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QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Escuela / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:831
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En Markhan College, los secretos tienen precio… y algunos se pagan con sangre.

Ivy Sawyer era hermosa, brillante y aparentemente perfecta. Todos querían ser su amigo, todos la admiraban y muchos la envidiaban. Hasta que apareció muerta.

Rose Dawson no está dispuesta a aceptar la versión oficial. Mientras comienza a investigar, descubre que Ivy había dejado detrás una colección de secretos, mentiras y enemigos. Profesores destruidos por acusaciones, alumnos expulsados injustamente, becas obtenidas mediante accidentes, estudiantes acosados hasta la tragedia y una misteriosa Orden que controla silenciosamente los pasillos de Markhan.

Pero cuanto más investiga Rose, más incómoda se vuelve la verdad.

Ivy no era la víctima inocente que todos creían.

Era una estratega.

Una manipuladora.

Y quizá, la persona más peligrosa de toda la academia.

Ahora Rose deberá descubrir quién la mató… antes de convertirse en el próximo secreto enterrado de Markhan.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA LISTA DE DEBILDADES

La noche cayó sobre Markhan College con una densidad asfixiante. En el exterior, el viento azotaba los viejos robles del campus, provocando silbidos melancólicos que chocaban contra los cristales rectangulares de la habitación 201. Apenas eran las nueve de la noche, pero el pabellón residencial parecía sumergido en un silencio artificial, denso y sepulcral.

Acomodada sobre la cama estrecha, bajo la luz tenue e inquieta de una lámpara de noche, volví a abrir el cuaderno de cuero rosa que había pertenecido a mi hermana.

Pasé la yema de los dedos sobre la cubierta. El relieve en oro con sus iniciales, I. S., aún conservaba un rastro distante de perfume caro, una fragancia dulce y sofocante que reconocería en cualquier parte. Sin embargo, el contenido no era la confidencia ingenua de una adolescente; era un mapa de destrucción, un archivo de inteligencia y chantajes articulado con aterradora precisión quirúrgica. Ivy no escribía por desahogo emocional ni por llevar un diario personal. Escribía por pura estrategia.

Cada página estaba organizada metódicamente: nombres completos, fechas exactas, vulnerabilidades detectadas, secretos familiares y el momento oportuno en que planeaba utilizar cada pieza de información para doblegar a sus víctimas.

Pasé las hojas despacio, dejando que mis ojos leyeran los detalles minuciosos sobre las personas que compartían pasillo conmigo:

Erick Vance: Varias anotaciones detallaban fotografías tomadas en situaciones comprometedoras durante las fiestas clandestinas que la élite del campus organizaba fuera del perímetro escolar. Al lado del nombre de Erick, Ivy había trazado una línea limpia y una nota al margen: «Beca deportiva en juego. Si se pasa de listo, las fotos llegan al comité directivo antes del mediodía. Sometimiento instantáneo».

Raquel Sterling: Una lista de registros falsificados de plagio en los exámenes de admisión. Ivy los había plantado con paciencia en los servidores del colegio para asegurar que Raquel dependiera por completo de su protección para mantener su estatus académico y la aprobación de su familia.

Profesor Harrison: Un expediente alarmante sobre un caso de acoso escolar inventado que terminó destruyendo la carrera de un hombre intachable en menos de cuarenta y ocho horas, sin dejarle la menor oportunidad de réplica o defensa ante el consejo escolar.

Mi estómago se revolvió en un nudo amargo. No había un solo rastro de piedad o remordimiento en aquellas líneas redactadas con cAligrafía fluida y elegante; solo una aterradora sed de dominio y un control calculado sobre todo lo que la rodeaba. Ivy entendía el poder no como una posición, sino como la capacidad de destruir la vida de los demás manteniendo una sonrisa impecable frente al mundo.

Sin embargo, al llegar a la última sección del diario, la dinámica de la escritura cambiaba de forma drástica. Las oraciones frías, analíticas y casi burocráticas daban paso a algo radicalmente distinto: una obsesión sofocante y un deseo compulsivo de posesión.

A diferencia del resto de sus compañeros, no había cuadros de vulnerabilidad académica o chantajes económicos estándar para la siguiente persona. Las páginas dedicadas a él estaban cubiertas de manchas de tinta apresuradas y frases subrayadas varias veces hasta romper la hoja:

«Malcom Price creía que podía mantener la cabeza en alto. Pensaba que por llevar el apellido Price y formar parte de una de las familias fundadoras estaba fuera del alcance de cualquiera en esta institución. Qué equivocado estaba. No me tomó ni dos semanas encontrar la grieta en su estructura, esa fisura familiar que sus padres se han esforzado tanto en ocultar. Ahora es mío. Firma donde le digo, habla cuando se lo permito y me mira como si fuera su peor pesadilla. Y lo soy. No voy a soltarlo nunca. Si intenta alejarse, lo destruyo a él y a todo lo que lleva su nombre».

Cerré el libro de golpe. El chasquido del cuero contra la madera del escritorio resonó como un disparo en las paredes vacías de la habitación.

Apoyé las palmas de las manos sobre la mesa y respiré hondo para estabilizar el ritmo acelerado de mi corazón.

Todo empezaba a encajar con una claridad escalofriante. El pequeño moretón que había descubierto esa misma mañana en la mandíbula de Malcom Price no era el resultado de una pelea casual ni un accidente deportivo. Era la huella visible de un hombre acorralado durante meses, alguien sofocado bajo el peso de un chantaje constante, cuyo futuro, reputación y cordura dependían de la piedad de una chica que disfrutaba apretar el cuello de sus presas hasta dejarlas sin aire.

Ivy no solo dominaba a la gente en Markhan; convertía sus vidas en jaulas invisibles. Y Malcom había estado atrapado en la jaula más estrecha de todas.

Me levanté despacio de la silla. Tomé el cuaderno de Ivy junto con el mío y los deslicé con cuidado debajo de la almohada de la cama, asegurándome de que quedaran completamente ocultos a la vista de cualquiera que pudiera entrar. Luego, me acerqué al ventanal del cuarto y corrí apenas la cortina para mirar hacia el exterior.

A través de la penumbra y de la fina llovizna que comenzaba a caer, el pabellón masculino se erigía a unos cientos de metros, silencioso y oscuro, como una fortaleza blindada contra la verdad. Alguna luz aislada parpadeaba en las ventanas superiores, pero la mayor parte del edificio permanecía en sombras.

En esa oscuridad, Malcom Price escondía el motivo más antiguo, visceral y poderoso que ha movido a la humanidad a matar: la libertad. La necesidad desesperada de liberarse de una soga que se aprieta cada día un poco más antes de que arruine por completo todo lo que amas.

Apreté los puños contra el marco frío de la ventana, sintiendo cómo la ira y la determinación reemplazaban paulatinamente el mareo que me provocaba leer las crueldades de mi hermana. Si Ivy pensó que podía jugar con la vida de los demás sin pagar las consecuencias, se había equivocado trágicamente. Y si Malcom creía que el secreto de esa noche moriría en el suelo del bosque con ella, también estaba a punto de descubrir su error.

—Mañana hablaremos cara a cara, Malcom —susurré hacia el cristal empañado, viendo cómo mi propia respiración borraba parcialmente las luces lejanas del campus—. Y me vas a decir exactamente qué fue lo que hiciste esa noche.

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