Anastacia Thompson lo sacrificó todo por salvar a su padre, incluso al hombre que amaba. Ella hizo lo impensable.
Años después, conoce a Edmund Carter. Él le devuelve la ilusión, la hace creer nuevamente en el amor y termina convirtiéndose en su prometido. Con él, Anastacia cree haber encontrado el amor que tanto había temido volver a sentir.
Pero ningún amor está libre de errores.
Cuando los secretos, el deseo y las heridas comienzan a poner a prueba su relación, todo aquello que Anastacia creía tener bajo control empieza a desmoronarse.
Todo cambia cuando Adrian Blake, el hermano mayor de Edmund el hombre que nunca olvidó a Anastacia, vuelve a su vida. Entre ellos existe un pasado que jamás murió una atracción que ninguno de los dos puede ignorar.
Mientras Edmund lucha por conservar el amor de la mujer que ama, Anastacia comienza a quedar atrapada entre la seguridad de un amor que conoce y el deseo prohibido de un hombre que nunca debió volver a su vida.
NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Oportunidad
Aparté la mirada para ocultar la sonrisa que comenzaba a aparecer en mi rostro no entiendo porque actúe como una idiota.
El restaurante era tranquilo y elegante. Nos sentamos frente a frente y pedimos la cena. Durante los primeros minutos hablamos de cosas sencillas, hasta que sentí curiosidad.
—¿Cómo conociste a Christian?
Edmund sonrió.
—Hace muchos años. Trabajábamos juntos en un proyecto. Al principio no nos soportábamos.
—Eso sí me lo creo.
—¿Por qué?
—Mi hermano puede ser insoportable.
Edmund rio.
—Después nos hicimos amigos.
—¿Y sigues siendo su amigo después de conocerlo bien?
—Por alguna razón.
Solté una pequeña risa.
—Me alegra que tenga buenos amigos.
—Christian es un buen hombre.
Hizo una pausa.
—Aunque tengo que admitir que yo tuve algo que ver con que conociera a Vanessa.
Abrí los ojos.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Cómo?
Edmund comenzó a reír.
—Es una historia bastante ridícula.
—Ahora tienes que contármela.
—Christian quería acercarse a ella, pero no se atrevía.
—Eso suena a mi hermano.
—Entonces decidí ayudarlo.
—¿Qué hiciste?
—Me disfracé de ladrón.
Lo miré completamente sorprendida.
—¿Qué?
—Un ladrón.
—No puede ser.
—Sí.
Solté una carcajada.
—¿Y qué hizo Christian?
—Apareció justo cuando yo estaba fingiendo robarle el bolso a Vanessa.
Me llevé una mano a la boca.
—No.
—Sí. Christian apareció como un héroe, me enfrentó y la "salvó".
Ya no podía contener la risa.
—¡Edmund! ¡Si Christian viera un ladrón de verdad, saldría corriendo!
Él rio conmigo.
—Eso mismo pensé después.
—No puedo creer que hayas hecho eso.
—Funcionó.
—¿Y Vanessa se enamoró de él?
—Terminó enamorándose.
—Entonces supongo que valió la pena.
Edmund me observó durante unos segundos.
—Me gusta tu risa.
Mi expresión cambió lentamente.
Él tomó mi mano sobre la mesa.
—Mucho.
Sentí un pequeño estremecimiento. Nos quedamos mirándonos mientras la conversación se apagaba. Edmund se inclinó ligeramente hacia mí. Yo no retrocedí. Su rostro estaba cada vez más cerca y podía sentir su respiración.
Sus ojos buscaron los míos y luego descendieron lentamente hacia mis labios. Levantó una mano y acarició con suavidad mi rostro. Su pulgar rozó mi mejilla mientras se acercaba todavía más.
Sabía lo que iba a hacer.
Iba a besarme.
Pero antes de que sus labios tocaran los míos, aparté el rostro.
—No... no, por favor.
Edmund se detuvo inmediatamente y retiró la mano.
—Lo siento.
Negué con la cabeza.
—No es por ti.
—Entonces, ¿qué sucede?
Lo miré. No sabía cómo explicarle todo lo que estaba pasando dentro de mí.
—Me gustas demasiado.
Él permaneció en silencio.
—Y eso me asusta.
Edmund tomó aire y volvió a mirarme.
—Ana, me gustas demasiado. Te amo.
Sentí un nudo en la garganta.
—Por favor, no digas eso.
—¿Por qué?
—Porque no sabes quién soy. No me conoces. No sabes las cosas que he hecho ni todo lo que hay en mi.
—Entonces dame la oportunidad de conocerte.
Bajé la mirada.
—No sabes cuánto sufrí y cuanto e pasado.
—No tienes que contarme yo te quiero ahora quiero tu presente no tu pasado.
—No quiero lastimarte, Edmund.
Él tomó mi mano con delicadeza.
—Nunca lo harás.
Levanté los ojos.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque lo que siento por ti es real.
Sus palabras hicieron que mi pecho se apretara pensé en Tom.
Recordé sus ojos aquella última vez. La forma de su rostro cuando me había preguntado si había alguien más. Su voz quebrada cuando me dijo que me amaba y que podía ayudarme con cualquier cosa que estuviera atravesando.
Recordé cuánto había sufrido por mi culpa.
No quería volver a provocar ese dolor en alguien que me quisiera.
—Tengo miedo —admití.
—Yo también.
—Entonces, ¿por qué sigues aquí?
Edmund entrelazó sus dedos con los míos.
—Porque quiero amarte y quiero que me des una oportunidad. quiero que tú me la des solo una oportunidad por favor.
Lo observé durante varios segundos.
Quizá había pasado demasiado tiempo castigándome por lo que había ocurrido. Quizá no tenía que vivir para siempre huyendo de aquello.
No sabía qué iba a suceder.
Pero sabía lo que estaba sintiendo y eso me aterraba.
Me acerqué lentamente a él. Esta vez no retrocedí cuando levantó la mano y acarició mi rostro. Sentí el calor de su piel, la cercanía de su cuerpo y aquella tranquilidad que aparecía cada vez que estaba a su lado.
Y comprendí algo que llevaba demasiado tiempo intentando negar.
Eso era lo que quería. Quería estar con él. Quería sentirlo cerca, escuchar su voz y dejarme envolver por esa tranquilidad que, sin entender cómo, solo encontraba cuando estaba a su lado. Quería dejar de tener miedo.
Cerré los ojos y apoyé mi mano sobre la suya. Sentí el calor de sus dedos y, por un instante, todo lo que había vivido pareció quedar muy lejos. Me dejé llevar por aquella sensación, por la seguridad que me transmitía su cercanía y por ese extraño deseo de no apartarme.
Durante tres años había vivido aferrada al pasado. Había pensado que amar otra vez significaría traicionarme a mí misma, que entregar mi corazón sería volver a darle a alguien el poder de destruirme. Pero Edmund no me hacía sentir así. Con él no quería huir. Quería quedarme.
Abrí los ojos y lo miré. No sabía qué iba a suceder después, ni si aquello que estaba sintiendo terminaría por hacerme daño. Pero en ese momento no quería pensar en el miedo.
Y, por primera vez, pensé que quizá todavía podía volver a ser feliz.
En la posibilidad de volver a amar.
Pasaron algunos días y, poco a poco, Edmund comenzó a formar parte de mi vida de momentos que hacían más llevaderos mis días. Nunca me presionó ni me pidió explicaciones. Simplemente estaba allí.
Una noche estábamos en mi apartamento cuando tomó mis manos.
—Ana.
Lo miré.
—¿Sí?
Respiró profundamente.
—Quiero preguntarte algo.
—Pregúntame.
—¿Quieres ser mi novia?
Sentí que mi corazón comenzaba a latir con fuerza.
—Edmund...
—No tienes que responder inmediatamente.
Lo miré durante unos segundos y sentí que una sonrisa aparecía en mis labios al igual que mis lágrimas.
—Sí quiero.
Sus ojos se iluminaron.
—¿De verdad Ana?
—De verdad.
Me abrazó con fuerza.
—Te amo demasiado.
Cerré los ojos entre sus brazos.
—Yo también te amo.
Por primera vez en mucho tiempo, esas palabras no me provocaron miedo. Me dieron paz. Sentí que la vida me estaba ofreciendo una oportunidad maravillosa, una segunda oportunidad que jamás había esperado y que, en el fondo, creía no merecer.
La habitación estaba en silencio, apenas iluminada por la luz tenue que entraba desde la ventana. Edmund estaba frente a mí y, por un instante, ninguno de los dos dijo nada. Solo nos miramos. Su mirada recorrió mi rostro con una ternura que me hizo estremecer. Levantó una mano y acarició lentamente mi mejilla