca.

Me sentí otra vez como en el comedor cuando me gritaban mestiza, pero al revés. Ahora todos me querían por interés.

Busqué a Kieran con la mirada. Estaba atrás, con los puños de sombra negra apretados, con celos en sus ojos dorados. No se acercaba porque era mi maestro, no un príncipe.

Entonces hice algo que nadie esperaba.

Activé mi campo de anti-poder. No de un metro. De 10 metros. Como cuando me transformé.

La onda blanca salió de mi vestido.

Todos los poderes del salón se apagaron.

El fuego de Rhaen se congeló en el aire. El viento de Zephyr dejó de flotar y cayó al suelo de culo. Las sombras del Príncipe de Sombras se volvieron hielo negro y se rompieron.

Todo el salón se quedó sin poder. Solo yo podía usar el mío. Y Kieran, porque su sombra era compatible con mi hielo.

Caminé en medio del salón sin poder, con mi vestido blanco y negro brillando, con mi corona flotando, y me paré frente a Kieran, el único que seguía de pie con su sombra intacta.

"Kieran Nocturne", dije en voz alta para que todos escucharan, con mi voz doble de loba. "¿Me concedes este baile? Porque eres el único en esta academia cuyo poder no deja de funcionar cuando estoy cerca."

Kieran sonrió. Por fin. Su sonrisa celosa se volvió sonrisa de ganador.

Se arrodilló frente a mí, me tomó la mano, y me llevó al centro del salón sin poder, donde nadie podía usar magia excepto nosotros dos.

Bailamos.

Y mientras bailábamos, mi hielo blanco y su sombra negra hacían figuras en el aire. Lobas blancas y lobos negros de sombra corriendo alrededor nuestro.

Todos los Príncipes nos miraban con envidia. Con rabia. Con deseo.

Y en el balcón de arriba, escondido entre sombras, vi una figura con una capa blanca de hielo azul.

Era mi padre, el Rey Elias Frost. Había venido. Y no estaba feliz. Tenía su espada de hielo absoluto en la mano.

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Kim ji sa-ra
está muy buena me gusta mucho
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