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Reencarne En El Cuerpo De La Esposa De Duque.

Reencarne En El Cuerpo De La Esposa De Duque.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: KeniaLV.

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La huida y la verdad oculta

El silencio en la pequeña celda era tan denso que se podía escuchar el latido acelerado de nuestros propios corazones. Allí, en aquel rincón frío y húmedo, la vimos: Valeria, encogida sobre un jergón de paja seca y sucia, con el rostro pálido y demacrado. A la luz tenue que se filtraba por una pequeña abertura en la pared, se distinguían claramente los moretones azulados en su mejilla derecha, una pequeña herida seca en el labio inferior y marcas oscuras alrededor de sus muñecas, donde las cuerdas la habían mantenido atada durante días. Su ropa estaba rasgada y cubierta de polvo y barro, pero cuando levantó la vista y nos reconoció, sus ojos, aunque cansados y llenos de miedo, se iluminaron con una chispa de esperanza que nos dio fuerzas a todos.

—¿Sois reales? —susurró con voz débil y quebrada, como si temiera que todo fuera solo una alucinación provocada por el hambre y el frío—. Pensé que nadie vendría nunca…

Kaelen se acercó despacio, con las manos levantadas para demostrar que no representaba ninguna amenaza, y su mirada, habitualmente tan dura y seria, se suavizó por completo al verla en ese estado. Se agachó frente a ella y habló con un tono suave, casi un susurro:

—Somos nosotros, Valeria. Hemos venido a sacarte de aquí. Ya no estás sola. Nadie te hará daño nunca más.

Ella intentó sonreír, pero el dolor se lo impidió. Cuando extendió la mano temblorosa hacia nosotros, vi que le faltaba fuerza, como si sus músculos hubieran olvidado cómo moverse con libertad. Ayudamos a que se incorporara con mucho cuidado, evitando tocar las zonas donde parecía tener más dolor. Al ponerse de pie, dio un paso vacilante y estuvo a punto de caer, pero dos de nuestros hombres la sostuvieron con suavidad. Estaba débil, había pasado varios días sin comer bien y sin recibir agua suficiente, pero seguía con vida, y eso era lo único que importaba en ese momento.

—Tenemos que irnos rápido —advirtió uno de los guardias, asomándose por la puerta con precaución—. Si nos descubren aquí, nos rodearán y no tendremos salida.

Kaelen asintió con gravedad y envolvió a Valeria en una manta gruesa que habíamos traído, protegiéndola del frío penetrante que recorría los pasillos de piedra. Luego, le habló con firmeza pero con cariño:

—Escúchame bien. Vamos a salir por el mismo camino oculto por el que hemos entrado. Es peligroso y difícil, pero es la única vía segura. ¿Crees que podrás caminar con nuestra ayuda?

Valeria asintió con decisión, apretando los dientes para soportar el dolor:

—Puedo hacerlo. Solo quiero salir de este lugar.

Avanzamos con extrema cautela por los pasillos estrechos y mal iluminados. Cada paso resonaba suavemente sobre las losas de piedra, y nos deteníamos en cada esquina para escuchar si había guardias cerca. El fuerte era mucho más grande de lo que parecía desde fuera; sus muros escondían cientos de habitaciones, pasadizos y escaleras que subían y bajaban sin orden aparente. En el camino, Valeria nos explicó con voz entrecortada lo poco que sabía:

—Me trajeron aquí hace casi una semana —nos contó mientras caminábamos apoyada en el brazo de Kaelen—. Me vendaron los ojos todo el trayecto, así que no sabía dónde estábamos. Al principio me trataron con respeto, pero cuando me negué a contestar sus preguntas sobre cosas que yo no entendía, se enfurecieron. Querían que les hablara de un antiguo poder, de una herencia que supuestamente llevo en la sangre… cosas que nunca nadie me había mencionado. Cuando me negué a hablar, empezaron a tratarme con dureza.

—¿Preguntaron por algo en particular? —le pregunté en voz baja, caminando a su lado.

—Hablaban de una piedra llamada el Corazón de Ámbar —respondió ella, frunciendo el ceño como si intentara recordar palabras que le parecían extrañas—. Decían que yo era la única que podía encontrarla o despertarla. Yo no sé de qué me hablaban, nunca había oído ese nombre antes. Pero entendí que eso era lo que buscaban: no era yo, sino algo que creían que yo poseía.

De repente, un grito fuerte rompió el silencio: nos habían descubierto. Al doblar una esquina, nos encontramos de frente con tres guardias que patrullaban la zona. Al vernos, sacaron sus espadas y gritaron para alertar al resto de la guarnición:

—¡Intrusos! ¡Están aquí! ¡Han encontrado a la prisionera!

—¡Rápido, protegedla! —ordenó Kaelen, poniéndose delante de Valeria y desenvainando su espada con un movimiento rápido y preciso.

Se desató un combate breve pero intenso. Nuestros hombres estaban entrenados y motivados, y aunque los guardias eran fuertes y numerosos, no esperaban un ataque por esa zona. Sin embargo, los gritos habían servido de alarma, y pronto se escucharon pasos corriendo desde diferentes direcciones. No podíamos detenernos a luchar con todos; teníamos que escapar antes de que cerraran todas las salidas.

—¡Por aquí! —gritó el prisionero que habíamos traído como guía, señalando una escalera de piedra que bajaba hacia lo profundo—. ¡Es el camino más corto hacia la puerta oculta!

Corrimos lo más rápido que pudimos, ayudando a Valeria entre todos. Sentíamos los pasos de los perseguidores cada vez más cerca, el ruido de las armas y los gritos de rabia retumbando en las paredes. Llegamos a la pequeña puerta de madera que daba al precipicio, la abrimos y salimos al aire libre. El viento frío de la montaña nos golpeó con fuerza, pero el cielo estaba despejado y la luz de la luna nos permitía ver el estrecho sendero por el que habíamos venido.

—Subid despacio y con cuidado —indicó Kaelen, mientras cerraba la puerta y colocaba una pesada barra de hierro para retrasarlos—. Un paso en falso y caeremos al vacío.

El ascenso fue agotador y peligroso. Ayudamos a Valeria a trepar por las rocas, sujetándola con fuerza para que no resbalara. A lo lejos, escuchamos golpes fuertes contra la puerta; pronto lograrían abrirla y nos perseguirían por la ladera. Cuando por fin llegamos a la parte más alta y nos adentramos nuevamente en el bosque, nos detuvimos un momento para recuperar el aliento. Desde allí, podíamos ver cómo unas antorchas se movían por las laderas inferiores, pero ya estábamos a una distancia segura y ocultos entre los árboles.

Nos detuvimos en un claro protegido por grandes rocas para descansar un poco y curar las heridas leves. Valeria bebió agua y comió un poco de pan y frutos secos que le ofrecimos, y poco a poco el color volvió a sus mejillas. Miró hacia el lugar donde se alzaba el fuerte, ahora solo una silueta oscura contra el cielo nocturno, y luego nos miró a todos con una expresión de profunda gratitud pero también de preocupación:

—Gracias por haberme salvado —dijo ella con voz más firme—. Pero tengo miedo. Si me han secuestrado por algo que creen que tengo, no se detendrán aquí. Volverán a buscarme.

Kaelen se sentó a su lado y miró hacia la oscuridad con determinación:

—Es posible —admitió con sinceridad—. Pero ya no estás sola. Ahora sabemos quiénes son y qué buscan. Y si quieren algo que está ligado a ti, tendrán que pasar antes por nosotros.

—Tenemos que volver al castillo cuanto antes —añadí yo—. Allí estaremos protegidos y podremos averiguar qué es realmente este Corazón de Ámbar y por qué creen que tú eres la clave.

Valeria asintió y apoyó la cabeza en el hombro de Kaelen por un instante, agotada pero segura. Habíamos logrado el objetivo principal: rescatarla. Pero la huida del Fuerte de Ámbar no había resuelto todos los misterios; al contrario, había revelado que detrás del secuestro había algo mucho más antiguo, más grande y más peligroso de lo que cualquiera de nosotros habría imaginado. El viaje de regreso sería largo, pero al menos ahora, estábamos juntos y sabíamos que la verdad, por difícil que fuera, estaba esperando a ser descubierta.

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Giovanna Rosas
buena ...buena ...quien es el asesino?
Ma Guadalupe Ruiz
gua desperto está de sospecha creo que el duque sí la quiere solo que si muestra amor alguien la puede lastimar
Ma Guadalupe Ruiz
👏 bravo así se aplasta a una lagartija
Rubiia sanz
si estás en peligro lo más lógico es que aprendas a defenderte no. Elena, sirve de recordatorio la puñalada que te quieron y casi mueres
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