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Latidos Prohibidos

Latidos Prohibidos

Status: Terminada
Genre:CEO / Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Valentina Romero siempre ha vivido con una sonrisa, tratando de ver el lado bueno de la vida a pesar de su corazón frágil. Cada día es una batalla silenciosa entre la fuerza que muestra al mundo y la vulnerabilidad que la acompaña en la soledad de su habitación. Sabe que amar podría significar dolor, que entregar su corazón podría ser un lujo que no puede permitirse.

Hasta que conoce a Dante Moretti , un CEO poderoso, frío y seguro de sí mismo, cuya mirada no la trata con lástima, sino con un interés que la desconcierta y la atrae como nunca antes. Él percibe sus miedos y debilidades, pero no los juzga; él la ve.

Juntos comienzan una relación sin promesas, sin etiquetas, marcada por la pasión contenida, la complicidad y la química que ambos sienten, aunque el tiempo no esté de su lado. Mientras la enfermedad de Valentina avanza silenciosa, los sentimientos crecen y la tensión entre lo que desean y lo que temen alcanzar se hace insoportable.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El Peso de la Máscara

La luz de la mañana se colaba por las persianas del apartamento de Valentina, iluminando motas de polvo que danzaban en el aire como polvo de hadas.

El silencio era cómodo, habitado.

Dante, sentado a la mesa de la cocina con una taza de café negro, observaba a Valentina moverse con una lentitud deliberada, como si cada gesto fuera medido y preciado.

La crisis de la mañana anterior había dejado un rastro de cansancio en sus ojos, pero también una paz nueva: la paz de una batalla compartida.

Ella servía té en dos tazas de porcelana fina, con flores pintadas a mano que le habían regalado. —La rutina —dijo de pronto, su voz suave rompiendo el silencio—. Nunca pensé que le encontraría tanto consuelo, hacer siempre lo mismo, en el mismo orden como un ritual.

Dante inclinó la cabeza, estudiándola. No era un hombre dado a las conversaciones sobre sentimientos, pero con ella, cada palabra era un mapa que quería descifrar. —¿Consuelo? —preguntó—. La mayoría de la gente encuentra las rutinas opresivas.

—Para mí es lo contrario —respondió Valentina, llevando las tazas a la mesa y sentándose frente a él con un suspiro leve—. Es como… tener barandillas en un puente muy alto, saber que si me agarro a ellas, no me caeré. El desayuno a las ocho, la medicación a las ocho y cuarto, el paseo a la librería a las nueve… Son pequeñas victorias. Pequeñas pruebas de que todavía tengo el control de algo.

Él contempló su té, luego la miró a ella. Su intensidad habitual se había suavizado en una curiosidad profunda. —¿Y los pequeños placeres? —preguntó—. ¿También son parte de las barandillas?

Una sonrisa tímida asomó a los labios de Valentina. —Sí. El primer sorbo de té de la mañana. El olor de un libro nuevo. La sensación del sol en la cara en un día frío… —Hizo una pausa, mirando su taza—. Son como puntos de anclaje. Me recuerdan que la vida no es solo latidos irregulares y citas médicas. Que hay belleza en los detalles. Que merece la pena pelear por ellos.

Dante no dijo nada durante un largo momento. Simplemente la observaba, absorbiendo sus palabras, viendo la vulnerabilidad que había bajo su capa de fortaleza. —Nunca lo había visto así —admitió al fin, su voz más suave de lo habitual—. Para mí, los placeres suelen ser… transacciones. Algo que se consigue, se disfruta y se archiva. No… anclajes.

—Quizás deberías probar a bajar el ritmo —sugirió ella, con un deje de su sarcasmo habitual—. Disfrutar de un café sin revisar el correo electrónico. Leer un libro que no te haga más listo o más rico, solo… más feliz.

—¿Como Ana Karenina? —preguntó él, arqueando una ceja, refiriéndose a su primer encuentro.

—Exactamente —rió ella, un sonido claro que iluminó la cocina—. Aunque tal vez empieces con algo más ligero, no quiero que te duermas y derrames el café otra vez.

Él esbozó una media sonrisa, pero sus ojos seguían serios. —Tuve que releer el final tres veces después de… —hizo un gesto vago hacia el sofá, donde ella se había desplomado el día anterior—. Para asegurarme de que no me había perdido nada.

La mención del episodio tensó levemente el aire. Valentina desvió la mirada, jugueteando con el asa de su taza. La comodidad se quebró un poco, dejando que el miedo se colara de nuevo.

—Dante… sobre ayer… —empezó, intentando explicar, intentando disculparse de nuevo.

—No —la interrumpió él, su voz firme pero no cortante—. No hoy, hoy solo hay té y… puntos de anclaje.

Ella asintió, agradecida, y se levantó para llevar su taza vacía al fregadero.

Quería moverse, romper la tensión.

Pero al girarse, un mareo repentino y traicionero la embistió. No fue violento como el de la víspera, sino una ola de debilidad que le nubló la visión y la hizo tambalearse. La taza se le escapó de los dedos, estrellándose contra el suelo de baldosas en mil pedazos de porcelana azul.

—Oh… —exhaló, llevándose la mano a la sien—. Lo siento… qué torpe…

Pero Dante ya estaba a su lado. No se movió con la urgencia del día anterior, sino con una calma resolutiva. Sus manos se posaron en sus brazos, firmes, estabilizándola. —Tranquila —murmuró—. Yo me encargo.

La guió suavemente de vuelta a la silla. Ella se dejó llevar, la vergüenza ardiéndole en las mejillas. —Estoy bien —insistió, el mantra automático saliendo de sus labios—. Solo me he levantado demasiado rápido, es una tontería.

Dante se arrodilló frente a ella, a su altura, ignorando los fragmentos de porcelana a su alrededor. Sus ojos grises capturaron los suyos, impidiéndole que mirara a otro lado. —Valentina —dijo, y su voz tenía una cualidad nueva, una suavidad casi más devastadora que su intensidad habitual—. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a alguien, de verdad, que no estás bien?

Las palabras la golpearon con la fuerza de un puñetazo. Todas sus defensas, todas las capas de sarcasmo y fortaleza que había construido con tanto cuidado, se resquebrajaron en ese instante. Las lágrimas acudieron a sus ojos sin permiso, nublando la imagen de su rostro serio y preocupado.

—Yo… no puedo… —tartamudeó, sacudiendo la cabeza—. Si me paro, si lo admito…

—¿Qué? —preguntó él, bajando las manos para tomar las suyas, que temblaban levemente—. ¿Qué pasa si lo admites?

—¡Que todo se viene abajo! —explotó en un susurro quebrado, la voz cargada de una angustia acumulada durante años—. Que si dejo de sonreír, dejo de luchar. Que si muestro lo asustada que estoy todo el tiempo, lo cansada que estoy de tener que ser fuerte… la gente se va. Se asusta. O peor, se queda por lástima.

Dante apretó sus manos. Su contacto era ancla y salvavidas al mismo tiempo. —Yo no soy "la gente" —declaró, con una certeza absoluta que no admitía discusión—. Y no me voy a ninguna parte. Ni por lástima ni por obligación.

Ella cerró los ojos, una lágrima escapando por fin y recorriendo su mejilla. —Es tan difícil… —confesó, su voz apenas un hilo—. Estoy tan cansada, Dante. Tan cansada de aparentar que todo está bien cuando no lo está. De calcular cada paso, cada emoción, cada latido. De tener miedo de mi propio cuerpo.

La admisión, hecha en voz baja y cargada de un agotamiento infinito, flotó en el aire de la cocina. Era la verdad más cruda que había pronunciado frente a él, frente a cualquiera.

Dante no intentó consolarla con palabras vacías. No le dijo que todo iría bien. En lugar de eso, se inclinó hacia adelante y apoyó su frente contra la de ella. Un gesto íntimo, de una conexión profunda que trascendía lo físico.

—Lo sé —murmuró, su aliento cálido mezclándose con el de ella—. Lo sé. Y no tienes que hacerlo más. No conmigo. Aquí, conmigo, puedes estar cansada. Puedes estar asustada. Puedes no estar bien.

Valentina dejó escapar un sollozo ahogado, un sonido de pura rendición.

Se inclinó hacia adelante, permitiendo que su frente descansara completamente contra la de él, dejando que la fuerza de su presencia calmada la sostuviera.

Las lágrimas siguieron fluyendo, silenciosas y liberadoras.

Permanecieron así durante un largo momento, arrodillados entre los restos de la taza rota, en el suelo de la cocina bañado por la mañana. No había necesidad de palabras. El silencio entre ellos estaba lleno de una comprensión más elocuente que cualquier discurso.

Finalmente, Dante se separó solo lo suficiente para mirarla a los ojos. Con el pulgar, le enjugó una lágrima de la mejilla con delicadeza. —¿Sabes? —dijo, su voz aún baja—. Esos pequeños placeres de los que hablabas… el té, el sol… —Hizo una pausa, buscando las palabras—. Para mí, ahora son esto. Poder estar aquí. Poder ver esto. La verdad. Es el anclaje más fuerte que he tenido nunca.

Valentina lo miró, viendo la sinceridad absoluta en sus ojos grises. La máscara se había resquebrajado por completo, y en lugar de horror o lástima, lo único que encontró en su mirada era aceptación. Una aceptación total e incondicional.

Una paz profunda, nueva y extraña, comenzó a lavar la angustia. El peso no había desaparecido, pero ya no lo cargaba sola.

—Yo también —susurró.

Él se levantó y extendió la mano para ayudarla a ponerse de pie. —Ahora —dijo, con un tono práctico que rompió la intensidad del momento sin romper el hechizo—, vamos a recoger estos restos antes de que alguno de los dos acabe con los pies llenos de porcelana.

Ella rió, un sonido entrecortado por las lágrimas pero genuino. —Tú barres —dijo, recuperando un atisbo de su humor—. Yo superviso. Es parte de mi rutina. Pequeña victoria número… no sé, he perdido la cuenta.

Dante sonrió, una sonrisa completa y rara que iluminó todo su rostro. —La anotamos en la lista.

Mientras él buscaba la escoba y el recogedor, Valentina se quedó mirando su espalda ancha, sintiendo el eco de sus propias palabras en el aire.

Estoy tan cansada.

Haberlo dicho en voz alta, haber sido escuchada y aceptada, había sido en sí mismo un pequeño placer.

Un nuevo punto de anclaje en un mar incierto.

Por primera vez, creyó que tal vez, solo tal vez, los anclajes podrían ser suficientes para mantenerla a flote.

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Melisuga
💖💖💖
¡Un amor más grande que el amor!
Melisuga
Esa es una gran respuesta. De hecho, la mejor que podría darle en estas, y cualquier otra, circunstancias.
Melisuga
La intensidad de los sentimientos y la relación de Valentina y Dante me desborda.
💖💖💖
Melisuga
Insisto, Dante hace las declaraciones de amor más bizarras y hermosas que he leído en mucho tiempo.
💓💖💓
Melisuga
Imaginar esta escena ha sido emocionante y especial, llena de una ternura y sensualidad de altos quilates.
Melisuga
Imagino lo abrumada que debió sentirse Valentina con tanta información médica a considerar y los riesgos a su vida a corto, mediano y largo plazos; en dependencia de la decisión que tome y conducta que siga.
Melisuga
Dante ha hecho una de las declaraciones de amor más extrañas y hermosas que haya visto o leído.
😍😍😍
Melisuga
¡Qué lindo y dulce sonó es "mi vida"!
😍😍😍
Melisuga
La forma en que Dante quiere y trata a Valentina es maravillosa y sublime. ¡Me ilusiona!
😍😍😍
Melisuga
¿Ves lo que te digo, Valentina? Él sabe distinguir una joya real escondida entre imitaciones, sean de poca o mucha calidad.
Melisuga
Y en lo único que tienes razón es en que tú no das con facilidad lo que ellas sí: tu cuerpo y una conversación fatua y poco interesante. Eres mucho más que eso, eres inteligencia, valores, humildad y respeto. Y Dante lo sabe y por eso te busca y protege.
😍😍😍
Izy Maldonado
Ijole que dificil
Izy Maldonado
No que no muera😭😭😭😭
Izy Maldonado
Es una lástima que fallo el tratamiento 😢
Izy Maldonado
Que bueno que despertó 😭
America Lopez
creo que ocurrió algo, el capítulo 45 no está y el 46 es el mismo contenido del 44, pero es una observación, la historia está demasiado interesante, me encanta
America Lopez
guao, no me esperaba que el tratamiento fuera fallar, que pena... seguimos vamos a la operación ahora le toca resistir y persistir
Guillermo Peralta
estupenda llore en toda la lectura pero me fascinó mucho 💖🥰👏🤭
America Lopez
Dios que terrible esa experiencia, pero que hermoso amor nació entre ellos, la adversidad. la escritora es genial, porque vives cada momento bueno y malo, lo sientes tu corazón se alegra y llora con los protagonistas
Izy Maldonado
Es hermosa, triste😢 pero hermosa y esta llegando la esperanza de no estar sola en esa lucha continua
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