¿Alguna vez te ha gustado tanto una persona que no puedes aguantar las ganas de verla y la tienes presente en tu mente todo el día?
Ese es el caso de Amanda. Desde que conoció a Mauricio; personal de mantenimiento en su casa, quedó flechada instantáneamente con su voluptuoso cuerpo y forma de ser. No obstante, tratará de conquistarlo cueste lo que le cueste. Pero muchas veces no todo lo que se quiere se puede tener... ¿O tal vez sí?
¿Será que su amor será correspondido algún día?
¿A qué se deberá enfrentar Amanda para ganar su corazón?
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COMO TÚ NINGUNA
—La carne no tiene gusanos, mi amor. Siempre he comido carne y tú papá también, y mira, aquí estamos.
—Esta barriga que ves aquí no es de gusanos, es de puro amor por las dos — su comentario nos hizo reír a las dos.
—Hagamos una cosa, muñequita de mi alma. ¿Qué tal si por hoy te preparo unos macarrones con mucho queso? Sé lo mucho que te encantan.
—Pero no quiero que por mi culpa debas regresar a la cocina.
—A mí no me molesta en lo absoluto. Me encanta cocinar y más si es para una linda princesa como tú— acaricié su mejilla y sonrió ladeado—. Esos preciosos ojazos no pueden soltar más lagrimitas. Sigue sonriendo como siempre, no olvides que tienes una hermosa sonrisa y nos encanta verla — le di un beso en la cabeza y me levanté—. Espérame aquí, princesa — miré a Mauricio y asentí con la cabeza.
Sé que debo dejarlo a solas también para que hablen. Además de que no puedo permitir que se quede con hambre. Esa mujer se ha pasado de la raya. Es frustrante no poder hacer nada y solo soportar en silencio las cosas malas que hace. Tuve suerte de que ella ya no estaba aquí o estoy segura de que me hubiera cegado con la rabia.
Luego de prepararle los macarrones con queso, ella logró comer y los disfrutó mucho. Eso me hizo sentir un poco más tranquila, aunque no podía dejar de pensar en todo lo ocurrido.
—Gracias, Ama. Estaban muy ricos.
—Me alegra que te hayan gustado, preciosa.
—Iré a bañarme.
—Claro, ve.
Subió a la habitación y me levanté de la mesa con intenciones de ir a lavar los platos, pero Mauricio se levantó primero.
—Yo me encargo, mi reina. Ve a ducharte como Esme. En el baño encontrarás lo que necesitas. No tienes ropa, pero puedes usar una camisa mía. Te va a cubrir bastante.
—¿Tanto quieres verme con una camisa tuya? — le hice un guiño y sonrió.
—Te ves hermosa con cualquier prenda de ropa que te pongas. Aunque sin nada te ves mejor.
—No encuentro fallas — sonrió con mi comentario y le tiré un beso—. Te haré caso.
Subí a su habitación en busca de una camisa suya en el armario, para luego irme a bañar en el otro baño. Cualquiera diría que tenía todo preparado por si algún día venía a quedarme. Como Mauricio aún no había subido a la habitación, fui a la de la princesa. No sé si esté bien que Esme me vea vestida así, pero no tengo más ropa. A ella no le pareció extraño, puesto a que ni preguntó al verme. Estaba arropada de pies a cabeza, como la gran parte del tiempo. No es la primera vez que vengo a su habitación a leerle un cuento, aunque en las otras ocasiones tan pronto se dormía, me iba directamente a mi casa y esta noche me estaré quedando. Su día no parece haber sido muy bueno que digamos, estoy segura de que debía estar pensando en todo lo ocurrido hoy, es por eso que decidí hacerle unos cuantos chistes antes de leerle el cuento y así mantener su mente ocupada. Me mantuve sentada en el borde de la cama, mientras ella pestañeaba despacio, se notaba que ya estaba a punto de rendirse. Solo espero que las cosas mejoren y ella pueda superar todo esto pronto. Luego de contemplarla un rato mientras dormitaba, regresé a la habitación de Mauricio. Él estaba sentado en el borde de la cama, lucía muy pensativo.
—¿Me estabas esperando, mi amor?
—Escuché que la estaban pasando bien ahí dentro, así que no quise interrumpirlas. ¿Se durmió?
—Sí, está profundamente dormida. ¿Te sientes más tranquilo?
—No. Te juro que estoy a punto de salir a buscarla.
—No puedes hacer eso o vas a complicar las cosas.
—¿Debo quedarme de brazos cruzados, viendo cómo esa mujer le daña la mente a nuestra hija?
—¿Nuestra hija? ¡Qué lindo se escucha eso! — entré a la cama y me fui a su espalda para darle un masaje en los hombros y así ayudarle a que se relaje, aunque sea un poco.
—Lo sé, se escucha muy lindo.
—¿Por qué crees que haya hecho algo así?
—Algo me dice que quiere que la niña haga lo mismo que ella. Recuerdo que cuando comenzó con sus dietas, ella se volvió vegetariana y decía que ingerir carne daba gusanos en el estómago. Estoy casi seguro de que todo esto que hizo fue para asustarla y llevarla por el mismo camino, pero no lo voy a permitir. Está traumando a nuestra hija.
—Fíjate que deberías hablar con tu abogado al respecto. No se supone que ella esté haciendo eso. Demostrar lo que le hace a Esme, más contar con su testimonio, podría ser que el juez se vaya de tu lado. Esa mujer no hace más que meter las patas. En ella no veo ni una gota de interés en recuperar a Esme. Primero le regala un peluche que claramente era para perros y no para una niña, segundo, quiere implantar sus propias reglas y no respeta los días u horarios que le das, tercero, trata a la niña de una manera que no me agrada, pretendiendo que ella le llame mamá, cuando ella no quiere y ni siquiera se lo ha buscado ganar, cuarto, no mide sus palabras mientras está la niña presente, y por último, acaba de traumarla con eso de la carne. Si todo esto lo hace desde ahora que, según ella, quiere recuperar el tiempo perdido, no quiero ni imaginar lo que hará si el juez decide que la custodia sea compartida. Es claro que la niña no se siente cómoda con ella. Independientemente de lo que hizo en el pasado, me parece que ahora mismo Esme solo le tiene mucho miedo.
—¿Nuestra hija te dijo algo sobre Bianca?
—No, pero he notado el miedo en sus ojos y en esa actitud que asume delante de ella. Si ella no quiere estar cerca de esa mujer, nadie puede obligarla a estarlo o eso puede crearle preocupaciones, confusión, ansiedad, cambios de actitud y muchas cosas más. Es una niña, no merece tener encima esta carga tan pesada en sus hombros, mi amor. Esto no lo diré por mala fe o por ser una mala persona, sé que es tu hija y eres quien decide lo que vas a permitir y lo que no, pero realmente considero que, dejar a Esme al lado de esa mujer solo le hará daño.
—Sé que tienes razón y te juro que quisiera mantenerla lejos de Esme, pero negarle ese supuesto derecho, solo hará que ella tenga las de ganar cuando declare en la corte que no le permito ver a la niña. Tengo miedo de que me la quite.
—Tranquilo, mi amor, nadie nos la va a quitar. Esme solo quiere estar contigo y ella misma lo dirá. Su opinión aquí también cuenta. Además, me consta que no hay mejor padre en la tierra que tú, mi panzoncito bello.
—Te juro que no sé qué haría sin nuestra hija y sin ti, mi reina — se volteó con el propósito de empujar mi cuerpo contra la cama y subirse sobre mí.
—Mi amor, la puerta está sin seguro.
—No planeaba hacer nada malo — me hizo cosquillas por el costado y ahogué mi risa en la mano con tal de no despertar a Esme—. Mi muñequita me salió bien cosquillosa — volvió a hacerme cosquillas e intenté hacérselo de vuelta, pero no mostró que hubiera logrado mi objetivo.
—Eres muy travieso.
—No soy cosquilloso como tú — sonrió malicioso y llevé mis brazos por alrededor de su cuello, acercándolo lo más que podía a mí, es como único alcanzo a esta máquina.
—Eso no demostraste la otra noche, cuando besé tu cuello y temblaste como secadora de lavandería.
—Y luego el travieso soy yo, ¿eh?
—Realmente no existe un hombre más perfecto que tú. Mira nada más estos brazotes capaces de levantarme, esta divina y firme espalda donde puedo sujetarme, ese olor a hombre que me embriaga y esta perfecta pancita que humedece a la que traga.
—¿En tu otra vida fuiste poeta? — ríe escandalosamente y asiento con la cabeza.
—Créeme, con ese montón que tienes, eres capaz de sonsacar a la sin dientes — vuelve a reír, descansando su frente de la mía.
—Definitivamente como tú no hay ninguna, por eso te amo tanto. Es que quién no podría amarte, ¿eh? — se adueñó de mis labios y me dejé llevar por el sabor dulce de sus labios.