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Gracias por tus elogios
Mientras Alma afinaba estrategias, Seung preparaba cada uno de sus nuevos movimientos. Ya tenía en su poder a Luciano, encerrado en un almacén abandonado, y ya había dado la orden para dar la bienvenida a Francesco en la cárcel.
En el almacén, Luciano estaba atado de pies y manos a una silla.
— Es un lugar hermoso, ¿no crees?
La terrorífica voz de Seung paralizó a Luciano en cuestión de segundos.
— ¿Qué mierda hago aquí? Yo no tengo nada que darte.
A pesar de su miedo, no se iba a mostrar débil.
— Te equivocas, hay algo que tienes y yo quiero.
— No sé qué pueda ser, ¡suéltame, infeliz!
Trató de forcejear, pero no consiguió zafarse.
Seung comenzó a reírse como un completo desquiciado.
— Tu vida es lo que quiero, ¿sabes quién soy? —preguntó.
— No me doblegaré ante un maldito mafioso.
Luciano tenía algo de conocimiento acerca de quién era el sujeto.
Solo conocía a un hombre en el bajo mundo, con máscara y esa voz robótica, pero que esté en frente de él era imposible, nunca se había acercado a él.
— Después de todo, no eres tan tonto como parece, pero sí poco inteligente. ¿Sabes por qué estás aquí?
Luciano negó con la cabeza.
— ¿Quieres saberlo?
Luciano asentía repetidas veces con la cabeza, y por lo poco que había escuchado en un par de fiestas, sabía que el tipo era peligroso.
— Estás aquí por desafiarme y tratar de hacerle daño a mi mujer, ¿quieres saber su nombre?
Seung estaba jugando con el tipo, sabía que estaba asustado, y para él, era realmente satisfactorio verlo en ese estado.
— No sé de qué me habla, no sé quién es su mujer.
Te daré el honor de conocer mi rostro.
Seung se había quitado la máscara, dejando a Luciano más asustado.
— ¿Sabes por qué?
Luciano tragó grueso, había escuchado varias versiones, y esperaba que la mayoría fueran mentira.
— Porque será tu último día, Alma Miller, ¿te suena ese nombre? Así se llama mi esposa.
— ¡Es imposible, ella está comprometida conmigo, ¡ella me ama a mí!
Gritaba Luciano desesperado, a pesar del miedo que sentía por la intensa mirada del sujeto. No podía creer que Alma se relacionara con ese tipo de personas; su Alma nunca haría eso.
La risa estruendosa de Seung resonó por todo el lugar. No podía creer que la estupidez de ese hombre llegara a niveles olímpicos.
— Te subestimé, eres más patético de lo que pensaba. Todo lo que te ha pasado es parte de un plan. ¿Quién crees que dejó a tu padre tirado en un callejón? No te imaginas el poco tiempo que nos llevó ejecutar todas y cada una de las jugadas. Disfrutamos ver su caída.
— Mientes, ella nunca me haría daño.
Luciano estaba por volverse loco, era imposible que Alma haya hecho algo así.
— Qué poco conoces a mi reina, ella planeó todo. Me solicitó que te dejara vivo para que ella se encargara personalmente de ti. Te daré una pequeña muestra de nuestra hospitalidad.
Comenzó a correr un vidrio en donde se veía claramente que Francesco estaba siendo golpeado y abusado sexualmente por varios hombres del penal.
— ¡Suéltame, escoria! Porque eso es lo que eres, una vil piltrafa de la humanidad, no vales nada. ¡Me las pagarás, te juro que voy a vengarme!
— Puede ser que sea una basura, pero me molesta la mugre y como me desagrada, me encargo de eliminarla. A lo mejor en tu otra vida puedas conseguir tu venganza, pero en esta, nunca lo harás.
Seung estaba preparando todo su equipo de tortura cuando la voz de una hermosa mujer se hizo presente.
— ¿Pensabas empezar sin mí?.
— Ganas no me faltan, te lo dejaré a ti, solo limpiaba el camino y preparaba uno que otro juguete.
Seung le regaló una sonrisa ladina, ahora es que comenzaba el juego.
— Alma, Alma, mi cielo, ¿viniste a sacarme de aquí, verdad amor?.
En el rostro de Luciano se reflejaba la esperanza, pero en el de Alma solo se veía maldad.
Alma había estado escuchando la entretenida conversación de esos dos desde hacía tiempo, sonrió al saber que el bastardo seguía creyendo que ella era una blanca paloma.
— Claro, amore mío, haré tu sufrimiento menos prolongado.
Alma tomó un cuchillo y lo enterró en la pierna de Luciano.
— ¡Aaaah, eres una perra! —
El dolor era realmente insoportable. Luciano había sido criado en cuna de oro, nunca en su vida había tenido lesión alguna, y el dolor que estaba experimentando era más de lo que su cuerpo podía soportar.
— ¡Maldita, te juro que me las pagarás, tú y tu perro faldero!
Expeto con rabia.
— Te equivocas, soy más que su perro faldero. Como comprenderás, yo he sido su sombra durante muchos años, más de los que te imaginas. Me enteré de lo que planeabas hacerle, la conocí personalmente un día antes de que te rechazara. Mis hombres hicieron mal su trabajo y, en un descuido, la drogaste. La saqué del hotel, le mostré las pruebas y encajamos a la perfección. El resto lo dejo a tu imaginación.
— El pretender que podrías vencerme te quedó grande, no me llegas, ni me llegarás a los talones, siempre fue así y nada de lo que hagas lo cambiará. Sería magnífico ver cómo vives en la miseria, pero no quiero correr riesgos. Además, dije que te ayudaría para que no sufras tanto, por los viejos tiempos.
Sin decir más, Alma enterró una navaja en su otra pierna. Nunca pensó que se sentiría tan bien el sufrimiento ajeno, pero con este bastardo es distinto; lo disfrutó y eso que apenas empezaba.
— Sin duda alguna, una mujer traicionada es un arma mortal. Ver cómo dejó de ser un lindo conejito asustado para convertirse en el lobo feroz es aterrador pero muy satisfactorio.
Alma le dio una corta mirada y siguió en lo suyo, aún no entendía lo que le pasaba con Seung, pero este no era el momento para averiguarlo.
Alma descargó toda su furia en Luciano. El solo hecho de pensar lo que le hubiera hecho Francesco, le daba repulsión.
Los gritos del hombre calmaban un poco su sed de venganza.
— Ya terminé con él, es todo tuyo.
— ¿Cansada, cariño?
— La verdad no, pero ya me fastidia.
— Son unos malditos miserables.
Luciano apenas podía hablar, Alma había hecho varias incisiones en su cuerpo y estaba por morir desangrado.
— Gracias por tus elogios.
— A mí ya me dio dolor de cabeza escucharlo.
Seung no pensaba darle una muerte tranquila, disparó en múltiples lugares: en sus piernas, hombros, abdomen y, por último, en su preciado amigo.
Las balas eran explosivas, la sangre salía sin cesar. Era una escena grotesca. Luciano acababa de partir de este mundo, y no de la mejor manera.
Alma le prometió una muerte rápida, pero él no.
— Tengo que salir, necesito que te disfraces de una mujer musulmana y vayas a la misión.
— ¿Estás delirando? Primero me haces decir que me voy a casar con un hombre, y ahora vestirme de mujer. Eso no, querida.
— Usa preferiblemente la burka, así nadie te reconocerá. Te veo en unas horas, no faltes.
— ¿Qué hice para merecer esto? Esta mujer está más loca que una cabra. ¿Qué se traerá entre manos ahora? Ay, alma mía, las desquitaré una a una las que me estás haciendo. Primero dices que me haga pasar por gay y ahora por mujer. Me encantará castigarte, muñequita.
CONTINUARÁ………..