Vanesa es una chica que no puede ver bien, en su niñez se encuentra accidentalmente con Jaiden Collins Murphy y Oliver Howard Collins.
10 años más tarde se vuelve a encontrar con ellos, pero ya no son unos niños, ahora de adultos iniciará un triángulo amoroso entre ellos. Dando inicio a una rivalidad, muchos malentendidos y planes para separar a los protagonistas.
NovelToon tiene autorización de Regina Cruz C. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Será sorpresa.
Subí las escaleras y fui por el pastel. Al bajar ví que ella estaba teniendo dificultad para bajar unos platos pasteleros.
Me dió un poco de risa verla así, pero luego pensé que mejor debía ayudarla. Me puse detrás de ella y bajé los platos, ella volteó a verme nuestros ojos se encontraron. Su mirada feliz me llenó de algo.
— Gracias por ayudarme. — Dijo ella y fue cuándo yo reaccioné y me aparte.
— De nada. — Puse los platos sobre la mesa y sentí mis manos sudorosas. ¿Pero que rayos me está pasando?, ¿porqué me pongo tan nervioso.?
— Tú eres el cumpleañero, tú deberías partir el pastel. — Me pasó un cuchillo. Lo tomé y corté dos trozos. Luego le dí un plato y ella empezó a comer. Cuándo ambos terminamos ella lavó los platos.
— ¿Te gustaría acompañarme a un lugar?.
— ¿A dónde?. — Pregunté.
— Será sorpresa.
— Odió las sorpresas.
— Es una buena. Lo prometo.
— Iré a cambiarme.
— Así estás bien.
— ¿Así?. — Me observé, traigo puesto un pantalón de mezclilla, unos tenis azules y una playera blanca. Ninguna chica saldría conmigo estando cómo estoy.
— Si así está bien.
— Ni pienses que voy a salir así cómo estoy, tengo que cambiarme.
— Sí te cambias nos vamos a tardar.
— No me importa, no pienso salir así.
...
No sé cómo lo logró pero me sacó de la casa tal y cómo estaba. Me llevó a un parque dónde puedes saltar en trampolines.
— ¿Porqué me tragiste aquí?
— Para divertirnos un rato.
— Ni siquiera lo pienses.
— ¿Porqué no?
— Ya somos adultos para hacer ese tipo de cosas.
— Nunca se es demasiado grande para divertirse. Vamos. — Salió del taxi y no me quedó más opción que salir también. Tomó mi mano y subimos a un trampolín, me sentía muy avergonzado de estar ahí pero ella empezó a brincar. La gente no me estaba prestando atención así que sólo me deje llevar.
Perdí la noción del tiempo, pero me empezó a dar sed y paré.
— Iré por agua.
— Yo voy contigo, también tengo sed. — Dejó de brincar y me acompañó a la tienda que estaba cerca.
— ¿Quiere una flor para su novia?. — Una vendedora ambulante se me acercó. ¿Mi novia?, ¿está niña?.
— El no es mi novio. — Aclaró Vanesa.
— Lo siento. Entonces para su amiga.
¿Mi amiga?, Vanesa no es mi amiga.
— Está bien. Demelas. — Tomé unas flores y se las pagué, quería que se fuera de una vez.
— Gracias. — Dijo ella y se fue.
— Toma. — Se las dí a Vanesa.
— Gracias. — Sonrió.
— ¿Te alegras con algo tan simple?. — La observé incrédulo.
— ¿Porqué simple?
— Costaron menos de 6 dólares.
— El precio no importa.
— ¿De verdad no te importa?
— Claro.
— Mmm.
Dimos un paseó por el área. El atardecer empezó a llegar. No recordaba la última vez que ví un atardecer, siempre me la pasó encerrado en la empresa hasta tarde y no tengo tiempo de ver estás cosas.
— Creó que ya debería irme. — Dijo Vanesa pero yo la detuve de inmediato.
— No he vayas.
— ¿Qué?
— Es decir. — La solté. — Yo te llevó. Quiero asegurarme de que estés bien.
— Tranquilo soy una adulta, además no es la primera ver qué me voy a mi casa s...
— Dije que te llevaré. Vamos. — Detuve un taxi y entramos.
— No tienes porqué...
— Ya lo estoy haciendo.
¿Porqué de repente no quiero separarme de la niña?, creó que me siento muy sólo.
— Ya llegamos.
— ¿Tan rápido?
— Llevamos una hora en el taxi.
— ¿Enserio?
— Si.
— Mmm. — Pagué y bajé.
— Gracias por traerme. — Dijo mientras intentaba entrar, peor de nuevo la detuve.
— ¿Pasá algo?
— Yo... — Quería agradecer pero no sabía cómo. — Quiero...
— Hija, ¿porqué no entras?. — La voz de una mujer sonó detrás de ella.
— Ya voy madre.
— ¿Quién es?. — Preguntó mientras me observaba.
— El es Jaiden.
— ¿Qué hace aquí?
— Sólo vine a dejarla, ya me voy. — Solté la mano de Vanesa.
— Espera. — Dijo su madre. — ¿Porqué no te quedas a comer?
No sabía que responder, me sentiría raro.
— Ya es tarde, seguro tienes hambre, acompáñanos. — Está vez habló Vanesa y ante su petición no pude negarme.
— Está bien. — Entré a la casa. Se veían bastante bien. No sabía que las casas de los pobres eran tan lindas.
— Por favor siéntate. — Dijo la madre de Vanesa.
— Bueno.